Las comunidades egipcias en el extranjero

“La diáspora egipcia es un colectivo variado: desde los más conservadores del Golfo, las comunidades cristianas de EE UU o Canadá, hasta los inmigrantes en Europa, de perfil más intelectual y de clase media”.

ENTREVISTA con Basel Ramsis por Elisabetta Ciuccarelli

En este año y medio de mi vida no he hecho prácticamente nada más que estar comprometido con la revolución egipcia”. Así describe Basel Ramsis, cineasta y escritor egipcio de 39 años residente en Madrid desde 1998, su relación con la revolución en su país, en la que participó “como un ciudadano más”. Activista político, militó en la izquierda egipcia con la que sigue vinculado, al igual que con la revolución “que todavía no ha acabado”. Su participación política le relacionó con el movimiento del 15-M, pero su principal forma de activismo en España es su trabajo de cineasta, a través de la realización de documentales comoEl otro lado….un acercamiento a Lavapiés y Columpios. AFKAR/IDEAS habló a mediados de mayo con él sobre las revoluciones en el mundo árabe, las comunidades egipcias en el extranjero y, especialmente, la situación y el papel del cine y del arte en el mundo árabe contemporáneo.

AFKAR/IDEAS:Un año y medio después de las revueltas, ¿cómo valora la situación actual?

BASEL RAMSIS: Lo que pasó en el mundo árabe no fueron solo unas revueltas, sino el comienzo de una ola revolucionaria que creo que va a durar unos años. Pudimos ver claramente el paso de esta ola por Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin, Siria y Libia. Otros países fueron alcanzados pero en menor medida, como por ejemplo Marruecos con el Movimiento 20 de Febrero, Líbano y Jordania. A día de hoy estamos en uno de los momentos bajos de fuerza de esta ola revolucionaria. Hay un atasco en el mundo árabe a causa de tres factores. En primer lugar, por la forma en que se ha desarrollado la revolución en Libia, que se convirtió en una guerra civil, y por la intervención de la OTAN. En segundo lugar, por lo que está ocurriendo en Siria, donde la lucha se está alargando demasiado y se está convirtiendo en una batalla más bien sectaria, a causa del régimen pero también de otras fuerzas como Arabia Saudí, Israel o Estados Unidos, y con enormes divisiones en la oposición y en las fuerzas revolucionarias. El tercer factor que ha conducido a las revoluciones a este momento ambiguo es la revolución egipcia en particular. Hasta ahora no se han logrado victorias claras, a parte de la derrota de Hosni Mubarak del 11 de febrero de 2011. No se ha podido llegar a una definición de la situación que pueda dar ánimo y contagiar al resto del mundo árabe.

A/I: Después de un año y medio, ¿cuál es su opinión y qué perspectiva tiene respecto a la transición?

B.R.:No quiero hablar ni de optimismo ni de pesimismo. La política y los procesos revolucionarios están por encima del estado de ánimo de cada uno. Creo que la batalla no ha acabado, cada vez es más compleja y todavía va a durar mucho. El 11 de febrero pudimos romperle la cabeza al régimen, pero no lo hemos derrocado todavía. La situación en Egipto está paralizada. Ninguna de las tres fuerzas principales puede acabar la lucha en su favor. Es decir, el poder actual, compuesto por militares, hombres de negocios y los restos del régimen de Mubarak; los islamistas, que controlan el Parlamento, y que son la componente política más importante; y la tercera fuerza representada por el bloque revolucionario: liberales, progresistas, laicos, que intentan seguir adelante con la revolución. Tampoco tenemos que olvidar que el bloque mayoritario es el cuarto, es decir, la gente que está en casa, sentada, mirando esta batalla desde hace un año y medio y que, a veces, se acerca a un bloque y a veces a otro. La lucha entre el pueblo y las fuerzas revolucionarias, por un lado, y el régimen, por otro, no se va a ganar por un golpe definitivo, sino más bien por puntos y por ganar terreno. En un momento dado una fuerza se hace con un terreno, otras ocupan otro… a veces un bloque gana al otro un terreno que luego acaba perdiendo… Va a ser un proceso largo y una batalla entre fuerzas que van cambiando.

A/I: En cuanto a las comunidades egipcias en el extranjero, ¿están organizadas? ¿Pueden desempeñar un papel en la transición?

B.R.: Hay países donde hay una presencia más conspicua de egipcios y otros donde es minoritaria. Hay asociaciones, puntos de encuentro, pero no se puede afirmar que estén organizados. En realidad, los egipcios no están organizados ni dentro ni fuera de Egipto. Hay una parte de egipcios más activa en la vida pública, en la política, en la sociedad civil, pero la mayoría no lo son. La mayoría está fuera de los sindicatos y de los partidos políticos. La fase revolucionaria es el punto más alto en cuanto a auto- organización: se empiezan a formar partidos, colectivos, asociaciones, uniones de trabajadores, de estudiantes, de jóvenes, etcétera. Estamos en el punto álgido, por lo menos en nuestra historia moderna. Por otro lado, yo no hablaría de transición porque esta empieza cuando acaba la revolución y empieza un nuevo régimen. Lo que estamos viviendo es una revolución. Que el régimen militar nos dijera que estábamos ya en proceso de transición democrática desde el 11 de febrero solo nos ha perjudicado.

Los egipcios en el extranjero no están jugando el papel proporcional a su tamaño

En cuanto a la participación de la diáspora, estamos hablando de ocho millones de egipcios que viven fuera, por tanto deben desempeñar un papel clave. Por dos razones principales: porque una fuente importante de la economía de Egipto son las remesas de los inmigrantes egipcios hacia su país y sus familias y, aun más, porque es un colectivo muy variado: desde los más conservadores que pueden estar, por ejemplo, en el Golfo, a comunidades cristianas también conservadoras en EE UU, Canadá o Australia, hasta otro tipo de inmigrantes en Europa, de perfil más intelectual y de clase media. Desde los emigrados temporales que se van unos cuantos años para trabajar y ganar dinero, a los que emigran para siempre a EE UU y Canadá. Es un colectivo muy importante, pero en realidad ¿está jugando este colectivo un papel proporcional a su peso, a su tamaño real? ¡Pues no!

A/I: Pasemos a hablar de creación. ¿Cómo entra la revolución egipcia en su obra creativa?

B.R.: En este año y medio no he hecho nada como director de cine o de documentales. Estoy preparando un proyecto nuevo, que tenía ya desde antes de la revolución, pero que quedó congelado. Llegó la revolución y le dio otras características, otras dimensiones y, de algún modo, otro significado. Estamos buscando financiación. Será una película relacionada con la revolución, que tratará de cómo modificó o afectó la vida de unos cuantos personajes.

A/I: ¿Cuál es la situación del cine árabe –documental y ficción– contemporáneo?

B.R.: El cine árabe en general vive uno de los peores momentos de su historia, principalmente el cine egipcio. Si hablamos de cine árabe, normalmente nos referimos al cine egipcio, pero desde el año 2000 más o menos hay un cine marroquí, tunecino y libanés e incluso palestino muy interesante. Son las cinematografías que yo considero emergentes dentro del mundo árabe. Son generaciones nuevas de cineastas árabes que intentan buscar nuevos elementos en el cine, que están buscando un camino. Yo creo que hay algo más fresco en el trabajo de estas generaciones, sobre todo en el ámbito documental. Incluso me atrevo a decir que estamos en uno de los mejores momentos del género documental, que está viviendo una época esperanzadora, y estamos en uno de los peores momentos en ficción, y esto ya desde antes de las revoluciones. Sin embargo, siguen surgiendo algunas películas de ficción interesantes así como documentales malos.

A/I: ¿Cómo está reflejando el cine esta fase histórica?

B.R.: De la peor manera posible. El cine o las películas que se han hecho sobre las revoluciones no han estado a la altura. Creo que es todavía muy pronto para hacer trabajos cinematográficamente potentes sobre un proceso que acaba de comenzar y todavía va a durar años. Creo que hace falta tiempo y reflexión. Hay trabajos que salieron muy pronto, por ejemplo la película 18 días, que considero muy mala y en algunos aspectos incluso contraria a la revolución egipcia, porque la ridiculiza. Sin embargo, hasta el momento, de las muchas películas sobre las revoluciones árabes que he visto, la excepción desde mi punto de vista, es una película de Elyes Baccar, un joven director tunecino, que se titula Palabra roja y trata sobre la revolución tunecina.

A/I: ¿Cómo está abordando el mundo artístico las revoluciones?

El cine o las películas que se han hecho sobre las revoluciones no han estado a la altura

B.R.: Esta es una pregunta que me permite hacer un poco de comparación con el cine. Siempre se dice esta frase: el cine es arte, es comercio y es industria. El cine necesita capital y estructura financiera. Quien hace una película es un colectivo, no un artista solo. Como las revoluciones todavía no han triunfado, la revolución no ha llegado aun al cine, pero sí que lo ha hecho a otras formas artísticas. Por ejemplo, el graffiti vive una revolución real en todos estos países, especialmente en Egipto. Ha llegado a un nivel bastante alto y creativo. En cada esquina de Egipto está presente este arte nuevo de la mano de cientos de jóvenes. Gracias a las revoluciones, en música, escritura y poesía estamos en un momento bastante bueno. Se escriben artículos de política que van más allá de la política y en donde se mezclan elementos personales, creativos y artísticos, que pertenecen más bien a la literatura.

A/I: ¿La revolución árabe ha dado un paso más hacia una nueva “nahda” artística y cultural, era ya un proceso que se estaba desarrollando de forma más “underground”?

B.R.: Estaba ya presente antes de la revolución, pero la revolución le dio un impulso, principalmente en lo que concierne al arte urbano. No solo entre los jóvenes. En la obra de este año y medio de artistas como Muhammad Abla, Adel Issiwi o Salah Anani, tres de los pintores más importantes en Egipto, veo un camino nuevo, distinto. Veo algo diferente, incluso en la forma en la que interactúan con su público. La pintura era un arte muy elitista, muy minoritario en Egipto. Ahora las cosas empiezan a cambiar. Cuando Muhammad Abla, uno de los pintores más importantes en el mundo árabe, pinta un cuadro enorme sobre algo que ocurrió en Tahrir y lo lleva a la plaza para que la gente lo vea y discuta con él; cuando Salah Anani monta un escenario durante una de las acampadas de julio pasado para dar discursos y hablar con la gente, significa que hay algo que está cambiando en el mundo del arte.