Algunos festivales de cine españoles se están abriendo a las producciones marroquíes

La directora de cine, Farida Benlyazid, que acaba de dirigir una coproducción hispano-marroquí, espera que surjan distribuidores españoles interesados por el cine marroquí.

ENTREVISTA a Farida Benlyazid por Cecilia Fernández Suzor

Realizadora marroquí, nacida en 1948 en Tánger, estudió Letras y se licenció en la Escuela Superior de Cinematografía de París (IDHEC). En 1978 produjo Une brèche dans le mur, de Jilalli Ferhati. Un año más tarde comenzó su trabajo como guionista con Poupées de roseau, también dirigida por Ferhati. Ocho años después debutó en la dirección con Une porte sur le ciel, seleccionada en numerosos festivales internacionales y programada dentro de la retrospectiva temática del Festival de San Sebastián de 2003, “Entre amigos y vecinos”. Desde entonces ha escrito el guión de A la recherche du mari de ma femme, de Abderrahman Tazi (1992), la obra de teatro Aide-toi, le ciel t’aidera (1997), el cortometraje Sur la terrasse (1995), la película Keïd ensa/ Ruses de femmes, considerada la mejor de 1998 en Marruecos, y los telefilms Nia taghleb (2000) y El Boukma (2001). Su última película ha sido Casablanca, Casablanca (2002).

AFKAR/IDEAS: Aunque el número de directores de cine sigue siendo todavía mucho mayor que el de directoras en todo el mundo y en particular en el Magreb, cuando empezó en el oficio era la única o no estaba lejos de serlo. ¿Comenzar su carrera fue por ello más difícil o por el contrario esta excepcionalidad le ayudó?

FARIDA BENLYAZID: En 1981, a la vez que Poupées de roseau de Ferhati, cuyo guión escribí, se estrenó la película Aljambra de Farida Burquia, su primer largometraje para el cine. Ya era realizadora en televisión. La experiencia no le convenció y volvió a la televisión donde sigue realizando series (las mejores). Yo me pasé a la dirección en 1980 con Identités de femmes, un documental sobre las mujeres en la inmigración, para el canal francés FR3. Y en 1988 realicé un largometraje, Une porte sur le ciel que todavía circula en universidades americanas y a veces en festivales.

En marzo de este año han vuelto a programarlo en el Instituto del Mundo Árabe de París, y hace dos años en el Festival de San Sebastián y en el museo Guggenheim de Bilbao, por ejemplo. Luego dirigí Keïd ensa/Ruses de femmes, que fue considerada la película más taquillera de Marruecos en 1998. Y en 2002 Casablanca, Casablanca, que fue proyectada en 2004 en el Festival de Cine Inédito de Islantilla. Cuando empecé, nos consideraban a todos unos locos, tanto a las mujeres como a los hombres. No era una profesión valorada, nadie creía en un cine marroquí.

A/I: Es una mujer con una larga experiencia cinematográfica en Marruecos. ¿Cómo ha visto evolucionar el cine de su país?

F.B.: La evolución ha sido lenta pero segura. Los poderes políticos empezaron a comprender su importancia, sobre todo porque surgió una demanda del público. Se mostraba favorable a una expresión que le era propia, como recomendábamos los cineastas, con ayuda de la prensa. Pasamos de una o dos películas anuales (con años con una única producción) a 10 o 12 en la actualidad. Pero eso sigue siendo fuera de Marruecos, donde se puede desarrollar mejor.

A/I: Está ahora en la última fase de producción de un largometraje,basado en la novela de Ángel Vázquez, La vida perra de Juanita Narboni,novela que en España, ya llevó a la pantalla Javier Aguirre y Esperanza Roy en el papel de Juanita,pero que pasó un poco desapercibida.¿Ha sido un tour de force? ¿Qué le llevó a elegir este tema?

F.B.: Ángel Vázquez me regaló su libro La vida perra de Juanita Narboni en 1976 en Madrid. Es como si me hubiese pasado el testigo (es una obra maratoniana). Hasta entonces nadie había hablado de Tánger desde el interior (más tarde, surgió el caso de Mohamed Chukri). Reencontré el Tánger de mi infancia con su mezcla de culturas. No se le había dedicado ninguna película excepto algunas obras muy malas (películas de espionaje rápidamente olvidadas). Tenía que hacer esta película… La ocasión se presentó con el programa MEDA que nos ofreció el pretexto del desarrollo de la coproducción entre las orillas del Mediterráneo.

Ya había pedido a Gerardo Bellod, que compartía con Quiqui, su mujer, y conmigo un gran entusiasmo por el libro, que escribiera un guión a partir de la obra. Mar Villaespesa, que es muy activa en la producción cultural en Andalucía, aceptó entrar en la producción cinematográfica con este proyecto. No voy a contarle las dificultades, sería muy largo y aburrido. Han sido seis años de trabajo. Los laboratorios nos han prometido la copia cero de la película para mayo. Aunque estamos agotados, creo que se han terminado nuestros sufrimientos. He querido ser fiel a la obra, tan densa que no se pueden expresar todas las facetas que presenta. La película de Aguirre, que me interesó mucho, sólo trata de la soledad. Yo he favorecido la diversidad de culturas y Tánger. Porque en la obra la ciudad es tan importante como Juanita.

A/I: Es además una de las pocas películas hecha en coproducción con España. ¿Por qué, a su juicio, el cine marroquí y español colaboran tan poco, sobre todo si se compara con otros países como Francia?

F.B.: Badis, la película de Abderrahman Tazi, cuyo guión escribí, fue coproducida con España, y sólo después ha habido Said. Hay que decir que se plantea el problema del idioma. Realmente he cometido una transgresión al rodar en castellano. El público marroquí se ha acostumbrado un poco al francés, aunque en su mayoría prefiere las películas en árabe. Francia, con la francofonía, realiza una verdadera acción en este sentido y, desde muy pronto, ha coproducido con los países magrebíes y africanos.

A/I: En España se ve poco cine marroquí y en Marruecos poco cine español, cuando se trata no sólo de dos países vecinos, sino de dos países que han compartido mucha historia y que tienen un modo de vida mucho más próximo de lo que se piensa. Además, en los últimos años, la comunidad marroquí en España es la mayor de todas las extranjeras, con cerca de medio millón de ciudadanos según el último padrón. ¿No es cuanto menos paradójico que los dos cines vivan de espaldas?

F.B.: Los circuitos de distribución están invadidos por la industria americana, muy ofensiva. Queda poco sitio para las producciones nacionales y todavía menos para las demás cinematografías (y esto ocurre en todo el mundo). Vivimos en una cultura de mercado que hace cada vez más difícil la expresión independiente. Pero pequeños festivales como el de Islantilla (Huelva) o Tarifa (Cádiz) tratan de hacer un sitio a este cine. San Sebastián se abre lentamente al cine magrebí. Por último, Carmen Romero, a través de Círculo Mediterráneo, organiza cada otoño un ciclo de cine magrebí en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ahora sería necesario que un joven distribuidor se interesase por ello y encontrase circuitos para llegar a las comunidades magrebíes en España, por ejemplo. En Alemania, Keid ensa fue programada durante un año en el circuito alternativo. Falta encontrar fórmulas para que la globalización también esté al servicio de un mejor conocimiento mutuo.