Transición en Túnez

“En toda revolución hay una contrarrevolución cuyas fuerzas quieren volver a tomar el poder. Pero el pueblo todavía tiene algo que decir y no piensa ceder”.

Entrevista con Ahmed Galai por Lurdes Vidal

Ahmed Galai es el vicepresidente de la Liga Tunecina por la Defensa de los Derechos Humanos (LTDH). Fundada en 1976, se trata de una organización pionera en los organismos árabes y africanos pro derechos humanos. Ha sido uno de los pilares del Cuarteto del Diálogo Nacional que, en una época políticamente tensa, permitió a Túnez proseguir su transición democrática. Este “cuarteto” –que también agrupa la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la Unión Tunecina de la Industria, el Comercio y la Artesanía y la Orden Nacional de Abogados de Túnez– fue galardonado con el premio Nobel de la Paz en 2015 por su esfuerzo colectivo, que permitió organizar elecciones presidenciales y legislativas y ratificar una nueva Constitución en 2014. Coincidiendo con su paso por Barcelona para dar en el IEMed una conferencia sobre los derechos humanos en Túnez, AFKAR/IDEAS entrevista a Ahmed Galai para saber más sobre la situación de la transición democrática en su país.

AFKAR/IDEAS: ¿Cómo ve la evolución política de Túnez en el contexto actual y la situación de los partidos políticos?

AHMED GALAI:De entrada, si comparamos el presente con el pasado, nos hallamos en una situación muy favorable, muy positiva. Túnez ha pasado de una dictadura a una república democrática, donde las libertades se han convertido en algo de lo que goza la ciudadanía. La revolución ha devuelto las libertades al país. El cambio, por tanto, ha sido positivo: el pueblo ha recuperado sus derechos civiles, políticos, económicos y sociales. Ahora bien, en toda revolución hay una contrarrevolución, la otra cara de la moneda. Todas las fuerzas contrarrevolucionarias quieren volver a tomar las riendas del poder. Paradójicamente, quienes ocupan actualmente el poder no proceden de fuerzas revolucionarias. Incluso Nidaa Tunes, que había sido toda una promesa para los tunecinos, tiene en su seno tanto a partidarios del antiguo régimen como a izquierdistas… algo arrepentidos. Además, este gobierno no ha sabido dar respuestas adecuadas al pueblo, que está decepcionado, pues la mayoría de sus reivindicaciones aún no acaban de hacerse realidad.

A/I: ¿Se podría decir –como está en boca de ciertos activistas y académicos– que la revolución ha sido “confiscada” por las élites?

A.G.: Sí. Hasta yo puedo afirmar que se trata de una revolución “confiscada”, pero el pueblo todavía no ha dado su brazo a torcer. Es verdad que muchos ciudadanos no formaban parte del movimiento revolucionario, de la dinámica del cambio social, que se inscribían en la posición del régimen. Ahora se ha instalado el juego democrático. Sin embargo, quienes representan a las clases políticas y sociales no han sabido responder a las expectativas de los tunecinos. Esas expectativas eran ante todo de naturaleza social y económica, de libertad, igualdad, equidad y justicia social. Las regiones siguen estando en una situación lamentable: el Sur de Gafsa, el Oeste de Kasserine… aún hay movimientos de protesta. Ahora bien, el pueblo todavía tiene algo que decir y no piensa ceder ante esa clase que ha “confiscado” la revolución. Sigue habiendo jóvenes que se manifiestan, ciudadanos excluidos, regiones marginadas, mujeres que denuncian los abusos de que son objeto… Aún no se ha puesto en marcha la justicia transicional. Hay quien sigue inclinándose por hacer tabla rasa y dejar atrás los crímenes del pasado sin acabar de revelar la verdad. Actualmente se está sacando adelante una ley sobre la reconciliación, propuesta por el presidente, una ley que el pueblo rechaza. No estamos en contra de las reconciliaciones sociales y económicas, pero hay un proceso democrático en el que es necesario que la ciudadanía sepa la verdad. Hay que reparar a quienes han sido víctimas de violaciones en sus carnes y en sus derechos.

Algunos se inclinan por hacertabla rasa y dejar atrás los crímenes del pasado sin revelarla verdad

A/I: Ha mencionado cuestiones importantes en el Túnez actual: los jóvenes, las mujeres, los derechos humanos, pero también la cuestión de la justicia transicional. En este contexto, ¿cómo hallar un equilibrio entre ruptura y continuidad?

A.G.: En el consenso. En el diálogo nacional. Nuestro país recibió el premio Nobel de la Paz en unas circunstancias muy difíciles. Al frente de ese diálogo nacional hay cuatro prestigiosas organizaciones: la Liga de los Derechos Humanos –de la cual soy miembro–, la UGTT –un destacado sindicato histórico–, los empresarios y la abogacía, la primera línea de derecho. Creo, en consecuencia, que el diálogo nacional es el ciclo que nos salvará, que permitirá que esa ruptura persista. No obstante, todo el mundo debe sentarse a la mesa para debatir los problemas con espíritu de consenso. Este Cuarteto Nacional ha sido capaz de librar al país de una crisis profunda, de una guerra civil. Cuando asesinaron a Chokri Belaid y Mohamed Brahmi, camaradas que perdieron la vida a manos de fuerzas de extrema violencia, el país quedó bloqueado. Se suspendió la Constitución de aquella época, no había gobierno, no había elecciones.

El Cuarteto Nacional fue una novedad en la región, al congregar a todos los partidos políticos para trabajar a partir de tres directrices: la Constitución, la organización de elecciones e instituciones democráticas y la formación de un gobierno que gozara de la confianza de la ciudadanía. La Constitución ha funcionado: cuenta con el aval de todas las formaciones políticas y es democrática en su conjunto. Hemos celebrado elecciones, democráticas y transparentes, que han permitido la formación de un gobierno elegido por el pueblo. En cuanto a los derechos humanos, conocemos casos de violaciones que se perpetraron en el pasado y vuelven a cometerse, pero ahora se recurre al terrorismo como coartada para camuflarlas. Es la excusa. Para nosotros, no hay concesiones. Hoy se detiene a presuntos terroristas, se los somete a torturas y el hecho de defenderlos nos convierte en sospechosos de complicidad.

Estamos en contra de la tortura y de la pena de muerte ejercidas contra cualquier persona. Aunque se trate de un terrorista, deben seguirse las normas jurídicas y un proceso imparcial. Hay una ley antiterrorista que permite juicios parciales y violaciones en todas las fases de la investigación. El problema es una definición demasiado amplia de “terrorismo”, donde caben hasta quienes no son terroristas, por ejemplo, un movimiento social legítimo y pacífico. Así que defendemos una definición más precisa de terrorismo y las mismas normas para todo el mundo. Creo que lograremos encontrar una solución equilibrada entre seguridad y derechos humanos.

A/I: ¿Satisface el apoyo de la Unión Europea a la población tunecina? ¿Se esperaba una mayor implicación de Europa en el proceso democrático del país?

A.G.: Europa ha sido muy beneficiosa para el cambio. Tras la revolución, la UE invirtió grandes sumas de dinero en Túnez para socorrer una economía en decadencia. Sin embargo –y lo digo como defensor de los derechos humanos– lo hizo sin evaluar el pasado. Esa Europa apoyó en gran medida a Ben Ali. El expresidente servía los intereses de Europa: era una fuerza de interposición, puesto que por aquel entonces la Unión temía el ímpetu integrista musulmán y encontró en Ben Ali a un vigilante. En resumen: somos conscientes de que se trata de una colaboración muy positiva y prometedora, pero la UE debe abandonar el eurocentrismo y dejar de actuar solo movida por su interés personal.

A/I: Como en el caso de los movimientos migratorios. La posición de Túnez frente a Europa ha sido complicada…

A.G.: En un principio, Túnez pudo rechazar determinadas medidas, como las leyes contra los inmigrantes, y supo imprimir al debate un enfoque más humanitario de la inmigración, que no girara en torno a la seguridad. No obstante, con el último acuerdo entre Túnez y Alemania –en contra de las ONG tunecinas–, Angela Merkel obtuvo del primer ministro el acuerdo para la devolución de 1.500 inmigrantes presuntamente en situación irregular. Nosotros no estamos contra Europa, al contrario: estamos culturalmente a favor de Europa. Nos hallamos en una cuenca mediterránea que sigue siendo un mar de encuentros interculturales, un mare nostrumque por desgracia hoy se ha convertido en un mare mortum. Hay que restituir a este espacio la igualdad, la libertad y la paz.

A/I: Hablando de los tunecinos que emigran, ¿cómo se explica que tantos jóvenes se marchen a Siria a luchar con grupos yihadistas?

A.G.:Hasta yo me pierdo en conjeturas. Son jóvenes cultivados y con formación. No se trata de marginados que se marchan asqueados, al no tener ya nada que perder. En mi opinión, tiene que ver con la identidad y también con una educación negligente desde el principio. Asimismo, se trata de una reacción frente a lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001. Tras aquel ataque inaceptable, horrible y criminal, se deesplegaron en Irak para, según ellos, “liberar” el país. ¿Cómo está ahora Irak? ¿Y Siria? ¿Acaso los tanques de Bush trajeron la democracia a Irak? Naturalmente, yo no era partidario de Saddam Husein, ¡era un dictador! Pero tampoco apruebo que otras potencias acudan a liberar el pueblo de Saddam Husein, pues el pueblo ya se liberará por sí mismo.

A/I: Según su respuesta, hay un elemento político que juega un papel muy importante.

En política no hay lugar para la religión, estoy a favor de la laicidad democrática

A.G.: No son solo temas socioeconómicos o geopolíticos, sino también de identidad. Tienen que ver con la historia reciente del mundo. ¿Por qué hubo potencias que atacaron y destruyeron civilizaciones? ¿Acaso esas acciones no iban a generar problemas? Me gustaría decir a los islamófobos que asocian violencia a islam que lo que piensan no es cierto. La violencia no la ejercen solo los musulmanes. Yo mismo soy de cultura musulmana, pero ese “islam violento” no es el que mis padres me enseñaron.

A/I: ¿Qué opina de la evolución de Ennahda como nuevo partido musulmán democrático?

A.G.: Ennahda es un partido político muy hábil. Ha sabido aprovechar la situación para estar en el poder, al encontrar en Túnez un terreno fácil. Ahora se ha moderado, se ha convertido en un Ennahda light. Sin embargo, cuenta entre sus filas con miembros más radicales. En cualquier caso, es un partido imprescindible: juega al juego político y ostenta el poder con Nidaa Tunes. Son las dos formaciones más poderosas. No obstante, considero que en política no hay lugar para la religión. Estoy a favor de la separación radical, de la laicidad democrática. La religión debe ser un asunto privado. Se puede ser musulmán y laico. La laicidad se ha convertido en una palabra peligrosa, porque se nos asocia a los ateos, a los infieles. Sin embargo, se trata de una concepción política donde la esfera religiosa es privada –algo entre Dios y uno mismo– y la política es pública.

A/I: Por último… un deseo para Túnez.

A.G.: Que no se confisque la revolución. Que la revolución otorgue a ese pueblo, que tanto promovió su independencia en el pasado, todos sus derechos y que los tunecinos construyan una república real y democrática.