Capacidades y participación de las diásporas árabes

Los nuevos emigrantes han desarrollado espacios de comunicación con sus países de origen, impulsando el desarrollo, sobre todo en las fases de transición.

Abdelkader Latreche

En Europa, Norteamérica, Australia, los países del Golfo y el África Subsahariana, las migraciones árabes se caracterizan por la emergencia de nuevos tipos de emigrantes. Estos nuevos emigrantes, integrados por ejecutivos y empresarios con competencias científicas y técnicas, han desarrollado nuevos espacios y formas de comunicación con sus países de origen. Junto a otros factores, esos nuevos rostros de las migraciones árabes impulsan el desarrollo y el crecimiento, y hasta la modernización de las economías y sociedades árabes, sobre todo durante las fases de transición en las que están inmersos algunos países de la región.

De ahí que varios Estados árabes consideren una prioridad la participación de las diásporas en el progreso nacional. En 2009, en colaboración con la Organización Internacional para las Migraciones, Rabat dio el pistoletazo de salida al estudio de la movilización de las competencias de los marroquíes residentes en el extranjero para el desarrollo económico y social de Marruecos. Otros países árabes como Líbano, Sudán, Palestina o Siria han puesto en marcha, con la ayuda del PNUD, programas de Transferencia de Conocimientos a Través de los Expatriados Nacionales (TOTKEN, en sus siglas en inglés), para aprovechar el saber de sus diásporas científicas expatriadas.

Diásporas científicas procedentes de los países árabes en el extranjero

Hoy las migraciones de personas originarias de los países árabes han conocido una ampliación de los radios de acción de los flujos. Esta ampliación, que ha transformado el rango de movilidad de los ciudadanos, se ha visto acompañada de una diversificación de los perfiles de los inmigrantes, en particular con la aparición de personas cualificadas y altamente cualificadas. Indiscutiblemente, todos los datos relativos a las características de los inmigrantes en los países de acogida en Norteamérica, Australia, Europa y los Estados árabes ponen de manifiesto la presencia numerosa de población cualificada y altamente cualificada entre los inmigrantes de ascendencia árabe. A menudo se trata de personas con empleos cada vez más cualificados en los sectores de la sanidad, la enseñanza y la educación, las nuevas tecnologías, los servicios…

En la actualidad, es manifiesta la importante presencia de población originaria de los países árabes entre los profesionales cualificados tanto en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá) como en Europa. Este nuevo marco de las migraciones árabes se constató a partir de principios de los años ochenta, con la crisis de las profesiones de ingeniero y médico en los países árabes. Esa inmigración se dirigía tanto a territorios tradicionales como nuevos de inmigración de personas procedentes de los países árabes. Los destinos prioritarios de estas nuevas caras de la inmigración árabes fueron, en primer lugar, los países donde habrían cursado sus estudios, como Francia y Reino Unido, seguidos por EE UU y Canadá.

Estados Unidos –país que, según la Oficina Internacional del Trabajo (2004), ha absorbido en los últimos años más del 81% de la inmigración procedente de los países en desarrollo– es cada vez más un destino prioritario para los profesionales cualificados árabes. Por otro lado, están los países árabes, en especial los del Golfo, que cada vez atraen más a las competencias árabes expatriadas. En general, se plantean como segundo o tercer destino, o como un destino que llama a los titulados árabes de las universidades europeas y americanas. Unos destinos que responden a similitudes culturales.

Diversificación de los potenciales de las diásporas árabes

Las potencialidades de las competencias y las diásporas árabes expatriadas no excluyen ningún ámbito. Esta nueva realidad es fruto de la diversificación de los perfiles de los inmigrantes árabes en las dos últimas décadas, y de la globalización de las migraciones internacionales. En efecto, a consecuencia de la globalización, los perfiles migratorios se han transformado profundamente. Así, los tipos de flujos y personas en circulación se han vuelto progresivamente más variados. Se trata, sobre todo, de diplomados, ingenieros, técnicos, médicos, estudiantes, emprendedores, población de clase media u hombres de negocios. A día de hoy, los inmigrantes árabes constituyen al mismo tiempo:

– Una diáspora de conocimientos: diáspora susceptible de movilizarse, ya sea temporal o definitivamente, por el bien de su país, en varias disciplinas. Formada por personas llegadas directamente del país de origen, suele ocupar puestos intermedios, e incluso superiores, en los sectores hospitalario, educativo e informático. Forma una «élite intermedia», capaz de tender otros puentes entre los países de destino y los de origen.

– Una diáspora emprendedora: en los últimos años, los inmigrantes árabes se han aplicado al mundo empresarial en varios ámbitos, hasta el punto de que participan plenamente en el crecimiento y la actividad económica, tanto en su país de origen como en el de residencia, en especial por medio de la creación de pequeñas y medianas empresas. Una inversión que va de la mano de la contribución de los inmigrantes a la creación de empleos productivos, en varios sectores de la actividad económica.

– Una diáspora asociativa: en los años recientes, las migraciones árabes han vivido una intensificación de las redes asociativas de los inmigrantes. Unas redes asociativas correspondientes a distintas categorías sociales, incluyendo a las personas cualificadas. En Francia, Canadá, Estados Unidos, España, Italia…los movimientos asociativos surgidos de las migraciones árabes se han intensificado. Estos movimientos, constituidos en su mayoría en los noventa, los fundaron estudiantes o antiguos estudiantes. Estas asociaciones, que cuentan con identidades nacionales o regionales, corresponden a distintas categorías, como el colegio de ingenieros, el colegio de titulados de Grandes Écoles, los colegios de médicos o incluso el colegio de empresarios.

– Una diáspora desarrollista: las actividades de las diásporas árabes no se reducen a la transferencia de conocimientos. También contribuyen al desarrollo local, sobre todo mediante la puesta en marcha de programas de apoyo a la escolarización de la población infantil y a la mejora de las condiciones de vida de quienes habitan las regiones rurales, cavando pozos o construyendo escuelas.

Los roles de las diásporas árabes en la construcción de los nuevos Estados

La implicación y participación de las diásporas científicas y políticas árabes en los cambios políticos en los países que han vivido la Primavera Árabe no han tardado en manifestarse. En Túnez, la formación de los dos gobiernos de Mohamed Ghanuchi se basó en las competencias tunecinas expatriadas en varios dominios. En efecto, se confió el Ministerio de Transporte e Infraestructuras al francotunecino Yassine Brahim, titulado en 1989 por la École Centrale de París. Mehdi Huas, nacido en Marsella, empresario, recibió la cartera de Comercio y Turismo, mientras que Mustafa Kamel Nabli, el que fuera director de la sección Oriente Medio-Norte de África del Banco Mundial, fue llamado a ocupar el puesto de gobernador del Banco Central de Túnez. Este recurso se ha mantenido, e incluso consolidado, con la formación del gobierno de Hamadi Yebali (Ennahda), aunque con diversificación de perfiles.

Así, Rafik ben Abdessalem Buchlaka, doctor en política y relaciones internacionales por la Universidad de Westminster en 2003 y licenciado en filosofía por la Facultad de Letras y Humanidades de la Universidad Mohammed V-Agdal de Rabat, investigador en la Universidad de Westminster y en el Centro de Estudios Islámicos de Oxford, y responsable del departamento de investigación en el centro de estudios del canal de televisión catarí Al Yazira, es ministro de Asuntos Exteriores. En Libia, la democratización de la vida política se ha visto indiscutiblemente acompañada por la participación de las competencias libias expatriadas; una implicación patente en el regreso de las capacidades científicas y económicas libias, llegadas en su mayoría del mundo anglófono tras su paso por los países del Golfo.

Así, el primer ministro de la Libia posGadafi, Abdurrahim el Keib (libio-americano) se graduó en la Universidad de Alabama y es especialista en electricidad. Accedió al puesto de profesor en 1996, para luego asumir la dirección del departamento de Electricidad e Informática en la Universidad de Sharya (Emiratos Árabes Unidos). Desde 2006, ha estado al frente del Instituto del Petróleo de los EAU. Por su parte, el viceprimer ministro, Mustafá Abushagur, se tituló en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) en 1984. En 2006, tras ocupar varios puestos de director de investigación en instituciones académicas americanas, llega a Dubai, donde funda el Instituto Rochester de Tecnología.

La participación de las competencias árabes expatriadas no es solo cosa de hombres, también cuenta con presencia femenina. Fatima Hamrush ocupa la cartera de Sanidad del gobierno libio. Esta oftalmóloga de nacionalidad libia e irlandesa es la primera mujer ministra en Libia. Titulada en Medicina y Cirugía (MB BS) por la Universidad de Garyounis, en diciembre de 1999 se incorporaba al Colegio Real de Cirujanos de Edimburgo. Es también miembro del Colegio Irlandés de Oftalmólogos, y está especializada en glaucoma, retina y neuroftalmología. La implicación de las élites árabes expatriadas en el cambio y el desarrollo democrático de su país de origen no es un fenómeno nuevo.

Ni mucho menos: las élites árabes –véase el caso de las élites magrebíes políticas, científicas e intelectuales expatriadas en Francia, particularmente en los años treinta y cuarenta– han constituido una cantera permanente para los movimientos nacionalistas de Túnez, Marruecos y Argelia. Por eso las élites expatriadas siempre se han interesado por la suerte de su nación, sumándose activamente al movimiento nacionalista magrebí. Esta adhesión se ha convertido en toda una escuela de puestos de mando para los partidos nacionalistas. En el caso de Marruecos, destaca en particular la presencia de Ben Barka, uno de los fundadores del Partido de la Independencia (Istiqlal), y Abdelkrim Jatib, futuro jefe del Ejército de Liberación. Los estudiantes tunecinos seguidores del Neo Destur y admiradores de Burguiba (también antiguo estudiante) agrupaban un conjunto de futuras personalidades políticas.

Por su parte, el alumnado universitario argelino contaba con varios responsables políticos, entre ellos Abdelmalek Benhabiles (político), Amir Mohamed Benaissa (ministro), Mohamed el Milli (ministro)… La implicación de las diásporas árabes expatriadas no está demostrada, lo que no es óbice para organizar esa participación. Hay que incorporar las transferencias de conocimientos o las formas de participación de las competencias expatriadas a una visión global de desarrollo. Una vez adoptada esta visión, debe darse cuenta de las modalidades de participación de la diáspora y diversificar los canales.