Economía: ¿quién ocupa el poder en Marruecos?

La mayoría de los grandes grupos económicos actuales procede de la ola de ‘marroquinización’ o incluso antes, con estructuras rentistas.

Omar Radi

Han permitido estos 10 últimos años el resurgimiento de una nueva élite económica? Las respuestas son prudentes pero unánimes en cuanto al gran número de impedimentos para una economía de mercado. Los círculos empresariales marroquíes consideraban que el inicio del año 2000, marcado por el acceso al trono del rey Mohamed VI, sería un momento crucial. De esta forma, el contexto del cambio con unos eslóganes entre líneas que impulsaban el rejuvenecimiento del sistema de gobierno y la transparencia, compensaba la depresión que castigaba de lleno la Bolsa de Casablanca.

Era un tiempo para el optimismo: se trataba de capitalizar las reformas estructurales iniciadas en la primera mitad de los años noventa, sobre todo en cuanto a los mercados financieros. En efecto, la reforma de 1993 que estableció el Consejo Deontológico de los Valores Mobiliarios (CDVM) así como los Organismos de Inversiones Colectivas en Valores Mobiliarios (OPCVM, por sus siglas en francés) dio un nuevo impulso a una economía marroquí poco capitalizada al organizar el ahorro público, pero también al imponer unas normas de transparencia y de comunicación a una parte de la economía productiva.

En 1993, 10 empresas que cotizaban en la Bolsa de Valores de Casablanca fueron expulsadas debido a su negativa a publicar sus números, un trámite que el CDVM hizo obligatorio. Sumémosle a ello el proceso de liberalización de sectores que por aquel entonces eran un monopolio del Estado, como las telecomunicaciones, y la creación de agencias de regulación cuya función sería controlar a esos sectores y velar por la libre competencia. Con estas premisas, la aparición de una nueva élite económica era pues posible, e incluso inevitable.

Historias de éxito y cultura de campeones nacionales

Al leer la edición de 2009 de las “500 mayores empresas marroquíes”, editada por la revista Economie & Entreprises, comprobamos que más del 51% del volumen de negocio acumulado de las 100 primeras empresas marroquíes se divide a partes iguales entre las empresas públicas y las que pasaron a manos de capital privado por medio de privatizaciones. En el mismo orden de cosas, el holding ONA posee más del 12% y las filiales de las empresas multinacionales (el 49% de las 100 mayores empresas) acaparan el 45% del volumen de negocio acumulado.

Primera observación: si bien la configuración del mercado a ese nivel ha cambiado de forma (cambios de accionistas mayoritarios), el fondo permanece igual. Los grupos financieros, industriales o comerciales, casi todos familiares y que constituyen la gran potencia económica actual, proceden en su gran mayoría de la ola de marroquinización o de mucho antes, con estructuras rentistas. Gracias a sus grandes fortunas, aprovecharon para hacerse con una parte del pastel de la privatización. En menor medida, surgieron otros grupos que conocieron un auge más rápido. La primera generación, que se remonta a mediados de los años noventa, se ha especializado en las finanzas. Las sociedades de bolsa, únicos intermediarios autorizados a gestionar las transacciones en los mercados financieros, son actualmente 17.

Creadas por aquel entonces por jóvenes, han aprovechado la envergadura que ha adquirido el mercado financiero marroquí. El Casablanca Finance Group (CFG) fue uno de los primeros bancos de negocios en ver la luz tras la reforma de 1993. Hoy ocupa un lugar privilegiado en el mercado financiero marroquí. Al final del reinado de Hassan II, el sector tecnológico también fue un nicho para los grandes inversores. Hightech Payment Systems (HPS), creada en 1995 por Mohamed Horani, se ha convertido en uno de los líderes mundiales de la banca electrónica. Exporta a todo el mundo y tiene como clientes a grandes bancos internacionales. Si bien HPS ocupaba en 2009 el puesto 416º en la clasificación de las 500 mayores empresas marroquíes, es una de las pocas compañías de la nueva generación que ha sabido abrirse camino.

La particularidad de este sector es que sus actores realizaron una nueva aportación a la esfera económica. Crearon nuevas necesidades e inventaron soluciones consecuentes. Se trata de un sector en el que la innovación sigue siendo la clave del éxito, pero no la única. “En efecto, el poder apoyó al sector de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) a raíz de la toma de conciencia de su potencial tras un estudio de McKinsey. Cuando digo apoyar, me refiero a reconocerlo y dotarlo de toda su legitimidad para existir, lo que en sí es muy importante”, afirma Hassan Alaui, director de publicación de Economie & Entreprises. Además de todo ello, la innovación marroquí tocó varios sectores, desde la gran distribución (Bigdil) hasta el textil (Marwa), sin que haya tenido un impacto considerable ni sobre su evolución ni sobre su imagen.

El concurso Morocco Awards 2009, lanzado por la Oficina Marroquí de la Propiedad Industrial y Comercial (OMPIC), premió a tres marcas, dos de las cuales eran de la antigua generación (Banque Marocaine du Commerce Extérieur- BMCE y Aïcha). Si bien las escasas “historias de éxito” no han podido imponerse en estos 10 últimos años, el Estado, a través de distintas medidas de estímulo, ha impulsado la concentración de grandes estructuras para crear “campeones nacionales”. La primera concentración de este tipo tuvo por objeto el sistema bancario y dio lugar a la creación de Attijariwafa Bank, fruto de la fusión de Wafabank y de la Banque Commerciale du Maroc (BCM).

A continuación vino el boom del sector inmobiliario y la concesión de las obras de viviendas sociales a promotores inmobiliarios. Algunos de ellos sacaron más partido que otros, como el grupo Addoha. “Este tipo de concentración y de evolución rápida no es fruto de una lógica industrial, sino más bien de la voluntad del Estado de acelerar el surgimiento de una nueva clase”, subraya un financiero convertido en empresario. Según él, la madurez del año 2000 no aceleró la formación de un mercado propiamente dicho que regulara la nueva dinámica. De ahí la intervención del Estado, que desfiscalizó las concentraciones industriales y tomó medidas de estímulo que propiciaron los grandes grupos. “En Marruecos, el 40% de la economía es informal.

En vez de remediarlo, con todo lo que ello podría reportar, el Estado ha optado por apoyar a las clases ya de por sí muy pudientes”, añade en referencia a la exención de las aportaciones en las fusiones de la que se beneficiaron ONA y SNI (Société Nationale d’Investissement) en 2010, o también a las transmisiones de propiedades a título gratuito que se permitió realizar a los promotores inmobiliarios, quienes además reclaman una bajada del IVA en el marco de los Presupuestos de 2011. “En estas condiciones, hoy, en 2010, el Estado no apoya a ninguna nueva clase emergente; al contrario, la combate”, concluye. Es un punto de vista que comparte en gran medida el economista Najib Akesbi.

“Dejando al margen el envejecimiento de los hombres de negocios, muchos de ellos no logran continuar ya que en Marruecos la lógica de mercado no está basada en la competencia, sino más bien en la depredación”. El economista y profesor del Instituto Agrónomo de Rabat señala la interconexión entre la economía y la política. “No se pueden extrapolar las leyes de mercado a la economía marroquí ya que las acciones en la misma son antieconómicas y vienen dictadas por decisiones políticas”, explica. Para simplicar, Akesbi prefier hablar de Majzen económico.

Poder y negocios, relaciones incestuosas

La superpotencia de un grupo económico en Marruecos no está sólo relacionada con su peso. El factor de la cercanía al poder es preponderante y condiciona las relaciones de las potencias económicas. “En Marruecos, el poder económico de un grupo no está relacionado necesariamente con su hegemonía o su creación de riqueza, o el importe de los impuestos que paga, sino más bien con su cercanía al poder. Cuanto más cercano sea, mejor le tratarán los bancos y más querrá la gente hacer negocios con él”, explica Hassan Alaui. Según Najib Akesbi, este hecho establecido es un factor que disuade la iniciativa libre e independiente en el mundo de los negocios. En el centro, la omnipresencia de los gestores de la fortuna real falsea las reglas del juego.

En una de sus escasas intervenciones, el Consejo Nacional de la Competencia (CNC) ordenó en 2006 la suspensión de la comercialización del aceite Afia, una de las marcas de Savola, a raíz de una denuncia presentada por su competidor Lesieur, filial de ONA. La decisión de levantar, en 2005, la exención fiscal para las cooperativas en pleno auge de COPAG, que comercializa productos lácteos bajo la marca Jaouda, extrañó a más de uno, pero encantó a su principal competidor, Centrale Laitière, una mina para el holding SNI y principal contribuyente a su volumen de negocio. Justo después del anuncio en 2010 de la retirada de la Bolsa y después de la fusión de SNI y ONA, el gobernador de Bank Al Maghrib decidió bajar el nivel de reservas obligatorias para dar una mayor liquidez a los bancos.

Precisamente ONA y SNI, excesivamente endeudadas, necesitaban unos 22.000 millones de dirhams para cerrar su operación de concentración, que además fue desfiscalizada por la ley de finanzas de 2010. ¿Una coincidencia? Los ejemplos se pueden multiplicar, pero he ahí la prueba: no se puede ser juez y parte. El capital escasea en la economía marroquí por lo que, además de una disciplina de mercado, necesita una concesión óptima de recursos. Entre las escasas empresas sancionadas por el CDVM, Samir también es la única a la que los inversores institucionales le han impuesto unas “restricciones de dominio” que le obligan a cumplir un cierto número de ratios y de normas de prudencia, o en caso contrario, pagar sus deudas antes del vencimiento.

El mercado financiero marroquí no cumple plenamente su papel de transformador del ahorro en inversiones, ya que, al igual que en los ejemplos antes mencionados, sólo sigue una lógica de mercado (en abril de 2010, después de que los medios de comunicación se hicieran eco de la posible implicación de los negocios reales en los casinos de Macao, la prensa marroquí recordó que SOMED, copropiedad del holding SNI, participa en el complejo Mazagan Beach Resort, que cuenta con un casino. Al poco tiempo, la Caisse de Dépôt et de Gestion, brazo financiero del Estado, anunció la recompra de las participaciones de SOMED). Hay que recordar que el grupo Addoha, cuyos resultados no han estado a la altura de sus previsiones en 2009 y cuya solidez financiera está seriamente comprometida por un enorme endeudamiento (el 160% de su capital propio), ha logrado convencer a los inversores (públicos y privados) para que le presten 5.000 millones de dirhams para recuperarse, a pesar de que el grupo inmobiliario dispone de un banco inmobiliario con siete años de inversiones al que podría haber recurrido.

En una economía de libre competencia, una salida a bolsa de ese tipo, con las mismas condiciones que Addoha, SNI y ONA, habría sido un fracaso, debido al alto riesgo de la inversión. La economía de mercado, con todos sus defectos, se encuentra en una fase avanzada en Marruecos y es necesaria para el desarrollo de su tejido productivo. Pero para lograrlo, es inevitable el establecimiento de nuevas condiciones. Los principios de igualdad y de transparencia deberían imperar en el sistema de gobierno. Pero también se podría introducir la idea de accountability en el vocabulario económico marroquí. Después de 10 años, ¿no es hora de presentar un balance de la política de los campeones nacionales, de los incentivos fiscales y de la liberalización financiera?