Mecanismo mediterráneo de cooperación reforzada

El Diálogo 5+5 tiene más capacidad de transformación que las políticas existentes y puede dinamizar la integración de toda la región.

Senén Florensa

La integración subregional incluyendo al norte y al sur del Mediterráneo Occidental es a la vez un terreno por explorar y una muestra de los beneficios que pueden conllevar las cooperaciones reforzadas. Buena parte de las iniciativas de los últimos 20 años entre los gobiernos del Diálogo 5+5 (Francia, Italia, España, Portugal y Malta por parte europea, y Argelia, Marruecos, Libia, Túnez y Mauritania por parte norteafricana), se han centrado en medidas de coordinación política entre los gobiernos en ámbitos de interés común, entre los que destacan la cooperación en materia de política exterior, migraciones, defensa, transporte, turismo, medio ambiente o educación.

Mediante diversas reuniones ministeriales y de alto nivel, los países miembros del 5+5 han ido tejiendo un foro informal de diálogo subregional para identificar los ámbitos de interés compartido y fomentar las relaciones entre la Unión Europea (UE) y la Unión del Magreb Árabe (UMA). Hoy, no obstante, la situación política en ambas orillas del Mediterráneo requiere que estos esfuerzos de coordinación intergubernamental se transformen en una verdadera cooperación reforzada para hacer avanzar la globalidad de las relaciones euromediterráneas, incorporando a los actores del sector privado y empresarial.

Con este objetivo, el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), la Unión por el Mediterráneo (UpM) y Casa Mediterráneo organizaron a finales de octubre de 2013 en Barcelona el primer Foro Económico del Mediterráneo Occidental, siguiendo el mandato de los jefes de Estado y de gobierno en su última cumbre, celebrada un año antes en Malta. El Foro se centró en aquellos aspectos con más potencial transformador para la subregión del Mediterráneo Occidental. Las actuales circunstancias en los países mediterráneos de la UE y en la ribera sur del Mediterráneo reclaman mayores esfuerzos en la vertiente de cooperación socioeconómica y comercial.

Por un lado, la salida de la crisis en los países del sur de la UE requiere mayores cuotas de proyección exterior y diplomacia económica. Por otro, los países de la Primavera Árabe deben dar respuesta a las demandas de creación de puestos de trabajo y desarrollo socioeconómico mediante reformas políticas, el refuerzo del comercio inter e intrarregional y el aumento de las exportaciones. En efecto, son muchas las complementariedades entre los países del 5+5. Entre ellos suman un mercado de más de 273 millones de personas. Su Producto Interior Bruto (PIB) agregado supera al de la tercera economía mundial, Japón, mientras que el PIB de los países magrebíes representa un tercio del total del PIB del norte de África y Oriente Medio. Las relaciones de comercio e inversión, por su parte, superaron en 2012 los 90.000 millones de euros.

A nivel bilateral, los países del sur del Mediterráneo dirigen buena parte de sus exportaciones a los mercados de la UE. Túnez, con un 70% de sus exportaciones dirigidas a Europa, es el ejemplo más claro de los estrechos vínculos entre nuestras economías. Marruecos, por su parte, exporta más del 50% de sus productos a los mercados europeos. Las complementariedades económicas entre ambas regiones también son evidentes en los sectores del turismo o la energía y en la cooperación para el desarrollo o las remesas de inmigrantes. Sin embargo, el potencial de cooperación económica entre los países del 5+5 sería aún mayor si se superaran las debilidades existentes en materia de integración. El nivel de comercio intramagrebí es el más bajo del mundo respecto a otros bloques comerciales regionales como el sudeste asiático.

En 2007, el comercio entre los países del Magreb solo representó un 2% de su PIB combinado y menos del 3% del total del comercio de la subregión, según datos del Banco Mundial. Este organismo contempla que el PIB per cápita de países como Marruecos, Argelia o Túnez se doblaría entre 2005 y 2015 si la integración regional explotara todo su potencial. Por ello, se calcula que el coste del “no Magreb” –o de la falta de integración entre las economías del norte de África–representa una pérdida de entre el 2% y el 3% del PIB anual de cada país. Los motivos de la falta de integración son muchos. Destacan la presencia de barreras tarifarias y no tarifarias al comercio, la falta de un ambiente favorable para la inversión, los altos costes de transporte, logística y comunicación, la falta de diversificación de las economías y los conflictos bilaterales entre países.

La tendencia de buena parte de las economías magrebíes a priorizar sus relaciones bilaterales con los mercados europeos ha actuado también como freno para mayores cuotas de integración subregional. El Foro celebrado en Barcelona sentó las bases para abordar los déficit de integración económica entre los países del 5+5. Lo hizo contando con la presencia de los ministros de Asuntos Exteriores y otros representantes gubernamentales de los 10 países, y también con más de 300 representantes de los operadores económicos del Mediterráneo occidental, incluyendo empresarios, representantes de patronales, sociedad civil y expertos. Su objetivo fue aunar esfuerzos para identificar políticas públicas de refuerzo de los intercambios comerciales entre los países magrebíes y de la integración económica en el Mediterráneo occidental.

Entre otros aspectos, se pasó revista a los desafíos del mercado de trabajo de dichas economías, los obstáculos a la creación de pequeñas y medianas empresas, el desarrollo urbano, la financiación de proyectos de desarrollo, el refuerzo de los servicios públicos o el arbitraje en el Mediterráneo. Pero estaríamos equivocados si consideráramos los resultados del Foro como algo circunscrito solo a la región mediterránea occidental. El aumento de la integración entre los países del 5+5 debe servir también como elemento facilitador de los procesos de integración regional más allá del Magreb. El Mashrek puede alcanzar mayores cuotas de cooperación subregional y de integración con la UE si existe un precedente positivo en el Magreb.

De hecho, la creación de foros de cooperación regional como el Proceso de Barcelona –y el consiguiente acercamiento entre ambas orillas del Mediterráneo– ha sido tradicionalmente el elemento facilitador de la cooperación subregional en el marco de la UMA y del 5+5. Por otro lado, los participantes del Foro se refirieron también a la integración en el Mediterráneo occidental y su relación con otras regiones con impacto creciente en la estabilidad del Magreb. Es el caso de los países del Golfo o del África subsahariana, cuyas relaciones económicas y comerciales con los países del norte de África han ido en aumento en los últimos años.

Los países magrebíes pueden erigirse en plataforma privilegiada de interrelación y preparación de proyectos euromagrebíes con el África subsahariana. Ello contribuiría también a una mejor gestión de los desafíos compartidos entre Europa, África subsahariana y el Magreb, incluyendo los tránsitos migratorios, el tráfico ilícito o el terrorismo. La profundización de la integración magrebí debe convertirse también en un espacio de cooperación reforzada para el avance de las relaciones euromediterráneas. Algunos temen que mayores cuotas de cooperación entre ciertos países europeos y del sur del Mediterráneo se traduzcan en un ejercicio disgregador para el conjunto de la cooperación entre la UE y sus vecinos del sur. No obstante, la historia de los procesos de integración regional y subregional nos demuestra que las cooperaciones reforzadas sirven como elemento dinamizador para la integración de aquellos que inicialmente se quedan fuera.

Este ha sido el caso del proceso de construcción europea, en el que a un grupo inicial de seis países fundadores se le han sumado otros 22 para conformar la Unión a 28 de hoy. Y a ellos se les sumarán pronto nuevos países, confirmando el éxito que representan los subsecuentes procesos de ampliación para la política exterior del continente. Por otro lado, la Unión Económica y Monetaria o el espacio Schengen son ejemplos también de los efectos positivos que tienen para la integración europea iniciativas inicialmente circunscritas a un grupo reducido de países.

La consolidación de un espacio de cooperación reforzada entre los países del 5+5 puede servir, pues, como elemento dinamizador de la integración regional a tres niveles distintos: entre los Estados del sur del Mediterráneo que forman parte del Diálogo 5+5, facilitando la cooperación subregional en el Magreb; entre estos Estados y sus socios europeos; y entre las subregiones del Magreb y el Mashrek, que sobre la base de un ejemplo de éxito colindante podría intensificar su propia cooperación interna y externa. Como constata el Banco Mundial, “la integración con la UE podría servir como elemento dinamizador de la integración subregional dentro del Magreb, dado que permite a los países en cuestión armonizar sus políticas comerciales con la UE y aumentar su competitividad en los mercados internacionales, sin que ello impida avanzar en la creación de un ambiente favorable a una mayor integración comercial en el propio Magreb”.

Jean Monnet, padre fundador de la UE, dijo que “nada se hace sin los hombres, pero nada permanece sin las instituciones”. El proceso de impulsión de la integración en el Mediterráneo occidental a partir del 5+5 debe fundamentarse en una sólida red de cooperación gubernamental y entre los 10 Estados y sus sociedades civiles. Dicho de otro modo, el ejercicio del Foro Económico del Mediterráneo Occidental, así como otros marcos de cooperación del 5+5, deben normalizar su institucionalización, sin que ello signifique necesariamente la creación de nuevas estructuras supranacionales. La cooperación reforzada que emana del 5+5 debe servirse del entramado de instituciones que sustentan las relaciones euromediterráneas, en particular la UpM. Asociando su cooperación a este órgano intergubernamental de 43 Estados con sede en Barcelona que es la secretaría de la UpM, los países del 5+5 conseguirán irradiar los beneficios de la integración subregional al resto de miembros de la UpM.

Se facilitará así la profundización de las relaciones euromediterráneas sobre la base de experiencias de éxito compartidas, impidiendo que las promesas de cooperación entre ambas orillas del Mediterráneo se pierdan por la existencia de conflictos regionales. El Diálogo 5+5 tiene el potencial de ir un paso más allá que las relaciones bilaterales entre los países del sur del Mediterráneo y la UE como un área de cooperación reforzada que, en aplicación del principio de geometría variable hoy en vigor, permita la aplicación en profundidad de los instrumentos de la política de vecindad y del resto de políticas comunitarias europeas.

Puede así convertirse en una iniciativa privilegiada de cooperación e integración con más capacidad de transformación que unas relaciones de vecindad a veces faltas de concreción y avances. Hoy es más necesario que nunca que iniciativas como el Foro Económico de Barcelona aglutinen un apoyo político continuado para acabar transformándose en mecanismos permanentes de cooperación reforzada en el Mediterráneo.