Reivindicaciones del feminismo islámico

A partir de una lectura crítica y renovada de las fuentes del islam, las feministas islámicas intentan mostrar las incoherencias de la lectura machista de la tradición.

Abdennur Prado

El IV Congreso Internacional de Feminismo Islámico se celebró en Madrid, los días 21-24 de octubre de 2010, organizado por la Junta Islámica Catalana y la Unión de Mujeres Musulmanas de España (UMME). El Congreso estuvo centrado en el debate sobre la situación actual del feminismo islámico (FI), el trabajo en red de las mujeres musulmanas, la situación de la mujer en Palestina, la hermenéutica coránica y la conexión entre sufismo y feminismo. En total, el congreso reunió a más de 500 asistentes, venidos de países como Pakistán, Egipto, Irán, Palestina, Malasia, Indonesia, Suráfrica, Marruecos, Arabia Saudí, Qatar, Kenia, Estados Unidos, Argentina, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal, Suecia, Holanda, Finlandia…

El público ha valorado positivamente que el congreso se haya constituido en un espacio abierto a diferentes perspectivas, y no en la expresión de un pensamiento único prefijado por las organizadoras. Esta diversidad de planteamientos refleja no solo los diferentes orígenes geográficos, sino las innumerables visiones que existen dentro de este movimiento. También se ha destacado lo vívido de los debates y el nivel no solo de las ponentes, sino también de muchas de los asistentes. Tras cuatro congresos internacionales, estamos en la mejor posición para visualizar las múltiples dimensiones de este movimiento. Lo que hemos pretendido es ofrecer una aproximación comprehensiva del FI, como fenómeno contemporáneo con raíces en el pasado, con una dimensión teológica, jurídica, sociológica y política: – teológica: se trata de un movimiento centrado en el Corán, que propone una exégesis igualitaria, desde la conciencia de que históricamente el Corán ha sido leído en clave patriarcal;

– jurídica: su campo de batalla por excelencia es la reforma de los códigos de familia patriarcales, vigentes en muchos países de mayoría musulmana;

– sociológico: el FI es hijo del islam político, es parte de los movimientos que se vienen desarrollando en el mundo islámico tras el fracaso de la utopía política islamista;

– política: es un movimiento de contestación a la alianza entre fundamentalismo islámico y globalización corporativa (los dos grandes enemigos de los derechos de las mujeres en el mundo árabo-musulmán);

– histórica: no es un movimiento heredero del feminismo occidental, sino que tiene su origen en las necesidades internas de las sociedades musulmanas y sus antecedentes en la historia del islam;

– forma parte del feminismo global, y en concreto de los feminismos del Tercer Mundo, que contestan las pretensiones de supremacía del feminismo eurocéntrico, denunciando el racismo implícito en muchos de sus planteamientos;

– tiene una dimensión espiritual evidente y se presenta como una posibilidad de vivificación espiritual de la ummah y del feminismo global al mismo tiempo.

Líneas de combate (‘yihad’ de género)

Una de las características del FI como movimiento es el hecho de que el activismo social y el trabajo intelectual están unidos y se sostienen uno al otro. Las activistas necesitan de las reinterpretaciones en clave feminista, y son ellas las que divulgan estas interpretaciones, a través de cursos y talleres. La unión de activistas e intelectuales se manifiesta especialmente en las diferentes campañas emprendidas en países de población musulmana, en dos frentes: por la reforma de los códigos de familia y por la derogación de algunas leyes consideradas denigrantes para las mujeres.

Pero también en mil y una luchas, contra la ablación en Mali, por la defensa de mujeres víctimas de la violencia machista, por la reforma de la enseñanza religiosa en materia de género en Indonesia: como Lily Zakiyah Munir, directora del Centre for Pesantrem and Democracy Studies, que está desarrollando un programa de reforma de la enseñanza religiosa en las más de 14.000 escuelas religiosas de Indonesia, con el objetivo de incluir en la formación de los futuros cuadros dirigentes del islam del país los conceptos de igualdad de género y de democracia. Es imposible nombrar todas las actividades realizadas en pos de los derechos de las mujeres musulmanas, desde un paradigma islámico. Hablamos de centenares de organizaciones que trabajan para paliar las discriminaciones que sufren las mujeres musulmanas.

Los ámbitos de trabajo son muchos y difieren de un contexto a otro. Sin embargo, los ejemplos de asociaciones como Baobab (Nigeria), Sisters in Islam (Malasia) o Shirkat Gah (Pakistán), resultan ilustrativos de las luchas y estrategias recurrentes:

– el apelar a una nueva lectura del Corán y de la Sunna para hacer frente a las leyes y a las prácticas culturales discriminatorias. Las feministas musulmanas reivindican el islam como su religión y rechazan las interpretaciones patriarcales que les son impuestas desde unas instituciones que no reconocen como propias;

– la respuesta de urgencia a situaciones derivadas de la implementación de una concepción patriarcal de la Sharia (códigos de familia, castigos corporales, etcétera);

– la insistencia en la educación y formación;

– la colaboración entre feministas laicas y creyentes, basándose en objetivos comunes;

– la unión entre discurso de igualdad de género y trabajo social.

– el uso de los medios de comunicación para influir;

– este trabajo desborda el marco nacional, generando una tendencia a la creación de redes transnacionales.

Se trata pues de un trabajo que se extiende a todos los ámbitos sociales: político y jurídico, publicaciones, universidades y educación, medios de comunicación, campañas de sensibilización, promoción de debates y realización de talleres en áreas urbanas y rurales… El objetivo es influir en el conjunto de la sociedad, de cara a cambiar las dinámicas derivadas de la mentalidad patriarcal, tan arraigada en todos los ámbitos.

Movimiento transnacional

Una de las sesiones del IV Congreso estuvo dedicada a la dimensión transnacional del FI. Daisy Khan presentó el Shura Council, Consejo Mundial de las Mujeres Musulmanas, creado en Nueva York en 2006. El Shura Council pretende fomentar el liderazgo de las mujeres. Rozana Isa nos presentó el Musawah, Movimiento Mundial por la igualdad y la justicia en la familia musulmana. Las campañas y organizaciones son locales, pero todas ellas contemplan la dimensión global. Muchas de las actividades que estas organizaciones locales realizan son transportables de un país a otro.

Durante las últimas dos décadas, las mujeres musulmanas, junto con activistas por los derechos humanos y la democracia, han establecido foros, desarrollado redes y asociaciones transnacionales, a través de las cuales compartir conocimientos y coordinar actividades. Uno de los pioneros es Women Living under Muslim Laws (WLUML, Mujeres Viviendo Bajo las Leyes Musulmanas). Mujeres de Marruecos, Argelia y Túnez formaron en 1995, en la estela del Foro Mundial de las Mujeres, el Collective 95 Maghreb-Égalité, con el objetivo específico de lograr la reforma de los códigos de familia de sus países. Junto con el Women’s Learning Partnership (WLP), creado en 2000, desarrolló la campaña de un millón de firmas en Marruecos: se trataba de recoger este número de firmas en demanda de la reforma de la Mudawana, el código de familia marroquí. El objetivo se cumplió, las firmas fueron entregadas a Mohamed VI y, finalmente, la reforma se llevó a cabo. Inspirada en esta iniciativa, en la actualidad está en marcha una campaña de un millón de firmas en Irán.

Hay que señalar también el proyecto transnacional llamado Rights at Home: An Approach to the Internationalization of Human Rights in Family Relations in Islamic Communities, desarrollado entre 2001 y 2005, para tratar de erradicar la violencia doméstica y las violaciones de derechos en el hogar, en la familia y en la sociedad. Al tiempo, aparecen iniciativas importantes como la campaña Stop Stoning and Killing Women! (¡Basta de lapidaciones y asesinatos de mujeres!), puesta en marcha por WLUML con el objeto de poner fin al persistente uso indebido de la religión y la cultura para justificar la muerte de mujeres como castigo por violar las “normas” de comportamiento sexual.

A esta efervescencia contribuyen las modernas tecnologías de la información, la facilidad de interconectarse a través de Internet, el acceso a sitios web de cualquier lugar del mundo. Toda esta actividad tiene una repercusión mediática que trasciende las fronteras. Los foros internacionales constituyen espacios de encuentro únicos entre intelectuales y activistas, con el objetivo de elaborar un proyecto sólido de emancipación. Como resultado, hoy podemos decir que en la última década el FI ha logrado abrirse paso, ser visibilizado como un movimiento transnacional. Esto es importante, pues el contacto y el apoyo de organizaciones paralelas refuerzan las luchas locales, rompen con el aislamiento y dan la conciencia de estar participando de un movimiento global, cuya fuerza es imparable, a pesar de las dificultades del presente.

Límites, dificultades, perspectivas

Afirmar que el Corán no sustenta el patriarcado tiene unas implicaciones tremendas, políticas, jurídicas, culturales y religiosas. No se trata tan solo de una frase hermosa, de cara a la galería, sino de tomar conciencia de lo que esto significa y actuar en consecuencia. En primer lugar, significa reconocer que gran parte de los conocimientos que nos han sido legados por los grandes ulemas del pasado están viciados por una mirada patriarcal, que desfigura el Mensaje del Corán en puntos importantes.

En segundo lugar, afirmar que el Corán no sustenta el patriarcado nos sitúa frente a toda una casta de clérigos reaccionarios. Desde estos sectores, las resistencias serán enormes. No olvidemos que el patriarcado ha constituido el sustrato de la sociedad islámica durante 14 siglos y permea todos los campos de la sociedad. Las críticas realizadas al FI por parte de otros musulmanes se centran en dos puntos:

– el discurso patriarcal es dominante en círculos religiosos, incluidos consejos de ulemas, ministerios de Asuntos Religiosos, universidades islámicas… Y en general en todo el stablishment de los ulemas oficiales. Por supuesto existen excepciones, pero en general la visión del islam dominante en estos círculos es la patriarcal. La influencia de Arabia Saudí en este punto es clave. La alianza de los Estados (incluso los nominalmente laicos) con instituciones religiosas conservadoras sitúa a las feministas musulmanas como terceros en discordia;

– la vinculación entre colonización y feminismo hace que muchas veces el FI sea visto como un movimiento extraño y cómplice de Occidente en sus intentos de destruir la familia y minar la identidad cultural y religiosa de las sociedades musulmanas;

La crítica teológica tradicionalista se centra en la idea de que Dios ha creado al hombre y la mujer como criaturas diferenciadas y complementarias. Aunque se acepta la igualdad ontológica entre ambos, se considera que la mujer está especialmente dotada para la maternidad, el cuidado de los hijos y las tareas del hogar. Desde posiciones fundamentalistas, se considera que en una sociedad guiada por las leyes del islam la mujer debe quedar bajo la tutela del hombre. Las mujeres no están cualificadas para interpretar el Corán y la Ley islámica. Desde esta perspectiva, el FI es visto como contrario a los valores del islam, una amenaza ante la cual hay que defenderse.

Pero, más allá de estas críticas, parece evidente que el FI es un movimiento emergente, con grandes posibilidades de futuro. La lógica histórica juega a favor, en la medida en que el FI se presenta como solución a muchas de las dificultades actuales de las sociedades musulmanas, situadas en el callejón sin salida de conciliar el islam con la adhesión a las normativas internacionales como el Cedaw.

Dimensión espiritual

He querido dejar para el final la mención de otro de los ejes del IV Congreso Internacional de FI. Como movimiento enraizado en la tradición islámica más genuina, el feminismo islámico no debe quedarse en lo meramente ideológico. Trascender lo ideológico significa postularse como movimiento de renovación espiritual. El fundamento del feminismo islámico es espiritual, una experiencia de Dios como superación de los opuestos, la experiencia del tawhid, la unicidad de todo lo creado. De ahí la insistencia de Amina Wadud en lo que llama “paradigma tawhidi”.

Es desde esa superación de la dualidad masculino-femenino y la experiencia del despojamiento donde se gesta el feminismo islámico. Por ello ha sido definido como un movimiento de regeneración espiritual de la ummah, que tiene una dimensión sociológica y política, pero solo para trascenderlas. A esto se añade la denuncia de la usurpación que hacen las instituciones patriarcales reaccionarias, constituyéndose en jerarquías religiosas y en detentadores del monopolio interpretativo en una religión que ha prohibido de forma expresa el monacato. En definitiva, a través del FI las mujeres musulmanas hacen suya su religión y ejercen su responsabilidad personal hacia Alá y sus semejantes. Este criterio implica recuperar la visión coránica sobre el ser humano, el insan. Hay que decirlo bien claro: el Corán no establece roles en función del sexo, sino que considera a cada ser humano como criatura capaz de trascendencia, dotada de razón y de criterio, capaz de amar y darse al otro, de realizarse como califa de Dios sobre la tierra.

La asignación de roles diferenciados para el hombre y la mujer es una construcción social que se impuso como punto de partida a través de la cual limitar el mensaje igualitario del islam. El FI se presenta pues como un movimiento de restauración espiritual al mismo tiempo que como un movimiento social. Lo que propone es una auténtica transformación, realizada desde una profunda vinculación con el Mensaje del Corán, desde la apertura de corazón a Alá como Justo y Misericordioso, al-Adl wa al-Rahman, una Fuente de Amor visceral que todo lo recorre, quien ha establecido la Balanza, al-Miçan, el equilibrio entre todas las fuerzas que recorren la Creación, y que afectan a las criaturas, como movimiento incesante del Uno hacia el Uno.

Conclusión

A través de los cuatro congresos celebrados, se ha puesto de manifiesto las múltiples implicaciones y manifestaciones del FI. De ellas, destacaríamos la centralidad del Corán: las feministas del islam desarrollan una lectura crítica y renovada de las fuentes del islam para poner en evidencia las incoherencias de la lectura machista de la tradición. Se trata de una lectura desde el punto de vista de género, que pretende:

– contestar a las pretensiones de islamicidad de la concepción patriarcal de la Sharia (códigos de familia discriminatorios);

– restablecer la justicia como criterio superior y principio rector de las sociedades musulmanas, en oposición tanto a las corrientes fundamentalistas como al imperialismo occidental;

– romper con la idea de que el islam ha asignado roles diferenciados a la mujer y al hombre, de que las capacidades de la mujer y las del hombre deben situarlos en esferas separadas de actividad;

– recuperar la dimensión espiritual y el sentido integrado de estar en el mundo, frente a aquellos que pretenden reducir el islam a una ideología (reformismo musulmán, islamismo, islam político, fundamentalismo);

– devolver a la mujer musulmana su condición de califa de la Creación, encargada del cuidado del mundo y capaz de desempeñar todos los papeles. Una sociedad equilibrada es aquella en la que todos los individuos tienen la posibilidad de desarrollar todas sus capacidades, con independencia de su sexo, religión, clase social o raza.