Impacto social del deporte en el mundo árabe

El deporte puede ser usado para un análisis de cómo nacionalismo y etnicidad se expresan en tiempos de crisis, transiciones políticas y victorias deportivas.

Mahfoud Amara

Los impactos sociales del deporte en el mundo árabe pueden analizarse en relación a tres aspectos: las diferentes formas de intervención estatal en el deporte; el deporte y las prácticas socioculturales y la comercialización del deporte. Como en cualquier otra parte del mundo y, a pesar de su origen colonial, el deporte se ha integrado en la vida cotidiana de los árabes, desde Gaza hasta Casablanca. Incluso antes de la independencia, era usado simbólicamente como un sinónimo de resistencia frente a la presencia colonial francesa o británica y defendía la causa árabe en la arena internacional. Un caso memorable es el equipo nacional de fútbol creado por el Frente de Liberación Nacional, la representación de la revolución armada argelina desde 1954 a 1962, con el fin de internacionalizar la causa argelina y establecer lazos a través del fútbol con aliados de una Argelia independiente (en particular en el bloque socialista)( ver el documental “Football Rebels: Mekhloufi and the FLN team” disponible en inglés en Al Jazeera, h t t p : / / w w w. a l j a z e e r a . c om/ s p o r t / f o o t – ball/2013/03/2013319123718526413.html)

El boicot a los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956 por parte de Líbano, Egipto e Irak, en contra de la invasión tripartita de Egipto por los británicos, los franceses y las tropas israelíes, fue el primer ejemplo de un grupo de acción diplomática deportiva árabe contra las intervenciones militares en la región. Clubes tales como Al Ahly en Egipto (creado en 1907), Espérance en Túnez (1919), Muludiain en Argelia (1927), Al Kramah en Siria (1928), Al Hilal en Sudán (1930) y Al Widad en Marruecos (1937) –por nombrar solo unos cuantos– funcionaron también como escuelas para la formación de los movimientos nacionalistas árabes. El deporte fue después integrado por los nuevos países independientes, sobre todo a finales de los años cincuenta y principios de los setenta (y, en Egipto, tan pronto como en 1910) como agente en la formación del Estado y como compromiso con la comunidad internacional.

El reconocimiento de las organizaciones deportivas internacionales, como la FIFA y el COI, era importante, internamente, para fortalecer el sentimiento nacionalista y, externamente, por las relaciones y el prestigio internacional. El deporte ha sido utilizado para la movilización popular en torno a las ideologías políticas de los regímenes árabes (baazismo, nasserismo, burguibismo, socialismo y tercermundismo) (Fatès Yucef, 1994, Sport et Tiers-Monde, París, Presses universitaires de France). Los primeros años de los juegos regionales independientes, como los Juegos Panafricanos (Argelia 1978) y los Juegos Mediterráneos (Beirut 1959, Túnez 1967, Argel 1975), fueron importantes para mostrar los caminos hacia el desarrollo y la construcción del Estado-nación.

La estrategia de Túnez al ser sede de los Juegos Mediterráneos, durante el mandato de Burguiba y Ben Ali, es un claro ejemplo de una estrategia sistemática de utilización del deporte para la legitimación política así como una meta económica para, por ejemplo, promocionar Túnez como un país progresista (secular) y, por tanto, preparado para recibir turistas. (Driss Abbassi, “Sport, légitimation politique et construction identitaire dans la Tunisie des années 2000”, L’Année du Maghreb, III, 2007). Los países árabes (y las coaliciones regionales) también crearon otros juegos regionales para promover los ideales de unidad y cooperación, tales como los Juegos Panárabes, los Juegos de la Unión del Magreb y los Juegos de la Unión del Golfo.

Hay que tener en cuenta que los ideales de armonía y fraternidad, al menos en la forma en la que fueron definidos por el discurso oficial (por ejemplo, en conceptos como Urubaa y Umah Al Arabiya), no siempre han reflejado la realidad. Esos juegos y otras competiciones también han sido una ocasión para expresar las rivalidades etnonacionalistas y la oposición/ competición por el liderazgo. La animosidad deportiva entre egipcios y otros equipos norteafricanos, en especial en deportes colectivos, también es bien conocida.

En relación con el deporte de masas, se puede afirmar que los países que adoptaron ideologías seculares y fueron gobernados por sistemas unipartidistas (al menos hasta la Primavera Árabe) han sido más proactivos en el desarrollo de los deportes comunitarios y la educación física en la escuela, en comparación con las más, llamémoslas, sociedades conservadoras, particularmente en la península Arábiga (al menos hasta finales de los años ochenta, con la excepción de Kuwait). Por supuesto, este desarrollo está forjado, además de por las decisiones políticas, por otros factores tanto socioeconómicos como culturales.

Las tradiciones (o las diferentes interpretaciones de las tradiciones) han ejercido un particular impacto en la participación de las chicas en el deporte. De hecho, Arabia Saudí y Catar fueron los últimos países en enviar atletas femeninas a los Juegos Olímpicos. Esto fue posible en los Juegos de Londres en 2012 como resultado de la presión internacional (de las activistas de los derechos de la mujer) así como de un acercamiento más flexible del COI y las Federaciones Internacionales a la cuestión del velo (hiyab) en el deporte. Hay que reconocer que el tipo de práctica del deporte que domina hoy en día no es necesariamente inclusivo para otras culturas, y no está libre de motivos mercantilistas que conforman los valores (acerca del cuerpo, la belleza y la práctica del deporte) para servir puramente a intereses mercantilistas (Amara Mahfud, “Veiled Women Athletes in the 2008 Beijing Olympics: Media Accounts”, The International Journal of the History of Sport,Volume 29, Issue 4, 2012).

En general, hay un deseo en el mundo árabe, incluso en las llamadas sociedades conservadoras, de formar parte de la experiencia deportiva, como participantes, seguidores y consumidores. Como se ha explicado antes, bien como legado del pasado colonial, bien como producto de la globalización actual, el deporte moderno está incorporado a la cultura árabe, a pesar de las dificultades socioeconómicas y la falta de instalaciones. Caminando por las calles de Casablanca, Beirut o Doha, es frecuente ver a hombres (y mujeres) haciendo jogging, pescando, o a niños jugando al fútbol y a otros juegos. Los parkings, los pocos parques accesibles y las playas se convierten durante el fin de semana en campos de fútbol, baloncesto o críquet (popular entre los trabajadores inmigrantes de la península Árabiga). Los gimnasios que ofrecen aerobic y culturismo están proliferando en la región. Los países más ricos del Golfo reconocen el impacto negativo de la vida sedentaria en la salud y el bienestar y están invirtiendo en la promoción del deporte y la actividad física entre la población.

Por ejemplo, Catar tiene ahora su propio Día del Deporte (11 de febrero, http://www.sportday.qa/). A nivel político, el deporte, y en particular el fútbol, representa para la juventud, sobre todo masculina, uno de los pocos espacios (junto con internet) donde poder expresar las frustraciones con el sistema político y con las condiciones socioeconómicas, así como para subvertir el discurso dominante sobre identidad e, incluso, moralidad. Puesto que hoy las posibilidades de viajar son limitadas debido a las numerosas restricciones a la inmigración y al endurecimiento de las medidas de seguridad, ver deporte en televisión gracias a un descodificador (la mayoría hechos en China), apoyar al FC Barcelona o al Real Madrid en Saná, Riad o Argel, y llevar camisetas de marcas como Nike y Adidas, son unas de las pocas oportunidades (para la mayoría) de formar parte de una sociedad global de consumo (Laverurent Bonnefoy; Myriam Catusse, (ed) Jeunesses arabes: du Maroc au Yémen : loisirs, cultures et politiques, La Découverte).

Por lo que se refiere a la comercialización del deporte, los países del Golfo están ahora emergiendo como centros de negocios mundiales de deporte y como destino para el turismo deportivo. He explicado en otras ocasiones que la ambición de Catar y de, en menor medida, Bahréin, para implementar el deporte y, en particular, para ser escenario de las más importantes competiciones deportivas internacionales, responde a una estrategia de imagen, de relaciones diplomáticas y de crecimiento económico.

Los eventos deportivos, tales como las carreras de coches (Fórmula 1 en Bahréin y Abu Dabi), carreras de lanchas a motor y torneos internacionales de tenis, por poner algunos ejemplos, están siendo integrados en los proyectos de mega urbanización, desarrollo turístico y ventas al por menor, como parte de la estrategia general de incrementar los ingresos provenientes de industrias distintas a las derivadas de los hidrocarburos (Mahfoud Amara, The Pillars of Qatar’s International Sport Strategy, e-international, 29 de noviembre de 2013: http://www.e-ir.info/ 2013/11/29/the-pillars-of-qatars-international-sportstrategy/). La región se está convirtiendo en un nuevo destino para la migración internacional del deporte, atrayendo entrenadores, jugadores profesionales, investigadores del deporte y expertos en negocios deportivos de todo el mundo que produce sentimientos encontrados entre la población. Primero, por una cuestión de orgullo.

Esto se hizo patente en las calles de Doha, cuando Catar se proclamó sede del Mundial 2020 (el primer país árabe en acoger un mega evento). Segundo, por un sentimiento de desasosiego. La sensación de que la modernización en la región (y el desarrollo a través del deporte) está ocurriendo demasiado deprisa, y puede que demasiado pronto, en detrimento de la cultura local (incluyendo a la lengua árabe, puesto que el inglés está ganando protagonismo en las ciudades migratorias más cosmopolitas del Golfo). Hay también cierto desasosiego a nivel internacional en relación con el aumento de las inversiones y de la influencia en el mercado deportivo global tanto de los empresarios de la región como de los miembros de las familias reales.

Este fenómeno ha sido descrito por algunos medios, círculos políticos e intelectuales en Occidente, como el (maléfico) producto del neoliberalismo, que permite a los “países pequeños” adquirir una gran influencia política (Borja, B. García y Mahfoud Amara, “Media perceptions of Arab investment in European football clubs: The case of Málaga and Paris Saint-Germain”, Sport&EU Review, 5(1), pp.5-20). En resumen, este artículo quiere ofrecer una visión general de los impactos y dinámicas sociales del deporte en el mundo árabe.

Hay mucho que el estudio del deporte en los países árabes –como parte de los estudios del deporte o las ciencias sociales convencionales– puede aportar para la comprensión de las diferentes dinámicas que están teniendo lugar en las sociedades árabes (en los propios países y también entre las comunidades árabes, bereberes y kurdas en la diáspora) tanto a nivel individual (atletas, profesores, culturistas, entrenadores, administradores y lideres políticos) como a nivel comunitario (fans, asociaciones deportivas no gubernamentales, gimnasios) o a nivel institucional (federaciones deportivas, comités olímpicos nacionales, prensa deportiva).

El deporte puede ser usado como un prisma a través del cual comenzar un análisis histórico de la creación del Estado-nación (como se ha tratado en este ensayo, en relación con el compromiso de los países árabes con las organizaciones deportivas internacionales y el reconocimiento por parte de éstas). Palestina es un ejemplo interesante. El deporte puede ser útil para un análisis antropológico de cómo el nacionalismo y la etnicidad se expresan en tiempos de crisis, en transiciones políticas y en victorias deportivas.

El deporte puede proporcionar una visión útil de la dinámica del poder entre Estados, instituciones deportivas, incluyendo la asignación de recursos, las políticas y estrategias deportivas (la carrera entre los países árabes para ser sede de competiciones internacionales es un ejemplo interesante). Estas son, por supuesto, solo unas pocas sugerencias.