Arte y cultura en la Turquía contemporánea

Carmen Rodríguez

Yasamak bir agaç gibi tek ve hür; Ve bir orman gibi kardescesine; Bu hasret bizim…… (Vivir como un árbol, solo y libre; Y vivir en fraternidad como en un bosque; Ésta es nuestra añoranza…….) Éstas son las palabras finales de los versos de Davet (La invitación) del poeta turco Nazim Hikmet, contemporáneo de Pablo Neruda, quien dijo de Hikmet “que su voz se había convertido en la voz del mundo”. La UNESCO proclamó 2002 como el año internacional de Nazim Hikmet, el primer poeta de Turquía que escribió en verso libre. Sus posiciones políticas le llevaron a ser encarcelado largos años en Turquía y murió en el exilio, en Moscú. La sencillez, la humanidad y la belleza de sus poemas lo convierten en un poeta universal.

En sus versos aparecen lugares geográficos, como Estambul, el amor, el alma turca, y una preocupación por las injusticias y el sufrimiento que no conoce de fronteras, como se muestra en los poemas en los que habla de la desolación y muerte producidas en Hiroshima tras la explosión de la bomba atómica, que recoge a través de poemas como el pescador japonés o la niña. Nazim Hikmet se mantiene intemporal e imprescindible. Sirva esta breve alusión a su obra para comenzar con un pequeño repaso por las principales tendencias del arte, la música y el cine en Turquía, las cuales se nutren de muy diversas fuentes.

El arte otomano en el Imperio iría dejando espacio a la influencia europea, especialmente a la francesa, a partir del siglo XIX. Una influencia que se deja ver en los palacios otomanos construidos en esa época y que se desarrolló en otros ámbitos como la pintura. En las escuelas militares se impartieron clases de dibujo con el objeto de realizar mapas y los estudiantes con más talento fueron enviados a Francia. Surge así la pintura figurativa, cuyo desarrollo hasta el momento había evitado la influencia religiosa del Islam. Osman Hamdi Bey será un exponente famoso de aquella época a la que pertenecieron artistas de origen militar y con su iniciativa se abrirá una Escuela de Bellas Artes en 1883. De Francia llegará el impresionismo que tendrá entre sus pintores otomanos a Halil Pasa.

La sociedad de pintores otomanos surgiría a raíz de todos estos movimientos en 1909. En 1914 se fundaría a su vez una Escuela de Bellas Artes para Mujeres. Más tarde, en los años veinte, los artistas turcos enviados a Europa trajeron al país el cubismo y el expresionismo. El primer Museo de Arte Moderno se abre a finales de los años treinta en Besiktas, Estambul. De esa época son también los Yurt gezileri, viajes en el país con los que se pretendía que los artistas vivieran y trabajaran en diferentes partes de Anatolia para extender el arte y la cultura modernos. La influencia, sin embargo, fue mutua.

Entre 1938 y 1944 el sucesor de Mustafá Kemal Atatürk, Ismet Inönü, pondría en práctica esta especie de programa cultural. Se promocionaron los viajes al extranjero de los artistas turcos y se trajeron instructores de otros países. En esta época se dio también un importante espaldarazo a la escultura. Con la revolución kemalista que pretende situar a Turquía en el club de “las naciones más civilizadas” se promoverá la escultura, la pintura, la música y la arquitectura occidental. Aparecerán estatuas en los edificios y en las plazas de los pueblos representando figuras humanas que rememoran la batalla de la independencia turca, elogian a Atatürk o representan la imagen del hombre nuevo, moderno.

El arte se convirtió al mismo tiempo en símbolo y instrumento de las reformas modernizadoras del proyecto kemalista. Su capital con el tiempo siguió siendo Estambul, ciudad que no ha perdido su aire cosmopolita, y cuya localización geográfica y desarmante y hedonista belleza es y ha sido un marco incomparable de inspiración. Todo ello a pesar de que Ankara sería en su configuración como capital del Estado un símbolo de la recién conformada Turquía, moderna, organizada y lineal, en contraste con la capital otomana (Marika Sardar, “Art and Nationalism in Twentieth-Century Turkey”. Timeline of Art History. Nueva York: The Metropolitan Museum of Art, 2000. Octubre 2004). Durante los años cincuenta y sesenta los artistas en Turquía desarrollaron formas de expresiones abstractas tomadas de Europa, al mismo tiempo que se produjo un re-descubrimiento de formas más tradicionales de arte turco, incluyendo la caligrafía. En las décadas siguientes los artistas experimentaron con una gran variedad de tendencias.

La situación política, muy polarizada entre los años sesenta y setenta, hará que la creación puramente artística sufra una especie de ostracismo en el que da la impresión, como explica el instructor en la Universidad Yeditepe y de la Universidad Bilgi, Marcus Graf (comisario de exposiciones de la Galería Siemens y director artístico de “Under Construction” en Estambul) de que no ocurre nada relevante. Sin embargo, a finales de los años setenta, el mercado artístico comienza a de-sarrollarse, y en 1987 tiene lugar en Estambul la primera bienal, que se convertirá en un foro internacional que atraerá a artistas de todo el mundo bajo un lema común y que irá incorporando las nuevas técnicas audiovisuales a sus exhibiciones.

Precursora de esta Bienal es la IKSV, Fundación de Estambul para el Arte y la Cultura, además de promotora del Festival Internacional de Cine que se celebra en Estambul con carácter anual, de su Festival de Jazz, que deja momentos mágicos como escuchar jazz en un barco cruzando el Bósforo, o del Festival Internacional de Teatro. Estambul se abre al mundo y pretende ser un lugar de encuentro, ¿pero se abre el mundo a los artistas turcos? Pocos son los que han logrado fama internacional, como Kutlug Ataman, Serkan Özkaya, Leyla Gediz o Haluk Akakçe. Graf también señala que, curiosamente, en el arte turco la mujer ocupa un lugar más relevante que en otros países, a pesar de que en otros ámbitos de la sociedad tenga una posición más débil.

En las universidades, por ejemplo, tanto entre el profesorado como entre el alumnado tienen una fuerte presencia que contrasta con la más escasa que se da en Alemania. La mayoría de los comisarios de exposiciones son también mujeres. Gran parte de los jóvenes artistas, por otro lado, se decantan por un lenguaje más internacional, muchos de ellos tienen miedo a ser tachados de orientalistas. Sin embargo, no faltan aquéllos que se nutren de motivos “puramente otomanos, orientales o turcos” y los deconstruyen y los usan como motivo de reflexión o ironía, o aquéllos que rescatan la esencia de Anatolia o se nutren de historias propiamente locales. Así tenemos a autores como Halil Altindere o Esra Ersen. Los artistas se quejan del limitado y poco consistente empuje que desde el Estado se da a la promoción de la educación y de la cultura en general, que da lugar a que solo una limitada clase media-alta esté interesada en el arte moderno y que el mercado se encuentre tan circunscrito.

En Estambul se ha abierto recientemente el Museo de Arte Moderno. Situado junto al Bósforo, cuenta con una exposición permanente y otras temporales y en él se puede ver el trabajo de un amplio abanico de artistas turcos. El museo tiene además una comisaria española, Rosa Martínez. Por otra parte se han hecho algunos intentos de llevar el arte a la calle, como la propuesta de promover exposiciones en determinados barrios y colegios, con el objeto de sacarlo de su ámbito habitual y acercarlo a públicos diferentes. En cuanto a literatura, la entrega del Premio Nobel en esta categoría al escritor turco Orhan Pamuk ha promocionado sus libros, pero también han revitalizado el interés por otros autores turcos. Pamuk nos acerca en sus libros la mentalidad de una burguesía de clase media acomodada, educada en parámetros europeos, donde Estambul tiene una presencia central.

También ha reflejado el pasado otomano en alguno de sus libros y cuestiones de gran actualidad política y social como las tensiones no resueltas del laicismo y la secularización con el islamismo que muestra en Nieve, que a pesar de ser un libro con un alto contenido político, es marcadamente poético e intimista. Yasar Kemal, de origen kurdo, es el otro gran famoso autor de Turquía, un serio y eterno candidato al Nobel. Su gran protagonista suele ser el campesino de Anatolia y su obra Mehmet el Halcón es todo un clásico. El escritor estuvo encarcelado por sus ideas comunistas y por su defensa de los derechos de los kurdos.

En cuanto a la música, la película documental de Fatih Akin, Crossing the Bridge, puede servir de introducción, puesto que refleja la gran variedad musical en Turquía en la actualidad, con ejemplos que van desde el rap de Ceza, al rock suave y desgarrado de Duman, pasando por la mítica Sezen Aksu o la voz en kurdo de Aynur, grabada en el incomparable marco de un hamam. Son solo algunos de los muchos grupos y solistas que hacen de la música en Turquía sin duda una de sus joyas culturales más preciadas, donde brillan la voz de Sebnem Ferah en rock o el variado folk de Anatolia recogido e interpretado por Kardes Türküler entre muchos otros. Son muy variados los grupos y tendencias que se reflejan en el documental de Fatih Akin que de nuevo atrapa no solo el oído sino la vista al contar con Estambul como marco aglutinador donde todo es posible.

El cine sufre el mismo problema que el resto de la producción artística en Turquía, la falta de fondos, pero a pesar de eso tiene una larga y consistente trayectoria a sus espaldas, en la que se han reflejado las vicisitudes de cada época, el sentido del humor y del drama turco, así como cuestiones políticas, históricas, sociales, que dan buena cuenta de las transformaciones que ha sufrido el país a lo largo de las últimas décadas. El cine no escapó a su lado más comercial en las décadas de los sesenta y setenta. A los melodramas de los años sesenta con historias de amor simples y típicas, de vestimenta moderna pero con un fuerte sentido del conservadurismo moral, le siguieron escenarios de melodramas musicales, de estilo arabesco, y un mayor contenido erótico que pretendía atrapar un público más masculino. Tras el golpe de Estado de 1980 y la violenta represión que le siguió, el país tardó en retomar su pulso normal tanto en el ámbito social como en el intelectual.

Películas como Yol (El camino) serán testigo de la dureza de aquella época. En la actualidad, el cine turco sigue ampliando su registro y es capaz de mostrar con frescura y un estilo propio los conflictos de las nuevas generaciones, como en Iki Kiz, (Dos chicas), o en Oyun (La obra) que retrata la vida de nueve mujeres protagonistas de una obra de teatro en un pueblo, mostrando con sentido del humor algunos de los principales problemas de las mujeres en Turquía. La película Even donüs (Regreso a casa), de reciente estreno, vuelve al escenario del golpe de Estado de 1980 y Beyza􀀀 nin Kadinlari (Las mujeres de Beyza) se adentra en los escenarios de los asesinatos en serie. Son solo algunos ejemplos de una industria cinematográfica que, aún con muchas limitaciones, es capaz de producir películas con un sello propio y al mismo tiempo, abiertas a nuevas influencias.

Anlat Istanbul (Cuenta Estambul) recoge varias historias basadas en clásicos cuentos de la literatura infantil que tienen por escenario una noche en Estambul, aunque sus protagonistas reflejan historias actuales de cenicientas travestis y blancanieves con madrastras mafiosas, o un flautista de Hammelin engañado por su mujer. En los últimos años ha destacado Fatih Akin, de origen turco y nacionalidad alemana, que ha sabido contar con gran contundencia los dilemas y contradicciones de las nuevas generaciones de turcos que viven en Alemania. Es obligado mencionar la película Kurtlar Vadisi (El valle de los lobos), que contó con un presupuesto económico considerablemente mayor que el de una película turca habitual y, a pesar de su forzado y grotesco guión de buenos y malos, fue un éxito de taquilla. Otra cuestión interesante es el mundo de la caricatura que, en Turquía, como explica Asli Tunç, ha contribuido al proceso de democratización del espacio político.

En la actualidad la revista Penguen, por ejemplo, avanza siempre en sus primeras páginas una visión caricaturizada y cómica de la realidad nacional. Todavía hay ciertas líneas rojas como el problema kurdo, los militares o Atatürk peligrosas de cruzar. Incluso hace relativamente poco, el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, llevó a los tribunales a varios caricaturistas por manchar su imagen al representarlo como diferentes animales, pero los dos casos han sido sobreseídos. A pesar de estas restricciones en ciertas cuestiones, “consideradas delicadas”, las cuales también han cambiado con el tiempo, los dibujantes de cómics han aportado su lucha por crear un espacio político más libre. En los años noventa, por ejemplo, el cómic Leman, se caracterizó por tratar asuntos como la cuestión kurda, la creciente presencia del Islam y los militares.

Por último, sería interesante hacer una mención especial a Estambul, un escenario esencial para todos los movimientos artísticos y culturales destacados aquí o que nos hemos dejado en el tintero por falta de espacio. Una obra de la naturaleza y del arte en sí misma, a pesar de su insuficiente restauración y de sus muchas destartaladas y míseras calles que conviven con la más exquisita bohemia, un glorioso pasado otomano y bizantino y toques neoyorkinos y franceses. Un mayor movimiento social está intentado promover una necesaria descentralización de la producción cultural en el resto del país, y uno puede encontrarse con gratas sorpresas en la Capadocia o en Diyarbakir, pero aún queda mucho por hacer para expandir y promover el arte, la cultura en Turquía, disfrutando Estambul por ahora de un distintivo y marcado empuje.