La oposición al régimen de Bashar al Assad en el extranjero

“Cada día que pasa sin que la comunidad internacional intervenga, Siria se acerca más a la guerra civil. El problema es que no está todavía dispuesta a comprometerse como hizo en Libia”.

ENTREVISTA con RADWAN ZIADEH por Jordi Bertran

Radwan Ziadeh, destacado miembro de la oposición siria en el extranjero, no descansa bien desde hace mucho tiempo. A una intensa agenda de viajes y contactos diplomáticos que ha anulado su vida familiar se le suma la angustia por la desaparición en Siria de un hermano y otros tres parientes. AFKAR/IDEAS le entrevistó el 9 de noviembre en Barcelona, recién llegado de El Cairo donde fue a pedir al secretario general de la Liga Árabe un aumento de la presión diplomática sobre Bashar al Assad. La petición llegaba una semana después de que el régimen sirio aceptara un plan de esta organización por el que debía detener el ataque a los civiles, liberar a los presos políticos y aceptar una misión de observadores. Damasco no cumplió ninguna de las tres condiciones y desde entonces la violencia no ha hecho sino crecer al igual que la presión internacional sobre el régimen, de modo que la Liga Árabe acabó finalmente por suspender a Siria de la organización el 12 de noviembre. En buena parte, un escenario muy parecido al que Ziadeh, responsable de relaciones internacionales del Consejo Nacional Sirio, dibujaba en esta entrevista.

AFKAR/IDEAS: ¿Qué efecto puede tener la intervención de la Liga Árabe?

RADWAN ZIADEH: Es una victoria para los manifestantes, que hasta ahora el régimen había presentado como una revuelta minoritaria que no tardaría en sofocar. En cambio, las protestas siguen vivas. Bashar al Assad ha entendido que la solución militar no ha conseguido su propósito y por eso aceptó el plan de la Liga Árabe. Pero ahora ya no puede detener a las fuerzas de seguridad; sabe que ha perdido toda su legitimidad después de más de 4.000 muertes y más de 30.000 detenidos y que si ahora detiene la represión tendrá entre seis y siete millones de protestantes en la calle. Conocemos bien a los Assad desde los años setenta y su instinto es el de continuar con las matanzas. El régimen ha suspendido incluso la liga de fútbol para que los estadios sirvan de centros de detención en Latakia, en Deraa y otras ciudades. Mi hermano, mi tío y dos primos, uno de ellos de tan solo 15 años, están en alguno de estos centros.

A/I: ¿Sabe algo de ellos?

R.Z.: Lo único que sé es que mi hermano ha sido detenido en el garaje de un aeropuerto militar. Sé que cualquier día pueden entregarnos su cuerpo sin vida. Es una pesadilla que viven muchas familias sirias y que pasa casi todos los días. Es lo que ocurrió con mi amigo Ghiyath Matar, de 26 años, uno de los líderes de la oposición pacífica. Fue detenido el 6 de septiembre y tres días más tarde, después de que sus captores explicaran a su madre por teléfono como le torturaban, entregaron su cadáver. Son las milicias de Al Assad, las shabiha, formadas solo por alauitas, las que están perpetrando los crímenes más horrorosos para aterrorizar a la población.

A/I: ¿Cree que mediante el terror pueden conseguir detener la movilización popular?

R.Z.: No, porque las protestas van a continuar. Y pese a que sean menos multitudinarias son más potentes por el alto precio que pagan los manifestantes. Por eso son tan importantes las redes sociales, para demostrar que siguen sucediéndose y que el régimen continúa reprimiendo. Y evitar así la política de negación que sigue el régimen, incluso atacando a medios como Al Yazira que utilizan las imágenes de los activistas.

A/I: En cualquier caso, si no hay un seguimiento masivo quizá pueden perder fuelle.

R.Z.: No se trata del número de manifestantes; la Revolución Francesa la hizo un porcentaje muy pequeño de franceses, igual que los activistas prodemocracia en la transición española tampoco eran mayoritarios. De hecho, nos hubiera gustado seguir el modelo de transición democrática de España, que conocemos bien, pero Al Assad no ha aceptado nunca negociar ni permitir la pluralidad ni la discrepancia política.

A/I: Usted participó activamente en la Primavera de Damasco del año 2000, periodo de intenso debate en el que parecía atisbarse la apertura del régimen por la muerte de Hafez al Assad y las promesas de reforma de su hijo. ¿Creían que algo podía cambiar entonces?

Siria no tiene petróleo pero tiene mucha más importancia geoestratégica

R.Z.: En realidad no teníamos mucha esperanza. Pensábamos que había una oportunidad de replantear algunas cosas, pero fue imposible. Enseguida empezaron las prohibiciones para desplazarse, las detenciones. Cuando publiqué el libro Decision Making and Foreign Policy in Syriame llevaron a comisaría donde se me informó que era la última vez que visitaba el lugar como invitado. Tras acordarlo con mi familia, en octubre de 2007, acepté una beca de investigación en EE UU y desde entonces no he podido volver ni he podido ver a mis familiares, a los que vetaron salir del país.

A/I: Ante los millares de víctimas ¿por qué cree que la comunidad internacional no interviene de forma más directa?

R.Z.: En Libia actuaron al cabo de 11 días del inicio de la protesta, con la resolución 1970 que adoptaba sanciones contra Gadafi y autorizaba las investigaciones por crímenes contra la humanidad. Tras ocho meses de protestas, es vergonzoso que sobre Siria solo tengamos declaraciones de condena. En parte es debido al apoyo de China y Rusia al régimen, y a la poca determinación de EE UU y Europa, pero le advierto que cada día que pasa sin que la comunidad internacional intervenga en Siria, nos acercamos más a un escenario de guerra civil. Las protestas no van a parar y tampoco el ciclo de violencia.

A/I: Quizá no vean intereses económicos que les acaben de convencer.

R.Z.: Esa es una de las razones. No tenemos petróleo pero tenemos mucha más importancia geoestratégica. El cambio en Siria podría conllevar cambios en Irak, Líbano, Palestina, Israel… porque una de las especialidades del régimen sirio es crear en su provecho problemas en su vecindario. Sin ese régimen, nosotros nos preocuparíamos de nuestros problemas domésticos y de tener buenas relaciones con nuestros vecinos. Incluso con Israel, si aceptara la Iniciativa Árabe de 2004 y se retirara de los Altos del Golán, suscribiríamos un acuerdo de paz. Si Irán y EE UU tienen interés en la estabilidad de Líbano, deben apostar ya por el cambio del régimen de Al Assad.

A/I: ¿Qué esperan de la Unión Europea?

R.Z.: La complicidad de la comunidad internacional y de la UE con algunos de los autócratas que ahora han caído, incluso con alguien tan salvaje como Gadafi –responsable de la muerte de 50.000 personas en su país– no nos alienta a tener mucha confianza. De hecho se trata de los mismos países que llegaban a acuerdos recientemente con Gadafi por el petróleo o que concedían estatutos avanzados de cooperación con Túnez, mientras los derechos humanos quedaban relegados. Por eso no nos queda mucha confianza en la UE, que tiene que cambiar sus políticas rápidamente y comprender que si teme por las migraciones masivas, estará más a salvo con países en el Mediterráneo que cuenten con un Estado de derecho y que utilicen sus recursos para garantizar derechos y dar oportunidades a sus ciudadanos.

A/I: Turquía podría jugar un rol importante.

R.Z.: Turquía ha advertido dos veces a Al Assad de que debe detener la violencia pero este se encuentra ya en estado de negación de la realidad. Hemos pedido a Turquía que tome medidas más importantes y que coordine sus acciones con los americanos e iraníes. Una de las demandas es crear una zona de exclusión aérea en la frontera con Turquía donde puedan refugiarse los miembros que desertan del ejército (creemos que más de un 20% lo ha hecho) para organizarse. Sobre todo porque son perseguidos y eliminados, especialmente por la aviación y la cuarta división de las fuerzas de seguridad, que dirige Maher al Assad, el hermano del presidente.

A/I: Parece que nos acercamos a un camino sin salida donde solo hay más confrontación en el horizonte.

Cuando Al Assad caiga, tendremos que afrontar un complicado proceso de reconciliación

R.Z.: En realidad, no sé a qué espera la comunidad internacional. Es cierto que nuestra posición estratégica en la región acaba siendo un problema, ya que para intervenir debes poder garantizar cierta estabilidad a libaneses, israelíes, iraquíes… Por eso Al Assad amenaza repetidamente con un nuevo Afganistán. Pero creo que no podemos esperar más. La Liga Árabe concedió dos semanas para detener las matanzas. Bien, pues en la manifestación del pasado viernes se homenajeó a las 351 víctimas mortales de la represión durante ese tiempo con una jornada llamada “Mártires de la espera árabe”.

A/I: Da por descontado que el régimen caerá. ¿Qué hará el CNS el día después de que Al Assad ya no esté en el poder?

R.Z.: Vamos a intentar organizar un Estado civil democrático. Los sirios tenemos una larga tradición de los años cuarenta y cincuenta de instituciones democráticas, que nos servirá de base para crear una democracia que garantizará los derechos de las minorías, el respeto al pluralismo político, a la dignidad, a los derechos humanos, especialmente de las mujeres, que tienen un papel fundamental en la sociedad siria. Cabe recordar que en 1952, Siria fue uno de los primeros países en dar el derecho de voto a las mujeres. Es a todo esto a lo que se compromete el CNS, a proteger todos los derechos de las minorías cristianos, drusos y otros, incluso de los alauitas.

A/I: Pero tras tantas muertes esa transición no va a resultar nada fácil.

R.Z.: Tendremos enfrente un complicado proceso de reconciliación. Hemos aprendido de experiencias de países latinoamericanos y también de Sudáfrica. De momento no ha habido enfrentamientos entre comunidades, ni tenemos noticia de asesinatos de miembros de la comunidad alauita. Pero el régimen está invirtiendo esfuerzos para tensar las relaciones étnico-religiosas del país pese a que eso le sitúa en el dilema de saberse un grupo minoritario en caso que pierda el control de la situación y vayamos a una guerra civil. Como sirios somos conscientes de eso. En el Consejo Nacional Sirio tenemos a todos los grupos étnicos representados para evitar caer en el error de Irak, cuyo gobierno fue formado con base sectaria. Eso explica que haya más representantes kurdos que los que proporcionalmente hay en la sociedad.

A/I: El CNS se enfrenta a críticas de la oposición interna del país.

El Consejo Nacional Sirioprotegeráatodas las minorías: cristianos, drusos, incluso alauitas

R.Z.: Si ha habido alguna crítica es debido a las grandes expectativas entre los opositores en el país sobre lo que
podemos hacer desde fuera. Cuando reivindican el establecimiento de una zona de exclusión aérea, creen que con nuestro apoyo se hará realidad en pocos días y la OTAN estará bombardeando el país. Tienen grandes expectativas y cuando no hay avances surgen las críticas. Pero, vuelvo a repetir, el problema es que la comunidad internacional no está todavía dispuesta a comprometerse como hizo en Libia.

A/I: ¿Intentan abrir un nuevo frente en la Liga Árabe?

R.Z.: Nos centramos ahora en la Liga Árabe porque tenemos que conseguir que tomen acciones más fuertes.
Somos conscientes además de que chinos y rusos apoyan las iniciativas árabes, por lo que luego les
será más complicado ejercer el veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Por eso estuve estos días pasados en El Cairo tratando de convencer a los embajadores árabes, mientras los representantes del
régimen insistían en la versión oficial sobre la existencia de grupos armados que amenazan el Estado. Pero
ya nadie cree nada de eso; lo que hacen estos grupos es matar manifestantes. Los sirios hablan ya de la
situación actual en el país como de la ocupación de Bashar al Assad.

A/I: ¿Cómo piensan abordar el hecho de no contar con la legitimación de las urnas?

R.Z.: Ningún miembro elegido del CNS va a ocupar un cargo oficial uno o dos años después de la caída de Al Assad. Queremos brindar la oportunidad a los ciudadanos que habrán luchado en el país de contribuir
a la construcción de un nuevo Estado. Si yo, que solo soy un activista por los derechos humanos, estoy en esto es porque en Siria, a diferencia de países como Libia o Yemen, no ha habido embajadores o cargos oficiales que hayan pasado a la oposición. Todos son alauitas y se mantienen leales al régimen. La mayoría de los miembros
del CNS procedemos del mundo académico, sin formación política o diplomática, y quizá por eso también cometemos todavía errores. Por otra parte, cuando sabes que hay 23 millones de personas esperando
los resultados de tu trabajo, sientes una gran responsabilidad sobre tus espaldas.

A/I: Con su situación familiar, usted está pagando un alto precio personal.

R.Z.: En octubre, solo pasé 12 horas en casa porque estaba viajando y entrevistándome con representantes
de los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para convencerles de que acordaran una resolución contra el régimen. Y mientras no lo conseguimos, debemos soportar todo tipo de presiones. Ayer las fuerzas de seguridad sirias publicaron una foto en Internet de mi hogar en Siria diciendo que era la casa del traidor Radwan Ziadeh y escribieron en la puerta de mi piso en Washington “Down America, no NATO”. Mi esposa estaba allí. Esto causa inquietud y a cada minuto esperas que te comuniquen el secuestro de alguien de tu familia. Y recibir amenazas diariamente vía e-mail o Facebook es algo muy común pero igualmente duro. Sabes que hay agentes del régimen en todas partes, no en balde han arrestado a espías sirios en Washington y Londres y otros países.

A/I: Pero, sin embargo, cree que todos estos esfuerzos valen la pena.

R.Z.: Luchamos contra algo que ya han vivido otros países, como los países del este de Europa bajo los regímenes de la órbita soviética o más recientemente Túnez. Y estamos usando algunos de los lemas
que se proclamaban en Túnez respecto a la dignidad, algunos del poeta tunecino Abu al Qassim al Shabbi:
“Si el pueblo prevalece, el destino debería estar a su lado”. Estas y otras palabras suyas han sido usadas en
Túnez, Egipto, Yemen, Libia y Siria. En realidad, luchamos contra unas mismas estructuras de poder que
cuentan siempre con el respaldo clave de las fuerzas de seguridad. Antes de la caída de Ben Ali, todos
veíamos el mundo árabe como la tierra de la corrupción, de los prisioneros políticos, donde nada cambiaba.
Ahora sus habitantes están esperanzados por el cambio y creen que todo es posible.