Unión Europea-Magreb: hacia una relación privilegiada

Andreu Claret, Codirector de AFKAR/IDEAS y director del IEMed

La Unión Europea (UE) y el Magreb tienen la posibilidad y la necesidad de establecer una relación privilegiada, en el marco del Proceso de Barcelona. Fue la principal conclusión de un seminario de alto nivel, organizado recientemente por el Instituto de Estudios de Seguridad (un think tank creado mediante una Acción Común del Consejo y que depende del segundo pilar, la Política Exterior y de Seguridad Común, PESC de la UE), al que asistieron unos 40 expertos y diplomáticos europeos y magrebíes.

Con distintos grados de entusiasmo y fórmulas diversas destinadas a materializar este “partenariado privilegiado” en una iniciativa euromagrebí, los participantes abogaron por “crear una identidad magrebí” en el seno del Proceso de Barcelona que permita a los países del Magreb alcanzar nuevas cotas en las relaciones económicas y políticas con la UE. La idea no es nueva, pero el seminario permitió apreciar que cuenta con nuevas complicidades y con oportunidades también nuevas, derivadas de la política de vecindad que la UE ampliada ha diseñado para tender puentes con sus vecinos.

Quizás lo más significativo fuera la determinación con la que los participantes magrebíes afirmaron la necesidad de que “el Magreb encuentre su propia vía”. En otras palabras, la voluntad de no supeditar al conflicto de Oriente Proximo el potencial de relaciones que el Magreb tiene con la UE. Hubo consenso en la necesidad de separar la resolución del conflicto entre Israel y Palestina –que bloquea el desarrollo político del Dialogo Euromediterráneo– de los proyectos que el Magreb y Europa pueden y deben desarrollar juntos (aunque hubo quien recordó que todo proyecto destinado al mundo árabe choca con la persistencia del drama palestino).

Los dos puntos de partida de esta relación privilegiada están en la geografía y en la economía, es decir, en la proximidad y en los vínculos comerciales determinantes que los tres países del Magreb central, Marruecos, Argelia y Túnez, tienen con la UE. Pero también la aspiración de unas sociedades que desean vincular su destino al de la UE. Más incluso que al del resto del mundo árabe, aunque también se sientan parte del mismo. La existencia de esta percepción no es nueva, pero encuentra hoy nuevas posibilidades de expresarse en los cambios que se producen en Europa y en el área mediterránea.

Para los participantes en el seminario, la ampliación de la UE, y la perspectiva de que se haga extensiva a Turquia en el futuro, presenta riesgos para el Magreb, pues podría conducir a su marginación definitiva, pero también aparece como una oportunidad que no debe ser desperdiciada. “La política de vecindad es el marco ideal para que los magrebíes puedan consolidar su destino europeo”, afirmó uno de los expertos. Una idea que podría traducirse en una iniciativa concertada de Argelia, Túnez y Marruecos, de cara a la cumbre del Proceso de Barcelona convocada por el gobierno español para el año próximo. Así lo insinuaron representantes cualificados de países magrebíes.

La iniciativa está todavía en sus ciernes y su desarrollo plantea desafíos que se hicieron evidentes: ¿cómo articular una relación privilegiada de la UE con el Magreb, mientras subsiste un agudo conflicto entre Marruecos y Argelia por la cuestión del Sáhara? ¿Cómo avanzar en una relación privilegiada en esta parte del Mediterráneo sin perder de vista la visión global del Proceso de Barcelona? ¿Cómo definir una relación de esta naturaleza sin abordar cuestiones esenciales como la gestión compartida de las migraciones o la inclusión de la agricultura en la zona de libre cambio?

Éstas y muchas otras preguntas son no sólo legítimas sino muy pertinentes. Pero lo decisivo de la reunión fue la existencia de una voluntad compartida de definir un proyecto específico, euromagrebí, articulado con el Proceso de Barcelona y capaz de abrir nuevas perspectivas de colaboración en el Mediterráneo occidental. Y la presencia de altos funcionarios de la Comisión (Patrick Laurent) y del Consejo (Claude-France Arnould), de destacados embajadores, como Hassan Abouyoub (Marruecos) o Benattalah (Argelia) y de un nutrido grupo de expertos europeos y magrebíes revela que algo se mueve en la buena dirección en las relaciones entre la UE y el Magreb.