El ‘neopatriotismo’ económico de Argelia desconcierta a sus ciudadanos y a los extranjeros

Las medidas de regreso al control del Estado sobre la economía se multiplican. La contrarreforma, con sus partidarios, avanza sin base teórica ni hoja de ruta.

Ihsane el Kadi

Se ha cerrado definitivamente la época de las reformas de mercado en la Argelia de la era Buteflika? El aumento del neopatriotismo económico, iniciado en 2006, se ha acelerado desde hace dos años. Las medidas de regreso al control del Estado sobre la economía se multiplican. La contrarreforma, con sus partidarios en el país, avanza sin base teórica ni hoja de ruta. He aquí un intento por entender sus resortes ocultos. Argelia ya no habla de la necesidad de ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Ha solicitado oficialmente a la Unión Europea la renegociación de numerosas cláusulas del acuerdo de asociación firmado en 2002. Su programa de privatización está paralizado desde 2007, así como el fracaso en la venta del 51% del capital del Crédit Populaire d’Algérie, primer banco del país por el tamaño de su red. El presidente, Abdelaziz Buteflika, acaba de extender al sector bancario la medida del 51-49% introducida en 2009.

Salvo en el sector de la distribución, ningún promotor de proyectos extranjero puede ser ya mayoritario en el país. Las inversiones extranjeras ya en curso se encuentran sometidas a una estrecha vigilancia. Las cesiones de activos en las empresas extranjeras establecidas están sometidas al derecho de adquisición preferente del Estado. Los cambios de propietarios de activos en Argelia que tienen lugar en el extranjero (ex-OPA bursátil) se consideran nulos. El gobierno impidió la primavera pasada una transacción entre la egipcia Orascom Telecom y la sudafricana MTN ya que Djezzy, la principal operadora de la primera, es el líder de la telefonía móvil en Argelia. Prepara, desde junio de 2010, una oferta para hacerse con Djezzy.

Para reducir el crecimiento de las importaciones (40.000 millones de dólares en 2008), se ha vuelto a poner al sector privado bajo la tutela administrativa parcial en las operaciones de comercio exterior (se exige un visado estadístico antes de cada operación de importación que ya no se puede pagar mediante transferencia libre sino sólo mediante crédito documentario). El endeudamiento exterior está prohibido desde hace tres años. El Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo, entre otros, tienen dificultades para llevar a cabo la más mínima operación significativa, ya que todas las financiaciones de proyectos con divisas están garantizadas por las reservas de cambio del Banco de Argelia. La Ley de Finanzas Complementaria (LFC) 2010 exige que cualquier licitador extranjero en una licitación del mercado público se una a un socio argelino.

Aunque también es cierto que el plan quinquenal 2010-14 prevé gastar 280.000 millones de dólares, de los que las empresas reclaman una parte más significativa que la del plan 2005-09. La lista de medidas del nuevo “patriotismo económico argelino” podría ser, por tanto, muy larga. Sin embargo, los observadores tienen la impresión de que el nuevo rumbo de la política económica del país es circunstancial. Los actores económicos argelinos y extranjeros esperan que en cualquier momento se suavice la tendencia o incluso se produzca un cambio de dirección. Por el momento, tendrán que seguir esperando.

Nuevo rumbo con motivaciones enturbiadas por la crisis

Todo empezó el 6 de julio de 2006, cuando Buteflika decidió cambiar la principal disposición de la Ley de Hidrocarburos aprobada en abril de 2005 que permitía a las empresas extranjeras poseer hasta el 70% de los yacimientos de petróleo y de gas que descubriesen. El 51% de Sonatrach, el principio de reparto de la ley de antes de 2005, se recupera automáticamente. Esta datación de la primera medida “patriótica” en un sector, el de la energía, en el que existía un amplio consenso en el país frente al celo liberal del ex ministro de Energía y Minas, Chakib Jelil, permite situar la primera inflexión de la política económica en Argelia antes de la crisis iniciada en septiembre de 2008.

La caída de Lehman Brothers y la crisis mundial, primero financiera y luego económica, trastocaron los motivos reales del giro “intervencionista” argelino al dar a entender que el país se protegía prioritariamente de los efectos recesivos de la crisis. El motivo del discurso presidencial del 26 de julio de 2008 – mucho antes del “martes negro” de Wall Street– es bien distinto: “Nos hemos equivocado en cuanto a la aportación de las inversiones extranjeras directas. Nuestros socios extranjeros no han seguido las reglas del juego”. Buteflika mencionó en concreto las inversiones de Orascom Construction en el sector cementero, un activo de dos fábricas, con importantes ayudas públicas, vendidas a la francesa Lafarge en la Bolsa de El Cairo sin que las autoridades argelinas fueran informadas (el conjunto de la división de Construction de Orascom se vendió a Lafarge en diciembre de 2007 por 12.000 millones de euros).

Estas peripecias en julio de 2006, y sobre todo en julio de 2008, permiten sacar una importante conclusión: el neopatriotismo argelino no es una respuesta a la crisis económica mundial, como dan a entender algunas de las medidas de proteccionismo comercial adoptadas en 2009 y 2010. Expresa la voluntad del bloque político en el poder –la corriente presidencial, por un lado, y la alta jerarquía del ejército y del personal político del gobierno, por otro– de modificar el reparto con los inversores extranjeros de las participaciones en los beneficios tras la explosión de los ingresos energéticos del país a partir de 2005. “En realidad, Orascom ofreció un pretexto para el endurecimiento de las condiciones para la inversión extranjera en Argelia. En 2007, las transferencias a título de dividendo de las empresas extranjeras, que ascendieron a 7.000 millones de dólares, fueron superiores a las entradas de capital. El sentimiento simplista que reinaba entre las autoridades era que el Estado argelino se enriqueció, pero que también era demasiado generoso con sus inversores extranjeros”, opina un asesor del Banco de Argelia.

Tradición doctrinal rota

La reorientación de la política económica argelina es un misterio “académico”. Ningún texto la anuncia, ningún estudio la prepara y ningún trabajo de think tank la justifica. Representa una ruptura con la tradición doctrinal argelina en la materia. El modelo de desarrollo “socialista” de los años setenta tenía su teoría de las “industrias industrializantes” para darle una base operativa. Asimismo, las reformas de mercado de finales de los años ochenta se basaban en unos textos programáticos coherentes, “los cuadernos de la reforma”. Pero no ha sido el caso a finales de la década de 2000.

Incluso el programa de la candidatura presidencial de Buteflika para un tercer mandato, en marzo de 2009, sólo menciona de pasada “una mejor protección de la economía nacional”, mientras que “la continuación de la reforma financiera” o “el apoyo a la inversión privada argelina y extranjera” para el desarrollo, ocupan una posición destacada. En algunas declaraciones, el primer ministro Ahmed Uyahia trató de presentar ese “vacío político” como una ayuda a las medidas neopatrióticas de su gobierno. Pero es inútil buscar en ello una argumentación profunda. A los socios de Argelia que pedían el abandono de las medidas “que degradan el entorno empresarial” se les dio una respuesta soberanista clásica: “tenemos el deber de proteger la economía nacional y nadie dictará nuestros actos”.

Las reformas de mercado en Argelia se detuvieron sin debate. Se inició otra política económica en una dirección opuesta sin un texto fundamental. Abdelhamid Temar, ministro próximo al presidente y principal partidario del desmantelamiento del sector público, defiende desde hace dos años el nacimiento de 12 grupos públicos “campeones” como núcleo de la nueva política industrial. Esta “volatilidad” del posicionamiento económico del equipo presidencial es la que da a entender a muchos observadores que la actual ola ultrapatriótica en economía es pasajera.

En realidad, puede prolongarse ya que la recuperación de los ingresos exteriores tras una corta caída de los ingresos por el petróleo entre noviembre de 2008 y abril de 2009, propicia un contexto psicológico que alimenta la sensación de que Argelia puede imponer unas condiciones más equitativas y, por tanto, menos atractivas, al capital extranjero.

La patronal argelina alza la voz

La renuncia a la inversión extranjera no significa en teoría el abandono de las reformas de mercado. El sector privado argelino podría incluso alegrarse de la obligación impuesta a los inversores extranjeros de buscar socios nacionales para sus proyectos. Asimismo, se supone que las medidas de proteccionismo comercial no arancelarias darán la oportunidad a las industrias locales de recuperar parte del mercado. Un analista de Ernst&Young en Argel menciona la experiencia turca a finales de los años ochenta: “Se produjo un giro parecido al que emprende Argelia hoy. Permitió impulsar la industria local. Evidentemente, no basta con frenar la importación de productos extranjeros”.

Hay que crear unas condiciones endógenas para el despegue de la producción nacional. Y es ahí donde surgen las reservas de la patronal argelina. Los empresarios consideran que el creciente patriotismo económico también es de hecho un regreso al intervencionismo basado en la omnipotencia de la administración. Según Réda Hamiani, presidente del Foro de Empresarios (FCE, por sus siglas en francés), “la medida (el crédoc, obligatoriedad del crédito documentario) iguala drásticamente el trato para todo el mundo, para los productores y los revendedores de bienes no transformados. Sin embargo, en Argelia, salvo los productos rojos (materiales de construcción como el ladrillo y la teja), no se fabrica nada sin aportaciones importadas. No se nos ha escuchado.

Los poderes públicos se mantuvieron en sus trece y persistieron en una forma de autismo. Hoy, con la acumulación del crédoc, el certificado de garantía y el visado estadístico, los trámites son agobiantes. La administración se ha quedado fuera de los negocios. Por no mencionar la mirada condescendiente, la arrogancia y la corrupción”. Slim Othmani, presidente y consejero delegado de Nouvelle Conserverie Algérienne (bebidas) y dirigente influyente del Círculo de Acción y Reflexión sobre la Empresa (CARE), deplora en unos términos similares el regreso a la estigmatización de los empresarios de estos últimos años. El FCE aplaudía en un comunicado las medidas de la Ley de Finanzas de 2010 que otorgan beneficios a las empresas nacionales y apoyan su desarrollo.

Pero las críticas sobre la orientación del gobierno son más numerosas. Hamiani lo explicaba así a finales de la primavera pasada: “Cuando se trataba de la macroeconomía, hemos reconocido que se hacía un buen trabajo, se salvaguardaban los equilibrios y se controlaba la inflación. Pero ahora, alzamos la voz ya que se trata de una incursión en nuestro perímetro. Las medidas del gobierno tienen una repercusión directa sobre el funcionamiento de las empresas. Y esto se hace sin concertación con nosotros. La ‘corrección’ iniciada por las autoridades en el tema de las importaciones tendría sentido si al mismo tiempo viniera acompañada de una batería de medidas para fomentar la producción. No es ese el caso. Al contrario, los productores sufren la lentitud del aparato de aprovisionamiento. Están desorientados y exasperados. La confianza se ha debilitado. Tenemos nuevas subidas en todas partes; estamos hasta la coronilla”.

Una ‘reivindicación intuitiva’, no un campo ganador

Con los inversores extranjeros desairados, los empresarios argelinos enfadados y las cancillerías en Argel desorientadas, el nuevo rumbo de la política económica de las autoridades argelinas no propone una interpretación sobre el mismo. Sin embargo, éstas se niegan a hablar de una renuncia a las reformas de mercado, tema clave del equipo presidencial cuando llegó al poder en diciembre de 1999. “No se puede afirmar seriamente que hay un retroceso”, defiende un directivo del ministerio de Finanzas. “La Bolsa de Argel, que estaba moribunda, se acaba de reactivar con el anuncio de las primeras aperturas de capital de las empresas argelinas, y el gobierno acaba de introducir el capitalismo en la agricultura al ceder las tierras que posee mediante concesiones transferibles”, refiriéndose a las tierras arrebatadas a los colonos.

Son dos iniciativas para tratar de reactivar un poco el entorno empresarial, que ha sufrido un retroceso considerable en 2009 y 2010 (el país ha caído al puesto 136º de la clasificación de Doing Business, publicación editada por el Banco Mundial). Sin embargo, lo que define el rumbo en Argelia en este final de 2010 es la voluntad del gobierno de nacionalizar Djezzy y, quizás el día de mañana, Arcelor Mittal El Hadjar, a quien vendió en 2000 la mayoría del que antiguamente era el mayor complejo siderúrgico de África y que entró en crisis hace dos años. ¿Con qué vehículos de inversión?

El operador histórico de telefonía, Algérie Télécom, es un gran enfermo y Sider, la empresa pública propietaria de El Hadjar, ya no cuenta con recursos de gestión para recuperarla. “El surgimiento de un capitalismo argelino menos basado en las inversiones extranjeras es una reivindicación intuitiva del poder. Sigue en una fase de reivindicación, ya que para ponerla en práctica como hicieron las élites políticas y militares en Turquía hay que aceptar un principio de autonomía de los jefes de la industria argelina. Sin embargo, en el fondo, el poder público desconfía de la inmensa mayoría de ellos, como si se tratara de inversores extranjeros”, explica un asesor cercano al CARE. ¿Qué podría pues modificar la orientación neopatriótica en lo que queda del tercer mandato de Buteflika? Quizás lo mismo que la provocó, pero en negativo, un sentimiento de precariedad en cuanto al futuro de la renta energética.

El atractivo de Argelia como proveedor petrogasístico ha disminuido durante la segunda mitad de la década de 2000. El marco legal no es el apropiado para las empresas petroleras debido a “una distorsión fiscal” y sólo se han concedido siete permisos de prospección tras las licitaciones de 2008 y 2009 que tenían por objeto 26 bloques. Una tercera licitación publicará sus resultados en marzo de 2011. Si la prospección no arranca con fuerza en el Sáhara argelino, quizás entonces se cierna una primera duda sobre la coherencia global del neopatriotismo económico iniciado sin prospectiva y sin debate.