Un testimonio en forma de aviso

“Mientras perduren las enormes diferencias sociales en Marruecos, donde la opulencia se codea con la miseria, existirá el riesgo del terrorismo” afirma el autor de la novela Les Étoiles de Sidi Moumen.

ENTREVISTA con Mahi Binebine por Laurent Pointier

Mahi Binebine es un hombre muy solicitado. Desde principios de año, se mueve sin descanso de un salón del libro a otro, entre Francia y Marruecos, para promocionar su nueva novela, Les Étoiles de Sidi Moumen, pero también para recibir numerosos premios aquí y allá. Sin embargo, no es un hombre que tenga la pretenciosidad que a veces atribuimos a los artistas o a los escritores. Su novela se le parece: es sencilla, humana, austera y profundamente comprensiva. Esta ausencia de vanidad se debe buscar ciertamente en lo más profundo de sus raíces. Nacido en 1959 en Marraquech, de origen humilde pero culto, es el sexto de siete hermanos. Su familia vivió una tragedia que le marcó de por vida.

En 1971, su hermano Aziz, un joven oficial destinado en el cuartel de Ahermumu en el Medio Atlas, se vio involucrado en la intentona de golpe militar de Sjirat contra el soberano Hassan II. Lo pagó con 20 años de reclusión en la siniestra prisión-moridero de Tazmamart. Este hecho precipitó la ruptura de Binebine con su padre, el encargado de entretener al rey quien, para conservar su puesto, renegó públicamente de Aziz. Binebine se inspira en este pasado para pintar y escribir desde hace 20 años. Sin embargo, es el primero en extrañarse del éxito de su última novela, al igual que le cuesta creer que sus lienzos figuren en la colección permanente del Museo Guggenheim de Nueva York. El personaje es desconcertante: ¿cómo puede disimularse detrás de esa risa franca y alegre el autor que acaba de firmar un libro tan crudo y trágico?

Les Étoiles de Sidi Moumen es la crónica de una muerte anunciada, la de los hijos de un barrio de chabolas a los que se anima a hacerse estallar en pedazos en el centro de Casablanca el 16 de mayo de 2003. En la novela, Binebine describe con precisión quirúrgica y día a día la rápida trayectoria de unos jóvenes que se convierten en kamikazes y cuya pasión inicial se limitaba al fútbol. Este libro no es sólo una novela, es también un testimonio en forma de aviso que viene a contradecir nuestras convicciones sobre el terrorismo. Estamos lejos del 11 de septiembre y de los secuestradores aéreos con titulación universitaria que se estrellaron contra las Torres Gemelas. Binebine insiste con fuerza sobre ello. Cuando la vida sólo pende de un hilo y a falta de un futuro mejor, el atentado suicida es la senda más fácil para acceder a un más allá soñado y a su séquito de recompensas celestiales. Según él, sin duda, los kamikazes en pantalones cortos de Casablanca son ante todo unas jóvenes víctimas insidiosamente manipuladas por los preceptores de un islam descarriado.

AFKAR/IDEAS: Conocemos al Mahi Binebine artista, ¿quién es el Mahi Binebine escritor?

MAHI BINEBINE: Les Étoiles de Sidi Moumenes mi octava novela; hace 20 años que escribo, soy un viejo rockero de la escritura. Pero soy consciente de que Les Étoiles de Sidi Moumen ocupa y ocupará un lugar especial en mi bibliografía. El libro ha tenido una repercusión para mí inesperada. Esta acogida está sin duda relacionada con un tema que sigue de actualidad y con un hecho que ha impregnado perennemente la memoria, aunque los atentados de Casablanca tuvieron lugar hace siete años. Por otra parte, fue un libro difícil de escribir. Tardé casi cinco años en alumbrar esta novela.

A/I: ¿Cómo se gestó el proyecto de Les Étoiles de Sidi Moumen?

M.B.:En Marruecos, creíamos equivocadamente que nos encontrábamos a salvo del terrorismo. Pensábamos que algo así no podía suceder.

Y de repente, 14 jóvenes marroquíes de unos 15 años, todos procedentes del barrio chabolista de Sidi Mumen, estallan en pedazos en pleno centro de Casablanca… Después de los atentados, Sidi Mumen copó todos los titulares. Por así decirlo, todos conocimos Sidi Mumen a raíz de la tragedia. Con el fin de entender por qué tantos jóvenes de un mismo barrio chabolista deciden quitarse la vida juntos, acudí al lugar. Me reuní con sus habitantes y las asociaciones que trabajan sobre el terreno. Me acompañó un periodista natural de Sidi Mumen por lo que pude tomar conciencia de lo que allí ocurría. Este lugar terrorífico me impactó. Recuerda a lo que nos podemos imaginar de Calcuta o Kandahar, donde la gente vive en una indigencia difícil de imaginar. Sidi Mumen es una tierra de nadie, una zona sin ley.

Es un inmenso vertedero a cielo abierto rodeado por una treintena de barrios chabolistas. En ellos, la gente rebusca incasablemente en el suelo. Y la primera escena que pude contemplar en Sidi Mumen fue la de unos chavales que jugaban al fútbol en el vertedero. Ahí tenía la trama de mi novela. A/I: Nos sorprende comprobar que queremos y comprendemos a esos futuros terroristas que convierte en humanos y entrañables. ¿Ha tomado usted partido?

M.B.: Ahí radicaba la dificultad del libro que empecé a escribir en 2004. En 2006 me di cuenta de que casi estaba haciendo una apología del terrorismo, y, sobre todo, no quería justificar lo injustificable. Comprender no era justificar. Sin embargo, hay que tener en mente que esos chavales son ante todo víctimas. Esos jóvenes kamikazes son seres humanos que han crecido en un entorno donde la violencia se trivializa y es cotidiana y donde es frecuente que la gente se mate entre ella. En esas condiciones, pasar de la vida a la muerte no es más que una banalidad adicional. Los criminales, los verdaderos responsables son aquellos que prometen el paraíso y reclutan y condicionan a esos jóvenes.

A/I: ¿Quiénes son esos vendedores del paraíso, de dónde proceden?

M.B.: Son el producto de una política. Con Hassan II, en los años setenta, para contrarrestar a la izquierda marroquí, especialmente a los comunistas, la monarquía permitió de manera calculada que se estableciese la corriente wahabí convenciéndose de que esa corriente radical seguiría siendo controlable. Sin embargo, hoy, la verdadera oposición, lo queramos o no, no es la izquierda, que ya no existe, sino los islamistas, cuyos sectores radicales están financiados por Arabia Saudí o Afganistán. Por supuesto, desde 2003, los fundamentalistas se han afeitado la barba y son más discretos, pero ello no impide su activismo. Están relativamente implantados y estructurados. Disponen de sitios en los que acogen y entrenan a los jóvenes.

A/I: ¿Cómo actúan los reclutadores?

M.B.: Los que condicionan a esos niños han comprendido el poder de una palabra mitológica y cómo ésta puede transformar a unos chavales en bombas humanas en menos de dos años. En primer lugar, se separa a los niños de su familia y los fundamentalistas se convierten en su nueva familia. Éstos les ofrecen una nueva dignidad, una actividad y un reconocimiento social que no tenían. Es un proceso de desestructuración social que consiste en una ruptura insidiosa pero total con lo que servía de referencia a esos niños. Después, se inicia una labor de concienciación a partir del Corán y de la difusión de cintas sobre los kamikazes chechenos o palestinos. Estos reclutadores realizan esta labor de adiestramiento. Les señalan con el dedo a los responsables de su situación y de la situación de los musulmanes en el mundo.

A/I: ¿Se puede prever el riesgo de volver a vivir un 16 de mayo?

M.B.:Desde luego, mientras perduren esas enormes diferencias sociales en Marruecos, donde la opulencia se codea con la miseria más extrema, el riesgo existirá. ¿Cómo podemos pensar que la situación no es explosiva cuando la riqueza de los barrios de Anfa se codea con la miseria más negra? Una de las alternativas a ese riesgo sería la emancipación de una verdadera clase media en detrimento de los barrios chabolistas que prosperan. Ahora bien, esa clase todavía no existe. La existencia de una clase media sería un primer obstáculo para la aparición de los extremismos. Toda la idea del libro consiste en decir que si se sigue manteniendo a una parte de la población en la exclusión, habrá más atentados.

Es un aviso. Sin embargo, hoy en día, no hay que menospreciar el extraordinario trabajo que realizan sobre el terreno las diferentes asociaciones y el Estado. Existe un programa de realojo mediante la construcción de hábitat saludables. El problema es que Marruecos está gangrenado por una corrupción extrema y actualmente son numerosas las personas que no viven en los barrios chabolistas y que por 5.000 dirhams (unos 450 euros) consiguen de las autoridades locales unos certificados de residencia a fin de que los realojen. Por tanto, la zona, ya exangüe, registra una afluencia de nuevos inmigrantes, lo que causa nuevos problemas…

A/I: ¿Quiénes son esos marginados que viven en Sidi Mumen? M.B.: Sidi Mumen es el punto en el que confluye toda la decadencia. Todos los desamparados se concentran en este lugar con la esperanza de vivir en él, aunque en unas condiciones de extrema indigencia. Los últimos éxodos rurales se remontan a los años noventa y estuvieron relacionados en gran medida con las sequías que asolaron el campo. Esta nueva concentración de inmigrantes contribuyó a la explosión demográfica del barrio chabolista. Finalmente, en la mente de los que ya lo han perdido todo, Casablanca representa un posible Eldorado.

A/I: ¿Es la miseria el único origen del terrorismo?

M.B.: No, los kamikazes de las Torres Gemelas, por ejemplo, proceden de un entorno totalmente distinto al de los de Casablanca. Sólo con la pobreza extrema y un vertedero de 100 hectáreas como único horizonte, es difícil tener fe en el futuro. En esas condiciones, se convierten en una presa fácil para el primer vendedor de sueños que aparezca. Sucede lo mismo con los candidatos a la inmigración clandestina a quienes se les vende París, Milán o Madrid… Para los kamikazes de Casablanca, ser un mártir representa la promesa del paraíso. De acuerdo con esta lógica, se puede coger una patera para llegar a Europa o tirar de un cinturón de explosivos para acceder al paraíso.

A/I: ¿Qué opinión le merecen los juicios masivos y expeditivos que tuvieron lugar tras el 16 de mayo de 2003?

M.B.:Hablo de ello en mi novela. Hubo redadas masivas de centenares de personas sin distinción alguna. Lo más dramático es que ninguno de los demócratas o de aquellos que luchaban por la libertad de expresión y los derechos humanos en general, entre los que me incluyo, se atrevieron a alzar la voz. El destino que se les reserva hoy a los islamistas es el mismo que el que se les reservaba a comunistas y socialistas hace 30 años, con el mismo trato.

A/I: Precisamente usted, el demócrata, el miembro de la oposición, ¿cómo se sitúa entre un hermano encarcelado en Tazmamart y un padre compañero de Hassan II, entre Christine Daure-Serfaty y Hamidou Laânigri?

M.B.: Cuando invito a Hamidou Laânigri, también invito a Christine Daure- Serfaty, y se llevan muy bien. Es difícil de creer, es la complejidad de Marruecos. Una anécdota: Hamidou Laânigri me confesó que su amigo de la infancia que salió vivo de Tazmamart tras 18 años de reclusión sigue siendo su mejor amigo… ¿Podemos hablar de síndrome de Estocolmo? Es todavía más incomprensible en su situación, ya que no es sólo la víctima la que mantiene simpatía por el verdugo, sino también a la inversa. Pero Marruecos cambia, Hassan II ha muerto. Hay que saber pasar página, al igual que lo hizo mi hermano. Cuando se encontraba en Tazmamart, renegó públicamente de nuestro padre para que éste pudiera conservar su puesto al lado de Hassan II. Yo le guardaba rencor y no volví a verle en 10 años. ¡Y lo primero que hizo mi hermano al salir después de 20 años de reclusión fue ir a besarle la mano! Mientras que yo luché con Amnistía Internacional por la cuestión de los desaparecidos políticos. En Marruecos, hay una especie de fatalidad que rige las relaciones entre verdugos y víctimas.

A/I: ¿Qué representan para usted los 10 años de reinado de Mohamed VI?

M.B.: En cierta manera, Hassan II le preparó el terreno. Desde entonces, Mohamed VI ha llevado a cabo una política de apertura en un país que hace poco vivía en la autarquía. Le ha otorgado a la prensa una cierta libertad. Tomo como ejemplo las revelaciones que se han realizado sobre el sueldo del rey, algo impensable hace unos años, a pesar de que algunos antiguos reflejos de censura y prohibición perduran todavía. Asimismo, el monarca ha impulsado la reforma de los derechos de la mujer y la creación de la Instancia Equidad y Reconciliación. También es el responsable de la destitución de Driss Basri así como del regreso a Marruecos de Abraham Serfaty. Aunque es verdad que ciertos tabúes del régimen sobrevivieron a la muerte de Hassan II, especialmente la cuestión del Sáhara Occidental.

A/I:Mohamed VI, el rey de los pobres. ¿Pretende este apodo oponerse al auge político de los islamistas moderados y radicales que reclutan entre las clases sociales más desfavorecidas?

M.B.:Mohamed VI es realmente sensible a la miseria de la gente, pero es difícil erradicarla de un plumazo. Para cambiar este país, hacen falta reformas profundas, y es necesario acometerlas en todos los ámbitos. Todo está relacionado: corrupción, educación, justicia y sanidad. En mi opinión, la educación es el ámbito prioritario. Con Hassan II, se consideraba un peligro, ya que simbolizaba la izquierda y, por tanto, la oposición intelectual. La educación era entonces sinónimo de sedición. Esto permitió que surgiera una generación poco instruida y, por tanto, mucho más sensible a las tesis y a la retórica de los islamistas.