Wider Europe: integrar el proceso de Barcelona en una visión más a largo plazo

La ampliación de la UE, nuevo impulso para las relaciones con sus vecinos más directos, nueva política de vecindad.

ENTREVISTA a Eneko Landaburu por Andreu Claret y Helena Olivan

Eneko Landaburu, director general de Políticas Regionales de la Comisión Europea habla para AFKAR/IDEAS de las consecuencias de la ampliación de la UE para el Magreb y de la nuevo política de vecindad europea.

AFKAR/IDEAS: La Unión Europea (UE) está inmersa en el proceso de ampliación. Los países del Mediterráneo, y los del Magreb en particular, están a la expectativa de las consecuencias. ¿Cómo cree que puede afectar la ampliación a las relaciones entre la UE y los países del Magreb? ¿Cree que la candidatura de Turquía a la adhesión tiene efectos relevantes para el proceso de Barcelona?

ENEKO LANDABURU: La ampliación de la UE es para nuestros vecinos del Magreb una oportunidad, no una amenaza. Por una parte, la política de la UE hacia los países mediterráneos en general, y hacia el Magreb en particular, seguirá basada en los mismos instrumentos después de la ampliación que hasta ahora: los Acuerdos de Asociación, eje central de nuestras relaciones con los países mediterráneos, y en los que estarán también lógicamente implicados los nuevos Estados miembros. Por otra parte, y con motivo de la ampliación, la UE ha decidido dar un nuevo impulso a sus relaciones con los vecinos inmediatos, dotándose de una nueva política de vecindad, Wider Europe.

Wider Europe es el método que nos permitirá reavivar los instrumentos de los que disponemos, desarrollando con cada país asociado relaciones a medida de sus necesidades en materia de reformas y estableciendo de manera concertada con cada uno de ellos una agenda política positiva. En lo que se refiere a Turquía, el hecho de que sea candidato a la adhesión a la UE no modifica en absoluto la importancia que concedemos y que continuaremos concediendo a nuestros vecinos del Mediterráneo. Es precisamente por eso por lo que hemos desarrollado el nuevo concepto de Wider Europe.

A/I: Ante los recelos que la ampliación despierta en la cuenca sur del Mediterráneo, se ha promovido desde la Comisión Europea esta nueva política de vecindad, denominada “Wider Europe”. ¿Como se inscribe esta nueva visión dentro del marco de relaciones establecido por el partenariado euromediterráneo? En su opinión, ¿considera que la política de nueva vecindad permite ofrecer a los países del Magreb el estatus especial que reclaman en sus relaciones con la UE?

E.L.: La política de vecindad tendrá el efecto de integrar el Proceso de Barcelona en una visión más amplia. Es, sin embargo, innovadora respecto a éste, como por ejemplo en el ámbito de la esfera comercial. Por vez primera se propone ir más allá de la creación de la zona de libre cambio euromediterránea prevista en el Proceso de Barcelona, con la participación de los países mediterráneos en el mercado interior. Es también innovadora la propuesta relativa a la participación de nuestros socios en las “cuatro libertades”. El estatuto de socio (partner) que Barcelona prevé para los vecinos mediterráneos es una ventaja que facilita la aplicación concertada y armoniosa de la política de vecindad.

Por otra parte, al abordar las relaciones con los países del Sur desde el ángulo de la proximidad, la política de vecindad aporta una justificación suplementaria a la existencia y a la aplicación más avanzada de la asociación euro-mediterránea. La perspectiva de desarrollar una relación privilegiada con los vecinos mediterráneos basada en la proximidad refuerza así la importancia y la pertinencia de Barcelona. A corto y medio plazo, el marco legislativo e institucional establecido por la asociación euro-mediterránea ofrece a la política de vecindad los instrumentos para su aplicación en las primeras etapas.

Las relaciones de los países del Magreb con Europa y en particular con los países de la ribera septentrional del Mediterráneo son ya especiales, además de los lazos geográficos e históricos: el comercio externo de estos países con la UE representa entre el 60 y el 75% de su comercio total; 2,5 millones de magrebíes residen legalmente en la UE; la mayoría de las inversiones extranjeras y de los turistas provienen de la UE. Nuestros vecinos del Magreb reclaman compartir con Europa más que los meros aspectos económicos de una zona de libre cambio y piden que estas relaciones sean más profundas y amplias de lo que han sido hasta ahora. La nueva política de vecindad ofrece a los países vecinos que lo deseen la posibilidad de compartir nuestras políticas. Como ha afirmado el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi “todo salvo las instituciones”. Es un proceso que llevará tiempo pero que tiene interés tanto para estos países como para la Unión Europea.

A/I: Por otra parte, desde la perspectiva del discurso euromediterráneo se ha intentado fomentar la cooperación regional y subregional en el Magreb, al considerarse una de las claves para el avance del proceso euromediterráneo. ¿Cree que este nuevo concepto de vecindad puede ser un potencial impulsor de las relaciones intermagrebíes?

E.L.: El concepto de vecindad puede, en efecto, dar un nuevo impulso a las relaciones intermagrebíes ya que permitirá un enfoque individualizado de las relaciones con cada país socio, a la vez que facilitará la cooperación sub-regional, incluida la intermagrebí, en sectores concretos o técnicos. El instrumento financiero que acompañará la política de vecindad, el “nuevo instrumento de vecindad”, permitirá financiar acciones a escala transnacional cuando un grupo de países así lo soliciten.

A/I: ¿Cuál debe ser el papel de este nuevo concepto de vecindad en las relaciones bilaterales entre Estados miembros y los países del Magreb? ¿Qué repercusiones puede tener en las relaciones entre los países del sur de Europa, como España, y Marruecos?

E.L.: Las relaciones bilaterales de los miembros de la UE, especialmente algunos, con los países del Magreb son ya intensas. El partenariado euromediterráneo, en vigor desde 1995, ha contribuido al fortalecimiento de esas relaciones bilaterales. El nuevo concepto de vecindad va a profundizar aún más esas relaciones. Ahora es Europa la que está unida en la búsqueda de una relación más profunda con los países del sur del Mediterráneo, entre ellos los del Magreb. Este objetivo común no es sino la manifestación común de voluntades bilaterales. El objetivo último de la política de vecindad es extender la zona de paz, estabilidad y desarrollo creada por la UE a sus vecinos. En Europa hemos aprendido a resolver las diferencias sin recurrir a la utilización de la fuerza y esto ha favorecido el desarrollo económico, político y social. En este sentido, las relaciones entre dos países hermanos como España y Marruecos no pueden sino enriquecerse a través de la política de vecindad.

Partenariado euromediterráneo

A/I: El proceso euromediterráneo se configura como una de las prioridades de la política exterior de la UE. ¿Cómo valora usted la evolución del partenariado ocho años después de la Conferencia de Barcelona? ¿Cómo valora en particular, la capacidad de cooperación de los países del Magreb con la UE? ¿Qué escollos identifica en el proceso de cooperación y qué ventajas comparativas les atribuye a los países del Magreb?

E.L.: El partenariado euromediterráneo constituye un foro excepcional que reúne desde hace ocho años a Europa y al mundo mediterráneo alrededor de una ambiciosa agenda política, económica y de acercamiento cultural. En el aspecto económico, se han realizado progresos importantes (firma de ocho acuerdos de asociación, refuerzo de la financiación del sector privado, extensión a los países mediterráneos del sistema paneuropeo de acumulación de las reglas de origen…). Varios otros sectores, como energía, transportes, industria y justicia, han experimentado avances importantes.

En este contexto, los países del Magreb podrían obtener un gran beneficio económico de la apertura de sus mercados, en la línea del proceso iniciado por Marruecos con Túnez, Jordania y Egipto a través de la iniciativa llamada “ de Agadir”, el cual se ha visto, a su vez, favorecido por la extensión del sistema paneuropeo de acumulación del origen. Este mismo razonamiento es válido para muchos otros sectores en los que las fronteras nacionales suponen hoy límites artificiales a la actividad económica. Otro ejemplo reciente es la declaración conjunta de los tres países del Magreb central sobre el desarrollo común de su red eléctrica, declaración que tuvo lugar este verano, en la reunión euromediterránea de ministros de Energía.

A/I: ¿Cree que a finales de 2003 hemos recorrido suficiente trecho para llegar a completar esta zona de libre comercio en la fecha prevista? ¿Puede este proyecto entrar en competencia con el Tratado de Libre Comercio que se está negociando en la actualidad entre Marruecos y Estados Unidos?

E.L.: Todos los socios, excepto Siria, han firmado unos Acuerdos de Asociación con la UE que prevén la creación de la gran zona euromediterránea de libre cambio que ya he mencionado. Desgraciadamente, los procedimientos de ratificación de estos acuerdos por los países europeos son demasiado lentos, aplazando innecesariamente su entrada en vigor. La puesta en marcha del libre cambio entre los países del Sur avanza bastante más despacio, aunque debemos felicitarnos, sin embargo de la iniciativa de Marruecos, Túnez, Egipto y Jordania que han rubricado, en el marco de la iniciativa de Agadir también mencionada más arriba, un acuerdo de libre cambio entre ellos, compatible con los Acuerdos de Asociación.

Esperemos que este acuerdo entre en vigor cuanto antes y que se extienda a los demás socios, incluida Turquía. Una vez en vigor, este proceso gozará del apoyo financiero de la UE. Hay que garantizar que este complejo proceso avance con el ritmo adecuado y puedo asegurarle que eso es, precisamente, lo que está sucediendo. Las negociaciones entre Marruecos y EE UU son una clara muestra más de que nuestro proceso de libre cambio conduce a otras iniciativas de liberalización. No hay ningún efecto de competencia entre los dos, antes al contrario, esta apertura deberá facilitar el desarrollo de una economía más moderna y socialmente eficaz en Marruecos, siendo éste uno de los objetivos del proceso de Barcelona.

Como se ha subrayado antes, la política de vecindad tiene una proyección mucho más amplia que un simple acuerdo de libre cambio como el que Marruecos está actualmente negociando con EE UU y los amigos marroquíes son conscientes de ello. No debemos, sin embargo, minimizar ciertos riesgos que podrían surgir si el acuerdo con EE UU llevara a Marruecos, por ejemplo, a adoptar unas normas que no fueran compatibles con las de la UE, ya que esto supondría un posible obstáculo a la participación de Marruecos en nuestro mercado interior.

A/I: En términos económicos, el Proceso de Barcelona cuenta con diversas formas de financiación y apoyo técnico para acompañar la reforma de las estructuras económicas y sociales en los países mediterráneos asociados. ¿Qué beneficios han aportado estos instrumentos de financiación a los socios mediterráneos? ¿Cómo valora los resultados del programa Meda y de la línea de financiación FEMIP? ¿Quiénes son los principales beneficiarios de estos paquetes financieros?

E.L.: La UE ha asignado a los países participantes en el Proceso de Barcelona un presupuesto global de 12.150 millones de euros para el período 1995-2006. Esta muestra de la solidaridad europea con la región, ha tenido y tiene todavía como principal objetivo ayudar a superar las dificultades socio-económicas, inevitables en el período de transición hacia el libre cambio que están atravesando. Estamos relativamente satisfechos con los resultados, hasta ahora, de este esfuerzo financiero. Los primeros años atravesamos una serie de dificultades de ejecución de los proyectos que hemos ido corrigiendo sobre la marcha. Hemos reforzado las delegaciones de la Comisión en los países terceros en términos de personal y mejorado nuestros procedimientos.

Esto ha acelerado notablemente el ritmo de ejecución de nuestras intervenciones sobre el terreno. En términos de impacto, podemos afirmar que, gracias a estos proyectos, hemos incrementado nuestra capacidad de diálogo con las diferentes administraciones de los socios que se han mostrado, en general, bastante abiertas a aprender de la experiencia europea. Este salto cualitativo de nuestra mutua capacidad de diálogo nos está llevando a concentrarnos cada vez más en el apoyo a las reformas económicas y sociales, sobre todo las relacionadas con la ejecución de los acuerdos de asociación. Todos nuestros vecinos del Sur, con la excepción de Israel, se benefician de nuestra cooperación económica.

Los principales beneficiarios han sido hasta ahora Marruecos, Egipto y la Autoridad Palestina. En lo que se refiere al FEMIP, todavía es pronto para hacer una evaluación de los resultados. Hay que recordar que este instrumento sólo tiene un año de vida. Pero la Comisión confía en que desempeñará en el futuro un papel fundamental en el desarrollo económico de nuestros vecinos del Sur, sobre todo mediante el apoyo al desarrollo de un sector privado todavía rudimentario en algunos de estos países.

A/I: ¿Cómo valora el diálogo político y de seguridad entre la UE y los países mediterráneos? ¿Es posible crear un lenguaje común y profundizar en la lucha contra el terrorismo?

E.L.: Hasta ahora el diálogo político y de seguridad ha avanzado lentamente, entre otras causas por la falta de progresos en el Proceso de Paz en Oriente Próximo. Pienso que hay posibilidades de profundizar ese diálogo sobre temas de interés mutuo, como por ejemplo, la lucha contra el terrorismo, la prevención de conflictos y la gestión común de las situaciones de crisis. Hemos empezado recientemente un diálogo sobre la política de seguridad y de defensa de la UE. Creo que la mejor manera de avanzar en este terreno es seguir un ritmo diferenciado teniendo en cuenta la voluntad, caso por caso, de cada socio mediterráneo.

A/I: Desde la perspectiva del tercer pilar del proceso euromediterráneo, ¿cuáles son los avances en el diálogo cultural que se han acometido, y como valora la participación de la sociedad civil en el proceso? ¿Que espera de la Fundación para el diálogo cultural en el Mediterráneo?

E.L.: Algo está cambiando en el Proceso de Barcelona hacia una mayor conciencia del valor del diálogo intercultural. Los vientos de crisis y guerra en la región nos ponen frente a una clara disyuntiva: o mejoramos la comprensión y el respeto del otro, o nos veremos abocados a que la fractura, tanto en nuestras sociedades como entre los diferentes países, se siga abriendo. Por ello hay que felicitarse de la creación de la Fundación Euro-Mediterránea para el diálogo de culturas. Esta fundación está llamada a desempeñar un papel fundamental en promover y facilitar el conocimiento y el entendimiento entre nuestros pueblos. En cuanto a la participación de la sociedad civil, estamos comprobando (por ejemplo en el marco de la organización del Foro Civil de Nápoles) que los actores no gubernamentales están cada vez más implicados y son más conscientes de su papel en el diálogo euromediterráneo. Desde la Comisión Europea, no podemos sino apoyar todas las iniciativas que conduzcan a una mejor organización y una mayor influencia real de la sociedad civil en el proceso de Barcelona.

Contexto regional

A/I: ¿Cuáles son los cambios más importantes que deben realizar las sociedades magrebíes para poder superar los escollos que dificultan avanzar en la democratización y modernización?

E.L.: Según los propios intelectuales e investigadores árabes, que por segundo año consecutivo han trabajado sobre ese aspecto, y cuyos resultados pueden verse en el Informe 2003 sobre Desarrollo Humano en el mundo árabe, editado por el PNUD, la cuestión fundamental es la liberación y utilización del potencial humano para fines de desarrollo. A esta necesidad imperiosa de ir hacia sociedades más participativas en todos los campos hay que añadir, según estos expertos, la necesidad de construir sociedades basadas en el conocimiento y en la revalorización del papel de la mujer. Esto es válido igualmente, desde mi punto de vista, para los países magrebíes.

Permítanme señalar en este contexto la reforma del estatuto de la mujer (Mudawana), así como la propuesta de modificación del Código de la Familia anunciados el pasado 10 de octubre por el rey Mohamed VI de Marruecos. Este importante proyecto de reformas, que deberá otorgar a la mujer marroquí unos derechos casi equiparables a los de las mujeres europeas, ha sido ampliamente aplaudido y confirma la voluntad de Marruecos de continuar avanzando en el terreno del desarrollo humano, a pesar de hallarse aún bajo los efectos de los atentados terroristas del 16 de Mayo. La democracia es una cultura que sólo se adquiere a través de la práctica. El caso de Argelia, muestra, por ejemplo, que el camino hacia la democracia no sigue una línea recta, pero, sin embargo, elección tras elección, vemos aparecer procesos más transparentes, un debate público más contrastado y una cobertura mediática más profesional. Estos procesos constituyen obstáculos para el autoritarismo, así como pasos progresivos hacia una sociedad verdaderamente participativa.

A/I: ¿Cómo interpreta los resultados electorales que apuntan a una mayor participación de los partidos islamistas en el juego político en países como Marruecos? ¿Cómo pueden los regímenes magrebíes combatir el terrorismo y la violencia, y a la vez mantener sus compromisos con el respeto a los derechos humanos?

E.L.: Varios países de la zona están adoptando progresivamente ciertas reglas democráticas en la gestión de los asuntos públicos. Ante la perspectiva de una zona de libre cambio y, sobre todo, de la puesta en marcha de la política de vecindad, la liberación económica tendrá necesariamente que ser acompañada por una liberación política. Somos conscientes de que este proceso se ve dificultado por trabas inherentes al subdesarrollo, como por ejemplo, el analfabetismo. Esta evolución supondrá una mayor dialéctica política en esos países, un creciente respeto de las reglas de juego, una necesidad de modernización de los partidos políticos.

En este proceso, la integración de los partidos llamados islamistas en la vida política de un país será algo positivo si ello significa una aceptación de las reglas democráticas y un rechazo de los modelos autoritarios. Su integración conllevaría también un aislamiento de los elementos más extremistas, violentos y regresivos. Por otro lado, la atención que los partidos islamistas dedican a los aspectos sociales y a la moralización de la vida pública es compartida por la mayoría de las fuerzas políticas, tanto dentro como fuera de esos países. La tarea a la cual usted se refiere es muy ardua y nosotros en Europa también nos vemos confrontados a la misma exigencia. La existencia de regímenes democráticos avanzados en Europa nos ha permitido conjugar la lucha contra el terrorismo y el respeto a los derechos humanos.

La tarea para nuestros vecinos del Sur se ve dificultada por la existencia de un gran número de analfabetos, así como de importantes bolsas de pobreza, circunstancias que son explotadas por los terroristas con justificaciones pseudo- religiosas. Al mismo tiempo, estos países tienen regímenes que no han alcanzado todavía un nivel de madurez política que permita a las fuerzas internas activarse autónomamente: en otras palabras los sistemas de equilibrio interno no están completos y no funcionan correctamente. Por esta razón, la UE ha puesto a disposición de los países vecinos su bagaje de experiencia y su apoyo político y técnico, que podrían contribuir a crear la diferencia.

Contexto internacional

A/I: No parece existir una postura única de la UE con respecto a la cuestión del Sáhara Occidental, y más en particular, respecto al Plan Baker II. ¿Es deseable y posible avanzar en una política común al respecto? ¿Qué importancia tiene la resolución de este conflicto para el futuro del proceso euromediterráneo y para las perspectivas de la Unión del Magreb Árabe (UMA)?

E.L.: La postura común europea respecto a la cuestión del Sáhara Occidental es la de dar su total apoyo a los esfuerzos de Naciones Unidas en busca de una solución justa y duradera, acordada entre las partes en conflicto y que respete la legalidad internacional. Por lo tanto, la UE apoya las propuestas y el papel de Naciones Unidas. Lo que no quiere la Unión es interferir en el papel de este organismo internacional; aunque estaría dispuesta a contribuir si le fuera solicitado por las partes. La UE juega un papel preponderante en el envío de ayuda humanitaria a los refugiados: somos uno de los dos principales donantes. Y también se ha dirigido en diferentes ocasiones conjuntamente a Marruecos y al Frente Polisario, pidiéndoles la adopción de medidas que permitan incrementar la confianza mutua y facilitar una salida a los problemas humanos. Es evidente que la persistencia de este conflicto es un obstáculo en las relaciones intermagrebíes, en un momento en que la cooperación internacional es indispensable en aspectos tanto económicos como de seguridad y estabilidad. La creación de una zona de prosperidad, seguridad y estabilidad, que es el objetivo de la cooperación euromediterránea, así como el desarrollo de la UMA, necesitan de la máxima cooperación entre los países de la región.

A/I: ¿Cuál es la respuesta de la UE a la crisis que conoce el Proceso de Paz de Oriente Próximo? Al día de hoy, ¿qué conclusiones podríamos extraer de los obstáculos con que se ha encontrado la aplicación de la Hoja de Ruta? ¿Sigue siendo operativo el “Cuarteto” participado por la UE?

E.L.: La UE está muy preocupada por la situación de la crisis de Oriente Próximo. El nivel de violencia ha aumentado de forma dramática desde el fin del alto el fuego intra-Palestino declarado el pasado agosto. Desde entonces, decenas de víctimas civiles inocentes, tanto israelíes como palestinas, han perdido la vida y muchas más han resultado heridas. Miles de palestinos se encuentran sin hogar después de las últimas acciones del ejército israelí en el sur de Gaza.

A pesar de esto, la UE todavía cree en la Hoja de Ruta. Aunque resulta claro que, para que sea viable, tanto Israel como la Autoridad Palestina tienen que renovar su compromiso en la búsqueda de una solución. La Autoridad Palestina tiene que incrementar sus esfuerzos para detener las acciones de los terroristas. Al mismo tiempo, Israel tiene que tomar medidas para mejorar la vida cotidiana de los palestinos que se encuentran bajo Estado de Excepción y congelar las construcciones de los asentamientos. La UE se encuentra también preocupada por el trayecto del llamado “muro de seguridad”.

Cuanto más se desvía éste de la Línea Verde, invadiendo territorio palestino, más se dificulta la posibilidad de una solución basada en la creación de dos Estados. A pesar de la perspectiva actual, realmente desesperanzadora, existe algún signo de optimismo. Las recientes iniciativas de la sociedad civil demuestran la existencia de una voluntad de solución pacífica y duradera del conflicto en ambas poblaciones.