Oportunidades de codesarrollo España-Marruecos

Las remesas, el vínculo transnacional o las políticas de inmigración europea y de cada país, son algunas de las claves a tener en cuenta en el estudio del codesarrollo.

Xavier Aragall, con la colaboración de Joan Lacomba

Partiendo de la dificultad para establecer una clara definición de “codesarrollo”, nos disponemos trazar un perfil de las principales claves a tener en cuenta para analizar el codesarrollo entre España y Marruecos. Antes, es preciso no obviar la incidencia del actual marco desde el que debe reflexionarse sobre cómo articularlo entre ambos países. En primer lugar hay que tener presente las tendencias que, a nivel mundial, surgen como asuntos destacados en la investigación de los movimientos humanos en el seno de la globalización y que pueden incidir en el análisis del codesarrollo: la importancia de las transferencias de los inmigrantes, el vínculo transnacional de las comunidades de inmigrantes y también la transformación del concepto de ciudadanía a partir de los flujos migratorios.

En segundo lugar es preciso recabar en claves que pasan por las políticas en el ámbito euromediterráneo en sus distintos niveles, el partenariado euromediterráneo, la política exterior de la Unión Europea (UE) en relación a la política europea de vecindad, la política de inmigración de la UE a partir del programa de La Haya, sin olvidar la relevancia de las políticas migratorias de cada país, que informan sobre la presencia del codesarrollo en la agenda política, y la tendencia a relacionar la figura del inmigrante con la cooperación al desarrollo. A estas claves hay que sumar aquellos factores más significativos que permitan analizar el codesarrollo a partir de las migraciones entre España y Marruecos.

La evolución en las últimas décadas de la cooperación al desarrollo y los cambios de referencia respecto a sus objetivos (cooperación a partir de la idea de ayuda, la cooperación descentralizada, relevancia del capital humano de los inmigrantes en las agendas socioeconómicas) ha provocado que las estrategias se abran a formas más adecuadas a los objetivos de desarrollo. A partir de aquí puede entenderse el surgimiento de la propuesta de codesarrollo. Más allá de unas primeras aproximaciones que introducían un gran componente de gestión y regulación de flujos de entrada (Estrategia del gobierno francés, Comisión codesarrollo y migraciones), el codesarrollo trata básicamente de relacionar las migraciones y la cooperación al desarrollo.

Este planteamiento implica contemplar los efectos positivos que para el desarrollo supone la movilidad, desde su vertiente humana y no sólo económica, y en definitiva, supone que la aportación de los inmigrantes al país de acogida no se traduzca en pérdidas para el país emisor. Si nos centramos en el caso marroquí y atendemos a la evolución de la movilidad en el Mediterráneo, el creciente papel de las transferencias de los inmigrantes trabajadores puede tener una nueva e importante dimensión en las relaciones hispano-marroquíes (en el informe anual del Banco Mundial Global Developement Finance Annual Repport de 2003, se señala, por primera vez, la importancia de las transferencias como fuente externa de financiación al desarrollo. Marruecos con 3.300 millones de dólares en 2001, se sitúa como cuarto país receptor de transferencias entre los países en vías de desarrollo, después de la India, México y Filipinas).

En Marruecos, las transferencias suponen un 9,6% del PIB, sin contar las que se efectuan por circuitos informales (Mohamed Khachani, 2003, Links between migration and development Dialogue On Migration Cooperation In The Western Mediterranean, Synthesis document. 5+5 Dialogue on Migration in the Western Mediterranean). España es hoy el tercer país emisor de estas remesas: ha pasado de representar un 1,1% del total de transferencias recibidas a cerca de un 10% en los últimos 11 años (Ígnigo Moré, Las transferencias de los emigrantes en España: una oportunidad para la acción exterior,Real Instituto Elcano.

Documento de Trabajo (DT) 3/2005). En la relación entre transferencias y desarrollo, hay que distinguir dos áreas de incidencia: una a nivel económico (desarrollo agrícola, reducción de la pobreza) y otra social (cambios en la estructura familiar). En el sector agrario, no existe unanimidad a la hora de valorar el efecto de las remesas (Nyberg Sorensen, Migrant Remittances as development Tool: the case of Moroco. Organización Internacional de las Migraciones. Working Paper Series, Nº2, junio de 2004). En este sentido, debe profundizarse en la investigación sobre la interacción entre la emigración y la transformación agrícola en Marruecos.

En lo que se refiere a la reducción de la pobreza, hay estudios que indican que los ingresos familiares procedentes de las transferencias han reducido la pobreza del 23,2% al 19% de la población (M. Khachani, 2003), lo que implica que 1,2 millones de personas pueden haber salido de la situación de pobreza a raíz de las aportaciones que envían sus familiares emigrados. A nivel social, la emigración influye en gran medida en el conjunto de las estrategias familiares y en cambios en la propia estructura familiar.

La movilidad introduce cambios y tensiones entre modernidad y tradición en la estructura familiar marroquí (N. Sorensen, 2004). Ya sea por el nuevo papel como jefe de familia que ejerce la mujer cuando es el marido el que emigra (gestión de las transferencias), ya sea por la iniciativa propia que toman un creciente número de mujeres que deciden emigrar solas en búsqueda de trabajo en el extranjero (envío de remesas). Un segundo aspecto que toma una dimensión importante cuando se analizan las claves de relación entre España y Marruecos, es la evolución de la comunidad de marroquíes residentes en España y su vínculo con la sociedad de origen.

La diáspora hace referencia a una solidaridad entre los miembros de una comunidad, ligados a su tierra de origen. En la diversidad y la multiplicidad de las diásporas magrebíes en Europa se distingue, a partir de los países receptores, una diáspora “latente” en el caso de países de vieja inmigración y una diáspora “durmiente” en el de países de inmigración reciente como son España o Italia (J. Césari, “Les réseaux transnationaux entre l’Europe et le Maghreb : l’international sans territoire”. Revue Européenne des Migrations Internationales. Vol.13 nº2, 1997). De ahí que haya que tener en cuenta a este colectivo en el caso español como potencial agente de codesarrollo, sobre todo porque en los últimos años han aparecido nuevos perfiles de inmigrantes y se han diversificado los flujos procedentes de Marruecos (estudiantes, personas cualificadas etcétera).

Estos nuevos inmigrantes rompen con las primeras representaciones de la inmigración magrebí y construyen “nuevos espacios” entre los países de origen y los de acogida, desarrollando nuevas formas de intercambios, cooperación y participación de las poblaciones inmigradas entre países de acogida y de origen. Otra de las características clave de las migraciones marroquíes desde inicios de la década de los noventa es la gran multiplicidad de proyectos migratorios. La instalación permanente es una de las actuales tendencias de un complejo sistema migratorio que incluye también el retorno y la diversificación hacia otros destinos, básicamente España e Italia, donde los marroquíes han tenido un protagonismo en las recientes regularizaciones.

En este sentido, destaca la migración laboral temporal, puesto que tiene una lógica distinta y unas repercusiones sobre el país de origen y de destino diferentes a las migraciones permanentes. La proximidad geográfica y los acuerdos entre ambos países (acuerdo sobre mano de obra entre España y Marruecos – BOE no. 226 20.9.2001) en esta materia inclinan a tener presente la temporalidad a la hora de analizar el codesarrollo. Por otro lado, encontramos que la idea de retorno no está presente en la población marroquí. Los jóvenes, los que llevan más tiempo en España y, sobre todo, aquéllos que tienen estudios, son los que manifiestan que el retorno es la opción menos probable.

De ahí que las políticas de codesarrollo ante esta situación deberían enfocarse no como respuesta a corto o medio plazo, sino pensando en un futuro a largo plazo (Gema Martín Muñoz, (dir): Marroquíes en España. Estudio sobre su integración. Fundación Repsol YPF, 2003). Otra vía de conexión entre inmigración y desarrollo ha sido dirigir a las asociaciones de inmigrantes en programas de desarrollo en sus sociedades de origen. En este punto hay que señalar la consolidación en España de asociaciones de inmigrantes que destacan tanto por realizar un importante trabajo en la acomodación en el país de acogida como por la influencia que pueden tener en sus respectivos países de origen y también porque son potenciales actores del desarrollo.

Por lo tanto, es fundamental entender el contexto y la dinámica de estas relaciones en el marco marroquí para poder conducir de forma efectiva programas de codesarrollo con los diferentes actores organizados de la sociedad civil. Para comprender este tipo de asociaciones, resulta de interés observar las de desarrollo local. Las asociaciones de desarrollo económico y social serían las más cercanas a lo que entendemos por ONG y éstas surgieron en la escena marroquí a finales de los años ochenta y sobre todo durante los noventa.

Han irrumpido centenares de ellas con vocación económica y social, es decir, asociaciones que se plantean actuar en el terreno de las mejoras socioeconómicas de amplios sectores de la población a través, fundamentalmente, de proyectos de desarrollo. Los puntos planteados quieren aportar elementos para un mejor análisis de la relación entre las migraciones y las prácticas de cooperación al desarrollo, que permitan interrelacionar aspectos de creciente importancia como el papel de las transferencias de los inmigrantes hacia Marruecos, la configuración y evolución de la diáspora marroquí en España, el potencial de la movilidad temporal de trabajadores, así como el papel que puede desempeñar la sociedad civil en Marruecos en la cooperación al desarrollo.

Estas claves, bien analizadas, podrían llegar a apuntar que, tal vez, el buen funcionamiento de los programas de codesarrollo pase por contemplar los efectos positivos que para el desarrollo puede suponer la propia movilidad de personas entre ambos países.