La agricultura, núcleo de los principales desafíos económicos y sociales

El ministro de Agricultura y Pesca Marítima, Aziz Akhannouch, se enfrenta a un gran reto: reformar la agricultura marroquí y las estructuras del Ministerio.

ENTREVISTA con Aziz Akhannouch por Francis Ghilès

Aziz Akhannouch nació en Tafraut, en el sur de Marruecos, en 1961. ´Tras cursar sus estudios en Universidad de Sherbrooke, tomó las riendas de Akwa Group, un grupo de empresas fundadas por su padre. Akwa Group cuenta en la actualidad con unas 50 filiales y es uno de los engranajes de la industria del reino. Participó en el G-14, comité de expertos actualmente desaparecido, organizado por Hassan II, que contaba entre sus miembros con los intelectos económicos más brillantes del país, Akhannouch es administrador del Bank Al Maghrib, miembro de la Organización de Evaluación de la Privatización y de la Fundación Mohamed VI para la Protección del Medio Ambiente, administrador de la Confederación General de Empresas de Marruecos y del Banco Marroquí de Comercio Exterior (BMCE Bank). Le gusta participar en los sectores innovadores: en 1999 entró en el capital de Meditelecom y, en asociación con Maersk, consiguió la concesión de explotación de la primera terminal de contenedores del puerto TangerMed por un periodo de 30 años. En todas estas funciones, incluida la de presidente de la Región de Suss Massa Draa desde 2003, utiliza métodos que recuerdan más a la empresa privada que a la administración. Nombrado ministro de Agricultura y Pesca hace un año, se enfrenta a un reto inmenso: reformar la agricultura marroquí y las anticuadas estructuras del Ministerio. Hombre de poder, sabe ir a lo esencial y, al contrario que muchos de sus homólogos del Majzen, la cortesía y la simplicidad hacen de él un perfecto caballero.

AFKAR/IDEAS: En el Plan Marruecos Verde que presentó usted en las Jornadas Agrícolas de Meknes en abril de 2008, apuesta por que la agricultura se convierta en motor del crecimiento económico de Marruecos. ¿Podría explicarnos este planteamiento en un contexto en el que el turismo y la industria se presentan también como motores del crecimiento?

AZIZ AKHANNOUCH:Marruecos ha trabajado arduamente durante los últimos 10 años para diversificar las fuentes de crecimiento de su economía. Estos esfuerzos están comenzando a dar sus frutos. Así, la tasa de crecimiento del PIB no agrícola alcanzó el 6,6% en 2007, mientras que, desde 1998, la media anual era del 4,2% y desde 2004, del 4,6%. Por su parte, la estructura del PIB está experimentando una evolución significativa en favor del sector servicios, que ha pasado de un 46,2% en 1998 a un 52,3% en 2007. Esto me alegra, pero todavía hay que hacer mucho más por la agricultura ya que, en nuestro país, la agricultura está en el núcleo de los principales desafíos económicos y sociales. La agricultura sigue siendo el apoyo más importante de la población rural, que representa aproximadamente un 45% de la población total. Es el sector que más empleo genera, puesto que ocupa prácticamente a la mitad de la población activa.

Su contribución al PIB es sustancial, la más elevada en comparación con otros países mediterráneos: asciende hasta un 15%, al que se añade el 5% de la agroindustria. Por este motivo, el Plan Marruecos Verde ha convertido la revalorización de las riquezas de la tierra en una fuente activa de crecimiento económico. Es evidente que un sector agrícola en expansión puede contribuir al crecimiento económico inyectando, sobre todo, alimentos, servicios, empleo y ahorro, así como desarrollando un mercado interior que dé salida a los productos de la industria nacional. No puede haber desarrollo si cerca de la mitad de los consumidores sólo contribuyen débilmente al crecimiento del mercado interior, no puede haber desarrollo si una parte tan numerosa de la sociedad está excluida del proceso de acumulación. La agricultura marroquí dispone de activos y de potencial, cuya revalorización va a beneficiar a todo el país.

Está claro que hay que avanzar mucho en materia de productividad: un uso más eficiente del agua; hay otras técnicas agrícolas que pueden aumentar de forma considerable la producción de terrenos irrigados. Y lo mismo puede decirse de los terrenos de agricultura pluvial (bour), donde a pesar de que los problemas son más difíciles, si se tiene en cuenta la arbitrariedad del clima, se podrían alcanzar márgenes de progreso a través de una diversificación en favor de la arboricultura, en especial del olivo. Progresos como éste son imprescindibles para incrementar, en la medida de lo posible, la seguridad alimentaria del país, que tendrá 10 millones de bocas más que alimentar en 2030. A/I: Con los precios internacionales actuales de los cereales, las ganancias obtenidas con el aumento de las exportaciones de frutas y verduras se han “perdido” en cierto modo. Sabiendo que para las exportaciones es necesario gastar mucha agua, ¿se debe volver a una política de autosuficiencia alimentaria?

A.A.: Es verdad que la crisis alimentaria que se manifiesta por la subida descontrolada de los precios de los productos agrícolas ha afectado de lleno a Marruecos. El coste de los mecanismos de compensación para los productos básicos, agrícolas y energéticos, representará en 2009 una suma de más de 40.000 millones de dírhams, esto es, cerca de un 5% del PIB, en comparación con menos de un 2% en 2002. Frente al riesgo de la inseguridad alimentaria, que vuelve con más fuerza que nunca, Marruecos va a tener que revalorizar mejor su potencial agrícola. En este sentido debo precisar que, para nosotros, la seguridad alimentaria consiste en cubrir nuestras necesidades con la producción nacional a niveles estratégicos que establecemos en función de nuestros recursos, de las oportunidades del mercado internacional y de nuestras ventajas comparativas.

Le recuerdo que las tasas de cobertura de las carnes rojas, las carnes blancas, los huevos y las frutas y verduras ascienden a un 100%. Las de la leche y los cereales son, respectivamente, de un 88% y de un 70%. La puesta en práctica del Plan Marruecos Verde va a permitir aumentar considerablemente estas tasas a través de la mejora de la productividad, lo cual desatará una oleada de inversiones masivas y orientadas. En cuanto a la segunda parte de su pregunta, cabe recordar que Marruecos dispone de ventajas comparativas probadas en el ámbito de las frutas y verduras, que son las más elevadas en comparación con otros países al sur y al este del Mediterráneo. Y son precisamente estas especulaciones las que revalorizan de forma óptima el agua en términos de ingresos y de empleos por metro cúbico de agua utilizada. La cerealicultura, que ocupa el 75% de la superficie agrícola útil, no supone más que entre un 10% y un 15% del volumen de negocios y entre un 5% y un 10% del empleo, en comparación con el 45-50% y el 20-25%, respectivamente, en el caso de los sectores vegetales de alto valor añadido.

A/I: El Plan Marruecos Verde apuesta por los actores privados y la colaboración con empresas extranjeras.¿Qué ha sido del papel de los servicios públicos, como la investigación, la educación, las reformas del capital inmobiliario y la gestión de riesgos?

A.A.:Tenemos que ganar la batalla de la inversión haciendo que el sector agrícola resulte más atractivo para los inversores, tanto nacionales como extranjeros. El éxito que ha conocido la alianza pública-privada a la hora de movilizar terrenos del ámbito privado del Estado gestionados por la Sociedad de Desarrollo Agrícola (SODEA) y la Sociedad de Gestión de Terrenos Agrícolas (SOGETA) refuerza la credibilidad de nuestra ambición, que tiene por objetivo una inversión de aproximadamente 1.000 millones de euros al año. Disponemos de una “Oferta Marruecos” que consiste en una alianza que beneficia a las dos partes sobre la base de contratos claramente definidos y desde la que el Estado ofrece numerosos incentivos. Tal y como ha mencionado, la participación del sector privado, en especial de los agricultores, en el cambio que deseamos, tiene por corolario redefinir el papel del Estado basándonos en unas relaciones distintas con los productores y los actores del sector. Ambos tienen que asumir responsabilidades, emprender iniciativas y acceder con más facilidad a la innovación, a las financiaciones y a los mercados. Me gustaría ser claro en este punto. Las características específicas del desarrollo agrícola implican que el Estado tiene que estar completamente involucrado en este proceso.

Es evidente que los retos de la productividad, competitividad y sostenibilidad de nuestra agricultura sólo se pueden superar gracias a un esfuerzo voluntarista y a largo plazo. La implicación del Estado es indispensable para el acondicionamiento del espacio agrícola, el desarrollo de los sectores agrícolas y de la calidad, para reforzar el sector tecnológico-agrícola, para el desarrollo de los recursos humanos, para el fomento de las organizaciones profesionales y la mejora del entorno económico, jurídico e institucional. Recordar estas funciones del Estado nos hace plantearnos cuál es la dosis “justa” entre participación pública y privada. En mi opinión, el apoyo decisivo del Estado a los agricultores y operadores, a largo plazo, significa por un lado “algo mejor del Estado” y por otro, nuevas formas de colaboración. Este apoyo constituirá un compromiso reiterado y renovado del Ministerio de Agricultura y la función esencial de las políticas de apoyo que pretende utilizar.

A/I: Parece que Marruecos está ignorando la forma social dominante de su producción agrícola, la explotación familiar.Su plan parece estar inspirado en el modelo de la empresa: se mencionan a 30 millones de consumidores, pero si la urbanización masiva armoniza los modelos de consumo,
éste no suele ser el caso en el entorno rural, en el que una familia agrícola media sigue siendo a la vez
consumidora y productora. La empresa agrícola, tal y como se define en el informe, se distingue de la explotación familiar, que se caracteriza por una capacidad extraordinaria de adaptación.¿No está su informe ocultando la agricultura familiar?

A.A.: ¡Todo lo contrario! El Plan Marruecos Verde se basa en el principio de una agricultura para todos, adaptada a todos los territorios y categorías de explotación agrícola sin excepción.
Dicho principio rompe con la imagen simplificada de una agricultura dual que enfrenta un sector moderno –a menudo a la vanguardia del progreso– con un sector social “tradicional” más bien marginado. Considero la agricultura marroquí una agricultura plural en la que todos los territorios y todos los agricultores encontrarán su lugar en un conjunto nacional que revalorice de forma óptima sus oportunidades y sus potenciales respectivos. Para ello, en el marco del Pilar I de la nueva estrategia, hemos concebido mecanismos de agregación innovadores que permiten sobre todo a las explotaciones agrícolas pequeñas y medianas acceder a los factores de producción, a la
tecnología, a la financiación y a los mercados, lo que les va a permitir a su vez aumentar la productividad y los ingresos. Nos hemos inspirado en modelos que están funcionando en otros países, pero también, y sobre todo, en el nuestro.

Me gusta citar el ejemplo de la cooperativa lechera COPAG, que cuenta con más de 14.000 miembros. Gracias a los paquetes tecnológicos y a los servicios que ofrece a sus miembros, esta cooperativa ha hecho posible que las pequeñas empresas de explotación pudieran multiplicar por 10 su producción lechera. Puedo citar otros ejemplos en los sectores de las frutas y verduras tempranas, cítricos, azúcar, fresa… Esta agricultura que funciona es la que nos gustaría reproducir a mayor escala. Del mismo modo, el Pilar II del Plan Marruecos Verde ha sido concebido para hacer posible un desarrollo solidario de la pequeña agricultura a través de un denso programa de, por un lado, reconversión de la cerealicultura (que a menudo se practica con pérdidas) en cultivos alternativos más adaptados y más rentables y, por otro, de aumento de la productividad con ayuda de un apoyo y de una dirección específicos. Asimismo, tenemos en mente desarrollar la agricultura de las regiones, que goza de especial importancia entre las pequeñas explotaciones de la zonas montañosas y de oasis.

Por ejemplo, ha bastado con conectar a los productores de azafrán, en la región de Taliuín, con una red de comercio justo para que sus precios de venta se multiplicaran por dos (de 15 dírhams por gramo a 30 dírhams por gramo)! Hay que llegar aún más lejos. Pero todo esto está ideado en el marco de un plan de desarrollo rural integrado en simbiosis con la Iniciativa Nacional de Desarrollo Humano (INDH) para diversificar la economía rural y desarrollar el capital humano. Los resultados del último sondeo nacional sobre el nivel de vida de las familias realizado por el Alto Comisariado del Plan (HCP, 2007) han revelado que los municipios rurales a los que iba dirigida la INDH han registrado una reducción de la pobreza de un 41%, frente a tan sólo un 21% en el resto de municipios rurales.

A/I: Para poner en práctica este plan hacen falta 50.000 millones de dírhams, pero el presupuesto del Ministerio de Agricultura es de 2.000 millones de dírhams al año. Teniendo en cuenta estas restricciones presupuestarias y la falta de interés demostrada por el sector bancario privado para financiar la agricultura, ¿de dónde va a salir el dinero?

A.A.: Usted sabe que la agricultura es el sector de la economía nacional que posiblemente dispone de los factores multiplicadores más elevados en términos de ingresos o de empleo. Asimismo, en torno a este sector se debe organizar una estrategia ganadora de lucha contra la pobreza. No hay lugar para la tergiversación. Es imprescindible que ganemos la batalla de la inversión en el sector agrícola para mejorar sus rendimientos. Los desafíos económicos, sociales, medioambientales y, por tanto, políticos son considerables. Además, la crisis alimentaria que está experimentando el mundo en la actualidad se debe, en parte, a la marginación de la agricultura y a la reducción de las inversiones en el sector agrícola. Tenemos que superar, entre otras cosas, las secuelas de 20 años de adaptación estructural que no han sido favorables a la agricultura en la mayoría de los países en vías de desarrollo, sobre todo en África. Espero que la última declaración del G-8 en relación con la movilización de 10.000 de dólares para la agricultura africana se haga realidad. Los vientos son favorables.

A/I:Uno de los obstáculos a la modernización del sector agrícola en Marruecos sigue siendo la ausencia de un mercado inmobiliario real.Por otro lado, el desmembramiento del espacio rural se está acentuando y es un hecho que las reglas de sucesión parecen intocables. ¿Por qué no crean los poderes públicos una institución que pueda actuar como interfaz para garantizar el control del mercado inmobiliario?

A.A.: La cuestión inmobiliaria es complicada. Es necesario tener en cuenta el conjunto de factores que modelan nuestra sociedad, con su historia y sus tradiciones, las formas de las relaciones individuales o colectivas con la tierra, el modo de organización económica, el sistema jurídico y, de forma más amplia, el modo de resolución de conflictos. La situación es más grave en nuestro país porque el nivel de desarrollo de la economía nacional sigue sin permitirnos responder a las necesidades de absorción de la mano de obra de la que puede prescindir la agricultura y, por ello, se mantiene una población rural todavía importante que vive esencialmente de la agricultura. El número de explotaciones agrícolas asciende a 1,5 millones, de las que más de dos tercios poseen menos de cinco hectáreas. Estoy convencido de la necesidad de eliminar los obstáculos institucionales que, en el ámbito del mercado inmobiliario, socavan el dinamismo productivo de agricultores y ganaderos, grandes y pequeños. Como ya no es posible realizar reformas radicales, nos hemos propuesto ponerlas en práctica de manera progresiva y pragmática.

Así, por ejemplo, se estableció una alianza pública-privada para revalorizar mejor el patrimonio inmobiliario que proviene del ámbito privado del Estado. Esta operación ha afectado, en una primera fase, a una superficie de 41.837 hectáreas repartida en 164 proyectos. La inversión total prevista es de 4.500 millones de dírhams, dominada en un 86% por inversores nacionales. El número de puestos de trabajo que se crearán superará los 15.000. Tras este logro hemos comenzado con una segunda fase que incluye más de 38.700 hectáreas. El interés del que ha sido objeto por parte de los inversores refuerza la credibilidad de nuestra ambición de desatar una nueva ola de inversión masiva en la agricultura. Para ello pretendemos movilizar todas las reservas inmobiliarias de las que disponemos. Pero le recuerdo que la agregación en la que hacemos hincapié en el marco del Pilar I del Plan Marruecos Verde va a permitir evitar la restricción inmobiliaria para las empresas de explotación que deseen entrar a formar parte de él de forma voluntaria. Dicho esto, continuaremos con las reformas de la política inmobiliaria, en especial acelerando el registro y fomentando la concentración parcelaria en el marco de proyectos específicos.

A/I: La liberalización de la política agrícola común europea y los cambios en los hábitos alimentarios en el Magreb abogan por una cooperación más exhaustiva entre las empresas agroalimentarias privadas del norte de África. ¿Considera usted que las perspectivas son buenas?

A.A.: El desarrollo y la promoción de los “productos mediterráneos de calidad” y de la dieta mediterránea son estratégicos, ya que los productos “mediterráneos” están adaptados a las condiciones ecológicas de la zona, responden a la demanda, en aumento, y algunos pueden crear valores económicos añadidos considerables. Además, hacen posible una alimentación sana que apenas afecta al medio ambiente y, sobre todo, que consume poca agua. Su promoción en los países ribereños, en el norte de Europa y a escala global, apoyada por un sistema mediterráneo de etiquetas, beneficia por tanto a la población en cuanto a la calidad y la cantidad de la seguridad alimentaria: prevención de enfermedades relacionadas con el sobrepeso cada vez más frecuentes y cuyo coste representa probablemente varios puntos del PIB.

Además, permitiría desarrollar de forma ventajosa una oferta mediterránea que se podría revalorizar en el plano internacional y reducir el consumo excesivo de carne en Europa y en EE UU y, con ello, disminuir en cierta medida las presiones que agravan la crisis alimentaria mundial. En consecuencia, las condiciones son favorables para un nuevo pacto agrícola mediterráneo y una cooperación más exhaustiva en el ámbito agroalimentario. El Plan Marruecos Verde ha tenido en cuenta esta dimensión y hemos presionado para que se incluyera en la declaración de la Cumbre de París por el Mediterráneo, que, en su anexo, subraya la necesidad de desarrollar la cooperación en los ámbitos de la agricultura, la seguridad alimentaria y del abastecimiento…

A/I: ¿Cuál es la postura de Marruecos frente a la Ronda de Doha dado que el país ha contribuido a la liberalización de los intercambios que condujo, en 1995, al Tratado de Marraquech?

A.A.:Marruecos ha adoptado una estrategia de apertura en el marco de un regionalismo abierto. Por tanto, seguimos con atención la evolución de las negociaciones de la Ronda de Doha y actuamos, en la medida de nuestras capacidades, para que lleguen a buen término. Pero, como usted sabe, en la actualidad, a pesar de las reuniones ministeriales con diferentes configuraciones y compromisos políticos al más alto nivel, como por ejemplo en la última cumbre del G-8, la negociación sigue bloqueada. En mi opinión, la característica principal del bloqueo es la doble preocupación de todos los actores principales que reside, por un lado, en la imposibilidad política de asumir el riesgo de una concesión que podría seguramente desbloquear la negociación y, por otro, en el deseo de evitar ser designado como responsable del fracaso.

Sin embargo, el fracaso amenaza con tener graves consecuencias para el futuro de las propias negociaciones comerciales y, por ende, para el futuro de los intercambios internacionales y, más adelante, para otro tipo de negociaciones, como las que tratan de la lucha contra el calentamiento global. Para retomar el tema del comercio agrícola, la crisis alimentaria mundial se ha visto exacerbada por las restricciones impuestas por más de una veintena de países a sus exportaciones, que han provocado el aumento desbocado de los precios de numerosos productos básicos, como el trigo y el arroz. Necesitamos que se refuerce la gobernanza internacional del sistema agroalimentario mundial para que se pueda garantizar a todos los países su seguridad alimentaria.