Cevital y Unión Financiera, apuestas ambiciosas

Ante la ausencia de un Magreb integrado, las empresas privadas de Túnez y Argelia establecen vínculos llamados a reforzarse.

Francis Ghilès

En el Magreb emergen emprendedores gracias a los que los países de la zona se integran poco a poco en la economía mundial. Reseñamos aqui dos ejemplos, Cevital en Argelia, y Groupe Financière de Túnez.

Cevital, un gran reto para la Argelia del mañana

En los inicios de 2007, Argelia es como una gran obra. Sin duda es una obra un poco desordenada, donde a menudo florece la corrupción, donde la incoherencia de algunas decisiones o falta de ellas es moneda corriente. Sin embargo, en este Lejano Oeste situado a las puertas de Europa, se han derrumbado numerosos tabúes heredados de una generación en la que destacaba el predominio absoluto del Estado.

El Estado y algunos de sus barones son a la vez poderosos y débiles, están presentes y también muy ausentes. Los contrastes regionales son sorprendentes, en la medida en que eso es posible entre ciudades vecinas. Orán es un caos urbano que demuestra una vitalidad efervescente y que, en verano, hace alarde de una alegría de vivir de-senfrenada en los locales nocturnos de La Corniche, que no tienen nada que envidiar a los del Soho de Londres, del Marais en París o Chueca en Madrid. La cercana Mostaganem y Tlemcem, capital de la antigua dinastía de los Zianidas, son más tranquilas y están más cuidadas, más centradas en ellas mismas.

Éste es otro planeta. La universidad Abubaker Belkaïd de Tlemcem haría honor a un campus universitario francés o español de calidad, con su césped cuidado, su gran biblioteca y sus aplicados alumnos. A continuación, al este de Argel, está el valle de Sumam, que se extiende en forma de arco rodeando el sur de la Gran Cabilia y soporta numerosas obras: autopistas, nuevas viviendas, fábricas y carreteras de circunvalación. Allí todo es nuevo o está en construcción. La estética es inexistente la mayoría de las veces, pero la capital de la Pequeña Cabilia, Bugía, sufre atascos dignos de una ciudad occidental y lucha por adecuar sus equipamientos urbanos a una ciudad atestada de refugiados de las luchas fratricidas de los años noventa, que empujaron a decenas de miles de hombres y mujeres a huir de las montañas vecinas.

Sin embargo, Bugía es una ciudad con un pasado glorioso que conserva sus antiguos fuertes otomano y español del siglo XVI, así como su barrio francés, y que domina una magnífica bahía y unas espléndidas vistas sobre la cordillera de Yuryura y la montaña de la Guraya (la santa), que custodia la vieja ciudad. Según la leyenda, 99 santos musulmanes nacieron en la montaña cuya silueta recuerda el cuerpo de una mujer. Este padrinazgo y este pasado glorioso contribuyeron en gran medida a hacer de ella, entre los siglos XI y XIV, uno de los grandes centros de la cultura y del comercio del Mediterráneo occidental: su biblioteca puede presumir de albergar 100.000 volúmenes; el filósofo Ramon Llull, nacido en Mallorca, residió aquí hace siete siglos y mantuvo unas “controversias” que se hicieron célebres con los intelectuales de la ciudad; también vivió aquí el matemático Leonardo de Pisa, llamado Fibonacci, que introdujo el uso de la numeración árabe en Occidente.

Así pues, Bugía puede invocar su nobleza intelectual histórica para restablecer el comercio de los bienes y del espíritu, y para promover los intercambios comerciales y universitarios. Dos instituciones representan el reciente progreso de Beyaia: Cevital, primera empresa privada de Argelia, cuyos empleados, 3.000 de los 6.000, trabajan en la producción y refinado de aceite vegetal, de margarina y de azúcar; y una universidad abierta, más que ninguna otra en Argelia, a la empresa tanto pública como privada, a las poblaciones territoriales cercanas y, cada vez más, al mundo. Su infatigable rector, el profesor Djoudi Merabet, especialista en el sector minero de Argelia, recuerda a veces a un director de una universidad anglosajona: en primer lugar su trato es cordial, siente curiosidad por todo, es práctico y tiene una fe ciega en el futuro de su ciudad, de su región y de su país.

Cuando pasea por los dos campus de la universidad Abderrahman Mira, cuyo nombre procede de uno de los héroes de la independencia de Argelia, el rector da la impresión de conocer personalmente a un buen número de estudiantes, a los que aborda sin más para interesarse por sus problemas. La universidad cuenta actualmente con 26.700 alumnos, el triple que en 2000. A las facultades de Ciencias de la Ingeniería, de Ciencias de la Vida y de Letras, acaban de sumarse una facultad de Derecho, una de Ciencias Exactas y de Tecnología, y otra de Ciencias Médicas, además de un Instituto de Estudios del Amazigh, lengua que constituye el zócalo antropológico de la cultura norteafricana. Cuando el autor de estas líneas impartió allí tres conferencias, los alumnos demostraron estar bien informados, interesados y profundamente deseosos de comunicarse con Europa.

De España saben poco; sin duda es una baza que hay que jugar. Al visitar la fábrica de Cevital, me sorprendió la juventud de sus ejecutivos, su disponibilidad para explicar lo que hacen, su curiosidad, su falta de dogmatismo y el hecho de que todos ellos, hombres y mujeres, se hubieran formado en la universidad de Bugía. La voluntad de enlazar empresa y formación es representativa de la gestión del rector, pero también de la del fundador de Cevital, Issad Rebrab.

Este visionario de la industria privada en Argelia, cuyas empresas crearon más de 1.000 empleos en 2005, apuesta por la creación de miles más de aquí a 2010 y tiene un sueño: el de un sector privado diversificado, reconocido como actor importante en la creación de empleo y formación, en una Argelia que sale de unos años difíciles, cuya juventud emigrará si no encuentra formación, empleos, viviendas y salud para ella y para sus hijos. Actualmente, la actividad de Cevital está centrada en su rama agrolimentaria, pero la empresa está comprometida de forma decisiva con la diversificación: entre 2005-2010 está previsto invertir 115.000 millones de dinares y se financiarán con fondos propios en un 78%.

La firma de un acuerdo de colaboración con Samsung Electronics en abril de 2006 y la apertura, en el barrio de Hydra en Argel, del primer almacén que vende sus productos (marcas blancas, televisores y vídeos) además de la implantación de decenas de franquicias de aquí a algunos años, marcan una nueva etapa que fomentará la creación de numerosos empleos directos e indirectos.

Además de los sectores de actividad que ha promovido hasta hoy, el fundador de Cevital, Issad Rebrab, tiene ambiciones en cinco sectores:

– La producción agrícola: producción de cítricos en el sur argelino, productos lácteos, cultivos de hortalizas y flores en invernadero y trituración de semillas oleaginosas, unido a una estrategia de integración de la fase preliminar con la fase final, por medio del desarrollo de la distribución;

– Las energías renovables, a partir de la biodiversidad y de la producción de metanol;

– El vidrio plano y su transformación. La primera empresa de fabricación de vidrio plano ha empezado a funcionar en Larba Beni Musa. Será la más importante de África, ya que las dos únicas que existen están en Egipto y Suráfrica y no cubren las necesidades de estos países;

– La construcción, en concreto de edificios prefabricados con hormigón;

– La distribución: está prevista la apertura de grandes autoservicios destinados a mayoristas y a detallistas.

De momento, cuatro de estos proyectos están paralizados por causas administrativas, lo que subraya la dificultad que tiene el aparato del Estado para adaptarse a la existencia de las nuevas industrias privadas y comprender que “el tiempo es oro”. Hay que tener en cuenta, que el libro de cabecera de los altos funcionarios responsables de esos expedientes en Argelia nunca fue La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, el filósofo del Siglo de las Luces que sentó las bases del liberalismo, si no que se nutrieron durante mucho tiempo de la Biblia marxista. En 1981, un universitario argelino explicaba que era impensable que el Estado formara a los estudiantes para hacer de ellos “aprendices capitalistas”. Otros tiempos, otras costumbres.

Más allá del interés de los números, cuatro elementos de la estrategia de Issad Rebrab merecen ser recordados:

– Los beneficios de las empresas que funda se reinvierten en Argelia y crean empleo y riqueza; estos beneficios alimentan el presupuesto del Estado (35.000 millones de dinares desde la creación de la empresa en 1999);

– Al contrario que numerosos empresarios argelinos que realmente se dedican a la importación, exportan sus beneficios y a menudo dirigen sus empresas desde sus apartamentos parisinos, el fundador de Cevital pretende hacer crecer notablemente las exportaciones del país, aparte de los hidrocarburos. Es una noble ambición, creadora de muchos empleos, que se dirige a reanudar los vínculos con el comercio exterior, rotos desde hace 30 años con tantos socios privados extranjeros, en una Argelia empachada por sus riquezas de hidrocarburos que han ahogado la creatividad de sus jóvenes y de sus empresas privadas;

– Las nuevas actividades del grupo encajan en cierta forma unas en otras: la integración de la fase preliminar y de la fase final es una de las claves del éxito;

– Un cuarto factor es que Cevital centra su atención en la gestión de recursos humanos. Ésta es la razón del nombramiento, en 2006, de Jean Beucher, antiguo director de la Escuela Superior de Comercio de Amiens y de Angers, como director de Recursos Humanos de Cevital.

Este especialista en la gestión de empresas está convencido de que la adhesión de la gente, su implicación y su motivación son indispensables para cualquier proyecto en el mundo desarrollado de hoy, especialmente en las empresas. Es consciente de que durante muchos periodos de la civilización universal, como el Renacimiento, en las épocas de gran creatividad, el mundo económico y el mundo artístico eran afines. Está convencido de que ocurrirá lo mismo que en el siglo XIX. En otras palabras, es necesario mirar al pasado para ser innovador. Confiar la gestión de recursos humanos a un hombre experimentado como Jean Beucher da fe de la creencia en los valores del intercambio de cultura y de información, que hacen que cada vez más europeos y argelinos residentes en el extranjero vuelvan a Argelia para montar sus empresas. Es evidente que ni las normas de gestión contable y bancaria de otras épocas, ni la actitud a menudo imperialista del Estado y de sus representantes son adecuadas para facilitar este retorno, pero Argelia cambia y sus jóvenes son cada vez más receptivos a las ideas y a las prácticas que vienen de fuera.

La aventura a la que se ha lanzado este hombre discreto y convencido que es Issad Rebrab parece un sueño: ayudar a rehacer su país, construir el futuro y devolver la esperanza a una juventud que ha sufrido tanto y desde hace tanto tiempo. Es necesario soñar un poco, pero sin dejar de tener los pies en la tierra. No es una casualidad que hombres como el fundador de Cevital y el rector de la universidad de Bugía destaquen en esta gran obra que es Argelia. Es una señal de que las viejas formas de pensar y de actuar están dando paso, aunque muy despacio, a un planteamiento más moderno que permitirá a Argelia incorporarse al Magreb y al mundo que hay más allá.

El Grupo Unión Financiera, éxito discreto pero ejemplar

El Grupo Unión Financiera es un buen ejemplo del camino recorrido por la economía tunecina desde hace una generación: una pequeña empresa de montaje de vehículos utilitarios que se ha transformado en un grupo industrial y financiero diversificado, cuyas actividades incluyen la manufactura de ballestas Cotrel, la compañía de seguros Maghrebia, una sociedad de intermediación en bolsa y tres hoteles, entre ellos la estrella de la industria hotelera tunecina, el Hotel des Berges du Lac Concorde.

El grupo puede presumir de tener un volumen de negocios de 150.000 millones de dinares en 2006, lo que puede parecer poco en comparación con otros grandes grupos del mundo, pero lo que más sorprende al observador es la calidad de su cartera de actividades y, aún más, la gran parte de la producción que se exporta: el 70% de los utilitarios fabricados por Sicame y el 100% de las ballestas producidas por Cotrel. La trayectoria del muy discreto Abdelaziz Essassi es un buen ejemplo de esos directivos tunecinos de los años sesenta que, después de la decisión del presidente Habib Burguiba de parar el experimento socialista del primer ministro de entonces, Ahmed Ben Salá, en 1969 abandonan el aparato estatal para lanzarse a la aventura de la empresa privada y fundar las primeras compañías industriales de Túnez.

El primer presidente de la independencia de Túnez le dijo a Ahmed Ben Salah: “Si te dejo, te romperás como un cristal”. Ante el fracaso de este zar todopoderoso de la economía tunecina, que quería nacionalizar incluso las joyerías, y con la ayuda no precisamente casual de un duro informe del Banco Mundial, Burguiba cambió de política económica y confió la tarea de abrir la economía de un país, que tenía entonces menos de seis millones de habitantes, a Hédi Nuira, gobernador del Banco Central. Después de haber trabajado 11 años en la Sociedad Tunecina de Banca – que contribuyó en gran medida a financiar los primeros proyectos industriales promovidos por el Estado después de la independencia en 1956– Abdelaziz Essassi montó en 1970 su primer proyecto, Sicame, una empresa de construcción de equipamientos para el transporte, con dos socios extranjeros, el francés Marbel y el italiano Calabrese.

En una época en la que el triunfo del predominio absoluto del Estado marcaba todavía profundamente las mentes y los comportamientos, el nuevo empresario apostó por la exportación. Después de Sicame, impulsó Hydromeca, que producía baños hidráulicos y bombas axiales. En 1981 le siguió Cotrel, sin niguna duda, la joya de la industria pesada tunecina. A pesar de la liberalización que Hédi Nuira dirige con mano firme y prudente, a muchos en el aparato del Estado les cuesta admitir que unos empresarios privados hayan conseguido hacerse un hueco en la producción industrial; hay reticencia ideológica, pero también reticencia de los funcionarios y de los cuadros políticos, que ponen mala cara al ver que se les escurren de las manos sus prerrogativas y el control de la economía.

Una visita a la empresa Cotrel en Hamman Lif, en el extrarradio del sur de Túnez muestra el éxito de su fundador: es una fábrica abierta al exterior, el recibimiento es sencillo y directo y sus ejecutivos son eficaces. Todo está regulado como un reloj y el visitante, que se cruza en la fábrica con especialistas extranjeros, está en una unidad de producción propia de Estados Unidos o Francia. Hablará con el director de los proyectos de ampliación de la empresa, de formación de personal, de los desafíos que presentan algunos mercados extranjeros, o de la competencia asiática; en resumen, de todas las cuestiones que competen a los empresarios de todo el mundo.

Cotrel se fundó en 1981 y la producción arrancó en 1985 con los conocimientos técnicos de la empresa japonesa NKK. Actualmente, la empresa emplea a 370 personas y los socios extranjeros, que compran toda su producción, son Scania (10%), Iveco (40%) y Fiat (50%). En 1998 y en 2004, Cotrel fue elegida “mejor proveedor” por Fiat, y en 2005 por Iveco. La formación continua de los trabajadores y de los directivos; el esfuerzo para desarrollar nuevos vehículos como el modelo Fiat Ducato de 2006; la inversión creciente en la investigación (1,7% de las ventas en 2001, 2,5% en 2005); y el aumento de las ventas, así como la diversificación de las empresas extranjeras con las que trabaja Cotrel para desarrollar nuevos productos dan fe de su éxito.

La transferencia de tecnología se hace por medio de empresas internacionales de renombre. Pero volvamos a Sicame, ubicada cerca de la sede principal del grupo, próxima al aeropuerto de Túnez Cartago. Aquí se fabrican semi-remolques “a la carta” que se exportan a África y al resto del Magreb. Argelia es un mercado de exportación esencial, puesto que absorbe más de 300 vehículos por año de los 350 o 400 que se exportan en total, más que el mercado tunecino que absorbe, dependiendo de si el año ha sido bueno o malo, de 260 a 270 vehículos. Ya hay tres concesionarios privados en el vecino occidental, en Mostaganem, Batna y Argel. Sicame confirma que el Magreb de la empresa, especialmente de los emprendedores privados, está en marcha a pesar de la incapacidad de los políticos para encontrar soluciones a sus eternas disputas.

Para Sicame, como para cada vez más empresas tunecinas en los sectores de la industria y de los bienes de consumo, es obligatoria una presencia activa en Argelia. Lejos de ausentarse del Magreb, las empresas, sobre todo las privadas, trabajan y crean entre Túnez y Argelia vínculos que, hay que recordar, existen desde hace siglos. Estos vínculos están destinados a reforzarse. En cuanto al Grupo Unión Financiera, desarrolla su actividad en el sector de las aseguradoras y creó la primera compañía de seguros privada de Túnez en 1984. Nacida de una asociación con Eagle Star, reemplazada por Assitalia y recuperada enseguida por Generali, el capital del grupo se reparte entre el Grupo Unión Financiera (38%) y otros accionistas tunecinos.

A la compañía de seguros se ha añadido Unión Financiera (UF), especializada en la intermediación en bolsa y en la gestión de activos. Dirigida por el hijo del fundador, Nabil Essassi, UF orienta a los inversores a la hora de montar sus proyectos industriales y comerciales, y de asistir a las empresas ya existentes en su desarrollo (contabilidad analítica, control de gestión o auditorías). En un país cuyo sector de servicios crece deprisa, el futuro se presenta color de rosa. Otras actividades se han añadido de forma muy natural a éstas ya esbozadas, especialmente las dirigidas a la gestión del patrimonio inmobiliario, como Burak Inmobiliaria, y una sociedad de climatización y refrigeración. Actualmente, los grupos de la talla y la experiencia del Grupo Unión Financiera ya no tropiezan con las reticencias, a veces hostilidad, que eran moneda corriente entre las altas instancias del Estado en los años setenta e incluso en los ochenta, cuando una crisis financiera obligó a Túnez a promover una segunda oleada de reformas económicas profundas.

La lentitud burocrática es un hecho, igual que el exceso de papeleo y de incomprensión, pero los altos funcionarios del Estado comprenden perfectamente que el futuro de Túnez está en la exportación, y que para poner la suerte del lado de las empresas tunecinas, frente al desafío de la competencia, es necesario estimular a aquéllos y aquéllas (los fundadores y presidentes de empresas en este país musulmán son a menudo mujeres que, desde la independencia, consiguieron la igualdad de derechos antes que en otros países europeos, como Francia, España e Italia) que cuidan la calidad de sus productos y quieren exportarlos. Las cifras de crecimiento del Grupo Unión Financiera atestiguan un éxito que no por discreto es menos significativo. Hédi Nuira ganó su apuesta y, desde hace un cuarto de siglo, los gobiernos que se han sucedido en Túnez supieron seguir el camino que él había abierto.