Toda propuesta fracasará mientras las partes no se sienten a hablar

Reforzar y ampliar las competencias de la Minurso, plantear una autonomía “blindada” y una fuerte cooperación europea bajo el paraguas de la ONU, son sus principales propuestas.

ENTREVISTA a Vicenç Fisas por Lurdes Vidal

El director de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, Vicenç Fisas, sigue de cerca y desde hace mucho tiempo todo progreso o retroceso en el conflicto saharaui, sobre el cual ha publicado múltiples artículos y organizado seminarios. Además, es autor de una treintena de libros sobre investigación y cultura de paz, desarme, políticas de defensa y conflictos armados, el último de los cuales Procesos de paz y negociación en conflictos armados, expresa los primeros resultados de una investigación en curso en la que se realiza un seguimiento de 30 procesos de negociación que hay en la actualidad. Fisas ha actuado como consultor en varios organismos internacionales que intervienen en conflictos.

AFKAR/IDEAS: ¿Qué ha cambiado en el contexto actual en relación con el momento en que se presentó la propuesta denominada Plan Baker II?

VICENÇ FISAS: En primer lugar, hay una diplomacia que está cansada. No es que la ONU haya agotado todas sus posibilidades, pero el hecho de que James Baker haya llegado al punto de dimitir tras intentar encontrar una salida, con planes bastante distintos, creo que ya es un factor de cambio importante. Esto no debe restar mérito a las capacidades del nuevo enviado especial, Álvaro de Soto, puesto que se trata de una persona con mucha experiencia en contextos variados y que en su última actuación en Chipre tuvo que trabajar con lo que denominamos “arquitecturas políticas intermedias”, que al fin y al cabo es lo que se está buscando también en el Sáhara Occidental. Luego, se ha producido el cambio de gobierno en España.

Tanto el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, han reiterado que no podemos esperar 25 años más, que la cuestión del Sáhara es prioritaria, y que hay que lograr una salida negociada y satisfactoria para todas las partes. Aunque quizá no muy comprendida, la estrategia española de no enemistarse con ninguno de los actores influyentes y rehacer las relaciones con Marruecos y la confianza con Francia, puede obtener resultados, puesto que tiene como objetivo no imponer nada a nadie. Por tanto, hay un nuevo escenario que entraña nuevas posibilidades.

A/I: En su calidad de especialista, ¿por qué cree que ha fracasado el plan presentado por Baker y cuáles serían los motivos de su dimisión?

V.F.: Baker estaba agotado. Incluso en algunos de sus informes había utilizado un lenguaje muy poco dado en el mundo de la diplomacia, con el que manifestaba su desencanto y lanzaba amonestaciones a las partes. En este sentido puede ser una buena noticia que haya un cambio, una renovación en el estilo. En mi opinión, toda propuesta seguirá fracasando mientras las partes no se sienten a hablar directamente. El sistema, según el cual el enviado especial de la ONU se reúne con unos y otros y luego hace la síntesis de las posibilidades, no funciona.

Por otra parte, no conducen a nada declaraciones como la que hizo en agosto el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Mohamed Benaissa, en las que decía que hablar directamente con el Frente Polisario podía suponer la “balcanización” del continente africano. Creo que el objetivo de De Soto será que el gobierno de Marruecos y los representantes del Frente Polisario se sienten a hablar de los detalles y construyan suficientes medidas de confianza para llegar a una solución. Marruecos tendrá que cambiar de postura. Puede seguir defendiendo sus ideas, pero no debe demonizar al otro actor, ya que es el interlocutor reconocido por la ONU como representante del pueblo saharaui. Así, pues, la función de España, Francia y Argelia debería ser la de ejercer presión para que se produzca este encuentro directo.

A/I: Entonces, ¿cómo quedaría la reclamación de Marruecos de que Argelia sea considerada parte en el conflicto?

V.F.: Argelia no debe ser parte porque de hecho no lo es. Debe ser un acompañante del proceso, como lo pueden ser España y Francia. Debe haber conversaciones directas entre representantes del Frente Polisario y del gobierno marroquí, y un segundo círculo, el de los acompañantes, Estados Unidos, Francia, España, Argelia y quizá también Mauritania. Su función es hacer todo lo posible para que estas conversaciones puedan llevarse a cabo y ayudar a las partes a encontrar salidas honorables y dignas para todos. El diseño de esta nueva arquitectura para el Sáhara Occidental debe pensarse dentro de un contexto regional, que implique un fortalecimiento de la Unión del Magreb Árabe (UMA), a la que Europa debe hacer una oferta económica contundente, de forma que todo el mundo sienta que sale ganando.

A/I:Usted ha hablado de medidas de confianza entre las partes para establecer una negociación directa. ¿En qué consistirían estas medidas?

V.F.: La primera, el reconocimiento mutuo entre las partes. Hay que romper este estigma de que los otros –y esto va para ambas partes– “sólo quieren perjudicarnos”. Hay que dejar de calificar al Frente Polisario de “pseudoterrorista”, puesto que reclamar la independencia no es ningún delito, sino que forma parte del proceso de negociación. Luego hay que buscar unos periodos de transición para reforzar el proceso de autogobierno, y respecto a la decisión final, no tiene por qué concertarse desde el inicio. Se puede dejar en manos del Consejo de Seguridad de la ONU para que decida, en función de la experiencia del autogobierno y del esfuerzo que hayan hecho las partes, si se debe celebrar un referéndum o no.

Por otra parte, hay que restablecer o reforzar las comunicaciones telefónicas, permitir el reencuentro de las familias, rehacer la convivencia con las personas que dejen Tinduf y se trasladen al territorio, garantizar sus libertades, etcétera. Entiendo que para que pueda funcionar es necesaria una mayor y reforzada presencia de la Minurso, debe ampliarse su mandato y tener más competencias, pues sería la forma de apaciguar, reducir tensiones, y conferirle responsabilidades que ahora, en parte, ostenta la administración marroquí.

Autonomía y descentralización

A/I: ¿En qué condiciones podría hacerse efectiva una autonomía que colmara las aspiraciones de los saharauis?

V.F.: Depende de la arquitectura que se diseñe. Si los saharauis consideran que se autogobiernan, aunque sea dentro de un marco integrado en Marruecos, tienen ya buena parte de lo que reclaman. En cuanto a Marruecos, si se trata de mantener el simbolismo de la unidad territorial, se puede explicar perfectamente a su población que se ha conseguido este objetivo con un nuevo sistema de descentralización casi federal, en la línea de las democracias avanzadas. No obstante, hay que tener en cuenta que Marruecos no tiene experiencia en descentralización y en autonomías, y esto hace que los saharauis teman que una experiencia piloto se convierta en algo muy edulcorado. Hay que garantizar que el autogobierno, dentro de un marco autonómico provisional, tenga la consistencia suficiente para quedar blindado respecto a otros procesos de descentralización en Marruecos. Pienso que muchos países europeos, España con Cataluña de forma especial, pueden ofrecer una experiencia de autogobierno muy avanzado que podría satisfacer muchas de las aspiraciones de los saharauis.

A/I: El planteamiento de una reforma constitucional en Marruecos podría considerarse un paso adelante hacia la autonomía y la descentralización?

V.F.: Aunque tarde o temprano deberá hacerse, creo que previamente hay muchos aspectos prácticos a negociar. Dejando a un lado el simbolismo del cambio constitucional hay que ver si las voluntades expresadas son verdaderas. Por ejemplo, tanto Hassán II como Mohamed VI habían repetido que, salvo la bandera y la moneda, todo el resto era negociable. Si esto es verdad se puede avanzar mucho, pueden ondear dos o tres banderas a la vez, la de Marruecos, la de la nueva autoridad del Sáhara Occidental que se pueda crear y la de la ONU, con el compromiso de no emprender una guerra de banderas. En cuanto a la moneda también puede buscarse una solución transitoria. Con el himno se puede organizar un concurso público, como los que la ONU ha organizado en otras partes, para que haya un nuevo himno, que unos pueden vivir como nacional, otros como autonómico y otros como regional. Con un poco de imaginación pueden salir muchas propuestas.

A/I: Entonces, ¿podríamos llegar a la autonomía a partir del Plan Baker? ¿Qué modificaciones tendrían que incluirse?

V.F.:Una sería fortalecer la presencia de la Minurso con más capacidad de gestión sobre el territorio. Otra, dejar para más adelante la decisión de si se celebrará un referéndum y sobre su contenido, aunque sin descartarlo. No tenemos que olvidar que el Sáhara sigue siendo un territorio que está en el Comité de Descolonización y ésta es una carta que la ONU siempre tendrá para imponer una decisión final. También existen otras posibilidades, como que el Frente Polisario tenga la capacidad de ganarse los corazones de la población de origen marroquí residente en el Sáhara. Esto significa de forma amplia hacer una buena política de desarrollo, de respeto cultural, lingüístico y de las tradiciones, a parte de tener un buen colchón económico a través de la cooperación europea,por ejemplo.

A/I: Algunos de los asuntos más controvertidos son las competencias exteriores o la seguridad del territorio durante el periodo de transición.

V.F.: Imaginemos que la autonomía del Sáhara tuviera representación en la UMA. ¿No estamos pidiendo en Cataluña poder tomar decisiones y representación en la Unión Europea (UE)? Hay que perder el miedo. Mi intuición es que se podría hallar una salida si Marruecos asume riesgos y toma nota de las buenas prácticas que hay en Europa. En cuanto al acantonamiento de tropas yo iría más allá, hacia una desmilitarización del territorio. Esto reforzaría la presencia de la Minurso, que debería tener más componentes para garantizar el orden y la seguridad durante este periodo, y si las medidas de confianza funcionan podrían instalarse patrullas conjuntas.

Sin lugar a dudas, debería prohibirse cualquier organización paramilitar, y tanto las tropas del ejército marroquí como las fuerzas del Polisario tendrían que retirarse. Quizá podría lograrse un acuerdo con Argelia para que las fuerzas del Frente Polisario queden fuera del Sáhara, en la frontera de Argelia. La cuestión es crear una zona de paz y desarrollo que repercuta también en progreso para Marruecos, mediante la apertura de fronteras con Argelia, la normalización de relaciones, y la contribución de la UE a planes de desarrollo o condonación de la deuda condicionada.

A/I: ¿Cuál es su opinión sobre el memorando de rectificación presentado por Marruecos al Consejo de Seguridad de la ONU?

V.F.: El memorando tiene dos lecturas: una es la discusión entre hermanos, Marruecos y Argelia, ya que aquel quisiera una salida entre las potencias de la región dejando a un lado el Frente Polisario. Creo que esta disputa es menor y lo importante es que al final Marruecos reitera la opción autonómica y habla de “rematar” –un término nuevo– su integridad territorial, algo positivo por cuanto significa que no tiene aspiraciones más al sur del Sáhara. El memorando dice que Marruecos está dispuesto a comprometerse de buena fe en una negociación profundizada y constructiva. Sin embargo, esto se contradice con las declaraciones de que hablar directamente con el Frente Polisario sería alentar el secesionismo en el continente africano.

A/I: Hablando de declaraciones, ¿qué lectura hace del incidente altamente mediático entre Marruecos y Sudáfrica por el reconocimiento por parte de este país de la República Árabe Saharahui Democrática (RASD)?

V.F.: Es significativo, por el simbolismo de Sudáfrica en el continente, ya que podría ser el país africano que terminara como miembro permanente en el Consejo de Seguridad. Es un recordatorio a Marruecos, que no debería obstinarse tanto en no entender que, a nivel internacional, hay una percepción de que el pueblo saharaui tiene derecho a tomar ciertas decisiones y que lo mejor que podría hacer Marruecos es buscar vías para que estas decisiones sean lo más favorables para él. Tal como decía Baker en los últimos informes, ninguna de las partes podrá conseguir todo lo que quería pero nadie debe quedarse sin nada, esto es un principio básico de toda negociación.

Una solución a partir del consenso

A/I: Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, ¿sería partidario de la imposición de una solución por parte del Consejo de Seguridad?

V.F.: Una solución sólo llega a partir de un consenso. Si el Consejo de Seguridad impone algo, luego está obligado a hacerlo efectivo, ya que nunca tomará una resolución que luego no pueda aplicar. Por otro lado, aunque el Consejo de Seguridad aprobó hace algún tiempo unas normas de retirada de las operaciones de mantenimiento de la paz –y en el Sáhara se están dando algunas de las condiciones para esta retirada– esto dejaría al proceso sumido en un estancamiento total, como ahora. Así que imagino que con las próximas prórrogas el Consejo de Seguridad buscará esta salida de consenso. Desde el realismo más estricto, tampoco veo viable una operación de fuerza que obligue a Marruecos a salir del territorio. ¿Una condena moral? Tampoco servirá para nada. ¿Partir el territorio? Es una pseudosolución, no la mejor, aunque no la descartaría si a medio plazo no hay otra.

A/I: Habiendo tanto interés a nivel internacional y de las numerosas iniciativas desde la sociedad civil, ¿por qué no se ha logrado aún una resolución?

V.F.: Porqué el amplio colchón social que tiene el pueblo saharaui no ha sabido traducirse en capacidad de presión política. Así, el Consejo de Seguridad es quien tiene la última palabra y éste es un juego de equilibrios de intereses, de poderes. Nadie ha tenido el peso suficiente para decantar el tema en una u otra dirección.

A/I: El momento actual, con la voluntad manifiesta de algunos actores de poner fin al conflicto, ¿nos permite ser optimistas?

V.F.: Desgraciadamente no. No puedo ser optimista hasta que vea que Marruecos decide sentarse a negociar, y esto pasa por reconocer la validez de su interlocutor. Cuando esto suceda entonces sí seré optimista, puesto que entonces unos y otros tendrán la capacidad necesaria para buscar una salida.