Congreso Mundial Movimientos Humanos e Inmigración: un reto para el siglo XXI

Los migrantes como actores del desarrollo, la creación de oportunidades, el entendimiento.

Marta Rovira, Coordinadora Congreso MHI

El Forum Universal de las Culturas Barcelona 2004 acogió entre el 2 y 5 de septiembre el Congreso Mundial Movimientos Humanos e Inmigración (MHI), organizado por el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) y Forum 2004.

Con el objetivo de contribuir a la identificación de los retos y perspectivas que implica la existencia de casi 200 millones de migrantes en el mundo, el Congreso reunió a expertos, actores de la sociedad civil y responsables políticos de diversas procedencias. Partiendo de la idea compartida de que la movilidad humana puede ser un verdadero vehículo para el completo desarrollo del potencial humano y llegar a construir un mundo más justo, los casi 1.900 participantes y 269 ponentes de 64 países pudieron compartir reflexiones, opiniones y experiencias a través de una amplia oferta de actividades (sesiones plenarias, diálogos, sesiones regionales, experiencias, sesiones “Yo también he sido inmigrante”, talleres de cine y exposiciones).

Los ejes temáticos del Congreso –globalización, diversidad cultural y justicia– sirvieron como marco para abordar temas específicos y debatir propuestas en cada una de las sesiones, cuyos resultados pueden consultarse directamente en la página web del congreso www.mhicongress.org. Entre las principales conclusiones apuntadas en la sesión de clausura por el relator general, Manolo Abella, jefe de la Dirección Internacional de Migraciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), destaca la constatación de que la migración es un fenómeno en aumento como consecuencia inevitable de la globalización.

En este contexto de un mundo más comunicado, tanto las diferencias demográficas como la brecha entre países ricos y pobres representan un estímulo en las personas para que abandonen sus hogares en busca de mejores perspectivas. Sin embargo, en el Congreso se trataron las diversas causas de las migraciones, más allá de las desigualdades económicas. Se reconoció la importancia de los conflictos, la falta de libertades, la injusticia como una de las causas más importantes. Como propuesta de solución se apuntó a la necesidad de dedicar más recursos a la prevención de conflictos para evitar, en primer lugar, los movimientos masivos de refugiados. Se trataron también los problemas que sufren los migrantes, bajo el epígrafe de “efectos no deseados”.

El tráfico de personas, la irregularidad, los problemas de salud mental debido a situaciones extremas, y la exclusión social. Para evitar los efectos no deseados es primordial reconocer que las condiciones de vida deben mejorar en todas partes, a fin de que las personas que se desplacen lo hagan libremente y porque lo desean. En definitiva, por lo tanto, gestionar las migraciones no implica sino un reto de ampliar el desarrollo y el respeto por los derechos humanos. Otra de las necesidades que se identificaron en el Congreso fue la de repensar el concepto de migración. Desde el punto de vista de la identidad, el transnacionalismo y la diversidad cultural generan nuevos retos, también en la cohesión social.

Desde la perspectiva de los mercados laborales, nuevos conceptos son necesarios para comprender las exigencias de las economías modernas y de las sociedades, al igual que es conveniente liberalizar los movimientos de personas a través de fronteras nacionales y flexibilizar el acceso a la protección social en diferentes países. Asimismo, hay que reconocer el enriquecimiento mutuo que conllevan los movimientos humanos, en origen y en destino, especialmente en su papel de tender puentes hacia los cambios sociales en los países de origen, como el progreso hacia los principios de la democracia y las libertades, a parte evidentemente de los beneficios que conlleva la movilidad transfronteriza del trabajo.

En cuanto a la integración y cohesión social en un entorno de creciente diversidad, se identificó la necesidad de promocionar infraestructuras sociales e instituciones políticas que promuevan la no-discriminación y que permitan a las minorías de inmigrantes la participación en la sociedad de acogida. Sin embargo, esto conlleva también una corrección de las imágenes negativas que se han asociado a la movilidad humana, que entraña un esfuerzo colectivo. En particular de los medios de comunicación, pero también apuntando al papel de la educación y del fomento de valores tales como la justicia y el diálogo.

Todo ello se vinculó con la necesidad de un diálogo social en la construcción de las políticas de migración, que sean sensibles a los derechos humanos de los migrantes pero como capaces de proteger los intereses de la sociedad de acogida. Finalmente, el Congreso hizo una llamada a la cooperación internacional. La globalización de las migraciones obliga a un enfoque que va más allá de los intereses de cada país, incluso más allá del bilateralismo, en la gestión de las migraciones, que tenga en cuenta los contextos regionales y que implique compartir la responsabilidad de su gestión, sin caer en enfoques demasiado securitarios.

Tanto las Naciones Unidas como otras organizaciones internacionales e intergubernamentales deben tener un papel esencial en la formulación y promoción de unos principios aceptables para todos que definan un marco multilateral de gestión de la migración. Como resultado del Congreso MHI, hay que esperar que las propuestas planteadas sean la aplicación real de la positivación de las migraciones. Como dijo Juan Goytisolo en la sesión inaugural: “Pero el hombre no es un árbol: carece de raíces, tiene pies, camina. Desde los tiempos del homo erectus circula en busca de pastos, de climas más benignos, de lugares en los que resguardarse de las inclemencias del tiempo y de la brutalidad de sus semejantes.

El espacio convida al movimiento y se inscribe en un ámbito mucho más vasto y en continua expansión”. En estos inicios del siglo XXI, sin duda las migraciones son un factor de cambio positivo en el mundo, siempre que se gestionen correctamente, tanto desde la perspectiva de los intereses de los Estados, como desde la perspectiva de los intereses de los actores: los migrantes.