Una revolución tranquila

Agricultura, turismo, cine, son algunos de los sectores que impulsarán la economía de la región de Agadir.

Francis Ghilès, corresponsal del Financial Times en África del Norte entre 1977 y 1995, es senior fellow del IEMed

La región de Agadir se extiende desde el Atlántico hasta los contrafuertes del sur del Atlas y el desierto al sur de Uarzazat y constituye un territorio clave para el desarrollo de Marruecos. Estratégicamente situada frente a las islas Canarias, que acogen anualmente a unos 12 millones de turistas, la riqueza de esta región se basa en actividades como la pesca, el turismo y la agricultura. Es en esta región donde en los próximos años debe articularse –respecto a la pesca y el turismo– la relación competencia-cooperación con España.

Aquí, se produce la mitad de la cosecha de cítricos y se ruedan numerosas producciones cinematográficas internacionales, que han contribuido a la modernización de una población berberófona que, desde hace una generación, desarrolla la agricultura intensiva. La región se enfrenta a muchas dificultades, pero sus autoridades se esfuerzan por superarlas.

No pasa desapercibido que el hombre que gobierna actualmente esta región sea quien, desde septiembre de 2003, desarrolló uno de los más grandes grupos privados marroquíes, Akwa Group, presente tanto en el sector energético como en el de la telefonía móvil en toda la zona franca de Tánger. Aziz Akhannouch, al igual que el presidente del consejo municipal de Agadir, Tariq Kabbage, posee la talla suficiente para afrontar los problemas, fundamentalmente el del agua. De hecho, el desarrollo intensivo del cultivo de cítricos –que representa la mitad de la producción marroquí– ha terminado por desecar ciertas capas freáticas provocando el consiguiente abandono de algunos pueblos.

Actualmente la Agencia Regional de la cuenca Suss Masa Drâa procura garantizar una mejor gestión del agua, mostrándose más restrictiva con las autorizaciones para el uso del bombeo, desarrollando políticas más perfeccionadas en el tratamiento de las aguas servidas y alentando el riego por goteo como alternativa al empleo de las técnicas tradicionales, en las que la pérdida de agua era considerable. En Guerdane, en el interior de la región, se ha realizado la primera experiencia en Marruecos de gestión conjunta del agua entre el sector público y el privado. Para comprender la dimensión de tales reformas es preciso saber que existe un déficit del 28% entre el agua recibida y la utilizada y que el 95% del agua se destina a la agricultura.

En la actualidad una tercera parte del agua se pierde. En un futuro se deberán establecer, sin duda, plantas desalinizadoras de agua de mar pero, por el momento, el reto principal sigue siendo mejorar el uso de los recursos existentes. En la agricultura la prueba consiste en orientarse hacia producciones de mayor valor añadido como la fabricación de quesos. El ahorro del agua en el campo deberá reinvertirse en las ciudades y en el turismo. Este sector, que emplea un 7% de la mano de obra –unos 150.000 puestos de trabajo– está llamado a tener en los próximos años un importante desarrollo.

El estudio prospectivo sobre la economía de la región realizado por la consultora McKinsey presenta un panorama optimista: la creación de unos 450.000 puestos de trabajo en breve. Para que esto sea realidad es preciso que se cumplan varias condiciones. En primer lugar, la reforma de Sonaba, la Sociedad de Gestión de la bahía de Agadir, constituida a finales de los años noventa con la ayuda del Banco Mundial, que posibilitó volver a poner en marcha la construcción de hoteles –la infraestructura existente era muy antigua– con el consiguiente aumento del número de plazas.

Más allá de Agadir están a punto de lanzarse grandes proyectos integrados, como el de la bahía de Taghazut, con una magnífica costa, sol constante y una temperatura que lo hace acogedor casi todo el año. Una política mucho más coherente de desarrollo del turismo conducida por un ministro competente, con experiencia en el sector privado, Adil Duiri, sugiere que las posibilidades de éxito en un sector tan vital para la economía marroquí son hoy mucho mayores que en el pasado. En la región de Agadir será necesario llegar mucho más lejos aún. En efecto, y el informe de McKinsey lo dice claramente, resulta imperativo desarrollar actividades vinculadas a la industria turística, como las deportivas, la restauración, la artesanía y las excursiones a un interior de la región magnífico en su oferta de paisajes de montaña, villas fortificadas y valles presaharianos de belleza cautivadora.

De ahí la idea de desarrollar una política de microcréditos, para ayudar a la pequeña empresa, gran proveedora de empleos. En el Atlas se han empezado a restaurar las casbah –el ejemplo de la casbah del Tubkal muestra hasta qué punto se pueden convertir en albergues de ruta o bases para la práctica del trekking. Es un verdadero “crimen económico” que la casbah de Teluet, antiguo palacio del pachá de Marraquech, que domina un pueblo rodeado de grandiosas montañas al norte de Uarzazat, siga abandonada.

No sólo se abandona la historia de Marruecos sino también un patrimonio arquitectónico bereber incomparable y una considerable fuente de empleo, ¡Cuántas son las ciudades, como, por ejemplo, Tarudant y Tafraut, cuya belleza permanece intacta y donde la acogida es sencilla y cordial! Aquéllos que no conocían esta región quedan maravillados al descubrir su variedad y belleza. El reto es tanto más grande cuando son 12 millones de turistas los que cada año visitan Canarias, a tan sólo media hora de Agadir.

Que las sinergias sean posibles es algo creíble, pero aquí las dificultades las constituyen los malos enlaces aéreos, ya que Agadir es el pariente pobre de la Royal Air Maroc (RAM). Si bien desde hace ya dos décadas Uarzazate ha podido desarrollarse gracias al turismo y a los rodajes cinematográficos, resulta imprescindible la existencia de una mayor oferta de líneas aéreas. Hacer escala en Casablanca no es hoy cómodo y para quienes viajan desde el norte de Europa resulta esencial disponer de vuelos directos y más numerosos.

Esto también es válido para la industria cinematográfica, cuyo futuro depende, sin duda, tanto de las reformas que vaya a emprender Marruecos como de la decisión de los grandes estudios de Hollywood que, desde hace algunos años, se han visto atraídos por la gran variedad de paisajes de la región y la maravillosa luz que ofrecen. Como sucede a menudo, para muchos la posibilidad radica en el despegue económico de la región, pero también es imprescindible identificar las dificultades. Ahora bien, las pruebas a superar están ahora bien entendidas y estudiadas.

El informe McKinsey presenta tres panoramas: el optimista, el de referencia, o el pesimista. El desenlace dependerá en gran medida de la voluntad política y empresarial de la región, pero también de la actitud que adopten las compañías nacionales: ¿querrá participar en este juego la RAM? Todo depende también de las relaciones con España, especialmente con Canarias: la pesca, el turismo y la gestión de otros problemas de vecindad requieren el reconocimiento, por una y otra parte, de que ambas regiones podrían apoyarse mutuamente y en su propio interés.

Sólo queda desear que, para 2015, el PIB de la región haya podido elevarse de 33.800 a 77.400 millones de dirhams, crecimiento cuya inmediata consecuencia sería pasar de los 900.000 millones de empleos actuales a 1,66 millones. Los trabajadores y hospitalarios habitantes de Suss bien lo merecen.