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Co-edition with Estudios de Política Exterior
Energía, elemento clave para el desarrollo integrado del Magreb
La exploración petrolífera y gasística debe ser una prioridad para los países magrebíes, apoyada por una política de revalorización de los hidrocarburos.
Mustapha K. Faïd
L’an 2440 ou Rêve s’il en fut jamais es el título que le dio, en 1771, un tal Louis-Sébastien Mercier a una novela en la que se imaginaba … ¡París en 2440! Tranquilos, no pretendo dar un salto de semejante calibre hacia el futuro del Magreb. Sin embargo, me gustaría invitarles a que me acompañen en un viaje ucrónico hacia un futuro mucho más cercano, hasta mayo de 2020. “Damas y caballeros, hoy el presidente de la Comisión Europea y el secretario general de la Unión del Magreb Árabe (UMA) se reúnen para firmar un acuerdo sobre el desarrollo de un mercado euromagrebí integrado de hidrocarburos y electricidad”.
Eso es lo que, tanto ustedes como yo, hemos oído esta mañana en las noticias. Hay que decir que este acuerdo no habría visto la luz sin un largo y laborioso trabajo de aproximación entre los países del Magreb, comenzado en 2006, hace ya 14 años, integrado en una visión política a largo plazo compartida y llevado a la práctica mediante el fomento del partenariado económico. Gracias a una concertación sostenida, a una total comprensión mutua y a una cooperación sustentada, los países de la UMA han sabido y han podido superar los problemas reglamentarios, administrativos y legislativos, por no citar más que algunos.
El Magreb se ha convertido en un conjunto político y económico de primera categoría y un socio importante a nivel internacional. Paradójicamente, fue en la desigualdad de la dotación de recursos energéticos entre los países del Magreb en lo que se basó la creación de interdependencias, como sinónimo de complementariedad y solidaridad. Estas interdependencias buscadas, progresivas y planificadas, pero económica, social y políticamente viables, permitieron construir una economía integrada, con un crecimiento elevado y sostenido, y de la que se benefician todas las poblaciones de la región. De este modo, la energía ha cumplido un papel primordial como impulsor de la asociación en las relaciones intramagrebíes.
Para empezar, como medio de producción de bienes y servicios: el aumento del consumo energético ha sido sinónimo de desarrollo industrial y económico y, por tanto, de creación de riqueza y valor añadido. Además, al responder a las necesidades básicas, tanto en las ciudades como en el campo, la energía en el consumo final de los hogares ha constituido un factor de desarrollo socioeconómico. Por último, la energía ha contribuido a resolver los graves problemas que afectaban a los países del Magreb a principios de siglo, problemas generados sobre todo por la falta de agua, la sequía y la deforestación.
Para conseguirlo, se ha llevado a cabo una estrategia para el desarrollo energético que abarcara al conjunto de los países del Magreb, que combinara exigencias de uso racional, mecanismos de mercado e imperativos socioeconómicos y que al mismo tiempo se beneficiara de las economías de escala, del impacto positivo de los proyectos integrados y de las ventajas derivadas de la promoción de sectores de alto valor añadido.
Impulsar la exploración petrolífera y gasística
Una de las primeras grandes decisiones que favorecieron a los países del Magreb fue declarar las exploraciones petrolífera y gasística como prioridad. Tras compartir experiencias y armonizar los marcos institucionales y jurídicos, haciendo al mismo tiempo que resultasen interesantes para los inversores nacionales y extranjeros, llevaron a cabo numerosas campañas de promoción de su sector minero. Esto impulsó el desarrollo de yacimientos en Argelia y Libia, y además fomentó el atractivo de las nuevas zonas petrolíferas y gasísticas, tanto en estos países como en Mauritania y Marruecos. Se descubrieron nuevas fuentes de hidrocarburos, off shore y on shore, y el Magreb vio cómo sus reservas aumentaban considerablemente.
A esta prioridad se sumó (o se vio apoyada por) una política de valoración de los hidrocarburos, para cubrir las necesidades energéticas internas y asegurar ingresos por exportación. Una de las iniciativas que se pusieron en marcha con esto en mente fue la creación de tres importantes zonas francas destinadas al tratamiento y la transformación de hidrocarburos, algo que se vio favorecido por la apertura del mercado interior y la aprobación de medidas fiscales y normativas. En estas zonas francas, las instalaciones de almacenamiento y refinado construidas en los últimos años permiten no solo tratar petróleos y condensados magrebíes, sino también cierta cantidad de bruto importado de Oriente Próximo, que diversas empresas multinacionales traen para transformar en productos. Se puede decir que Marruecos se ha convertido en una auténtica plataforma de abastecimiento de petróleo y de productos refinados para los mercados europeo y americano.
En cuanto al abastecimiento del mercado interno de petróleo y gas licuado de petróleo (GLP), está plenamente asegurado gracias a la instalación de tuberías multiproducto. Ahora todas las regiones del Magreb están conectadas a la red de distribución y con un coste menor, tanto en el plano económico como en el medioambiental. El gas natural, por su parte, no se ha dejado de lado en esta política de revalorización de los hidrocarburos. Las exportaciones se han duplicado con creces desde 2006, y han pasado de 70.000 millones de metros cúbicos a aproximadamente 160.000 millones de metros cúbicos por año. El Magreb es el segundo proveedor de gas natural de Europa, con casi un tercio de las importaciones de esta región.
También exporta cerca de 30.000 millones de metros cúbicos por año a Estados Unidos. Esta expansión, tanto a través de los gasoductos como en forma líquida, ha requerido la creación de nuevas capacidades de producción y transporte. Al menos seis gasoductos cruzan el Mediterráneo, y transportan más de 100.000 millones de metros cúbicos por año hacia distintos países europeos, con la posibilidad de aumentar la capacidad hasta 120.000 millones de metros cúbicos por año. Se han construido varias fábricas de licuefacción a lo largo de la costa, con una capacidad total de 60.000 millones de metros cúbicos por año. La cara atlántica de la región magrebí también ha sido testigo de la realización de un proyecto de exportación de gas natural licuado (GNL), destinado principalmente al mercado americano. La unidad de licuado construida cerca de Casablanca, con una capacidad de 7.500 millones de metros cúbicos por año, se inauguró en 2018, y constituye la primera cadena de GNL que incluye un país de tránsito, Marruecos.
Por otra parte, mencionaremos el gasoducto Nigeria-Argelia. Además de despejar el camino hacia una cooperación consecuente con los países subsaharianos, este gasoducto ha tenido numerosas repercusiones geopolíticas, económicas, comerciales y técnicas para varios países, africanos y europeos. El gas comprado a Nigeria por el Magreb se lleva hasta las infraestructuras de transporte en Argelia y de ahí al yacimiento de Hassi R’Mel, donde se inyecta y almacena. Esto permite que haya más de un billón de metros cúbicos adicionales de gas disponibles en Hassi R’Mel.
Este yacimiento cumple una función, a nivel técnico-comercial, de “reserva pulmón”, y permite reducir los efectos coyunturales relacionados con el mercado. Al incrementar de esta manera sus reservas, el Magreb ha visto cómo ha aumentado su peso político y económico en la zona euromediterránea; su papel como suministrador de gas natural resulta particularmente reconfortante en Europa, y sus ambiciones comerciales se han visto reforzadas, sobre todo en la cuenca atlántica. En el mercado interno, ahora todas las grandes ciudades del Magreb están conectadas a la red de distribución de gas natural. En lo que respecta a las pequeñas y medianas aglomeraciones se les suministra propano en el marco de un programa llamado “islotes propanados”.
Investigación y desarrollo, una prioridad
La segunda gran decisión por parte de los países del Magreb en la que se ha basado el auge socioeconómico ha sido considerar que la investigación y el desarrollo son una prioridad. Se han puesto en marcha numerosos programas de investigación industrial aplicada, en los que se unen todas las disciplinas, en el marco de un plan plurianual en el que participan industria, universidades, escuelas de especialización e incluso centros de formación profesional. Hay que precisar que esta decisión se debe a una ambición muy amplia, estudiada y de ámbito socioeducativo: “Promover la investigación y el desarrollo como factores de éxito, con el fin de darle a la iniciativa, al esfuerzo y al trabajo su sentido pleno y eliminar así el comportamiento asistencial y rentista fomentado durante tanto tiempo”.
Desde entonces ha aumentado rápida y considerablemente el conocimiento tecnológico, porque además a esta prioridad se unió (o se vio apoyada por) una política industrial basada en el desarrollo de industrias creadoras de valor añadido en numerosos sectores. Este plan contenía, y era algo de importancia capital, dos “axiomas”. Si el primero tiene que ver con la transformación de materias primas y/o de productos semi-elaborados en productos manufacturados, el segundo, que es indisociable, está relacionado con el reparto de sectores y con la especialización por regiones. Se sobrentiende que numerosos estímulos, ya sean financieros, sociales, fiscales o reglamentarios, acompañan a este plan.
Con el fin de llevarlo a la práctica, y al disponer de recursos de hidrocarburos, los países del Magreb pusieron en marcha un extenso programa de desarrollo de la petroquímica. La producción de bases petroquímicas, principalmente el etileno, el propileno, el PVC, las resinas y los aromáticos, se vio completada por el desarrollo de industrias de transformación, así como del sector farmacéutico. De esta manera se fabrican productos con un alto valor añadido que permiten responder a las necesidades del mercado magrebí, además de exportar productos acabados. Los centros de producción avanzada se repartieron por regiones siguiendo criterios técnico-económicos, pero teniendo en cuenta las necesidades y exigencias del equilibrio global, del equilibrio regional, y los beneficios de las economías de escala y la complementariedad. De los proyectos petroquímicos realizados a finales de la década de 2000 y principios de la de 2010, se mencionarán a título ilustrativo los siguientes:
– en Argelia, la producción de polipropileno, material plástico utilizado sobre todo en la fabricación de piezas para automóviles y embalajes de alimentos;
– en Marruecos, la fabricación de resinas de polietileno tereftálico (PET), plásticos utilizados sobre todo en la fabricación de botellas de agua mineral, de fibras textiles y de embalajes;
– en Libia, la producción de polietileno de alta densidad (PEAD) y de PVC, plásticos utilizados en la construcción, la industria automovilística y la industria del mueble.
Estas producciones implantadas en las zonas francas ya mencionadas han permitido que se desarrollen industrias derivadas, cuyas posibilidades y beneficios no podrían ser explotados más que en un Magreb unido, especialmente en lo relativo a optimización de inversiones, economías de escala, tamaño del mercado y complementariedad. Como ejemplo se pueden mencionar:
– el uso de resinas producidas en Marruecos por la fábrica de barcos de pesca implantada en Mauritania;
– la fabricación en Libia de componentes plásticos para las fábricas de automóviles implantadas en Túnez;
– la producción en Marruecos de abono y películas plásticas destinadas a la agricultura subterránea, muy desarrollada en todo el Magreb;
– la producción en Argelia de materiales de construcción que incorporan materiales plásticos reciclados y/o manufacturados con el fin de mejorar las técnicas de construcción anti-vibración y antisísmicas.
Estos logros han tenido un gran impacto en diversos sectores, como la pesca, la industria automovilística, la construcción, el textil, los electrodomésticos y la ofimática; las consecuencias socioeconómicas han sido mayores en las diferentes regiones del Magreb que hasta entonces dependían de las importaciones, sobre todo de Europa. No cabe duda de que las inversiones realizadas en el marco de estos proyectos han sido importantes, pero los promotores, en su mayor parte privados, magrebíes o extranjeros, se han beneficiado de medidas fiscales, de diversas facilidades y han aprovechado las economías de escala, el tamaño del mercado y la disponibilidad de mano de obra cualificada.
Estos proyectos integrados, tanto en el plano tecnológico como en el de capacidad humana, técnica y financiera de los países del Magreb, han constituido una fuente de empleo. Además, han permitido garantizar el suministro de un gran mercado interno, así como las exportaciones magrebíes de productos acabados más rentables.
Acceso a la energía eléctrica para todos
La tercera gran decisión fue hacer del “acceso a la energía eléctrica para todos” una prioridad y, al mismo tiempo, poner en marcha políticas de promoción de energías renovables y de nuevas tecnologías. El gas natural ha desempeñado y sigue desempeñando un papel fundamental en la producción de electricidad. Su disponibilidad, sumada a la creación, por una parte, de un marco institucional y jurídico armonizado y, por otra, de un dispositivo reglamentario común, ha permitido responder, en menos de 10 años, a las considerables necesidades en materia de electrificación, sobre todo en el ámbito rural en todo el Magreb.
Gracias a la apertura a las inversiones privadas y en el marco de un mercado único de electricidad, se han desarrollado numerosas interconexiones eléctricas tanto en el interior del Magreb como con las regiones y/o países vecinos hacia el Norte y el Este. Estas interconexiones han permitido, entre otras cosas, un mejor uso del parque de producción, una notable reducción de los costes, numerosos swaps e intercambios, economías de escala y un escalonamiento óptimo de las inversiones, en resumen, un mayor control de la demanda eléctrica.
Además, teniendo en cuenta que el soleamiento medio en la región del Magreb es de aproximadamente 2.500 kwh/m2/año y que existen numerosos lugares ventosos, el uso de energía solar y eólica ha permitido acelerar considerablemente el programa de electrificación de las zonas rurales. En efecto, una política a escala magrebí centrada, por una parte, en la construcción de un gran número de instalaciones solares y eólicas y, por otra, en la construcción en el propio Magreb de fábricas en las que se crean el equipamiento y los accesorios necesarios (células fotovoltaicas, calentadores de agua solares) han tenido un gran impacto en el desarrollo económico y social de las zonas rurales, y han respondido al mismo tiempo a criterios de coste.
Esta iniciativa se ha basado en las capacidades humanas y técnicas de cada uno de los países del Magreb, pero reunidas en el marco de un proyecto común que contaba con una envergadura suficiente como para responder a las preocupaciones sobre su financiación. Las inversiones en reservas eléctricas regionales, formadas por numerosas entidades locales, han contribuido en efecto a reducir notablemente los riesgos para los inversores, tanto nacionales como internacionales. Esta expansión de la red eléctrica tuvo también el efecto de abrir nuevas posibilidades en áreas de la agricultura y la industria como la irrigación, el acondicionamiento, las conservas, el reciclaje de deshechos industriales y del hogar y la depuración de aguas residuales.
Además, el fomento de energías renovables y de nuevas tecnologías, especialmente a través de estímulos fiscales y de la creación de asociaciones con operadores extranjeros, sobre todo europeos, ha ayudado al Magreb a revalorizar sus recursos, tanto en lo que respecta a conocimiento y formación como a mano de obra. Estas iniciativas han permitido suministrar al campo y a zonas que antes se consideraban aisladas una electricidad denominada “verde”, lo cual ha facilitado el desarrollo de la economía local. De este modo, la creación de empleos, el desarrollo del turismo, el fomento del artesanado y, por tanto, el aumento de los ingresos y la mejora de la calidad de vida han contribuido a detener el éxodo rural.
Conclusión
Éstos son algunos de los muchos logros conseguidos por el Magreb en 2020 y que han constituido el objeto de nuestro viaje. ¡Cuánta distancia recorrida en menos de dos décadas! La firma hoy en Madrid de un acuerdo sobre la creación de un espacio euromagrebí integrado de hidrocarburos y electricidad viene a consolidar la asociación intensa y diversificada que existe entre Europa y el Magreb desde hace muchos años. Pero es también una de las consagraciones de todos estos años de esfuerzos y cooperación entre los países del Magreb.
Resulta evidente que el sector energético ha sido el motor principal del crecimiento económico de los países de Magreb, y el eje alrededor del cual se ha articulado el proceso de integración de la región. Éste es mi sueño, o la imagen de lo que podría ser el Magreb, un deseo de un futuro mejor que el que por ahora parece perfilarse en el horizonte. La remodelación geopolítica y la marcha desenfrenada de la globalización nos obligan a tomar ahora las decisiones correctas en los planos estratégico, económico y político. Albert Einstein decía que “la imaginación es más importante que la sabiduría”. Por lo tanto:
– ¡y si, en un último arranque los países del Magreb fueran capaces por fin de reaccionar contra todo lo que se interponía en su camino y les ha mantenido, hasta ahora, dando palos de ciego perpetuos!
– ¡y si los países del Magreb fuesen capaces de sumar sus voluntades, sus valores y sus objetivos estratégicos para concebir economías de escala, favorecer las oportunidades de desarrollo y plantearse una visión en lo relativo a complementariedad y solidaridad!
– ¡y si pudiese ponerse en marcha una oleada de reformas económicas, institucionales y políticas, basadas en el factor humano, pero también en uno de los mayores recursos de los que dispone el Magreb, que es la energía!