Argelia 2014, regreso al pasado

Los comicios han provocado la movilización de figuras del régimen que preparan la sucesión desde dentro, y la de sectores de la oposición, hasta ahora divididos por fracturas ideológicas.

Rafael Bustos

Las condiciones que han rodeado las elecciones presidenciales celebradas el 17 de abril, podrían parecer normales a los observadores de la política argelina si no fuera porque se producen tres años después del inicio de las primaveras árabes. Una Primavera Árabe que no ha tenido traslación directa en la política argelina pero sí ha tenido, a pesar de ello, una influencia importante en la vida política del país. Aunque solo sea por el efecto reactivo y defensivo que han producido en buena parte de su clase política.

La ausencia de una auténtica misión de observación electoral de la Unión Europea (UE), el retraso en conceder visados de prensa a los medios internacionales, las trabas y atropellos a periodistas y medios nacionales no son nuevos en Argelia, pues nos retrotraen a la práctica habitual del país antes de los levantamientos anti-autoritarios. Lo que llama poderosamente la atención es que se sigan produciendo ahora, con la misma o mayor intensidad que antes, después de haber visto caer sistemas autoritarios en países vecinos.

Pero lo más difícil de creer es que en pleno 2014 se presente por delegación un candidato impedido física y mentalmente, se organice una campaña electoral virtual en la que el candidato no aparece, todo ello con el fin de elegir por cuarta vez consecutiva al septuagenario (77 años) y enfermo Abdelaziz Buteflika. Resulta inverosímil que en pleno siglo XXI, Argelia, un país joven, extremadamente joven y con enorme potencial, se vea abocado a confirmar en el poder a una persona debilitada que no puede valerse por sí misma. Como si las primaveras árabes no hubieran derrocado a Zine el Abidine ben Ali (74 años) en Túnez y Hosni Mubarak (83 años) en Egipto en 2011, las autoridades argelinas se empeñan en reeditar o emular a la Unión Soviética de Yuri Andropov y Konstantín Chernenko, cuyas edades eran incluso inferiores cuando asumieron el cargo y fallecieron (68-70 años y 73-74 años), respectivamente).

En un primer momento, las elecciones estuvieron rodeadas de cierta polémica e incertidumbre. En los meses previos a los comicios del 17 de abril, cuando no se sabía aún que Abdelaziz Buteflika sería candidato a su propia reelección, decenas de aspirantes de todos los rincones, muchos desde Francia, anunciaron su intención de presentarse. Empresarios millonarios, escritores como Yasmina Khadra, políticos como Ahmed Benbitur o Ahmed Gozali junto con un gran número de figuras independientes, se postularon al cargo, aunque luego no conseguirían los avales necesarios para formalizar sus candidaturas.

Por otro lado, se destapaba una agria controversia que parecía rodear a los servicios secretos (inteligencia y policía política) y al círculo más cercano a la presidencia. Las declaraciones de unos y de otros iban aumentando de tono, haciendo creer que no solo se trataba de una lucha de clanes sino que se había iniciado una carrera en la que muchos pugnaban por situarse lo mejor posible ante la eventual sucesión en la jefatura del Estado. Los últimos meses de 2013 y los primeros de 2014 se desarrollaron en ese clima de agitación mediática, que iba calentando el ambiente electoral. Pero el 22 de febrero de 2014 se anunció formalmente que el presidente saliente había recogido la solicitud de candidato a la presidencia. La noticia cayó como un mazazo y varios aspirantes de peso comunicaron inmediatamente que se retiraban de la carrera electoral (como Ahmed Benbitur).

Para muchos, no podía haber garantía de igualdad en los comicios ni trasparencia electoral si se presentaba el presidente. Personalidades como el expresidente Liamin Zerual se pronunciaron en contra. Enseguida quedó formado el grupo de partidos partidarios del boicot, entre los que se encontraban varias fuerzas laicas e islamistas: Reagrupación por la Cultura y la Democracia (RCD), Movimiento de la Sociedad y por la Paz (MSP), Nahda, etc. En la sociedad civil comenzó a bullir un movimiento de protesta –Barakat (Suficiente)– que se iba a organizar con enorme rapidez en contra del cuarto mandato de Buteflika.

A pesar de la represión de sus actos públicos y manifestaciones, Barakat adquirió pronto relevancia mediática y un papel destacado a lo largo del proceso electoral. En marzo se conocieron los nombres de los únicos cinco rivales que tendría el aspirante oficial: Ali Benflis, Luisa Hannun, Fawzi Rebain, Musa Tuati y Abdelaziz Belaid. Por sus credenciales de político del Frente de Liberación Nacional (FLN) y exprimer ministro, el único capaz de hacer sombra a Buteflika era Benflis, por lo que la campaña estuvo teñida de duras acusaciones contra él. Una campaña que fue aburrida y merecedora de olvido si no llega a ser por los actos populares de sabotaje a los eventos programados por el equipo electoral del presidente.

Este estaba compuesto por varios ministros y encabezado por el hasta entonces primer ministro, Abdelmalek Sellal. En ausencia de Buteflika, se desplazaban por todo el país celebrando reuniones y mítines, algunos de los cuales fueron boicoteados violentamente por los vecinos que impidieron con cortes de carretera la llegada de la comitiva electoral (Beyaia, Batna, Um el Buaghi, etc.). La prensa extranjera apenas pudo cubrir estos acontecimientos dada la lentitud con la que iban llegando los visados. La UE tampoco tenía observadores de larga duración en el terreno pues oficialmente no se había llegado a un acuerdo entre Argelia y Bruselas, por lo que debieron contentarse con una misión técnica muy pequeña de corta duración.

En los medios, la campaña tuvo muy distinta cobertura. Mientras en la radio-televisión pública y en algunas televisiones privadas (El Nahar) la imagen era de normalidad y se elogiaban los logros de la larga presidencia de Buteflika (1999-2014), entre los que destacan la pacificación casi total del conflicto armado en los medios privados escritos se resaltaba el poco interés del proceso, las actividades del grupo de partidos del boicot o del movimiento Barakat. Los resultados anunciados provisionalmente por el Ministerio del Interior y retocados levemente de forma definitiva por el Consejo Constitucional despejaron todas las dudas: 80,53% de los votos para Buteflika, con una participación del 51,70%. Ali Benflis, el gran derrotado, no pasó del 12,18%. Los que se habían hecho ilusiones de una alternancia, tuvieron que enfrentarse con unos datos aplastantes.

Con todo, los resultados camuflan un bajón electoral significativo en términos de votos recibidos. Con la participación más baja en unas presidenciales, el número total de votos de Buteflika fue de 8,5 millones, cuatro millones menos que en 2009 y menos incluso que 10 años antes (8,6 millones), en la elección de 2004, cuando el censo electoral era mucho más pequeño. El 22 de abril, el Consejo Constitucional de Argelia proclamó los resultados, no sin antes desestimar todos y cada uno de los 94 recursos presentados. Casi la mitad fueron rechazados por motivos de forma y la otra mitad por motivos temporales (fuera de plazo).

Esta institución, presidida por un hombre de confianza del presidente y exministro de Asuntos Exteriores, Murad Medelci, revisó a la baja los resultados de participación. Esto puede parecer lógico si se tiene en cuenta que el Consejo incluyó los votos de los argelinos en el extranjero, cuya tasa de participación fue muy baja, algo que no había tenido en cuenta el ministro del Interior al dar los resultados provisionales. Pero lo más asombroso de este nuevo cómputo fue que el Consejo sumó votos a todos los candidatos menos a uno (Abdelaziz Belaid), al que detrajo unos 15.000 votos (diario oficial El Muyahid, 23-04-2014).

La cantidad es lo de menos, lo incomprensible es que después de agregar los resultados en el extranjero, este candidato acabara con menos votos de los que tenía antes de la suma. El hecho es revelador del comportamiento de las instituciones argelinas en materia electoral, de su opacidad y de su desinterés por la rendición de cuentas. El escenario que abren estas elecciones es bastante paradójico. A pesar de la estabilidad lograda, objetivo pretendido y ensalzado por el equipo electoral del presidente, estos comicios han provocado dos tipos de movilización. Por un lado, la de ciertas figuras del régimen que intentan preparar una sucesión desde dentro, quizá por la vía de una reforma constitucional que instaure el cargo de vicepresidente.

Por otro, el rechazo general a esta elección ha conseguido aunar por primera vez a distintos sectores de la oposición, divididos como estaban hasta ahora por fracturas ideológicas (islamista/ no islamista o izquierda/derecha). La Coordinación Nacional por las Libertades y la Transición Democrática ha convocado una gran conferencia nacional para el 10 de junio en Argel a la que están llamadas tanto las fuerzas políticas del boicot como los movimientos sociales del entorno de Barakat y otros líderes individuales e históricos de la oposición. Está por ver cuál de las dos dinámicas apuntadas tiene más éxito, si la que tiene lugar por dentro del régimen y que aspira simplemente a encontrar una persona de recambio (y el mecanismo que lleva asociado) para el difícil momento de la sustitución, o bien la que se desarrolla desde el exterior del sistema, y que trata de llegar a un ambicioso pacto, a un gran acuerdo sobre el cambio político que necesita Argelia y la naturaleza del proceso que debe ponerse en marcha.