Afrontar el reto de la desertización en el Magreb

Escasez y disminución de la calidad del agua, extinción de especies endémicas y agotamiento del suelo, son amenazas contra los recursos renovables del Magreb

Dania Abdul Malak

Los ecosistemas áridos proporcionan no solo servicios con valor económico tangible como producción de cultivos y ganado, turismo, agua, protección de cuencas hidrográficas y suministro de energía que garantizan la subsistencia de sus habitantes, sino que también suministran servicios ecosistémicos a las poblaciones locales. En estos ecosistemas, las fluctuaciones de temperatura, viento, disponibilidad de humedad y composición del suelo en distancias muy cortas producen gran diversidad. No obstante, los ecosistemas áridos son muy vulnerables a las consecuencias del cambio climático, como la desertización.

La desertización se define como un tipo de degradación del terreno en la que ecosistemas de terreno relativamente seco se vuelven cada vez más áridos, perdiendo sus masas de agua así como la vegetación y la fauna. La desertización es un grave problema ecológico y medioambiental en el mundo, especialmente en las regiones áridas de transición.

Presión sobre los recursos naturales

En la región del Magreb, la presión sobre el uso de recursos no renovables se acerca al límite y los recursos potencialmente renovables se están usando más allá de su capacidad de reproducción. Las principales amenazas contra los recursos renovables de esta región son la escasez de agua superficial y subterránea, la disminución de la calidad del agua, la extinción de especies endémicas y el agotamiento del suelo. Se está produciendo, asimismo, una creciente presión sobre los recursos hídricos, en especial en las zonas costeras.

Los cálculos efectuados en el Plan Azul demuestran que la demanda y el consumo regional de agua se duplicaron en la segunda mitad del siglo XX, lo que aumenta la amenaza de escasez de este recurso. Esto se debe a la dinámica y el crecimiento de la población, a la intensificación agrícola, el desarrollo económico y social, la presión turística y el consumo excesivo de los recursos hídricos (ENPI 2007). Además, pronosticar la altamente variable pluviosidad estacional e interanual de la región es un problema que afrontan los dirigentes cuando plantean los objetivos agrícolas, sociales y medioambientales al tiempo que intentan garantizar la sostenibilidad de los recursos hídricos. Es más, durante fenómenos climatológicos extremos como los episodios de sequía, sus impactos exacerban incluso más la situación. Estos fenómenos han provocado en décadas recientes graves consecuencias económicas, sociales y medioambientales que tienen como resultado la degradación del terreno, las migraciones poblacionales, la hambruna, las enfermedades y la pérdida de vidas humanas.

En la actualidad, los ecosistemas naturales y seminaturales del Magreb sufren las consecuencias de diferentes presiones que afectan a la distribución ecológica y alteran los ciclos hidrológicos, exacerbando la desertización. Aunque estos sistemas tienen capacidad para adaptarse a condiciones estresantes, las presiones excesivas ya están causando efectos claros en la degradación del ecosistema, como demuestran la extinción de especies, la deforestación y el rápido desplome de la funcionalidad de ecosistemas locales y regionales. En consecuencia, estas regiones y, concretamente, las zonas más áridas y pobres, están consideradas uno de los “puntos calientes” del mundo en lo que se refiere a los efectos del cambio global. Debido a su vulnerabilidad a dicho cambio, se prevé que sufrirán grandes oleadas de extinción de especies. Los estudios indican que en torno al 37% de las especies que viven en distintos medios naturales y seminaturales del Magreb no logrará adaptarse a la velocidad del cambio climático en las próximas décadas, lo que aumentará aun más el potencial de desertización de la región.

Estas presiones, que incluyen el descenso significativo de las reservas de agua dulce, la degradación del suelo productivo, la resistencia a plagas invasoras, la polinización de plantas y la reducción de los recursos piscícolas, afectarán negativamente a la economía de la región. Estas presiones se están intensificando aun más por el rápido crecimiento de población en la región, en especial en las zonas costeras, que amenaza el funcionamiento de la compleja red de la vida y pone en peligro la seguridad del sustento en estos países. Adicionalmente, la degradación de las cuencas hídricas está reduciendo la disponibilidad y la calidad del agua y aumentando los conflictos por los menguantes recursos naturales, causando en algunos casos flujos migratorios a corto y largo plazo que se espera que aumenten en el futuro.

Repercusiones para la seguridad humana

Según el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), la medida en que el cambio climático afectará a cada región variará con el tiempo y según la capacidad de los diferentes sistemas sociales y medioambientales para mitigarlo o adaptarse a él. El sustento en la región del Magreb depende de los entornos naturales y seminaturales, algo que los hace más vulnerables a la inseguridad alimentaria causada por el ritmo creciente del cambio global. En esta región, las condiciones meteorológicas desfavorables son el principal riesgo para los sistemas agrícolas de subsistencia; tienen consecuencias drásticas en la renta de los campesinos y hacen que peligre la disponibilidad de alimentos para las comunidades locales.

Durante esos periodos, la concentración de personas que viven en estas zonas rurales provoca un éxodo masivo hacia las ciudades y la Unión Europea (ENPI 2007). Como consecuencia directa de la desertización, se prevé que las crecientes preocupaciones por la inestabilidad socioeconómica y la seguridad humana se convertirán en el factor que más influirá en el desplazamiento de millones de individuos, al provocar migración interna e internacional (Renaud et al. 2007). Se prevé que las comunidades más afectadas serán las que viven directamente de los recursos locales, con poca capacidad para afrontar estos cambios y adaptarse a ellos. Poco a poco, estas consecuencias se volverán igualmente graves para los millones de personas que viven en espacios urbanos densamente poblados y que dependen al menos parcialmente de los recursos medioambientales fundamentales proporcionados por sus regiones.

Por tanto, para superar estas presiones y amenazas, es necesario encontrar formas de adaptación, con el fin de reducir sus efectos y evitar que se produzcan otros nuevos. La desertización, la escasez de agua y la sequía tienen consecuencias multidimensionales para la sociedad y, por consiguiente, ninguna acción gestora, ni ninguna legislación o política puede por sí sola responder a todos los aspectos y exigir objetivos. Se ha confirmado que los efectos del cambio global aumentan los riesgos de degradación de los recursos naturales, como la desertización, y esto plantea la seria necesidad de desarrollar y aplicar políticas de adaptación.

Adaptación institucional

Los países del Magreb deben reforzar con urgencia su capacidad de adaptación y garantizar medidas de mitigación en los entornos áridos como respuesta a los efectos del cambio global. La mitigación del cambio climático consiste en medidas para limitar la magnitud y/o el ritmo de cambio climático a largo plazo. Por lo general estas medidas se dirigen a reducir las emisiones humanas (antropogénicas) de gases de efecto invernadero (GEI).

También puede aumentarse la capacidad de los sumideros de carbono mediante, por ejemplo, reforestación. Las políticas de mitigación pueden reducir sustancialmente los riesgos asociados con el calentamiento del planeta inducido por la actividad humana. Las iniciativas mundiales como la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y los debates del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático proporcionan las bases de partida para la acción. Las iniciativas regionales específicas de las zonas áridas encaminadas a integrar las cuestiones del cambio global en las legislaciones y en las políticas nacionales y regionales, actuales y futuras, son la clave para revertir la situación y las perspectivas futuras, al definir y aplicar medidas de mitigación regional.

Es más, el desarrollo y la aplicación de estrategias de mitigación adecuadas, que amplíen la capacidad de adaptación al cambio global, incluida la desertización, ofrecen la oportunidad de disminuir significativamente dicha vulnerabilidad. Para emprender acciones eficaces, las medidas políticas deben basarse en pruebas. Esto incluye la necesidad de efectuar un análisis integral de las consecuencias del cambio global para las zonas áridas de la región del Magreb. Hay que prestar especial atención a la mejora de los conocimientos sobre el estado de los sistemas ecológicos y socioeconómicos, para entender su funcionamiento y determinar cuáles son las medidas de adaptación y gestión necesarias para la supervivencia de estos sistemas en el contexto del cambio global.

Un aspecto importante es considerar cuál es la mejor forma de integrar dichos conocimientos, primero, en la mejora de los actuales sistemas y políticas de gestión y, segundo, en la elaboración de futuras estrategias regionales que tengan en cuenta explícitamente el cambio global. Las autoridades nacionales y locales de varios países del Magreb han respondido enérgicamente a la sequía extrema, adoptando medidas de emergencia y acciones concretas para afrontar principalmente los efectos de los crecientes episodios de sequía y la escasez de recursos hídricos. Sin embargo, hasta el momento las respuestas se han centrado en las consecuencias de la sequía, y no en medidas de prevención (por ejemplo, desarrollar un plan de gestión de la sequía, y una gestión coherente de recursos). Esta no es una tarea fácil, porque las medidas eficaces para afrontar la desertización causada por la sequía de larga duración y la escasez de agua son limitadas y difíciles de aplicar debido a la variedad de agentes afectados y a la falta de medios adecuados para negociar nuevas políticas.

En la zona, las responsabilidades institucionales están claramente definidas y la legislación referente a la sequía se aplica con más eficacia cuando el agua se gestiona a escala de toda la cuenca hidrográfica. No obstante, una característica de todos los países de la región es la débil cooperación entre instituciones, y las fragmentadas funciones del Estado, las regiones administrativas y las autoridades de las cuencas hidrográficas, lo que a menudo provoca conflictos e impide aplicar eficazmente la legislación vigente.

Conclusiones

La sobreexplotación de los recursos naturales y los efectos del cambio global –la desertización de sistemas naturales y seminaturales– son amenazas alarmantes para la sostenibilidad de los servicios ecosistémicos en la región del Magreb. Asimismo, la extrema vulnerabilidad a un mayor descenso de los recursos hídricos resalta la necesidad de establecer estrategias institucionales de adaptación en sectores clave para el desarrollo sostenible a largo plazo.

En este contexto, a no ser que se apliquen medidas regionales y locales adaptadas y alcanzables a corto plazo, es improbable que los ecosistemas y los medios de vida puedan sostenerse en el futuro en el Magreb. Para reducir la vulnerabilidad de las comunidades locales al cambio climático harán falta medidas que diversifiquen las opciones de sustento, reduzcan la presión sobre los recursos naturales y restauren y protejan los ecosistemas mediante prácticas de gestión sostenibles. De hecho, el cambio global es algo más que un cambio climático, y para los responsables de tomar decisiones constituye sobre todo una nueva fuente de incertidumbre que refuerza una limitación común en lo referente a las decisiones públicas.