Relaciones económicas del Magreb con China e India

Los relatos y temores sobre el aumento de la presencia de las multinacionales chinas e indias en el Magreb parecen exagerados, al menos por el momento.

Françoise Nicolas

El aumento de la importancia de China e India domina los debates económicos desde hace unos años. Siguiendo una estrategia de internacionalización decidida, las empresas chinas e indias están presentes en un buen número de regiones del mundo. Este dinamismo no ha dejado de suscitar inquietudes, pero también esperanzas, especialmente en el mundo en vías de desarrollo, en el que estos dos países se perciben como unos socios posiblemente más condescendientes que los países industrializados. El objetivo de este artículo es analizar el caso del Magreb. Tras estudiar la importancia y la naturaleza de las relaciones entre las distintas partes que intervienen, tratará de identificar su posible evolución así como las consecuencias, no solo para las economías de la región sino también para los países europeos que son sus socios históricos.

Intercambios comerciales dinámicos aunque todavía escasos

Los intercambios entre los dos gigantes asiáticos y el norte de África registran un fuerte crecimiento desde principios de la década de 2000. La tendencia es por tanto espectacular pero reciente. En las cuatro economías estudiadas (Argelia, Libia, Marruecos y Túnez), las importaciones de productos chinos han aumentado notablemente desde 2003, es decir, apenas dos años después de la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC). De unos millones de dólares a principios de la década, han pasado en 2009 a cerca de 5.000 millones en el caso de Argelia y a unos 2.500 millones en los casos de Marruecos y Libia.

Las importaciones procedentes de India también experimentan un fuerte crecimiento, pero la evolución no ha sido tan espectacular y su cuantía sigue siendo claramente inferior, 800 millones de dólares en el caso de Argelia, y cerca de 250 millones de dólares en el caso de cada una de las otras tres economías. En cuanto a las exportaciones, las situaciones son mucho más contrastadas. Libia es la única que logra salvaguardar sus intereses en el mercado chino (con unas exportaciones de 2.900 millones de dólares); Argelia también ha incrementado sus exportaciones, pero en unos niveles todavía muy modestos (aproximadamente 1.000 millones de dólares en 2009).

Por el contrario, las cuatro economías han conocido una fuerte expansión de sus exportaciones hacia India, aunque los volúmenes siguen siendo reducidos (cerca de 500 millones de dólares). De forma quizá sorprendente, la estructura de los intercambios bilaterales entre los gigantes asiáticos y el Magreb no refleja una estrategia de cooperación Sur-Sur sino que corresponde más bien a una estructura comercial de tipo “colonial”, característica de los intercambios entre países industrializados y países en desarrollo. El norte de África surge no solo como una fuente de materias primas, sino también como un mercado. China, y en menor medida India, tienen tendencia a exportar productos manufacturados (especialmente electrónicos y textiles) y a importar materias primas no transformadas.

Las especializaciones de las economías norteafricanas determinan en gran parte el equilibrio de sus intercambios con los socios asiáticos. Con excepción de Libia, las economías norteafricanas son crónicamente deficitarias con respecto a China ya que sus exportaciones de materias primas son insuficientes para compensar las exportaciones chinas de bienes de consumo. Los intercambios son más equilibrados con India. Solo Marruecos resulta sistemáticamente excedentario, en gran medida gracias a sus exportaciones de fosfatos. India también registró un déficit comercial con respecto a las otras tres economías en 2007 y 2008, pero parece que esta tendencia se corrigió en 2009.

En general, las dos grandes economías emergentes asiáticas siguen siendo unos socios comerciales relativamente irrelevantes para los países norteafricanos. La Unión Europea (UE) es el principal socio comercial de los países del norte de África, muy por delante de China y, con más razón, de India. Incluso en el caso de Marruecos, India ocupa el segundo lugar como mercado de exportaciones (con un 4,2%), pero muy por detrás de la UE (con un 61,5%). De igual manera, desde el punto de vista de China e India, las economías norteafricanas son unos socios comerciales insignificantes en su conjunto, aunque en el continente africano figuren entre las más importantes.

Inversiones modestas pero con fuerte potencial

A pesar de su indudable dinamismo, la presencia de las empresas tanto chinas como indias también es marginal en el Magreb. Según las distintas agencias de promoción de inversiones, los principales inversores en la región son los países europeos y, en menor medida, los del Golfo. En Marruecos, por ejemplo, los europeos (encabezados por Francia) ocupan los primeros lugares (con cerca del 75% del total de los flujos), aunque la proporción de los inversores del Golfo va en aumento desde hace algunos años. Los inversores asiáticos están claramente distanciados, incluso los más avanzados como Japón y Corea.

Desde el punto de vista de los inversores, la importancia relativa de los distintos países norteafricanos difiere entre China e India. Para los chinos, Argelia es el primer destino en lo que se refiere a sumas invertidas (en 2009 las inversiones chinas superaron los 800 millones de dólares según el embajador de China en Argelia). Esto se debe a las inversiones en el sector energético, aunque las relaciones tradicionalmente estrechas entre China y Argelia constituyen otro elemento importante para explicarlo. Los primeros contactos entre las dos partes son anteriores a la independencia de Argelia y China fue el primer país no árabe en reconocer su independencia. China no desmiente estas buenas relaciones y, por ejemplo, hoy es uno de los principales apoyos de Argelia en el Consejo de Seguridad de la ONU en el asunto del Sáhara Occidental. Por el contrario, Marruecos, Libia y Túnez atraen muy pocas inversiones chinas.

El estatus especial de Túnez corresponde a una realidad más general: el desarrollo de las IED que entran en Túnez es, a priori, mucho menos espectacular que en los otros países. En el caso de India, es Libia quien aparece como principal destino en cuanto a sumas invertidas, debido a la importancia de las inversiones indias en el sector petrolero (aunque los dos países creasen en 1978 una comisión destinada a promover la cooperación económica e industrial, las actividades de las empresas indias en Libia estuvieron confinadas durante largo tiempo en el sector de la construcción; las inversiones en el sector petrolero no empezaron hasta 2002). Marruecos figura también en un buen lugar en términos de sumas invertidas, mientras que Argelia y Túnez siguen siendo destinos marginales.

Más allá del sector de los hidrocarburos, los inversores indios y chinos están presentes en la explotación de otros recursos naturales diversos. Distintos grupos mineros chinos (Cecomines, Socom, China Geo Engineering y Shaolin) han conseguido licencias de explotación de minas de cinc o de oro en Argelia, mientras que los inversores indios están presentes desde hace mucho tiempo en el sector de los fosfatos en Marruecos. En 1999, la empresa Chambal Chemicals & Fertilizers Ltd., perteneciente al grupo Birla, y el Office Chérifien des Phosphates (OCP) se unieron para crear una joint-venture llamada IMACID, para la producción de ácido fosfórico. En 2005, la empresa Tata Chemicals Limited se unió a IMACID como socio a partes iguales. Los inversores chinos también están presentes en ese sector y el grupo chino Sinochem y el OCP han iniciado una joint-venture para fabricar ácido fosfórico en Marruecos.

Los inversores chinos además son muy activos en el sector pesquero marroquí. A parte de la explotación de recursos naturales, una parte creciente de las inversiones chinas e indias se destina ahora al sector manufacturero en unos ámbitos de actividad muy diversificados: bienes de consumo, productos químicos, productos textiles, equipamientos eléctricos y electrónicos, automóviles y equipamientos de telecomunicaciones (ZTE y Huawei). El sector de los servicios tampoco le va a la zaga. Los inversores indios no solo están presentes en las actividades de ingeniería y de servicios a las empresas, sino también en la producción de programas y aplicaciones informáticas (Wipro, Satyam Services o IDS Software).

En el sector turístico, el gran grupo indio Oberoi está presente en Marruecos, mientras que algunos inversores chinos tienen previsto desarrollar el Parque Nacional de Zembra en Túnez. Finalmente, el sector de la construcción atrae a inversores chinos e indios. Estos últimos se concentran en Libia y Argelia (Pradhan 2008), mientras que los inversores chinos son especialmente activos en Argelia. Los grupos constructores chinos, entre los que se incluyen el gigante público China State Construction & Engineering Corporation (CSCEC), se han “adueñado” de la mayoría de las grandes obras de construcción argelinas (viviendas, presas, puertos, carreteras…).

La concentración sectorial y geográfica de las inversiones refleja en parte que las intenciones de los inversores chinos e indios, obedecen a unas razones clásicas, pero diversas. En realidad, puede tratarse de una manera de acceder a algunos recursos naturales (petróleo, minerales), penetrar en nuevos mercados, afianzar unas posiciones adquiridas anteriormente en el mercado local por medio de las exportaciones, pero también de sacar el mayor provecho posible de los bajos costes de producción y ganar así en eficiencia, o de explotar las economías receptoras como punto de entrada hacia otros mercados geográficamente cercanos o accesibles debido a los acuerdos comerciales preferenciales (Marruecos, por ejemplo, ha firmado un acuerdo de asociación con la UE, un acuerdo de libre cambio con Estados Unidos y un acuerdo con ciertos países árabes en el marco del proceso de Agadir). Además de estas razones de carácter económico, las consideraciones políticas y diplomáticas no son ajenas a las decisiones, en especial en el caso de las empresas públicas chinas. El esfuerzo de implantación chino en la región responde a la búsqueda de influencia o de apoyo diplomático.

Repercusiones y perspectivas

A pesar de la notable expansión de las IED chinas e indias a lo largo de este último periodo, el norte de África no parece constituir una prioridad ni para unos ni para otros, y las inversiones siguen siendo minoritarias en relación con las de los socios tradicionales del Magreb. En estas condiciones, los relatos y temores sobre el aumento de la presencia de las multinacionales chinas e indias en la región parecen exagerados, al menos por el momento.

Paralelamente, tanto la reducida presencia de las empresas chinas e indias como las modalidades de la misma tampoco permiten esperar que tengan repercusiones positivas consiguientes en los países receptores, debido a que estas empresas son bastante poco activas en la producción y utilizan sus establecimientos sobre todo como depósitos, con un impacto limitado en lo que se refiere a creación de empleo. La principal aportación potencial reside, sin duda, en el papel que los países receptores podrían desempeñar como plataforma de producción hacia los mercados vecinos accesibles gracias a los acuerdos preferenciales.

Ahora bien, teniendo en cuenta lo relativamente escasa que es la presencia china e india en el Magreb, así como el dinamismo de su expansión internacional (sobre todo a través del comercio) y el deseo de los países norteafricanos de diversificar sus fuentes de inversión y de reducir sus desequilibrios comerciales con China, por ejemplo, no hay duda de que los flujos de inversiones chinas e indias destinadas a esta región estarán abocados a intensificarse rápidamente. En el caso de las inversiones indias, observamos con frecuencia en otras regiones del mundo un desplazamiento de las inversiones en las redes de distribución y ventas hacia inversiones en actividades manufactureras y centros de formación. Parece justificada la hipótesis de que sucederá lo mismo en los países del norte de África en los que están presentes los inversores indios.

Por tanto, podemos esperar que en el futuro habrá repercusiones más importantes en lo que se refiere a empleo y desarrollo tecnológico. Sin duda, las economías norteafricanas tienen mucho que ganar con el estrechamiento de los vínculos con los dos países emergentes asiáticos, siempre que los términos de la cooperación estén definidos y sean equitativos. Existen numerosas complementariedades y estas inversiones deberían tener un impacto a priori beneficioso sobre las economías receptoras tanto en materia de creación de empleo como de reestructuración o consolidación del aparato industrial.

Conviene, por tanto, que las autoridades hagan todo lo necesario para obtener el mayor provecho posible de este nuevo orden mundial. En concreto, deben fomentar la reorientación de las inversiones hacia sectores manufacturero y reducir la importancia relativa de las inversiones en el sector de los recursos naturales. En este sentido, se deben tomar ciertas precauciones para evitar, por ejemplo, unas sobrepujas tan costosas como estériles. Así, existe un riesgo real de competencia entre las economías de la región por convertirse en el mejor postor fiscal, algo a evitar debido a que solo podría tener un impacto negativo sobre las veleidades de la cooperación regional, que ya son bastante difíciles de concretar. Para los países de la UE, los socios tradicionales, los desafíos todavía están por llegar.

La cuantía de las inversiones chinas e indias sigue siendo muy reducida y tampoco resulta adecuada para cuestionar las posiciones adquiridas. El verdadero desafío reside en el hecho de que, en un futuro bastante cercano, los inversores de los dos países podrían tratar de usar a los países del norte de África como puentes hacia los mercados africanos, europeos e incluso de América. Además, todo apunta a que los propios países norteafricanos, que esperan estimular su actividad económica “vendiendo” su cercanía a estos mercados o sus relaciones privilegiadas en el marco de acuerdos de libre cambio o de asociación, les ayudarán a hacer realidad esta ambición. Si la dinámica de expansión de China e India se confirma en los años venideros, la cooperación entre la UE y el norte de África podría verse de nuevo presionada .