Una presidencia de acción conjunta

España quiere sentar las bases de la colaboración entre Europa y sus vecinos del Sur.

Han pasado casi tres meses de la presidencia española de la Unión Europea. Un momento histórico para España. A pesar de las dificultades, mantenemos intacta la ilusión por cumplir con un programa que estamos transformando en acciones concretas, y la satisfacción por ver traducidas esas acciones en mejoras palpables para el conjunto de la Unión así como para nuestros socios y vecinos. Es precisamente esa voluntad de cooperación y esfuerzo común, el germen que está haciendo posible el desarrollo de las más ambiciosas y prioritarias líneas de acción de nuestra presidencia.

Desde la renovada estructura institucional, hasta la implementación de las medidas de recuperación económica y creación de empleo de calidad enmarcadas en la Estrategia UE 2020, pasando por el Servicio Europeo de Acción Exterior, España está haciendo todo lo posible para sentar las bases de la nueva Europa del siglo XXI. Nuestra presidencia ha sido configurada como la transición necesaria hacia el nuevo orden institucional de la Unión diseñado por el tratado de Lisboa, con el objetivo de asegurar la más efectiva y ágil transición en las materias de su respectiva competencia.

En este sentido, la presidencia rotatoria en ejercicio acordó con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, los parámetros para la organización de los Consejos Europeos y otros eventos a nivel de jefes de Estado y de gobierno que España está organizando durante este semestre: destacan, entre otras, las cumbres con América Latina y el Caribe, México, Marruecos o la Unión por el Mediterráneo. Por otra parte, mantenemos un diálogo permanente con la alta representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, para asegurar el más efectivo desarrollo de las labores de la presidencia en materia de política exterior, seguridad común y defensa. España ha expresado su deseo de crear lo antes posible un Servicio Europeo de Acción Exterior fuerte y capaz de dar el necesario apoyo técnico a la alta representante en todas sus funciones y que asegure la coherencia en la vertiente externa de la UE a través del establecimiento de unidades geográficas únicas.

Para ello, defiende un servicio autónomo, con capacidad propia de administrar sus fondos y su personal. Cuanto más coherente y eficaz sea nuestra política exterior, más capaces seremos de hacer frente y con celeridad a los retos inherentes a la condición de la UE como actor internacional de primer orden. El terremoto de Haití representó, además de una crisis humanitaria sin precedentes, una prueba de primer nivel a la que tanto la Unión como España como presidencia de turno han sabido responder con unidad y rapidez.

Además del envío inmediato de equipos de búsqueda y rescate, atención sanitaria y ayuda humanitaria a la zona afectada, nuestro país ofreció a la alta representante su apoyo desde el primer momento para la coordinación de los medios enviados por los Estados miembros, lo que se tradujo en la puesta en marcha de la unidad de coordinación de ayuda de emergencia en Puerto Príncipe (en coordinación con la Comisión y la Oficina de Ayuda Humanitaria de la UE), la evacuación de ciudadanos europeos presentes en la capital de Haití durante el terremoto o el acuerdo para promover la celebración de una conferencia internacional para la reconstrucción del país, entre otros.

Pero más allá de nuestra obligación natural con terceros Estados, no debemos olvidar que la presidencia española se está desarrollando en un contexto condicionado por una crisis económica de la que, por fin, empezamos a vislumbrar los primeros síntomas de recuperación. Lejos de cualquier actitud conformista, la UE ha redoblado esfuerzos en los últimos meses para minimizar por encima de todo el impacto negativo en el empleo y fomentar la cohesión social. Para ello, la presidencia española está fundamentando el plan de acción de su mandato en dos ejes prioritarios: la lucha por la consolidación de la recuperación económica y el impulso del crecimiento sostenible y creación de empleos de calidad.

El primer Consejo de Economía y Finanzas bajo nuestra presidencia, celebrado el 19 de enero, representó la consecución de un acuerdo político sobre uno de los elementos del paquete normativo relativo a la fiscalidad internacional y la lucha contra el fraude, conocido como “paquete de buena gobernanza fiscal”. La UE se enfrenta igualmente a corto y medio plazo, a tres grandes desafíos relacionados con el desarrollo de la batería de medidas que se están adoptando en materia económica y fiscal. En primer lugar, la presidencia española supervisará, en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el proceso de retirada de ayudas y estímulos fiscales a la vez que impulsa un nuevo modelo de supervisión financiera, actualmente en negociación en el Parlamento Europeo.

En segundo lugar, las estrategias de salida de la crisis deberán estar orientadas hacia un nuevo patrón de crecimiento económico sostenible, estable y equilibrado. Para ello será necesario llevar a cabo reformas estructurales contempladas en la Estrategia Europa 2020, que revisará de manera ambiciosa y profunda la actual Estrategia de Lisboa. Por último, España asume como prioritario el establecimiento de una fiscalidad más eficiente que refuerce la lucha contra el fraude. En el Ecofin de enero, se logró un acuerdo sobre uno de los elementos del paquete de nueva gobernanza, un proyecto de directiva que refuerza la asistencia mutua entre Estados miembros en materia de recaudación fiscal y que, junto a la directiva sobre fiscalidad de ahorro y cooperación administrativa, componen el núcleo ejecutivo de la iniciativa de buena gobernanza económica.

El proceso de redefinición de esta nueva Europa lleva implícito el diseño de una nueva estrategia de cooperación con terceros Estados que ayude a elevar a su vez nuestro peso en la escena internacional. En este sentido, el desarrollo de la política europea de vecindad en el entorno mediterráneo se presenta, no sólo para España sino para el conjunto de los Estados miembros, como una prioridad para los próximos años tanto por su urgencia como por su valor estratégico. Europa, sabedora de su compromiso de difusión de nuevos cauces de diálogo con terceros países, es plenamente consciente tanto de la importancia de su vertiente mediterránea como de las dificultades a las que se enfrenta.

Sensible a esa realidad, España no puede dejar pasar la oportunidad como presidenta de turno de la UE de seguir apuntalando ese reconocimiento durante los próximos tres meses y sentar las bases de lo que será el nuevo escenario de diálogo y colaboración entre Europa y sus vecinos del Sur. Para aceptar en toda su magnitud el papel asumido de actor global, la UE debe en primer lugar estrechar sus lazos naturales con los Estados con los que comparte frontera. El Partenariado Euromediterráneo, relanzado en 2008 como Unión por el Mediterráneo (UpM), es la muestra más palpable del compromiso adquirido por Europa y sus vecinos del sur de elevar el nivel político y económico de sus relaciones estratégicas. La Cumbre de París de julio de 2008 y la reunión euromediterránea de ministros de Asuntos Exteriores, sentaron las líneas maestras de nuestra cooperación, impulsando el desarrollo de nuevos proyectos regionales y transnacionales.

Pero en la región mediterránea, los tiempos y las necesidades parecen correr más deprisa que nuestras políticas y capacidades. Han surgido nuevas obligaciones que exigen profundizar en los acuerdos alcanzados e instaurar nuevas áreas de colaboración. Por ello, la presidencia española trabaja ya en la organización de la segunda cumbre UpM, que en junio reunirá en Barcelona a los jefes de Estado y de gobierno de la Unión, en la que se abordarán los retos globales y regionales a los que nos enfrentamos desde un prisma mediterráneo.

Una cita, en definitiva, en la que esa nueva Europa que entre todos estamos construyendo, demostrará que no hay mejor política que la política de la acción, solidaria, sostenible y responsable con nuestros socios y amigos de la ribera sur del Mediterráneo. Quizás el tiempo pase más rápido de lo que quisiéramos, pero qué duda cabe que en nuestras manos está sacar lo mejor de cada minuto que nos queda por delante.