Argelia absorbe mal la ayuda al desarrollo

Recelo de los argelinos, por un lado, y desvío del dinero prestado, por otro, hacen que el país sea considerado un mal candidato a la ayuda al desarrollo.

Ihsane El Kadi, periodista, Argelia

En 2003-04 Argelia seguía “absorbiendo mal” los presupuestos de ayuda al desarrollo en opinión de sus socios de la Unión Europea (UE): “Las cosas están cambiando”, tranquiliza Tarik Mira, ex jefe del grupo parlamentario Reagrupamiento para la Cultura y la Democracia (RCD) en el Parlamento nacional y coordinador de un proyecto de integración social financiado por la UE: “Desde hace un año se ha iniciado una recuperación. Las convocatorias de proyectos (en su mayoría financiados en el marco de programas de la UE) encuentran cada vez mayor respuesta en las asociaciones en Argelia”. ¿Por qué “absorbe mal”? Las explicaciones son numerosas.

En primer lugar, el hecho de que los argelinos se hayan considerado durante mucho tiempo un país rico por sus hidrocarburos y, por tanto, no afectados por la ayuda al desarrollo. En segundo lugar, porque llegaron tarde al “universo” del acuerdo de asociación con la UE que inició, a partir de mediados de los años noventa en Túnez y en Marruecos, la cooperación directa con las ONG nacionales. A esto hay que añadir cierto malestar “cultural” entre los argelinos a la hora de solicitar ayudas al extranjero, “por orgullo y prudencia campesina”.

“Los alemanes de la posguerra crecieron con el trauma de la hiperinflación y esto dio un marco fuerte; los argelinos viven desde hace años con la obsesión del endeudamiento exterior, responsable en su opinión del hundimiento de los años noventa, lo que crea una relación distante respecto a las líneas de ayuda y los créditos extranjeros”, explica Salim Tiruch, economista de la Universidad de Constantina. “Lo primero en lo que piensa el gobierno cuando el precio del petróleo sube es en pagar un poco más rápidamente su deuda exterior”. El Partido de los Trabajadores (PT), dirigido por Luiza Hannun, es el que expresa más sistemáticamente esta desconfianza respecto a los programas extranjeros de apoyo al desarrollo: “Cuando el barril estaba en su nivel más bajo, hace 15 años, tal vez tuviese sentido. En Sudán o en los países del Sahel esto corresponde hoy a una necesidad. Pero en Argelia en 2005, lo dudo”, afirma Amar Takyut, diputado y miembro de la dirección del PT.

“No se trata de hostilidad, pero nos preocupa realmente que estas ONG internacionales, que tienen unos medios cada vez más considerables, sustituyan al Estado a la hora de elaborar las políticas económicas y sociales. Esta sustitución es peligrosa. Cuestiona el sentido de la democracia”. El principio según el cual los proveedores de fondos determinan la naturaleza de los llamados proyectos de apoyo al desarrollo amplia la categoría de los “sospechosos”. Por ejemplo, el Banco Mundial (BM) financia a un tipo mejorado unos estudios que considera prioritarios: “Actualmente quiere que reformemos nuestro sistema de pensiones por reparto y nos va a ayudar a hacerlo. ¿Pero queremos ir hacia la jubilación por capitalización y hacia los fondos de pensiones?”

¿Qué es lo que se contabiliza como ayuda al desarrollo? La SFI, filial de inversión del BM, propuso en 2003 una importante cantidad (cerca de 20 millones de dólares) para “actualizar” Algérie-Télécom, el histórico operador de telefonía, con el objetivo de que abriese el capital de su filial de móviles. Su presidente Messaud Chettih consideró prematura esta apertura y no se hizo nada. ¿Es esto también “la mala absorción de la ayuda al desarrollo”?

Cuidado con el “corta y pega” de Europa hacia la orilla sur

Así pues, ¿son todos los presupuestos extranjeros de ayuda al desarrollo sospechosos de estar orientados ideológicamente hacia la ampliación del mercado en detrimento de la economía social? No necesariamente. De los 410 millones de euros en proyectos financiados en Argelia por el programa europeo MEDA y en fase de ejecución en septiembre de 2005, proyectos sociales y educativos como la rehabilitación de zonas afectadas por actos terroristas en el noroeste (30 millones de euros), el apoyo al desarrollo socioeconómico local –red social– en el noreste (50 millones de euros) o el apoyo al desarrollo del sistema de formación profesional (60 millones de euros) tienen un peso importante en la distribución de los recursos atribuidos. Safia Chandri preside la asociación ecologista Alger la blanche, una de las más activas en la capital.

Su proyecto de recuperación selectiva de los residuos sólidos obtuvo en febrero de 2004 una subvención de la comunidad europea de 3,39 millones de dinares (unos 35.500 euros). El proyecto se ha retrasado un poco, pero está en marcha: “Debíamos implantarlo en la nueva ciudad de Sidi Abdellah, pero no fue posible; finalmente optamos por un barrio popular del centro de Argel y percibimos que los habitantes de los edificios escogidos suscriben nuestra acción”. La asociación ha formado agentes, “todos universitarios”, que han realizado una labor de comunicación “puerta a puerta” en el barrio para sensibilizar a la población: el recipiente azul para el papel y el cartón, el amarillo para el plástico y el rojo para el metal.

El proyecto requirió adquirir un vehículo de recogida que debía ser “obligatoriamente de una marca europea” (más cara que la asiática) y emplea a tiempo completo a unos vigilantes in situ que supervisan la adecuada distribución en los recipientes de las bolsas de residuos. La segunda fase verá la instalación de una microempresa que deberá garantizar la distribución de las materias recuperadas. “Nuestro proyecto fue elegido porque combina los tres aspectos, medioambiental, social y ciudadano en la medida en que implica a la población”, explica Chandri. Por tanto, nadie discute su utilidad social. En cambio, la organización del centro de recuperación es objeto de debate, considera Nassim, encargado de la puesta en marcha del proyecto: “La selección de los residuos sólidos en origen plantea un problema en el contexto argelino. Es más sencillo realizar la clasificación de los residuos en el centro de tratamiento. La práctica de buscar en las basuras existe en el paisaje urbano argelino, por lo que habrá que organizarla. Los financiadores europeos no lo contemplan así, ya que en sus países, hurgar en las basuras no es políticamente vendible”.

En Argelia es distinto. Es más complicado disciplinar a los ciudadanos para seleccionar los residuos en origen y más fácil convertirlo en una actividad en una fase posterior del proceso. A menudo el planteamiento de los proyectos de ayuda al desarrollo se parece a un “corta y pega” a partir de lo que se hace en Europa.

La evaluación de la eficacia necesita distanciamiento

La eficacia de la ayuda al desarrollo no es un tema polémico en Argelia, donde el distanciamiento todavía no es suficiente para juzgar el impacto de los programas emprendidos. Una cosa es segura: los financiadores siguen muy de cerca lo que se hace con su dinero. El proyecto que coordina Tarik Mira se integra en el programa IEDDH, en torno a la promoción de los derechos humanos. Representa en Argelia a la asociación francesa CLEF, socio europeo de tres asociaciones argelinas (SAP, SOS femmes en detresse y Bnet Fathma n’Sumer) en un proyecto de acompañamiento sociopsicológico de las mujeres víctimas del terrorismo en la Mitiya-Este, cerca de Argel. La utilidad social del proyecto tampoco es discutida. Se trata de ponerlo en marcha de forma adecuada.

“Tenemos que seleccionar a 120 mujeres, dirigirlas en un primer momento hacia una ayuda psicológica y posteriormente hacia su integración social”. Setenta millones de dinares (alrededor de 730.000 euros) a gastar en tres años. Como cláusula de salvaguardia frente al riesgo de desvío de dinero, las ONG nacionales que presentan el proyecto deben garantizar la financiación del 20% del presupuesto previsto, lo que, como en el caso del proyecto Clef-Argelia, puede convertirse en un obstáculo. El total de la subvención comunitaria se abona en tres tramos, “debemos organizar varios seminarios cada año y un coloquio al final para presentar la experiencia y sus conclusiones”. La ayuda está condicionada al progreso de los trabajos.

Pero la evaluación de este progreso no siempre es fiable: “En realidad, la Unidad de Gestión de Proyectos (UGP) evalúa un único criterio, el financiero. Si el proyecto consume dinero es que avanza, algo que, como sabemos, no se tiene en pie”, explica Nassim de Alger la blanche. El dinero de la subvención que se desvía: ésta es una mala utilización habitual de la ayuda al desarrollo, ante la cual los mecanismos de control contable siempre juegan con desventaja. Un ex ejecutivo financiero de una pequeña y mediana empresa (pyme) del sector agroalimentario de Blida, cerca de Argel, cuenta cómo su jefe logró acondicionar un ala VIP y una casa de huéspedes para sus clientes, desviando dinero del presupuesto de desarrollo de las pymes con vistas a la entrada en vigor del acuerdo de asociación entre Argelia y la UE (1 de septiembre de 2005).

“Se quedó con un tercio de cada capítulo de gastos, equipos informáticos, cualificación del personal, y así sucesivamente”. Una práctica en aumento, como el presupuesto de apoyo de las PME-PMI. Por tanto, Argelia puede pasar con bastante rapidez de una “situación de incompetencia” en la utilización de las líneas de ayuda al desarrollo, al extremo contrario, una red de expertos en la caza de subvenciones: “una aspiradora de euros y dólares”. Tarik Mira ofrece su testimonio sobre esta evolución: “En los últimos años han surgido despachos de asesoría para ayudar a las asociaciones de la orilla sur a obtener una subvención en el marco de los programas de ayuda europeos. Se quedan con entre el 5% y el 10% de la subvención. Su contribución consiste en adaptar la oferta del proyecto a los requisitos formulados, a menudo en un lenguaje esotérico, por la comunidad europea”.

Todo el mundo recuerda en Argel el folletín grotesco de los cinco millones de euros del programa MEDA destinados a “apoyar a los periodistas y medios de comunicación privados argelinos”. No se pudieron utilizar durante más de tres años porque el organismo inicialmente encargado de gestionar dicho proyecto –el sindicato nacional de periodistas argelinos– no quería ajustarse a la norma “muy rigurosa” del seguimiento de este tipo de financiación. Pero los argelinos aprenden rápido. “Actualmente no sólo sabemos presentar mejor un proyecto elegible para una subvención, sino que también sabemos utilizarla plenamente jugando, por ejemplo, con la posibilidad de desplazar hasta el 10% del dinero previsto para un apartado hacia otro apartado que ha resultado ser más costoso”, explica Tarik Mira.

De la eficacia y visibilidad de los proyectos de apoyo al desarrollo en los próximos meses y años dependerá mucho la opinión que tengan los argelinos de esta experiencia, todavía marginal en un país en el que el Estado gasta más de 2 billones de dinares anuales en su presupuesto. No obstante, un sector es mencionado de forma unánime, incluso por Takdjut del PT, en las reivindicaciones realizadas: “la formación cualificada”. “Ayúdennos a hacer surgir una elite eficiente”, es el mensaje prioritario que dirige a los socios extranjeros Abdelmayid Buzidi, economista y ex asesor de la presidencia de la República en los años noventa. “El país debe mejorar rápidamente su capacidad de atracción ya que los años de crisis fueron unos años de degradación”. La cualificación en la captación y absorción de la ayuda exterior ya está en marcha.