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Co-edition with Estudios de Política Exterior
Libia: bienvenido de nuevo al ‘club’
Libia posee el 3% de las reservas del mundo de petróleo y tres cuartas partes del país están sin explorar.
Domingo del Pino
De Estado “delincuente” (rogue State, Etat voyou) a Estado políticamente frecuentable se tarda muy poco tiempo en pasar, sobre todo si se tiene petróleo en abundancia y grandes deudas con los principales vecinos. Éste es el caso de Libia. Una serie de gestos ha bastado para que Trípoli sea invitada de nuevo a formar parte del club. El 8 de agosto de 2003 Libia reconocía su culpabilidad en los atentados aéreos contra un avión de la Pan Am (1988), y otro de UTA (1989) y su disposición a indemnizar a los familiares de las víctimas.
Como consecuencia de este gesto, a mediados de septiembre, las Naciones Unidas levantaban las sanciones contra el país norteafricano. Desde entonces, la jaima de Muammar el Gaddafi se ha convertido en uno de los lugares más visitados de la región. El presidente del gobierno español, José María Aznar, fue el primer jefe occidental que visitó Trípoli (17 y 18 de septiembre), para firmar dos importantes contratos para sendas empresas españolas (Inabensa y Cobra), reclamar una vieja deuda libia a empresas españolas de unos 50 millones de euros y reafirmar el interés de España por las inversiones y producción de Repsol en el país.
El segundo gesto lo llevaba a cabo Libia el 19 de diciembre, al hacer pública la renuncia a su programa nuclear y de fabricación de armas de destrucción masiva. Algunos expertos occidentales han insinuado, después de que se encontraran en almacenes libios cajas sin abrir repletas de componentes, que su programa nuclear había sido llevado con tanta incompetencia por el régimen, que en realidad para Gaddafi desmantelarlo era más un alivio que un sacrificio. Apenas hecho público ese reconocimiento, tanto Libia como los principales países occidentales se movilizaban para rentabilizarlo.
Primero viajaba a Londres, el 10 de febrero de este año, el ministro de Asuntos Exteriores libio, Mohamed Abdulrahman Salgham, para visitar Downing Street, donde fue recibido por una alta comisión ministerial y felicitado por la cordura demostrada por Gaddafi y la recobrada amistad. Al día siguiente le tocaba el turno al jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi en una visita a Sidra para pasar revista a las relaciones entre los dos países que tienen expedientes abiertos: los daños y perjuicios que Libia reclama a Italia por el periodo de ocupación colonial (1934-45); la deuda de Libia con empresas italianas de unos 850 millones de euros; y la inmigración ilegal, que tiene en territorio libio una de las bases importantes de partida.
Tan bien debieron de ir las conversaciones que a su término Berlusconi dijo a la prensa que Gaddafi le había ofrecido construirle un chalet en la costa libia, oferta a la que, según precisó, había respondido que si quería construirse un chalet lo pagaría con su propio dinero. Pero es, sin embargo, en la relación de Libia con Estados Unidos donde los movimientos de Gaddafi cobran todo su significado. Una primera delegación del Congreso estadounidense encabezada por Curt Weldom, había visitado Libia a finales de enero, algo sin precedentes en los últimos 34 años. La segunda delegación de congresistas, encabezada por el republicano Sherwood Boehlert, visitaba la jaima de Gaddafi en Sidra 15 días después.
El 13 de febrero y tras realizar lo que ya parece un obligado itinerario turístico oficial para personalidades estadounidenses, que incluye una visita a la casa de Gaddafi en Trípoli bombardeada en 1986 durante la presidencia de Ronald Reagan, los congresistas dijeron que EE UU podría levantar en breve las sanciones que impuso a Libia ese mismo año si el país persistía en el desmantelamiento de sus programas de armas nucleares y de destrucción masiva y cooperaba en la lucha global contra el terrorismo.
Un diplomático estadounidense se encuentra ya sobre el terreno desde la embajada de Bélgica en Trípoli, encargada de los intereses de EE UU, al tiempo que el Organismo Internacional de la Energía Atómica y el laboratorio nacional de Oak Ridge examinan los documentos y el material remitidos desde Libia relacionados con el enriquecimiento de uranio. Las compañías petroleras estadounidenses, que desean regresar a Libia para recuperar sus antiguas concesiones, presionan para que Washington levante las sanciones lo más pronto posible.
Las tres cuartas partes del territorio libio aún no están exploradas, posee el 3% de las reservas mundiales estimadas de petróleo, de excelente calidad y menos costoso de extraer que el iraquí. Su mayor cercanía al mercado europeo y estadounidense que el del Golfo, lo convierte en extraordinariamente atractivo.