Romper barreras a través del móvil

Existe un despertar creativo en las sociedades árabes, en las que con un objetivo claro y una herramienta tan común como el móvil, se pueden obtener resultados sorprendentes.

Carla Fibla

Durante los últimos dos años hemos comprobado cómo el móvil en el mundo árabe se ha convertido en una herramienta de denuncia, usada por activistas de derechos humanos y ciudadanos, que no estaban dispuestos a dejar de mostrar lo que está ocurriendo a su alrededor, los acontecimientos que estaban marcando su cotidianidad. Las dramáticas imágenes que, a menudo, llegan a los medios de comunicación y cuya veracidad es imposible confirmar, han sido grabadas y colgadas en las redes sociales para provocar un impacto inmediato. Esto se produce al mismo tiempo que aparecen creadores que, basándose en el mismo soporte, el teléfono móvil, al que un elevado porcentaje de los árabes tienen acceso, han reflexionado sobre una idea, grabado, editado y montado las imágenes para trasmitir un mensaje elaborado, no siempre explícito, pero que dadas las circunstancias que también rodean a estos creadores, están contagiadas de los sucesos de actualidad y las reacciones de la sociedad.

La explosión creativa que están registrando los países árabes, independientemente de la intensidad del cambio que se esté produciendo en su sociedad civil, no tiene límites. Lo demuestran de forma más convencional los países donde aún es complicado evitar la censura y deben ingeniárselas para no bloquearse y transmitir sus nuevos mensajes; y, por supuesto, se está desarrollando sin cortapisas, potenciando la capacidad de sorprender y arriesgándose con nuevas vías de comunicación y expresión, huyendo de lo convencional, en los países donde se ha producido un relevo político o donde la transformación está en curso desde hace meses.

Una iniciativa eurojordana

Durante el 24º certamen del Festival de Cine Europeo de Jordania, se apostó por una iniciativa que tuvo una gran acogida, y que demostró que, además de acompañar en la mutación cultural que se está viviendo en el mundo árabe, los países desarrollados deberían apoyar de forma activa y constante el nacimiento de una forma de expresarse, que parece estar rompiendo fronteras a diario. La Comisión de la Casa Real de Cine de Jordania y la Unión Europea invitaron a 54 jóvenes de varias zonas del país (Zarqa, Irbid, Sahab,…) a tres talleres en los que aprendieron técnicas para ser capaces de crear una película con un móvil.

La intención era mostrar que la experiencia audiovisual está al alcance de todos y que, tras aprender conceptos básicos en la escritura, dirección artística, producción y fotografía, serían capaces de confeccionar sus propios intentos, sus primeras pruebas de creación artística a través de una herramienta no convencional pero accesible económicamente. A los participantes se les facilitó el tema sobre el que debían reflexionar: “Transiciones”; el mismo que inspiró el festival de este año, y el resultado fueron 18 películas cortas, de las que un jurado seleccionó 10 que se proyectaron en la gran pantalla durante la clausura del festival. “Transición significa cambio, el ritual de pasaje y también la lucha, la adaptación y el éxito.

Es un denominador común que une la experiencia humana, en Jordania, en los países europeos y en el mundo. Y esa universalidad es la razón por la que ‘Transiciones’ es el tema de este año en el Festival de Cine Europeo”, explicó Joanna Wronecka, embajadora y jefa de la delegación de la UE en Jordania. El actor y productor egipcio Jaled Abu al Naga, conocido por su interpretación en la película Microphone, apareció con una cámara de fotos con la que jugó durante el debate que siguió a la proyección de los cortos de móvil, para trasladar el mensaje de que puede merecer la pena retratar cada momento, cada circunstancia vivida por una persona, que hay que permanecer despiertos para ser capaces de reaccionar.

En la mesa redonda le acompañaban la actriz jordana Saba Mubarak (su última película es Transit cities), la crítica de cine libanesa Vicky Habib y el director jordano Aseel Mansour, quienes mantuvieron un rico debate con una audiencia convencida de que lo que pueden transmitir las imágenes captadas por un móvil está aún por explotar en muchos países árabes. Se habló de censura, de estereotipos y miedos a la hora de exponer la visión de los que desde dentro están viviendo la transformación, para concluir con un mensaje de compromiso y esperanza en que el cine sea capaz, como ha ocurrido en otros momentos de la historia, de convertirse en un cauce de expresión y comunicación con fuerza para mover conciencias, a la vez que permanece y actúa como válido testimonio de la actual ebullición que existe en la región.

En el repaso de los temas, de las ideas que llevaron a los jóvenes a crear su corto, resulta muy interesante centrarse en los enfoques que utilizan, cómo plasman las obsesiones, y su capacidad para soñar y mostrarse pesimista u optimista basándose en aspectos reales de la vida cotidiana. A pesar de la brevedad, porque algunos de los trabajos apenas duraban dos minutos, los nuevos creadores lograron arrancar el aplauso de un público que se sentía constantemente identificado. En uno de los cortos aparecen los preparativos de una boda, todo parece idílico, pero el cineasta añade aspectos que le llevan a concluir que “las responsabilidades del matrimonio eliminan el Paraíso”.

Son mensajes siempre contundentes como la recreación de una imaginaria conversación entre dos ordenadores, uno de ellos vestido con chaqueta y corbata, que hacen una parodia sobre lo que se puede decir o no, como comprobar lo que es cierto para acabar escribiendo sin tapujos: “Internet libre”; en referencia a las nuevas leyes que muchos gobiernos de la región, Jordania entre ellos, están aprobando para controlar los contenidos de las páginas de Internet que se consideran subversivas o especialmente críticas con los regímenes. En otro corto aparece un hombre sentado en el salón de su casa con una enorme bandeja redonda repleta de ensaladas, queso, zatar, carne… un verdadero banquete que a final de mes se convierte en las facturas que tiene que pagar y una frase con la que el director resume su idea: “No puedo aguantar esto”.

En una clara alusión a la subida de los precios de los productos básicos que la población precisa para alimentarse, para llevar una vida normal. La imagen de un chico cantando bajo el agua de la ducha, afinando y modelando su voz se mantiene durante otro de los cortos, en el que la imagen pasa de la ducha a un escenario en el que la misma persona es aclamada por un público entregado y agradecido. Y la moraleja: “No importa cómo empieces, lo importante es cómo acabes. Persigue tus sueños”. Sin dejar que las cuestiones tabú afectasen a este certamen respaldado por la UE, por tanto bajo su paraguas protector respecto a la creación y libertad de planteamiento de los temas, en otro corto dos jóvenes discuten delante de un cartel donde se invita a votar en las siguientes elecciones.

Observan a la chica que les propone acudir a las urnas porque, aunque no todos opinan lo mismo, el cambio se puede alcanzar a través de la votación. Los que observan el cartel publicitario están de acuerdo con el mensaje, pero no con la forma: la utilidad de los comicios queda completamente cuestionada. Potenciar el valor individual, a la vez que señalarla fuerza que genera la unidad con mensajes como que “el cambio puede venir de tus propias manos” o “las huellas fuertes son capaces de provocar el cambio”. Así, los jóvenes creadores dejaron que sus sentimientos y expectativas de presente y futuro quedaran al descubierto. Las sociedades árabes, en especial los jóvenes, rechazan el inmovilismo, el trabajo al dictado, tal y como demostró este concurso de cortos elaborados con móviles.

Así lo explicaban algunos jóvenes al concluir el debate, recordando detalles de las escenas que les habían impactado, con las que estaban más o menos de acuerdo. Son iniciativas de este perfil las que no solo abren las puertas a la creación, sino que ayudan a depurar lo que está ocurriendo en la sociedad, por su capacidad de centrarse en cada individuo. El balance positivo por el resultado alcanzado quedó algo incompleto cuando alguno de los participantes señaló que los mensajes expuestos en los cortos no llegan a los que toman decisiones, que la creación y el arte además de exponerse deben ser escuchados y tener una repercusión sobre los que dirigen los países.

Existe un despertar creativo en las sociedades árabes, en las que al disponer de una nueva utilidad, dirigida con un objetivo claro, a través de una herramienta tan común como es un móvil, aparecen muchas posibilidades para que el resultado sea sorprendente. De hecho, eso es lo que ocurrió en este primer intento, donde Jaled Abu al Naga pidió a los creadores que se atrevan a realizar un largometraje con el móvil, que no se pongan barreras para profundizar en lo aprendido y que le saquen el máximo rendimiento. Rostros satisfechos y muchas ideas que parte del público apuntaba en un cuaderno, mientras escuchaba cómo le invitaban a no detenerse, a continuar a partir de lo aprendido para equivocarse a veces, plantear aspectos complicados o supuestamente banales de su sociedad, pero no dejar de observar, de preguntarse qué nos ha llevado a la situación actual y, sobre todo, de reflejar, de forma más o menos cercana a la realidad, lo que nos rodea, para que los que no son capaces de detenerse de vez en cuando y mirar a su alrededor, tengan la oportunidad de ver otras cosas, de plantearse dudas o de reafirmarse en sus opiniones.