Islamistas y política exterior occidental

El antiamericanismo y antioccidentalismo no se deben a diferencias religiosas ni culturales, sino al doble rasero de Occidente a la hora de fomentar la democracia.

John L. Esposito

El Islam político y la política exterior occidental están profundamente relacionados entre sí. Pero los políticos, en especial desde el 11 de septiembre de 2001, han demostrado una incapacidad o falta de voluntad para distinguir entre islamistas radicales e islamistas moderados. Demasiado a menudo, se trata al Islam político como una amenaza global monolítica, del mismo modo que se percibía el comunismo. Sin embargo, hasta en el caso del comunismo los responsables de la política exterior acabaron adoptando políticas más matizadas, pragmáticas y razonables que condujeron al establecimiento de relaciones con China en la década de los setenta, aunque se mantuvieran las tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La importancia de los partidos islamistas sigue aumentando y los políticos deben adoptar planteamientos políticos diferenciados. Esto exige conocer más en profundidad qué motiva y sustenta a los partidos islámistas y qué apoyo reciben. ¿De qué modo las políticas americanas y europeas alimentan a los movimientos islamistas más radicales y extremos y al mismo tiempo debilitan el atractivo de las organizaciones moderadas para las poblaciones musulmanas? Actualmente es obligado adoptar nuevos enfoques para la participación y diálogo, algo especialmente importante porque las raíces del Islam político son más profundas que el simple antiamericanismo, y el Islam político no solo se manifiesta en el extremismo y en el terrorismo sino también de forma no violenta y democrática. Las asombrosas victorias electorales de Hamás en Palestina y de los chiíes en las elecciones parlamentarias de Irak, el hecho de que los Hermanos Musulmanes sean la principal fuerza de la oposición parlamentaria en Egipto, y la guerra de Israel contra Hamás y Hezbolá inciden en cuestiones fundamentales de democracia, terrorismo y paz en Oriente Próximo. Al mismo tiempo, los gobernantes autocráticos musulmanes y los políticos occidentales han usado el terrorismo mundial como excusa para alejarse o apartarse de la democratización, siguiendo las advertencias y los temores de que impulsar un proceso democrático corre el riesgo de aumentar la llegada de los islamistas a los centros de poder y es contraproducente para los intereses occidentales. Promueve un antioccidentalismo más virulento y aumenta la inestabilidad. Por ejemplo, a pesar de la victoria de Hamás en elecciones libres y democráticas, EE UU y Europa no le dieron pleno reconocimiento ni apoyo económico.

– Principales causas del extremismo y del terrorismo

¿Cuál es la principal causa del radicalismo musulmán y del antioccidentalismo: la teología extremista, o las políticas de muchos gobiernos musulmanes y occidentales? Un Estudio/Encuesta Mundial de Gallup indica abrumadoramente lo segundo. La encuesta nos permite ir más allá de los análisis contradictorios de expertos y de voces selectivas de la “calle árabe”. Nos permite escuchar a mil millones de musulmanes desde Marruecos a Indonesia. Y ellos nos dicen que las políticas americanas, no los valores, son las que provocan la ira del mundo árabe-musulmán.

– El Islam político: ¿votos o balas?

El Islam político es tanto extremista como moderado. Los extremistas del Irán del ayatolá Jomeini, el Afganistán de los talibanes, y los terroristas de Osama Bin Laden y Al Qaeda desde Marruecos a Indonesia han asumido un Islam revolucionario basado en la violencia y el terror. Al mismo tiempo, muchos movimientos sociales y políticos islamistas de todo el mundo musulmán trabajan dentro del sistema político. Desde finales del siglo XX, los candidatos y los partidos de tendencia islámica en Argelia, Túnez, Marruecos, Egipto, Líbano, Turquía, Jordania, Kuwait, Bahrein, Pakistán, Malaisia e Indonesia prefieren las urnas a las balas. Han competido con éxito y obtenido escaños municipales y parlamentarios, han servido en el gobierno y ocupado altos cargos como el de primer ministro en Turquía e Irak y el de presidente en Indonesia.

– Hezbolá y Hamás

El aspecto más contencioso del Islam político ha sido la medida en que grupos militantes como Hezbolá y Hamás han acudido a las urnas. Hezbolá se transformó en un partido político libanés que demostró su eficacia en las elecciones parlamentarias. Al mismo tiempo, seguía siendo una milicia, y en 2000 obligó a los israelíes a retirarse del sur de Líbano, que ocupaban desde hacía 18 años. Hamás derrotó a Al Fatah en unas elecciones democráticas.

– ¿Cómo ven el mundo las mayorías musulmanas mundiales?

Para responder al Islam político extremista y al moderado, los políticos deben entender cómo ven el mundo las mayorías musulmanas mundiales y, en especial, cómo ven a EE UU y Europa. “¿Por qué nos odian?”. La respuesta típica a esta pregunta es: “Odian nuestro modo de vida, la libertad, la democracia y nuestro éxito”. Teniendo en cuenta lo extendido que está el antiamericanismo, no solo entre los extremistas sino también entre una significativa mayoría moderada del mundo musulmán (y de hecho en otras muchas partes del mundo), esta respuesta es insatisfactoria. ¿Difieren extremistas y moderados en sus actitudes respecto a Occidente? Si nos centramos en las de quienes albergan opiniones radicales (el 7% cree que el 11- S estuvo justificado) y las comparamos con las de la mayoría moderada, los resultados sorprenden.

A la pregunta de qué admiran más de Occidente, tanto extremistas como moderados ofrecen tres respuestas espontáneas idénticas: la tecnología; el sistema de valores, la dedicación al trabajo, la responsabilidad personal, el Estado de Derecho y la cooperación; los sistemas políticos justos, la democracia, el respeto de los Derechos Humanos, la libertad de expresión y la igualdad de sexos. Un porcentaje significativamente más alto de extremistas en potencia que de moderados (50% frente al 35%) cree que “avanzar hacia una mayor democracia en el gobierno” impulsará el progreso en el mundo árabe-musulmán. Los extremistas en potencia creen incluso más firmemente que los moderados (58% frente al 45%) que los países árabes-musulmanes están ansiosos por mejorar sus relaciones con Occidente. Por último, no existe una diferencia significativa entre el porcentaje de extremistas en potencia y el de moderados que dijeron: “Me preocupa mucho mejorar las relaciones con Occidente”. Aunque muchos creen que el antiamericanismo va unido a un odio básico contra Occidente y a profundas diferencias religiosas y culturales entre Oriente y Occidente, los datos anteriores contradicen estas opiniones.

Además, la valoración que hacen los musulmanes de diferentes países occidentales demuestra que las opiniones musulmanas no pintan del mismo color a todos los países occidentales. Las opiniones desfavorables sobre EE UU o Reino Unido no impiden actitudes favorables hacia países europeos como Francia o Alemania. En el caso de los moderados, las datos de Gallup demuestran que mientras tienen opiniones muy desfavorables sobre EE UU (42%) y Gran Bretaña (34%), las opiniones desfavorables sobre Francia (15%) y Alemania (13%) fueron de hecho muy inferiores y comparables al porcentaje de musulmanes que consideran desfavorablemente a Pakistán o Turquía (ambos en el 12%).

– ¿Qué provoca actitudes desfavorables hacia Estados Unidos y Europa?

El excepcionalismo democrático Un refrán o acusación común contra Occidente y en especial EE UU es que mantiene un “doble rasero” a la hora de fomentar la democracia. Uno de los principales factores que contribuyen a esta percepción es el largo historial de apoyo a los regímenes totalitarios del mundo árabe y musulmán y que allí no promueve la democracia como hizo en otras partes tras la caída de la Unión Soviética. Además, cuando no se encontraron las armas de destrucción masiva en Irak, los gobiernos de Bush y Blair declararon con descaro que la invasión liderada por americanos y británicos y el derrocamiento de Sadam Husein tenían por objetivo la democratización de Irak, como parte de una política más amplia de promoción de la democracia en Oriente Próximo. En un gran discurso político, el embajador Richard Haass, alto cargo del departamento de Estado de EE UU, reconocía que tanto los gobiernos demócratas como los republicanos habían practicado lo que él denominaba el “excepcionalismo democrático” en el mundo musulmán: subordinar la democracia a otros intereses americanos, como el petróleo, frenar a la Unión Soviética y afrontar el conflicto árabe-israelí.

– Percepciones musulmanas

La mayoría de los entrevistados en todos los países incluidos en las encuestas de Gallup no cree que EE UU hable en serio cuando se refiere a la creación de sistemas democráticos en la región: solo el 24% en Egipto y Jordania y el 16% en Turquía. Pero, aunque piensan que EE UU no habla en serio acerca de la autodeterminación y la democracia en el mundo musulmán, muchos entrevistados declaran que lo que más admiran de Occidente es la libertad política y de expresión. Grandes porcentajes también asocian un sistema judicial justo y “el disfrute de muchas libertades ciudadanas” con las sociedades occidentales, mientras que critican a sus propias sociedades. La falta de libertad política es lo que menos admiran del mundo árabe-islámico.

– Después de Gaza y Líbano

Las percepciones musulmanas sobre la reacción de EE UU y, en menor medida, Europa, a las guerras israelíes en Gaza y Líbano deben también considerarse dentro del contexto amplio de la percepción que árabes y musulmanes tienen de las políticas exteriores occidentales. La Encuesta de Gallup indica que una mayoría abrumadora (91-95%) no cree que EE UU sea fiable, amistoso o trate con respeto a otros países, ni que le importen los derechos humanos en otros países (80%). Fuera de Irak, más del 90% de los musulmanes coincide en que la invasión ha sido más perjudicial que beneficiosa. El hecho de que el gobierno de Bush reconociese que la guerra contra el terrorismo global se equipara en la mente de muchos musulmanes (y de otros) con una guerra contra el Islam y el mundo musulmán, llevó a resaltar nuevamente la importancia de la diplomacia pública.

– La diplomacia pública o la batalla por las mentes y los corazones

La diplomacia pública es algo más que relaciones públicas. La relación entre las palabras y los hechos, haciendo coincidir política con retórica, es un factor esencial para conservar la credibilidad, demasiado a menudo ausente. Tanto Bush como Blair han actuado como si creyesen que pueden defender la invasión y mantener impunemente su política en Irak. Las encuestas de opinión y las declaraciones de la mayoría de los musulmanes, tanto moderados como extremistas, demuestran lo contrario. Las políticas exteriores en el mundo musulmán siguen siendo cuestiones importantes entre la generación más joven, incluidos extremistas como los terroristas del 7 de junio en Reino Unido.

El respaldo incondicional americano a Israel hizo que muchos dudaran de EE UU como aliado, no solo en la acción militar contra militantes de Hamás y Hezbolá, sino en una guerra contra el gobierno palestino democráticamente elegido y contra el pueblo de Líbano, durante mucho tiempo aliado de EE UU. Las principales víctimas de Gaza y Líbano fueron cientos de miles de civiles inocentes, no terroristas. En Líbano murieron más de 500 personas, 2.000 resultaron heridas y 800.000 desplazadas. El ejército israelí destruyó las infraestructuras civiles de Gaza y Líbano. Organizaciones internacionales como Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch han criticado a Israel por transgredir el Derecho Internacional y por cometer crímenes de guerra.

Amnistía y Human Rights Watch citan en concreto “el uso del castigo colectivo y los crímenes de guerra”. El boicot económico al gobierno de Hamás y ahora el apoyo sin reservas al reciente gobierno unilateralmente organizado por Mahmud Abbas alimentan el escepticismo. El fomento de la democracia y el proceso de paz en Oriente Próximo atraviesan una situación crítica. Irak, y en menor medida Afganistán, siguen siendo frágiles, sin noticias de “éxito” a la vista. La situación se complica por el hecho de que ni EE UU ni Europa han respetado la elección democrática de los palestinos. La consecuencia es que, para muchos, Hamás y Hezbolá se han convertido en buena parte del mundo musulmán en símbolos de resistencia tanto a la agresión israelí como a la intervención occidental.

Además ni Palestina, ni Israel ni EE UU/Reino Unido tienen líderes creíbles en este momento. Pensemos en el impacto de la lucha fratricida palestina (entre Hamás y Al Fatah) y la arrogancia y el militarismo del gobierno de Ehud Olmert junto con la incapacidad de Bush para convertirse en un intermediario honrado. Los principales componentes que debilitan la credibilidad americana son su falta de política imparcial en el conflicto palestino-israelí, el papel de Elliot Abrams, con un historial de militante sionista, como director adjunto de la Agencia Nacional de Seguridad y uno de los principales artífices de la política hacia Oriente Próximo. Los países europeos disfrutaban de mucha credibilidad en Oriente Próximo. Sin embargo, si esta tendencia continúa, la capacidad de Europa para influir positivamente en la evolución de Oriente Próximo disminuirá. Las consecuencias inesperadas del apoyo sesgado de EE UU y Europa a la guerra ampliada de Israel han ayudado mucho a los Bin Laden del mundo.

Conclusión

Hoy en día, uno de los retos básicos es distinguir entre la corriente mayoritaria y los grupos extremistas, y trabajar con los islamistas democráticamente elegidos. La administración americana y muchos gobiernos europeos dicen a menudo que distinguen entre grupos moderados y extremistas. Sin embargo, la mayoría de las veces, han vuelto la cabeza mientras los gobernantes autocráticos de Argelia, Túnez, Egipto y otras partes intimidaban y reprimían a los grupos islamistas moderados o intentaban dar la vuelta a sus éxitos electorales en décadas pasadas. El desafío es especialmente complejo en lo que respecta a los movimientos de resistencia como Hamás y Hezbolá. Ambos son partidos políticos electos con una base popular.

Al mismo tiempo, son movimientos de resistencia cuyas milicias luchan contra la ocupación israelí y a las que Israel, EE UU y Europa califican de organizaciones terroristas. Hay precedentes sobre la forma de tratar a estos grupos, como el CNA en Suráfrica, y el Sinn Fein, rama política del IRA en Irlanda, con los que ha sido necesario llegar a un acuerdo. EE UU y Europa necesitan tratar con los islamistas democráticamente elegidos, y al mismo tiempo condenar firmemente cualquier acto terrorista de sus milicias. Muchos países europeos tienen desde hace tiempo presencia y credibilidad en Oriente Próximo, no están asociados como EE UU y Reino Unido con la invasión y la ocupación de Irak, y se consideran más independientes en sus relaciones con el gobierno de Bush. Esto les capacita para desempeñar una función importante y constructiva.

Deberían poner el énfasis en la diplomacia, los incentivos económicos y las sanciones (pero solo cuando sean absolutamente necesarias), y acudir a la acción militar como último recurso. Aunque afirmen su respaldo a la existencia y a la seguridad de Israel, EE UU y Europa deben demostrar que este apoyo tiene unos límites precisos. Deben estar dispuestos a condenar el uso desproporcionado de la fuerza, el castigo colectivo y otras transgresiones del Derecho Internacional por parte de Israel. Por último, lo fundamental es reconocer que la expansión del antioccidentalismo entre los musulmanes y los islamistas moderados se debe a lo que hace EE UU en concreto –sus políticas y acciones–, y no a su modo de vida, su cultura o su religión.