La cuestión kurda

“Los riesgos de provocación son enormes. Un atentado o cualquier crisis vinculada a la cuestión kurda fragilizaría la posición del primer ministro turco, Erdogan”.

ENTREVISTA con Hamit Bozarslan por Jordi Bertran

La violencia parece de momento dar una oportunidad a la política en el enquistado enfrentamiento entre Turquía y su población kurda. Tras 30 años de lucha y más de 35.000 víctimas mortales, Abdalá Ocalan, líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha negociado un acuerdo de cese el fuego con representantes del gobierno turco en la prisión de Imrali, donde está encarcelado desde 1999. A cambio de que los militantes de la guerrilla del PKK hayan empezado a retirarse de territorio turco, se espera que Ankara otorgue más derechos políticos, más competencias y más autonomía a los kurdos, además de suavizar la ley antiterrorista. El anuncio del acuerdo fue saludado como una oportunidad histórica por centenares de miles de personas reunidas en Diyarkabir, la principal ciudad del sureste, mayoritariamente kurda, el 21 de marzo, coincidiendo con las celebraciones del año nuevo kurdo. Sin embargo, hay mucha incertidumbre sobre cómo se vivirá este proceso en Turquía y cuáles serán los siguientes pasos de su poderoso primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, principal artífice en el lado turco de este cambio de política respecto a la cuestión kurda. Para analizar el alcance del acuerdo y el papel de la comunidad kurda en un Oriente Próximo sacudido por el conflicto sirio, AFKAR/IDEAS ha hablado con Hamit Bozarslan, doctor en Historia y Ciencias Políticas y director del Centro de Estudios Turcos, Balcánicos, Otomanos y Centro-Asiáticos, perteneciente a la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. El historiador acaba de publicar Histoire de la Turquie. De l’Empire à nos jours (Tallandier, 2013).

AFKAR/IDEAS: ¿Por qué se ha llegado a un acuerdo precisamente ahora?

HAMIT BOZARSLAN:Hay dos factores internos. En primer lugar, en 2010 y 2011, Turquía tuvo una política extremadamente represiva con el movimiento kurdo que, sin embargo, no se saldó con victoria militar, lo que hizo evidente que debía abrirse otra vía. Y justo ahora, cuando el ejército ya no tiene la influencia de antes y la oposición al gobierno es muy débil, Erdogan ha visto que tiene cierto margen de maniobra y ha iniciado este proceso en el que apunta a un cierto reconocimiento de la realidad kurda. Sin embargo, en línea con su política de redefinición de Turquía, pide al mismo tiempo a los kurdos que se integren y sirvan a la nación turca y musulmana. El segundo factor es el dinamismo actual del movimiento kurdo, que es muy activo y plural y tiene una implantación real en el Kurdistán, por lo que la lucha armada ya es solo un componente más del espacio kurdo. El PKK, pese a mantener su capacidad militar, ya no tiene influencia sobre la situación, que ahora se gestiona a través de la actividad política. De hecho, la cuestión kurda se ha convertido hoy en la base de la vida política en Turquía.

A/I: ¿Cómo ha pesado la inestabilidad de Oriente Próximo en la decisión de abrir este proceso?

H.B.: En el conflicto sirio hay 30.000 combatientes kurdos del Partido de la Unión Democrática (PYD), próximo al PKK aunque sin vinculación orgánica, que dominan una parte del territorio sirio. Por otro lado, el PKK tiene también sus bases en el Kurdistán de Irak. Bien, pues en una situación regional tan complicada como la actual, el PKK no ha querido jugar la carta militar, que podría ser utilizada para hallar otro tipo de soluciones y negociaciones.

A/I: Para alcanzar este acuerdo, Turquía habría ofrecido reformas constitucionales y un nuevo contrato social que redefiniría el concepto de ciudadanía para integrar a los kurdos. ¿A qué se ha comprometido en concreto Turquía?

H.B.: No se sabe. El gobierno, por el momento, no se ha comprometido a nada y no sabemos cuáles son sus intenciones. Se ha hablado de reforma constitucional, pero hay muchas trabas internas e incluso Erdogan ha llegado a decir que no estaba seguro de que la modificación de la Constitución tenga lugar. De la misma manera, todo indica que quizá habrá una redefinición del concepto de ciudadanía en el sentido de que no todos los ciudadanos serán considerados únicamente como turcos. Sin embargo, el Estado sí será definido como turco. Desde este punto de vista, pues, no parece que vaya a haber muchos cambios.

A/I: ¿Sería posible una entidad territorial autónoma para los kurdos en Turquía?

Poco se sabe de las intenciones del gobierno turco: ahora mismo la situación parece bloqueada

H.B.:Turquía seguramente podría ofrecer una descentralización que conceda a cada una de las regiones del país una cierta autonomía. Pero no sería una política dirigida únicamente a los kurdos, aunque podría favorecer a su clase política. Pero en todo caso, poco se sabe de las intenciones del gobierno turco y ahora mismo la situación parece bloqueada. El margen de maniobra de Erdogan es muy estrecho y él mismo tampoco tiene una idea clara de cómo avanzar.

A/I: ¿Quién se opone al actual proceso y podría hacerlo descarrilar?

H.B.: Los enemigos de este proceso son del campo político nacionalista turco y una parte del AKP, el partido del primer ministro. Además una gran parte de Anatolia, según diversos sondeos, es hostil al proceso. Hay una enorme tensión en Turquía y si bien Erdogan no tiene un contrapoder fuerte y el ejército está silenciado, la calle nacionalista turca es muy dinámica y en el seno tanto del ejército como del AKP la oposición al proceso no ha desaparecido. Por tanto, los riesgos de provocación son enormes y un atentado o cualquier crisis vinculada a la cuestión kurda fragilizaría la posición del primer ministro turco. En el lado kurdo, los riesgos son menores, especialmente porque no hay desmilitarización del PKK, solo retirada, que está previsto que dure hasta noviembre. Además, la vida política kurda es mucho más sólida, con una adhesión masiva de varias generaciones plenamente comprometidas, con una vida municipal e intelectual muy dinámica. El campo kurdo es mucho más sólido y con más apoyo popular, sea cual sea el futuro, que el turco.

A/I: ¿Cómo afecta el nuevo escenario en Turquía a las comunidades kurdas en Siria, Irak e Irán?

H.B.:No hay impacto directo. Es evidente que ni Damasco ni Bagdad están muy contentos con estas conversaciones entre el PKK y el gobierno turco, pero ya no existe la coalición entre Turquía, Irak y Siria contra el PKK que había hace 10 años. En Siria, Damasco ya no controla todo el territorio y su retirada entre julio y agosto de 2012 del espacio kurdo fue muy significativa. En el Kurdistán iraní sabemos que la situación es dramática, pero al mismo tiempo hay una radicalización silenciosa que se traduce, por ejemplo, en el boicot a las elecciones. El movimiento kurdo, pese a que no se estructura políticamente, está en fase de expansión y se haría visible de inmediato si mañana hubiese una crisis de gobierno en Irán. Por su parte, el Kurdistán iraquí negocia con Turquía por el petróleo, en un juego de equilibrismo entre ambos países.

A/I: De hecho, Turquía ha firmado un acuerdo energético con el Kurdistán iraquí para asociarse en la explotación de sus recursos naturales, en un gesto que no ha gustado nada a Bagdad. La cuestión energética parece haber influido en la decisión de buscar una solución a la cuestión kurda en Turquía.

H.B.:Tiene toda la razón. De hecho tienen previsto firmar pronto un segundo acuerdo energético. A partir de 2008, Turquía ha visto en el Kurdistán iraquí un contrapoder a Bagdad y, sobre todo, un espacio de apertura económica. Solo el transporte comercial transfronterizo se eleva a 4.000 millones de euros, una cifra enorme. Turquía importa petróleo únicamente de Irán y Rusia y en los dos casos las relaciones no son buenas, con lo que el potencial energético del Kurdistán iraquí aparece como una solución estratégica para diversificar sus importaciones energéticas.

A/I: ¿Esta emergencia económica refuerza el independentismo kurdo en Irak?

La lectura del conflicto sirio es cada vez más confesional, lo que agrava la tensión

H.B.: No creo que vean esta situación como un momento favorable para declarar su independencia, al menos a corto plazo. Veremos en dos o tres años, pero ahora mismo la estrategia kurda pasa por estar en un juego de equilibrios regionales. Y ahora la independencia supondría no poder jugar este tipo de juego. En Oriente Próximo, sobre todo a partir de 2013, el horizonte está muy bloqueado. No se puede prever cómo va a evolucionar Irak, el espacio kurdo o Líbano, que están en una situación límite.

A/I: La proximidad del conflicto sirio y el atentado en Reihanli, que provocó 40 muertos en esta ciudad turca fronteriza con Siria y del que han sido culpados agentes cercanos al régimen de Damasco, ¿puede avivar tensiones entre comunidades religiosas dentro de Turquía?

H.B.: Sí, porque el gobierno turco tensiona al país al confesionalizar el conflicto sirio. De hecho, la lectura muy confesional que hace Turquía no gusta nada a la comunidad alauita más numerosa, la aleví. Se trata de una comunidad de 15 millones de personas, históricamente marginada y reprimida, especialmente entre 1970 y 1990, que, en general, tiene una sensibilidad política de izquierdas y que no simpatiza para nada con el régimen de Damasco. Sin embargo, dentro de la otra comunidad alauita en Turquía, la nusayrí, integrada a la fuerza en el país entre 1938 y 1939 y compuesta por unas 500.000 personas, sí hay un fuerte apoyo a Al Assad.

A/I: En dos años, Erdogan ha cambiado completamente su postura respecto al régimen de Al Assad. Es partidario de facilitar armas a la oposición, de abrir corredores humanitarios y además debe gestionar los aproximadamente 3760.000 refugiados sirios en territorio turco. ¿Se implicará directamente Turquía en Siria?

H.B.:Turquía no puede actuar sola; necesitaría que Estados Unidos y la UE se involucraran más directamente. Además, una parte de las armas que Turquía entrega a los rebeldes procede de Qatar y Arabia Saudí y acaba en manos de Jabhat al Nusra [una de las milicias rebeldes en Siria integrada por jihadistas salafistas], algo que no gusta nada a los americanos ni europeos. En realidad, vamos a una situación insostenible y, lo que es más inquietante, la lectura del conflicto es cada vez más confesional, contrariamente al espíritu de las primeras protestas en Siria, inspiradas por las revueltas de Túnez y Egipto. La confesionalización del conflicto sirio y en general del mapa político de Oriente Próximo se traduce en un aumento de la tensión y en una potencialidad enorme de violencia.

A/I: ¿Qué rol pueden jugar en el futuro los kurdos de Siria, que representan el 10% de la población del país?

H.B.: No van a jugar un gran papel porque en realidad tienen tanto miedo del gobierno sirio como de la oposición. Creen que ésta se está islamizando y que el conflicto es cada vez más un conflicto árabe y ya no tanto un conflicto sirio. Al contrario que en 2011, cuando participaron en las primeras protestas pacíficas contra el régimen, ahora tienen la voluntad de quedarse fuera. Están en una perspectiva de espera y no quieren correr riesgos. Tienen una región autónoma de facto y llevan ya 10 meses gestionando su territorio.