Marruecos, democracia emergente

El país se encuentra inmerso en un proceso de liberalización política: es necesario un nuevo impulso reformista para reforzar esta dinámica.

Nizar Baraka

Desde principios de los años noventa, Marruecos se ha visto inmerso en un amplio proceso de liberalización política que ha permitido realizar avances notables en la construcción democrática de nuestro país. Esto se aprecia al analizar los logros alcanzados en diferentes ámbitos.

■ Construcción del Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos

En este campo se han emprendido varias reformas, gracias a las cuales se ha suavizado el Código de Libertades Públicas, se ha adoptado un nuevo Código de familia, en el que se consagra el principio de igualdad entre la mujer y el hombre en lo que respecta a responsabilidad familiar, se ha puesto en marcha la reforma del Código de Procedimiento Penal y se está adoptando el proyecto de criminalización de la tortura. En el plano institucional se han creado diversas instancias, por ejemplo las jurisdicciones especializadas entre las que se encuentran los tribunales administrativos, los tribunales de comercio y los tribunales de familia, que han permitido aumentar la proximidad con los justiciables. Lo mismo ocurre con el Consejo Consultivo sobre Derechos Humanos, que ha permitido la liberación de presos políticos y la indemnización de víctimas, y ha favorecido el retorno de los exiliados políticos.

También puede hablarse de la Instancia Equidad y Reconciliación que, por su parte, ha contribuido a que salga a la luz el informe sobre violaciones de los Derechos Humanos, que vela por que los perjuicios del pasado sean resarcidos y que las exacciones sean condenadas. En los últimos años también se ha creado el Instituto Real de la Cultura Amazighe (IRCAM) con el objetivo de promover las diferentes formas de expresión de la cultura y el patrimonio amazighes y de reforzar su papel en el sistema educativo nacional. Gracias a ello, la enseñanza de la lengua amazighe ya es una realidad en gran número de escuelas del Reino. Finalmente, se ha creado la institución del Defensor del Pueblo, llamada en Marruecos Diwam Al Madhalim. Tiene como objetivo promover la intermediación entre los ciudadanos y las administraciones o cualquier organismo que tenga prerrogativas de poder público, e incitar a estos últimos a respetar las reglas de primacía del derecho y de la equidad.

■ Institucionalización de las normas y las prácticas de gobierno democrático

Marruecos ha llevado a cabo, en 1992 y 1996, dos reformas constitucionales que reflejan la profundización del proceso democrático. Estas revisiones han permitido que se refuercen las competencias del primer ministro (ahora los ministros son nombrados por el rey, a propuesta del primer ministro), la consolidación del papel del Parlamento (votos de confianza con debate, comisiones de investigación, no disolución en caso de Estado de excepción, bicameralismo con una cámara baja elegida por sufragio universal directo), la consolidación de los Derechos Humanos (Título primero de la Constitución) y la consagración de la región como colectivo local.

En cuanto al control, en 1992 se instituyó un Consejo Constitucional, con competencias similares a las de los consejos constitucionales de Europa occidental, y se han creado Tribunales de Cuentas regionales. Estas reformas constitucionales han propiciado, además, la apertura política que llevó a la participación de la Kutla democrática en el gobierno en marzo de 1998. Sin embargo, el punto de ruptura con el pasado fue indudablemente la transparencia de las elecciones legislativas de septiembre de 2002, que permitió, tras 40 años de combate de las fuerzas democráticas, confirmar el anclaje democrático del país y establecer un mapa político fiable.

El rumbo democrático emprendido por Marruecos se confirmó además, gracias al impulso del rey Mohamed VI, en las elecciones municipales de septiembre de 2003, cuatros meses después de los atentados de Casablanca. Esta apertura política se ha visto reforzada también por la aprobación de una nueva ley de partidos cuyo objetivo es mejorar el nivel de la vida política y consagrar las reglas de racionalización, democracia y transparencia, en lo relativo a la creación de partidos, sus programas, sus métodos de gestión y su financiación.

■ Vitalidad de la sociedad civil

La aparición de una sociedad civil es una realidad en Marruecos. Interviene en campos tan diversos como la movilización de la juventud, la promoción de la mujer, la lucha contra la pobreza, el desarrollo rural, la lucha contra el analfabetismo, la protección de menores, la defensa del patrimonio cultural y los microcréditos (700.000 personas se han beneficiado de ellos). La sociedad civil tiene cada vez más influencia en las opciones de la sociedad (Código de familia, moralización de la vida pública…) y en las grandes decisiones del país.

■ Creación de mecanismos de información y comunicación

En materia de comunicación, se han puesto en marcha varias reformas, entre las que se encuentran la relativa al Código de la Prensa, o la aprobación de la ley sobre comunicación audiovisual, o también la ley que crea la Alta Autoridad de la Comunicación Audiovisual, encargada de regular el sector audiovisual. La liberalización de este sector se ha visto reflejada en la creación de numerosas publicaciones periodísticas independientes y de verdaderos grupos de prensa, editoriales, emisoras de radio libres y canales de televisión privados, y finalmente, en la aparición de un pluralismo salvador.

■ Amenazas contra la construcción democrática

Sin embargo, esta transición democrática se enfrenta a varias amenazas, entre las que destacan el malestar social, el rechazo de lo político y la tentación en lo que respecta a la seguridad. En efecto, la sociedad marroquí, a pesar de los esfuerzos realizados durante estos últimos años en materia de educación y creación de empleo, sigue caracterizándose por unas altas tasas de analfabetismo (43% de la población) y de paro (10% a nivel nacional y 15% en las ciudades) que afectan principalmente a los jóvenes, las mujeres y los diplomados.

La sociedad sufre también la pobreza (cuatro millones de pobres en 2001, frente a 5,3 millones en 1998) y por las fuertes disparidades sociales y regionales. Finalmente, la fuga de cerebros es un fenómeno cada vez más extendido y que resulta preocupante de cara a la modernización de Marruecos. Debido a ello, al mismo tiempo que la sociedad se despolitiza, se vuelve vulnerable ante cualquier forma de radicalización y extremismo, lo cual podría favorecer la aparición de tres fracturas en la sociedad marroquí: fractura social, fractura comunitaria y fractura religiosa (extremistas religiosos y erradicadores). Además, las últimas elecciones pusieron de manifiesto que la sociedad marroquí sigue desconfiando de lo político.

Estas reservas se reflejaron en la baja tasa de participación (alrededor del 50%), especialmente en las ciudades, y en la importancia de los votos nulos, y ello a pesar de la participación de todas las sensibilidades políticas de la sociedad. Por tanto, los ciudadanos parecen seguir dando la espalda a la vida pública, especialmente las elites, lo cual resulta lamentable en un país joven que inicia su proceso de transición democrática y que necesita movilizar todos sus potenciales para desarrollarse de manera sostenible y duradera. Finalmente, con la aparición del extremismo religioso en Marruecos y con el electrochoque de los atentados del 16 de mayo de 2003 en Casablanca y del 11 de marzo de 2004 en Madrid, empieza a dibujarse una tendencia favorable a la lógica erradicadora en la sociedad civil y en algunos círculos políticos, como medio de acelerar la modernización de la sociedad marroquí y de inmunizarla contra toda tendencia extremista.

■ Claves del éxito de la construcción democrática

Para enfrentarse a estas amenazas, será esencial asegurarse de que la transición económica y la transformación social vayan unidas a una transición política. Estos cambios deben realizarse simultáneamente, y no de manera secuencial, pues se refuerzan mutuamente. En este sentido, la experiencia española resulta edificante en la medida en que la revisión constitucional de 1978 se vio complementada por los Pactos de la Moncloa sobre el programa de reformas económicas y sociales: lo económico sirvió de plataforma para la transición democrática del país. Ya se han llevado a cabo varias reformas estructurales en lo que respecta a la transición económica (entorno empresarial, sector financiero, fomento de las inversiones, finanzas públicas, regulación del cambio…) y otras están en marcha (liberalización de los transportes, de los puertos, de la energía…).

Por otra parte, se han puesto en marcha medidas tanto en infraestructuras (Puerto Tánger Mediterráneo, Plan Azur, ciudades nuevas, plan de autopistas, red ferroviaria…) como en estrategias sectoriales (estrategia turística, programa de emergencia, construcciones, nuevas tecnologías de la información…). Sin embargo, en la actualidad es necesaria una nueva oleada de reformas. Deberían centrarse esencialmente en la justicia, la administración y la política económica (fiscalidad, ley orgánica de finanzas, mercados públicos…) con el objetivo de llevar la economía marroquí a un nivel superior de crecimiento, de mejorar su competitividad y de convertirla en una plataforma regional de comercio e inversión.

En cuanto a la transición social, el objetivo es cumplir la Iniciativa Nacional de Desarrollo Humano puesta en marcha por el rey en 2005 para consolidar la cohesión social, asegurar una mejor convergencia entre las diferentes acciones sociales llevadas a cabo por los poderes públicos y la sociedad civil, crear redes sociales y reactivar el ascensor social insistiendo en un modelo ético de éxito individual. En el plano político, convendría acelerar la transición democrática para aumentar la credibilidad de las instituciones representativas, profundizar en la participación democrática más allá de las elecciones, asegurar una mejor articulación entre los centros de decisión, reforzar la regionalización y aclarar la vida política marroquí fomentando la constitución de bloques homogéneos basados en programas precisos. Solo si se cumplen estas condiciones recuperará la política su nobleza, se preservará y reforzará la dinámica reformadora emprendida por Marruecos, y se sentirán responsables los ciudadanos marroquíes de su futuro, implicándose en la vida colectiva y preocupándose por contribuir plenamente al desarrollo económico y social de su país.