Marruecos preparado para subirse al tren de la globalización

Los acuerdos de libre comercio, el desarrollo industrial y el fomento de la inversión, motores de la economía marroquí.

Fadel Agoumi, redactor jefe de La Vie éco, Marruecos

Arrollado por la competencia mundial, afectado por un año de sequía y sufriendo el contragolpe de la liberalización, Marruecos afila armas para posicionarse en oficios específicos. En estos primeros días de mayo, Casablanca, el pulmón industrial de Marruecos, se asfixia ya bajo un calor húmedo. Hay que acercarse a la cornisa para disfrutar del relativo frescor de la brisa marina. En el interior del país, es el verano directamente el que se ha instalado precozmente y las espigas de trigo enarbolan un hermoso color dorado que incita a pensar que la cosecha será buena. Pero no hay nada de eso, hay más paja que grano.

En este país donde el rendimiento agrícola condiciona psicológicamente todos los ánimos, se esperan apenas 30 millones de quintales de cosecha, en vez de los 60 millones que se obtienen en un año de rendimiento medio y los 80 a 90 millones de quintales de las campañas excepcionales. Hay que decir que en materia de clima, Marruecos, que se ha librado relativamente de la sequía en los últimos años, sufre ahora con todo su rigor las angustias de un año catastrófico.

La débil pluviometría entre noviembre y abril, el frío glacial en enero, donde hemos visto el termómetro descender hasta -14º un hermoso martes a las 10 de la mañana, y luego el calor que se instala, sin reposo. El año será difícil. El gobierno piensa reconducir el fondo que había dispuesto en 2000 para luchar contra los efectos de la sequía (800 millones de euros) y el presupuesto del Estado deberá soportar, además, un gasto de 520 millones de euros para sostener los precios de los carburantes.

Sequía, petróleo caro y competencia mundial implacable

Esas no son las únicas preocupaciones que debe afrontar el país. En el plano macroeconómico y al igual que sus vecinos de la cuenca mediterránea, las industrias se ven zarandeadas por la globalización y la carrera por la competitividad. Acero, materias plásticas, coste del flete, los precios suben y los márgenes se deterioran. Y luego están los chinos. Una vez más ellos, siempre ellos, cada vez más… ellos. Si antaño se limitaban a los artículos de baja gama, hoy invaden el mercado marroquí con productos cada vez más sofisticados.

Entre 2003 y 2004, las importaciones procedentes de China subieron un 43%, hasta los 660 millones de euros, de los cuales 150 millones sólo en electrodomésticos. El mercado de los artículos de plástico es, por el momento, el que sufre la competencia más dura. Incluso en el medio rural, las sandalias, los cubos, las cajas y otros utensilios domésticos se abren camino gracias a precios que prácticamente dividen por dos los precios practicados por la industria local. “Lo único que hay que hacer es no importar”, afirma el hombre de la calle. Es fácil decirlo. El comercio es libre y la demanda existe.

La oficina de enlace china instalada en Casablanca ofrece una multitud de ventajas, entre otras, garantizar a un pedido el pago diferido. Además, son los chinos los que se han instalado en Marruecos. ¿Cúantos son? Pocos sabrán dar una respuesta. ¿Qué hacen? En este caso los comentarios abundan y la constatación es visible. Hace un año, una galería comercial dedicada solamente a productos chinos abrió sus puertas en pleno corazón del barrio de Derb Omar de Casablanca, placa giratoria del comercio marroquí, con almacenes de venta al por mayor y sus tiendas de tejidos para muebles, lámparas, y otras necesidades domésticas.

En Uezzan, pequeña localidad rural situada a 130 kilómetros de Fez, la asociación de comerciantes locales ha emprendido, desde hace algún tiempo, un pulso con el Consejo municipal de la localidad. El motivo, las ferias improvisadas de productos chinos –organizadas por ellos– que penalizan al comercio. En resumen, que China molesta o seduce, pero no deja indiferente.

Acuerdos de librecambio: inconvenientes pero también oportunidades

Sin embargo, aunque China –al igual que en todas partes– simboliza perfectamente el fantasma de esta globalización, no es la única causa de los males de la economía marroquí. Claramente comprometido con la vía de la liberalización, Marruecos sufre el contragolpe de los acuerdos de librecambio (ALC) que ha firmado con diferentes países. En las estanterías de los supermercados, hoy no es raro ver zumos de frutas estampillados Emiratos Árabes Unidos, o bizcochos, e incluso pastas a mitad de precio.

De aquí a fin de año, los otros acuerdos entrarán en vigor: el firmado en Agadir en 2003 con Egipto, Jordania y Túnez, y los ratificados en 2004 con Estados Unidos y Turquía. Eso sin contar el acuerdo de asociación que le compromete con la Unión Europea. Y, sin embargo, Marruecos no baja la guardia. Considerado hasta hace poco un país cuya ventaja comparativa más importante era el coste de la mano de obra, Marruecos juega hoy en varios registros para posicionarse en la futura burbuja comercial mundial. A la cabeza de sus ventajas, su posición geográfica. Con dos fachadas marítimas, una en el Atlántico y la otra en el Mediterráneo, Marruecos descubre cada vez más que esa posición políticamente estratégica (puerta de entrada a África, estrecho de Gibraltar, proximidad con Europa…) es también interesante desde el punto de vista económico.

El 60% del flujo mundial de mercancías pasa por el Estrecho. Un megaproyecto debe nacer en 2007. El puerto Tánger-Med, cuya construcción costará 1.000 millones de euros, se sitúa como zona de tránsito y logística para millones de contenedores destinados a los países de la cuenca mediterránea. Ventaja suplementaria de las zonas francas, dadas en concesión a Jebel Ali Free Zone (JFZ), el gigante de los Emiratos, de probada experiencia, permitirá a las empresas instalarse en el mismo puerto y economizar el coste del transporte. La demanda existe ya y se reforzará. En la otra vertiente marítima (atlántica), la zona franca de Tánger (TFZ), en explotación desde hace menos de cinco años, es un verdadero hormiguero.

Allí se fabrican en grandes series piezas de automóviles, chalecos antibalas o incluso componentes aeronáuticos (para Airbus). Grupos como Valeo o Yazaki aprovechan la existencia de técnicos autóctonos competentes y más baratos que en Europa. En ese sentido, la ventaja de la proximidad juega de manera evidente, ya que es posible aprovisionar a los constructores del Viejo Continente en menos de una jornada.

Los siete oficios mundiales definidos por McKinsey

Esta dinámica irá en aumento. El ALC firmado con EE UU permitirá a Marruecos convertirse en placa giratoria para el tráfico de mercancías entre EE UU y Europa. De aquí a poco, las empresas europeas deberían comenzar a instalarse en Marruecos para producir más barato y exportar al otro lado del Atlántico con tasas cero y viceversa. De esa manera, los acuerdos, desde el punto de vista de la proximidad con Europa, tienen aspectos positivos.

Dicho esto, ésas no son hoy las únicas oportunidades que existen. En junio de 2004, el gobierno de Driss Yettú, con fama de ser uno de los más dinámicos que el país ha tenido desde la independencia (1956), encargó al gabinete americano McKinsey un estudio para implantar una estrategia industrial sectorial. Objetivo, determinar los oficios mundiales de Marruecos, aquéllos con los cuales podría posicionarse en el curso de los próximos 15 años. El resultado, finalizado a principios de abril, es elocuente.

Siete campos de futura excelencia, entre ellos las actividades offshore (contabilidad, back-office de los servicios financieros, información…), las zonas francas, el sector agroalimentario y la transformación de productos del mar, el automóvil, la electrónica, la artesanía y el textil. En una palabra o en mil, Marruecos debe apostar por la exportación aprovechando sus principales ventajas: ingenieros bien formados, sobre todo bilingües y con frecuencia trilingues (offshoring), familiarizados con la cultura europea, la proximidad del Viejo Continente, un dominio de actividades y técnicas agrícolas (una posición ya adquirida en el mercado mundial de frutas y legumbres) y, por último, productos no estandarizados con fuerte margen de crecimiento (artesanado).

En concreto, existe un potencial para industrias punteras, centros de comunicaciones, empresas productoras de platos congelados, de pescado elaborado, en conserva, pero asimismo de actividades de apoyo, como el transporte internacional por carretera, los almacenes de logística y los servicios de todo tipo. Para bien engrasar el proceso, el Estado se dispone a tomar dos grandes decisiones. Permitir a los extranjeros adquirir tierras agrícolas, lo que debería levantar el freno a la inversión en el sector agroalimentario que constituye la no-especialización de los aprovisionamientos en productos frescos.

De la misma manera, las industrias de productos del mar, hasta ahora dependientes de los armadores, deberían disponer de licencias de pesca. En fin, y puesto que el tiempo es una ventaja fundamental para su competitividad, Marruecos se compromete a mejorar la circulación de bienes en su territorio. Se ha lanzado un gigantesco programa de infraestructuras, entre las cuales están las vías terrestres. De aquí a 2012, todo el país estará surcado por autopistas cuya realización ha pasado de 40 kilómetros al año en 2002 a 120 kilómetros por año hoy.

Carreteras, puentes, aeropuertos… los grandes proyectos en curso suman programas de inversión de 6.000 millones de euros. En el plano interior, las oportunidades de inversión también existen. Dentro de unos meses entrará en vigor el horario continuo. Será una revolución en las costumbres del asalariado marroquí, todavía acostumbrarse a almorzar en su casa y que tendrá que habituarse al ritmo de la restauración colectiva. Aquí el potencial es enorme. Lo es también en relación con las guarderías infantiles. Para los matrimonios en los que ambos son asalariados, cada vez es más difícil encontrar trabajo doméstico permanente. Eso también es la globalización.