El principal déficit que sufren nuestras sociedades y del que los demás son consecuencia atañe a la gobernanza

Europa debe apostar por el desarrollo del Sur y los países árabes deben comprometerse con el buen gobierno.

ENTREVISTA con Azzam Mahjoub por Ridha Kéfi

Economista, profesor de la Universidad de Túnez-El- Manar, Azzam Mahjoud es autor de varias obras colectivas. Su última contribución en La política europea de vecindad: un punto de vista magrebí se publicará, en octubre de 2005, en Bruselas. Experto internacional del PNUD de las Naciones Unidas, del PAM y EuroMeSCo, ha participado en la redacción del primer informe del PNUD sobre el desarrollo humano en el mundo árabe (2003). Antiguo vicepresidente de la Arab Society for Economic Research, es titular de la Medalla al mérito universitario, en Túnez.

AFKAR/IDEAS: ¿Podría hacernos un esbozo de la situación en el mundo árabe y el Magreb ?

AZZAM MAHJOUB: El mundo árabe –y el Magreb forma parte de él– está hoy en el centro de la geopolítica mundial. ¿Por qué? Yo creo que hay tres razones: por su posición, nuestra región es el cruce, el paso obligatorio, entre tres continentes: Europa, África y Asia; posee dos tercios de las reservas mundiales de petróleo y un tercio de las de gas natural; la existencia del Estado de Israel en su seno le ha dado una importancia política y estratégica particular. Gracias a (o por culpa de) estos tres factores, no podemos escaparnos del juego de intereses de las grandes naciones. Aunque presente cierta identidad geográfica e histórica, el mundo árabe no es homogéneo. Incluso se caracteriza por una gran diversidad, ya que ha vivido evoluciones de geometría variable. Comprende países petroleros con ingresos muy elevadas, países con ingresos intermedios y países entre los más pobres del planeta, como Somalia, Mauritania o Yemen. En conjunto, el mundo árabe cuenta con 304 millones de habitantes, es decir el 4,5% de la población mundial.

Sin embargo, su producción apenas alcanza el 2,1% del PIB mundial. A pesar de la importancia de sus exportaciones de petróleo y gas, sólo contabiliza el 2% de las exportaciones mundiales. Por otra parte, sólo atrae el 2,3% de las inversiones extranjeras directas (IED) del mundo. Consecuencia: a pesar de sus fabulosas riquezas, sobre todo en hidrocarburos, el mundo árabe “vale”, en líneas generales, lo mismo que potencias medias como Canadá o España. El gran hito de la globalización tuvo lugar en la década de los noventa. Pero, si miramos el crecimiento anual medio del PIB per cápita del conjunto del mundo árabe entre 1990 y 2003, éste no sobrepasa un 1% frente a un 2,9% para el conjunto de los países en vía de desarrollo. También debo destacar otro punto negativo: la mayoría de nuestras economías están basadas esencialmente en los recursos naturales y humanos (subcontratación, salarios bajos, escaso precio unitario del trabajo…), es decir ventajas adquiridas. Hay un indicador bastante revelador respecto a esto: las exportaciones del mundo árabe de productos de alta tecnología apenas alcanzan el 2% de sus exportaciones globales, cuando esta tasa se sitúa en torno al 21% en los países en vía de desarrollo, entre los se encuentran India, China y Brasil. La situación general en el mundo árabe es, pues, inquietante, ya que su pasivo es enorme en casi todos los terrenos.

A/I: ¿Cuáles cree que son los déficits más graves ?

A.M.: En los informes del PNUD sobre el desarrollo humano en el mundo árabe, en los que he participado personalmente, hemos diagnosticado déficit en tres terrenos: las libertades y la buena gobernanza; la educación y el acceso al saber; la situación de las mujeres. Los tres primeros informes se publicaron en 2002, 2003 y 2004. El cuarto, actualmente en preparación, se publicará pronto. Todos nuestros países sufren de estos déficit aunque en diferente grado. En cuanto a la educación, citaré la cifra que me parece más inquietante: en 2003, la tasa de analfabetismo de los adultos en el mundo árabe era de 35,9%, cuando la media de analfabetismo en los países en vía de desarrollo no supera el 23,4%. Otro indicador inquietante corresponde al acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC): en el mundo árabe, el número de internautas es de 49 por 1.000 habitantes, frente a una media mundial de 120 por 1.000. El desafío del acceso a la sociedad del saber es crucial para llevar a bien el proceso de desarrollo. Sin embargo, de momento, ese déficit está muy mal negociado. Sirva de ejemplo: en un país como Túnez, que se sitúa en una buena media regional y que se prepara para recibir, en noviembre de 2005, la segunda Cumbre mundial sobre la sociedad de la información (SMSI), la tasa de analfabetismo de los adultos sobrepasa el 40% en algunas regiones, frente a una media nacional estimada en torno al 25%. La puntuación es ligeramente mejor en Jordania, pero en Marruecos el retraso es también importante. No hablemos de otros países que se encuentran en la parte inferior del tablón.

Gobernanza y desarrollo económico

A/I: ¿Cómo ve usted la relación entre buena gobernanza política y desarrollo económico?

A.M.: El principal déficit que sufren nuestras sociedades y del que los demás son consecuencia se refiere a la gobernanza. Túnez, a menudo citado como modelo para sus vecinos, vive una gran paradoja en este sentido. Este país se sitúa entre los 20 primeros del mundo que han alcanzado mejores tasas de crecimiento económico durante los últimos 30 años. Se sitúa también entre los 10 primeros que han realizado progresos en el terreno del desarrollo humano. Sin embargo, respecto a todos los indicadores que atañen a la gobernanza (libertades, derechos humanos…), se sitúa entre los 20 últimos países. Esta situación, insostenible a largo plazo, presenta el problema de la articulación entre progreso político y desarrollo económico.

Las disparidades entre lo económico y lo social, por un lado, y lo político, por el otro, producen, en un momento dado, un efecto perverso, donde la ausencia de democracia política pone en cuestión los alcances económicos y sociales. Rusia y los países de Europa del Este son un ejemplo claro de ello: estos países, que han evolucionado rápidamente en el transcurso de los años noventa, viven hoy una ralentización debida, en gran parte, a ciertos bloqueos políticos. El mayor desafío para Túnez, como para otros países del sur del Mediterráneo, reposa en la adecuación entre los avances económicos y sociales y los avances en el terreno de la gobernanza. Si se empiezan a notar signos de fatiga en el crecimiento y la inversión en general, y la IED en particular, son cada vez más escasas, esto se debe a problemas de gobernanza: intervencionismo, dirigismo, opacidad de los circuitos, falta de transparencia… El clima de los negocios empieza a resentirse gravemente por ello.

A/I: ¿Cuáles son, en su opinión, las reformas más urgentes para el mundo árabe?

A.M.: Respecto a la economía, el desafío para nuestros países es el paso de una economía administrada, protegida y escasamente diversificada a una economía social de mercado, competitiva y más diversificada. Es necesaria una serie de reformas estructurales que no podemos ahorrar por más tiempo, sin arriesgarnos a hipotecar gravemente el porvenir de nuestros hijos. Citaré cinco que me parecen las más fundamentales:

– Régimen de los intercambios: hay que liberalizar, abrirse y desprotegerse completamente. Hasta ahora, nuestros gobiernos no siempre han jugado limpio. Han asumido compromisos que luego han intentado eludir multiplicando los obstáculos administrativos. Resultado: hoy en día tenemos las tasas de protección más elevadas del mundo.

– Aspectos presupuestarios y administrativos: reforma fiscal para compensar la baja de los ingresos a consecuencia del desmantelamiento tarifario, ajuste a las normas europeas, instauración de una mejor transparencia de los procedimientos fiscales, reducción de las lentitudes burocráticas, lucha contra la corrupción…

– Mundo empresarial: privatización, reestructuración, puesta a nivel de las herramientas de producción y sobre todo mejora del clima de los negocios.

– Sistema financiero y bancario: es el talón de Aquiles de nuestras economías. Hay que reformar el sistema, sanear su asentamiento financiero gravado por los créditos dudosos y mejorar sus resultados.

– El mercado de trabajo debe orientarse hacia una mayor flexibilidad, que se acompañe al mismo tiempo de una política social adecuada: instauración de las prestaciones de paro, indemnización para los trabajadores despedidos, seguridad social…

A/I: Algunas de estas reformas ya se están llevando a cabo en algunos países…

A.M.: Según un estudio reciente de la Unión Europea (UE) estas reformas todavía no han empezado a ponerse en práctica en numerosos países árabes. En otros sólo han empezado recientemente. Por último, allí donde más avanzadas están, lo están con ciertas lagunas e insuficientemente asumidas. En el mismo estudio, se ha demostrado, apoyándose en cifras, que los bloqueos atañen sobre todo a la administración. El bloqueo es pues institucional. Presenta con acuidad el problema de la gobernanza.

A/I: ¿Cómo va el proceso de asociación entre la UE y los países árabes del sur del Mediterráneo?

A.M.: La mayor parte de nuestros países están involucrados, en grado diverso, en un proceso de asociación con la UE. Ésta ha elaborado y lanzado un nuevo concepto para definir sus relaciones con sus socios del Sur: la política europea de vecindad (PEV). Esta política quiere reforzar y profundizar el partenariado euromediterráneo iniciado en la cumbre de Barcelona en 1995. Sustituye los acuerdos de asociación por acuerdos de vecindad, sometidos a criterios más estrictos, entre otras cosas en materia política e institucional. También propone sobrepasar el marco de una simple zona de libre intercambio euromediterráneo, que debería ser efectiva a partir de 2010, con la promesa de una integración al mercado interior europeo.

Esto, pues, atañe también a las barreras no tarifarias: las famosas normas europeas (aspectos del acervo comunitario), pero también al respeto del medio ambiente y los derechos humanos. La PEV ofrece también una cooperación financiera más intensa y un nuevo instrumento de financiación con procedimientos diferentes de los experimentados anteriormente en el marco del programa MEDA. La innovación más importante es, en mi opinión, la instauración de una condicionalidad positiva. Antes, nos habíamos conformado con inscribir en el acuerdo un artículo apelando al respeto de los derechos humanos. Hoy, la UE condiciona el avance de su cooperación económica con los países del Sur al grado de avance de esos países en la vía de las reformas políticas. Para esto, se van a elaborar unos criterios (de avance y de regresión) con el propósito de evaluar el nivel de liberalización política, a semejanza de los criterios adoptados recientemente por la administración americana. Ya hay expertos afanándose en establecer esos criterios que deberían ayudar a establecer una diferenciación entre los países en función de sus méritos en el terreno de la gobernanza.

A/I: ¿La asociación con la UE y la globalización de forma general serían pues, para los países del sur del Mediterráneo, mucho más un desafío que una oportunidad?

A.M.: Podría ser una oportunidad, si negociamos convenientemente las condiciones que nos imponen nuestros asociados, que podrían comprometerse a ayudarnos a desarrollarnos a cambio des ajustes en nuestros modos de gobernanza.

A/I: Los responsables de los países del Sur piensan que el partenariado con los países del Norte está muy desequilibrado a favor de estos últimos…

A.M.: Esto es absolutamente cierto. Para que el partenariado Norte-Sur sea beneficioso tanto para el Norte como para el Sur, la ayuda al desarrollo debe revisarse al alza y las reglas del comercio
interregional y mundial deben ser más equitativas. Los países del Norte, por ejemplo, exigen a los países del Sur que liberalicen enseguida sus servicios, pero se niegan a tocar la cuestión migratoria. Esto bloquea, con razón, las negociaciones en el seno de la Organización Mundial de Comercio
(OMC). Desde el comienzo de la globalización, en 1990, la renta mundial media por habitante ha aumentado en torno a 6.000 dólares en el Norte, mientras que, en el mismo periodo, la ayuda al desarrollo ha disminuido un dólar por persona.

El mundo se enriquece, pero se vuelve menos generoso y menos solidario. En cuanto al comercio, se ha visto que los países desarrollados tienen un nivel de protección dos veces más bajo cuando comercian entre ellos que cuando lo hacen con los países del Sur. Los países del Norte no han cumplido las promesas que hicieron en la cumbre de Doha. No han adoptado reglas más equitativas, ni ayudado a que avancen los objetivos del milenio de las Naciones Unidas. Resultado: la brecha sigue creciendo entre el 40% más pobre, que dispone del 5% de las rentas mundiales, y el 5% más rico, que dispone del 54% de las rentas mundiales.

A/I: ¿Los países del Sur tienen pues buenos motivos para resistirse?

A.M.: Yo no digo eso. Porque nuestros países tienen que hacer un esfuerzo para reformarse. Pero la cooperación internacional tiene la obligación, también, de honrar sus compromisos con vistas a una mayor equidad mundial. Esto es válido para las relaciones euromediterráneas. También debe haber, en el Sur, un compromiso a favor de la buena gobernanza. Y,en el Norte, un compromiso significativo a favor del desarrollo de los países del Sur.