El cine árabe y marroquí
“Las primaveras árabes han impulsado la evolución de los documentales, gracias los cuales muchos cineastas se dieron cuenta de que podían dar a conocer lo que estaba sucediendo en sus países”.
ENTREVISTA con Ahmed Boughaba por Elisabetta Ciuccarelli
Ahmed Boughaba, periodista y crítico cinematográfico marroquí, fue director de varios cine-clubs durante la década de 1970. Actualmente es el comisario de los Encuentros Internacionales de Cine Documental de Fez. afkar/ideas le entrevistó con ocasión de su participación en la Muestra de Cine Árabe y Mediterráneo de Cataluña, celebrado en Barcelona (3-8 de noviembre de 2015), para hacer un repaso de la situación del cine marroquí y árabe. Boughaba subraya la influencia negativa de la televisión en la forma de hacer cine hoy, las dificultades del cine de ficción árabe, el extraordinario desarrollo de los documentales, así como la necesidad de encontrar otras maneras de transmitir una cultura cinematográfica a los jóvenes.
AFKAR/IDEAS: ¿Cuál es el “estado de salud” del cine marroquí contemporáneo y, más en general, de los cines árabes?
AHMED BOUGHABA: Marruecos está a la vanguardia de los cines árabes. Un país como Argelia, que ganó una Palma de Oro en 1975 y que tenía un “cine de Estado”, o como Túnez, que en la década de los ochenta tenía un cine muy importante, atraviesan muchas dificultades. Y ocurre lo mismo en los cines de Oriente Próximo, sobre todo con los problemas políticos actuales. En cambio, Marruecos cuenta ahora con una política de Estado que nos permite llegar a producir entre 20 y 25 películas al año, y a veces incluso 27. Es decir, llegamos al nivel de Egipto que, actualmente, no supera las 30 películas. Egipto, que era un país con más de un siglo de historia cinematográfica, hace sobre todo mucha televisión, y eso está directamente relacionado con el hecho de que su cine se haya deteriorado.
A/I: Según usted ¿por qué el cine egipcio se ha deteriorado hasta su nivel actual?
A.B..: Los problemas empezaron cuando Anuar el Sadat firmó el acuerdo con Israel. Muchos Estados árabes decidieron boicotear a Egipto, y, en el mismo momento, los países del Golfo entraron en la producción. Eso hizo que impusieran sus dictados y su visión del cine, que se ha convertido casi en televisión: un cine banal, poco creativo, muy comercial, muy “limpio” y con visiones realmente reaccionarias. En cambio, observamos que hoy en día en Egipto, así como en los demás países árabes, existe un verdadero desarrollo del cine documental.
A/I: En lo que se refiere al nivel y a la calidad ¿observa usted una diferencia entre el cine de ficción y el cine documental? Si es así, ¿cuál es la causa?
A.B.: Sí, existe realmente una gran diferencia entre los dos. Ahora, en los países árabes, el cine de ficción –salvo algunas películas– es un cine más bien televisivo: son más telefilmes que películas. El documental ha empezado a evolucionar, mientras que antes estaba abandonado. Había buenas películas documentales, pero no se tenían en cuenta. Incluso ahora, las películas documentales nunca se proyectan en las salas de cine, sino que se muestran en los circuitos de los festivales, de los cineclubs o, al final, en la televisión. Las primaveras árabes impulsaron la evolución de los documentales. De hecho, en aquel momento, muchos cineastas se dieron cuenta de lo que un documental permite hacer: con todo lo que habían filmado en Túnez, Libia, Egipto, Siria, e incluso en Marruecos, podían dar a conocer lo que estaba sucediendo en sus países. Lo que me emociona de verdad, es que se puede decir que tenemos una nueva generación de directores de documentales y que, entre ellos, hay numerosas mujeres. No hay que olvidar que la tecnología ha permitido ayudar a los nuevos cineastas. Basta con que un cineasta sea inteligente y culto y tenga visión, para que pueda rodar y montar unas películas muy bonitas. En cambio, la ficción exige fondos, un presupuesto, actores y autorizaciones de rodaje. Muchos documentales se han filmado sin autorización.
El cine de ficción árabe es un cine televisivo: son más bien telefilmes
A/I: ¿Hay un tema central, ya sea desde el punto de vista de los contenidos o de la realización cinematográfica, que una la producción del cine documental marroquí contemporáneo?
A.B.: En lo que se refiere a las temáticas, la mayoría de las películas documentales marroquíes contemporáneas se interesan por los años de plomo. La televisión desempeña un papel muy importante, porque el público establece un vínculo entre el documental y la televisión. En Marruecos, hasta hace tres años, era imposible ver un documental, ni siquiera en la televisión, porque se tenía una idea preconcebida de él y se consideraba algo muy político y politizado. Hay que añadir que no teníamos una historia del cine documental como en Palestina, Líbano o Siria. Al desempeñar un papel fundamental, la televisión ha impuesto su línea editorial y sus dictados a los cineastas que han acabado por alinearse con la cadena que les financia. Como consecuencia, siempre somos conservadores y superficiales, y nunca vamos hasta el fondo de las cosas. Al Jazeera Documentaires ha creado esta idea de documental, y ha realizado centenares de cintas creando una especie de plataforma que todo el mundo sigue. Y hay que tener en cuenta que todos los cineastas no son militantes, y que muchos de ellos aceptan la línea editorial de la cadena.
A/I: ¿Cuáles son las diferencias entre la producción cinematográfica contemporánea y la que la precedió?
A.B.: Sin duda, la relación con la censura. Antes, no había libertades. Los cineastas de la década de los setenta siempre se estaban autocensurando y esquivaban la censura con cosas muy culturales, muy intelectuales y muy personales que el público no siempre entendía. Después, hubo un periodo de transición durante el cual los cineastas se atrevieron a criticar a la sociedad, aunque sin atacar al sistema. Dos películas, Zéro de Nur Eddine Lakhmari y L’amour violé de Aziz Salmy se atrevieron incluso a recrear diálogos de la calle. En cambio, como ya he dicho, el problema del cine marroquí actual reside en el hecho de que la mayoría de los cineastas son jóvenes y están influidos por la televisión. Vemos sus películas, pero da la impresión de que no es cine. Tendría que haber en ellas diferencias entre el cine y la televisión, aunque las técnicas hoy en día se parezcan y se pueda rodar con la misma cámara tanto para la televisión como para el cine. Ahora bien, la visión cinematográfica es diferente de la de la televisión, y debe ser diferente de la de la televisión. Además, muchos han descubierto que las películas que funcionan son las películas cómicas que no son realmente –salvo algunas– películas que contengan un mensaje crítico, y que gracias a la técnica pueden hacer películas al estilo estadounidense, películas policiacas.
A/I:Más allá de la presencia de las películas árabes en los festivales dedicados específicamente a esta región, ¿por qué es tan difícil que una película árabe pueda entrar en la selección oficial de los grandes festivales internacionales o en los circuitos cinematográficos europeos?
A.B: Actualmente eso es imposible. Argelia ganó una Palma de Oro en 1975, pero, en general, en los grandes festivales internacionales, las películas marroquíes y árabes participan en secciones paralelas. Los grandes festivales son muy exigentes, y todavía no hemos logrado hacer películas perfectas, por lo que nos resulta difícil imponernos. No hemos conseguido tener un cine fuerte como, por ejemplo, el de Corea del Sur o Polonia, porque necesitamos medios, necesitamos cineastas que sean intelectuales y necesitamos grandes actores. En el mundo árabe, no tenemos una gran historia en la producción de películas; solo teníamos a Egipto y, en menor medida, a Líbano. La industria y la cultura cinematográficas son bastante nuevas en nuestros países. Además, no nos dan la posibilidad de hacer marketing, porque el cine también es una cuestión de marketing.
No hay circulación interábe, ni siquiera de las películas magrebíes coproducidas
A/I: ¿Qué tipo de relación mantiene la industria cinematográfica marroquí con la de los demás países árabes? Más allá de la presencia del cine egipcio, ¿cuál es la situación en lo que se refiere a la circulación de las películas entre los países árabes?
A.B.:Ninguna. No hay circulación interábe, ni siquiera de las películas magrebíes coproducidas circulan entre los países árabes. Yo tengo la oportunidad de ver muchas películas árabes porque viajo y participo en los festivales internacionales. Ahora bien, hay problemas políticos en este aspecto, porque ustedes dicen “el mundo árabe”, pero nosotros decimos “los mundos árabes”: siempre estamos en conflicto. Además, la televisión no desempeña un papel de acercamiento porque nunca emite las películas realizadas en los demás países árabes, salvo las películas egipcias.
A/I: Al igual que en Europa, en Marruecos también se lamenta la disminución del número de salas de cine. ¿Cuál es la situación real tanto en las ciudades como fuera de los grandes circuitos urbanos como Rabat o Casablanca? ¿Qué papel desempeñan organizaciones como los cineclubs?
A.B: A decir verdad, hace 10 años, en Marruecos había 280 salas, y ahora solo tenemos 36, pero se dice que tenemos 48 pantallas, si se tienen en cuenta los multicines. Algunos creen que los multicines serían la solución en Marruecos porque, según dicen, el público podría elegir, pero eso no es cierto. El cine Gaumont en París, por ejemplo, cuenta con 30 salas, pero en la mayoría se proyectan películas estadounidenses. Beni Mellal, Nador, Larache y Agadir son ciudades grandes, pero no tienen salas de cine, y en Rabat solo tenemos cuatro. Y mejor no hablar de las ciudades pequeñas. Los cineclubs tienen que trabajar de otra manera. Hoy en día, las nuevas generaciones pueden descargar películas y tienen cadenas de televisión que emiten películas 24 horas al día. Por esta razón, los cineclubs tienen que buscar una nueva manera de transmitir la cultura cinematográfica. En primer lugar, hay que trabajar con los jóvenes en los colegios y en los institutos. Además, cuando se presenta una película, no se puede hacer como se hacía en la década de los setenta, es decir, dando información sobre el director y sobre la película, presentando la película, proyectándola y organizando luego un debate. Habría que poder analizar la película más en profundidad que en el pasado, sabiendo que la tecnología nos permite parar, ver y volver a ver ciertos pasajes. Habría que hacer una especie de clase de cine con los participantes. El método antiguo ya no funciona con las jóvenes generaciones. Para que se interesen, habría que formar a presentadores que sepan cómo captar su atención antes de la proyección de la película.
A/I: A través del Centro Cinematográfico Marroquí (CCM), a lo largo de los últimos años, el gobierno marroquí se ha convertido en uno de los mayores productores de películas en el país, si no el mayor. ¿Cómo valora usted este protagonismo?
A.B: Después de la independencia, el CCM se interesaba sobre todo por la producción extranjera, y trabajaba para atraer a las grandes producciones extranjeras. A partir de la década de los ochenta, el Estado, a través del CCM, empezó a ayudar a la producción cinematográfica, asumiendo un papel cada vez más importante. Hoy, creo que no tenemos productores profesionales, sino “ejecutores” de producción. Si el Estado estuviese en crisis y decidiese poner fin a sus subvenciones, ya no tendríamos producciones y podríamos vernos en la misma situación que Túnez, que, en los años ochenta, era uno de los mayores productores de películas, y hoy atraviesa dificultades.
A/I: ¿Cuál es actualmente el punto débil más importante y el mayor desafío del cine marroquí y de los cines árabes? ¿En qué aspectos hay que trabajar más?
A.B.: Lo más importante ahora, en mi opinión, es que necesitamos productores que sean cineastas e intelectuales.