Conversaciones israelo-palestinas

Conversaciones israelo-palestinas “Si Netanyahu no siente la presión diplomática, lo único que hará será provocar una nueva pérdida de tiempo, un lujo que no nos podemos permitir. Tenemos que encontrar soluciones definitivas ya”.

ENTREVISTA a Nabil Shaath por J.G.

Nabil Shaath es un veterano de la política palestina. Nacido en 1938 en Safed (Israel), pasó a ser uno de esos cientos de miles de refugiados que dejaron su tierra natal para encontrar acomodo en los países vecinos. En su caso en Egipto, donde cursó sus estudios universitarios, que luego completó en la Universidad de Pensilvania (EE UU). También trabajó como docente en la Universidad Americana de Beirut (Líbano), donde coincidió, entre otros, con el luego primer ministro Salam Fayyad. Ingresó en la Organización para la Liberación Palestina (OLP) en 1970, convirtiéndose posteriormente en su primer representante ante Naciones Unidas. Shaath formó parte del equipo de negociadores palestinos que acudieron a la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, y fue uno de los redactores de la Declaración de Principios que en 1993 puso en marcha el Proceso de Oslo. Entonces se convirtió en jefe del equipo de negociaciones del Acuerdo Gaza-Jericó, en virtud del cual Israel comenzó su retirada de las áreas autónomas palestinas en Cisjordania y la Franja de Gaza. Durante los sucesivos gobiernos de Yaser Arafat, fue diputado del Consejo Legislativo y desempeñó la cartera de Asuntos Exteriores, además de la de Planificación y Cooperación Internacional. Esta dilatada experiencia hace que hoy sea uno de los mejores conocedores del proceso negociador. Shaath recibe a AFKAR/IDEAS en las oficinas de la OLP en Ramala.

AFKAR/IDEAS: Acabamos de cumplir el vigésimo aniversario de la Declaración de Principios. ¿Qué factores hicieron posible el proceso negociador?

NABIL SHAATH: El proceso negociador en realidad comenzó en 1988, cuando el Consejo Nacional Palestino, reunido en Argel, proclamó su Declaración de Independencia, a la vez que reconoció el derecho de Israel a existir en paz y seguridad. En esos momentos la OLP estableció dos condiciones para las negociaciones, que fueron las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas. Por desgracia tuvieron que pasar 14 años hasta que EE UU y la comunidad internacional reconocieran la legitimidad y honestidad de nuestras posturas, algo que hicieron en 1982 tras la invasión israelí de Líbano. Entonces establecimos las bases del proceso junto a algunos miembros del “campo de la paz” en Israel, que se reunieron con nosotros a pesar de que éramos considerados miembros de una organización terrorista. La primera Intifada (1988-1991) hizo a Israel consciente de la necesidad de resolver la cuestión palestina, mientras que el colapso y desintegración de la Unión Soviética y la guerra del Golfo hicieron posible la Conferencia de Paz de Madrid de 1991.

A/I: ¿Cómo comenzó entonces el Proceso de Oslo?

N.S.: La elección de Isaac Rabin y la formación de un gobierno de izquierdas en Israel posibilitaron la creación de grupos de trabajo israelo-palestinos. Entonces acudimos a los ministros de Asuntos Exteriores de países europeos como Holanda, Austria y Suecia, porque pensamos que podrían ser los padrinos ideales del proceso, pero estos se negaron. Finalmente el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega ejerció de mediador, algo que hizo con eficacia y discreción.

A/I ¿Qué destacaría usted del Proceso de Oslo?

N.S..: El Proceso de Oslo supuso un método totalmente innovador, a la vez que posibilista. El hecho de que las cuestiones de Estatuto Definitivo quedaran relegadas al final, mientras negociábamos y aplicábamos las cuestiones de carácter interino, lo convirtió en un proceso muy creativo. Por otro lado, el que el proceso fuera muy personalista –al estar asociado a las figuras de Rabin y Simón Peres– terminó resultando contraproducente. Sin embargo, posibilitó que, por ejemplo, más de 250.000 refugiados volviéramos del exilio a Cisjordania y la Franja de Gaza, y que Israel pusiera fin a sus políticas de deportación de palestinos. Sin embargo, las cuestiones del Estatuto Definitivo quedaron postergadas indefinidamente.

A/I: ¿Qué otras lecciones aprendieron de Oslo?

N.S..: La experiencia de Oslo nos permitió concluir que el proceso negociador no debe ser bilateral. Necesitamos de una tercera parte que supervise la aplicación de los acuerdos y con capacidad de arbitraje. Otra conclusión es que no debemos buscar otro acuerdo interino que postergue las cuestiones estructurales, sino que debemos negociar todas y cada una de estas cuestiones. Pensamos que el establecimiento de fronteras provisionales no es una buena idea, debemos establecerlas de inicio, basándonos, como le decía antes, en las resoluciones 242 y 338 de Naciones Unidas.

A/I: ¿Qué llevó al colapso del Proceso de Oslo?

No debemos buscar otro acuerdo interino, debemos negociar todas las cuestiones estructurales

N.S..: En mi opinión el colapso de Oslo fue motivado por varios factores. El primero fue el asesinato de Rabin. Le aseguro que cuando le comuniqué la mala noticia a Arafat, este cayó sentado sobre su silla y dijo: “han matado el proceso de paz”. Solo dos semanas antes habíamos estado con él en Washington y había reconocido la necesidad de crear un Estado palestino independiente. Pero su asesinato y la elección de Benjamín Netanyahu en 1996 abortaron esta posibilidad. Igualmente la elección de Ehud Barak como primer ministro, pues aunque era del Partido Laborista, como Rabin y Peres, tenía una actitud totalmente diferente. Por un lado, se negó a mantener contacto directo con Arafat, siempre utilizaba intermediarios. Por otro, relegó todas las cuestiones clave a la negociación del Estatuto Definitivo, mientras postergaba la implementación de otras cuestiones menores que ya habíamos acordado, lo que provocó un hastío y una desesperación que al final terminaron explotando en forma de la segunda Intifada.

A/I: Pero él insiste en que en las negociaciones de Camp David (2000), puso sobre la mesa la oferta más generosa hecha por ningún gobierno israelí…

N.S.: Yo diría que en vez de la oferta más generosa hizo la oferta más engañosa. Es decir, que al no hacer circular ningún papel ni mostrar ningún mapa –sino que la condición es que todos ellos permanecieran dentro de las salas de reunión– logró engañar y negarlo todo ante la opinión pública israelí. Al final se trataba de su palabra contra la nuestra. El entonces presidente de EE UU, Bill Clinton, tomó partido por él, para ayudarle a ganar las elecciones que, sin embargo, perdió, dando paso al gobierno de Ariel Sharon. Además, los porcentajes de retirada de Cisjordania y la Franja de Gaza eran totalmente insuficientes, aunque él intentara que la opinión pública pensara lo contrario.

A/I: Mientras que Barak reprocha a los palestinos que se achantaran en Camp David, hay quien dice que fue él quien se achantó en Taba.

N.S..: Las negociaciones de Taba fueron totalmente diferentes a las de Camp David. Entonces el lado israelí estuvo representado por una especie de Dream Team formado, entre otros, por Yosi Beilin, Yosi Sarid y Shlomo Ben Ami. Pasamos de discutir sobre la devolución del 79% de los Territorios Ocupados a hablar del 97%. Esto sí que supone una base sólida para la negociación, como también lo son los llamados “parámetros de Clinton”. Por ello pienso que cuando el actual gobierno israelí dice que quiere comenzar a negociar desde cero, es un grave error. Habría que comenzar a negociar sobre las bases establecidas en las negociaciones de Taba y los parámetros de Clinton.

A/I ¿Cree usted que el actual gobierno israelí quiere realmente negociar?

N.S..: Pienso que hay algún ministro y diputado del partido de Yair Lapid, Yesh Atid, que sí está dispuesto, así como los de Hatnuá que lidera Tzipi Livni, pero ni el Likud de Netanyahu, ni el Israel Beitenu de Liberman, ni el HaBayit HaYehudi de Bennett quieren. Así que creo que las posibilidades de éxito son muy exiguas. Los partidarios de la paz se encuentran dentro de otros grupos parlamentarios de la Knesset. Por lo tanto, he de decirle que soy bastante pesimista sobre el desenlace de esta nueva ronda negociadora. Especialmente después de ver cómo siguen construyendo nuevas viviendas dentro de las colonias, cómo siguen restringiendo nuestro acceso a Jerusalén, cómo siguen confiscando propiedades basándose en la legislación de propietarios ausentes, cómo demonizan la Franja de Gaza. Así resulta muy difícil, sino imposible, que las negociaciones lleguen a buen puerto.

A/I: ¿Cree que EE UU está realmente comprometido con su éxito?

Antes de articular un plan de inversiones y desarrollo económico, tenemos que sentar las bases políticas

N.S..: A pesar de los buenos oficios y los grandes esfuerzos que está desplegando el secretario de Estado, John Kerry, pienso que EE UU no ha aprendido la lección. Parece mentira que ahora esté intentando convencer a la Unión Europea para que postergue la aplicación de sus sanciones a aquellas instituciones y centros de investigación ubicados en los Territorios Ocupados. Parece mentira que Kerry no se haya dado cuenta de que el actual gobierno israelí solo negociará bajo presión, tal como hizo el de Isaac Shamir en 1991. Shamir nunca habría acudido a la Conferencia de Madrid de no haber sido porque el gobierno de George Bush padre y James Baker congelaron los créditos y ayudas financieras. Si Netanyahu no siente la presión diplomática, lo único que hará será provocar una nueva pérdida de tiempo, un lujo que no nos podemos permitir. Tenemos que encontrar soluciones definitivas ya.

A/I: ¿De qué forma un ataque de EEUU en Siria podría afectar a las negociaciones?

N.S..: Nosotros estamos en contra de que EE UU y sus aliados lancen un ataque contra Siria. Pensamos que no ayudará a solucionar el problema, sino quizás lo agrave más y, entre tanto, lo único que logrará es acabar con la vida de más gente inocente. Creemos que una eventual intervención
militar en Siria por parte de la Administración Obama haría que esta tuviera demasiados frentes abiertos, lo que aprovecharía Netanyahu para congelar sutilmente el proceso y hacer encallar las negociaciones.

A/I ¿Qué nos puede contar del plan de inversiones para Cisjordania presentado ante la última reunión del Foro Económico Mundial que se celebró en el mar Muerto?

N.S..: Creo que es una muy buena idea, pero antes deben darse las condiciones políticas que lo hagan viable. Tenga en cuenta que nosotros primero tenemos que ser libres e independientes, y solo a partir de ahí podemos aspirar a ser prósperos económica y financieramente. Tenga en cuenta que nosotros todavía no gestionamos nuestro propio territorio ni nuestros recursos naturales, y no disfrutamos de libertad de movimiento, ni de personas, ni de mercancías, ni de capitales, ni de servicios. Primero tenemos que sentar todas estas bases y solo sobre estas podremos articular un plan de inversiones
y desarrollo económico.

A/I: ¿Pero piensa que este plan de inversiones privadas podría resultar más eficaz que las inversiones públicas que acompañaron al Proceso de Oslo?

N.S.: Es cierto que los grandes proyectos de infraestructuras fueron financiados gracias a la ayuda internacional, pero también hubo inversión privada. Empresarios y hombres de negocios palestinos que viven en el exilio invirtieron unos 1.000 millones de euros para poner en marcha proyectos propios de la ANP, como por ejemplo la Bolsa de Valores. No obstante, como le decía antes, nuestra principal prioridad debe ser obtener la soberanía sobre nuestro territorio y sus recursos naturales y, a partir de ahí, hacer todo lo posible por crear riqueza y generar puestos de trabajo. El llamado “dividendo de la paz” vendría a dar un empujón económico a la región, que no solo sería positivo para nosotros, sino también para los israelíes. Si las negociaciones hicieran posible un escenario de estas características, entonces estoy convencido de que nuestros empresarios estarían dispuestos a volver a arriesgar su dinero para contribuir a la prosperidad económica del nuevo Estado de Palestina.