En la lucha contra el fundamentalismo radical,Túnez es un referente para otros países árabes y para Europa

Los países del Magreb tienen un creciente crédito internacional, pero deben progresar en la apertura democrática, cree Aldo Olcese.

ENTREVISTA a Aldo Olcese por Gabriela González de Castejón

Aldo Olcese es un gran conocedor del Magreb: prueba de ello es su participación en el Comité Averroes para la relación bilateral hispano marroquí, y en el Grupo Aníbal, de Túnez. Es todavía joven y tiene un perfil sobre todo empresarial, pero también académico que interesa a AKFAR/ IDEAS.

AFKAR/IDEAS: En noviembre se volverán a reunir, después de 10 años, los protagonistas del décimo aniversario del Proceso de Barcelona. Se trató entonces de crear un verdadero partenariado entre las orillas norte y sur del Mediterráneo, entre la Unión Europea (UE) y el Magreb, en nuestro caso. ¿Qué utilidad cree que ha tenido el proyecto?

ALDO OLCESE: En el Proceso de Barcelona hay un punto de inflexión negativo, el 11 de septiembre de 2001. A partir de entonces se abre un abismo entre el mundo árabe y el occidental. Hasta ahí las intenciones por las dos partes eran buenas: a partir de ese momento se produce una involución dramática. Es difícil reedificar el Proceso sobre las cenizas del 11-S y los atentados posteriores. Ahora existe un muro de desconfianza hacia los Estados árabes en el mundo occidental. No sólo de la clase política, también en las sociedades civiles, lo que es más grave.

A/I: ¿Qué países se enfrentan mejor al radicalismo islámico?

A.O.: En mi opinión, Túnez es el país con menor componente de extremismo islámico, lo que le convierte en un polo de atracción y un referente para Europa. A pesar de que el régimen de Zin El Abidin Ben Ali sea poco democrático para los estándares occidentales, gracias a sus políticas ha logrado controlar el fundamentalismo radical. Ben Alí es el líder árabe que ha comprendido la naturaleza del problema. No es fácil para él compaginar el combate abierto contra el fundamentalismo islámico, enraizado en la sociedad, con una apertura democrática de corte occidental. En alguna medida, Ben Alí es una pauta para otros países árabes que ahora tienen que actuar en su misma línea. Marruecos, por ejemplo, ante los atentados de Casablanca. Esto explica por otro lado, el trato preferencial de Estados Unidos hacia Túnez: fue, por ejemplo, el primer líder árabe en ser recibido en la Casablanca tras el 11-S. Del lado negativo, hay que reconocer la lentitud o completo parón de la apertura democrática tunecina, como ha demostrado con su último cambio de gobierno, que debería haber sido más progresista. Ben Alí sabe que hay vasos comunicantes transfronterizos: no estará tranquilo hasta que compruebe la reacción de sus iguales.

A/I: ¿En qué se diferencia de sus vecinos?

A.O.: Túnez se diferencia de otros países por no haber utilizado nunca la coartada del fundamentalismo islámico contra Occidente, algo que algunos líderes árabes han hecho a veces. Cuando Occidente les ha presionado con la democracia, la droga o la inmigración, ellos han planteado la excusa fundamentalista, sin comprender que eso es jugar con dinamita.

A/I: Todo esto refuerza a Túnez y mejora el clima de las inversiones.

A.O.: Sí, Túnez tiene, en mi opinión, un fuerte crédito internacional, político y económico, equivalente al de Marruecos, con un tercio de población y una posición estratégica muy inferior.

A/I: ¿Cuál es la situación de Argelia?

A.O.: El país sufrió una grave y prolongada crisis de más de 10 años que dejó 120.000 muertos. Hoy es el ejemplo de una apertura democrática en un país árabe, donde el fundamentalismo islámico se adueñó de gran parte de la sociedad. Argelia ha sido uno de los grandes reservoirs del fundamentalismo islámico. Abdelaziz Buteflika se ha dado cuenta de que el país iba a la deriva y ha combatido el terrorismo con dureza. Ahora necesita alcanzar un cierto nivel económico que le permita hacer avances de apertura democrática.

A/I: ¿Cuál es la situación económica argelina actual?

A.O.: Argelia tiene grandes recursos naturales. Además es un país mimado por Occidente: existe una gran dependencia energética de Argelia. En su factura gasística, España depende en un 80% del gas argelino. Es un Estado vecino, vital para España y para gran parte de la UE. Muchas de las centrales eléctricas europeas son de ciclo combinado y necesitan gas natural para funcionar. La mayor operación de inversión que se desarrolla en Argelia es el gasoducto directo Argelia-España a Europa.

El otro gasoducto pasa por Marruecos. El grado de dependencia europea de Argelia no se debe complicar con una doble dependencia, también marroquí. En esa sociedad argelino- europea, Medgaz, participan Cepsa y otras compañías españolas, como Endesa e Iberdrola. España es, por tanto, el socio estratégico de Medgaz. Durante los próximos 50 años, Europa dependerá de forma significativa del gas de Argelia. Argelia es así un país estratégico para los europeos. A éstos les interesa que Argelia progrese, que se afiance un desarrollo económico sostenido. No es fácil que el progreso económico pueda afianzarse si no hay avance político, quiero decir proceso democratizador y liberalización económica.

A/I: ¿Mejorarán las relaciones Argelia- Marruecos?

A.O.: Creo que la reconciliación y la apertura de fronteras entre Argelia y Marruecos están cerca. Quizá sea inminente. Nos encontramos ante una situación internacional única en el mundo, aparte de las dos Coreas, que no debe mantenerse por mucho más tiempo. El daño económico, político y social para ambos países es grande. También para otros, España entre ellos.

A/I: ¿Qué clase de acuerdo espera para el Sáhara Occidental?

A.O.: La solución al conflicto del Sáhara pudiera estar próxima también. Quizá tenga lugar en 2006. No habrá partición, eso sería una catástrofe para los saharauis. Lo lógico es que se cree un Estado con verdadera autonomía pero soberanía marroquí. Argelia y Marruecos deberán ceder pero tendrán contrapartidas. La apertura de la frontera es un paso previo. EE UU, Francia y España hacen un gran esfuerzo porque es fundamental que los dos países alcancen un verdadero peso internacional. Argelia por sus recursos naturales y Marruecos por ser un aliado estratégico para EE UU y Europa en el conflicto árabe.

A/I: ¿Qué grado de fe le inspiran los últimos pasos dados por Marruecos hacia la democratización?

A.O.: La democracia en Marruecos camina razonablemente bien. Todavía quedan áreas importantes de mejora y modernización del país y la situación económica tiene que favorecerles algo más que hasta ahora. El último año ha sido, desde el punto de vista económico, muy malo para Marruecos, entre otras causas, pero no sólo, por la sequía. Marruecos tiene la posibilidad de progresar, en parte por el respaldo de americanos, franceses y españoles. Tiene una posición estratégica clave. Defiendo la tesis, quizá ya compartida por EE UU, de que Marruecos se convierta en un productor de energía nuclear, con la pretensión de que esas centrales nucleares sean propiedad de un pool de empresas que no puede hacer centrales en España pero les interesa producir la energía: podrían ser accionistas de esas centrales, que serían manejadas por occidentales. Habría que compartir una participación con l’Office National de l’Electricité (ONE) y eventualmente con los socios franceses. Esto supondría un avance sustancial para Marruecos. Una manera de convertirse en un país potente y fiable es tener recursos energéticos y estratégicos para Occidente que puedan compartir con nosotros.