Relaciones báltico-mediterráneas en investigación científica

El futuro tecnológico está condicionado por la creación de un auténtico espacio mediterráneo de investigación.

Fatima Roumate

En este momento de la globalización, caracterizado por la internacionalización educativa y tecnológica y la aparición del papel de la ciencia y de la tecnología en el desarrollo económico y social, los problemas locales o territoriales exigen una resolución planetaria, puesto que su impacto puede afectar a otros países. En este sentido, en cuanto a la investigación científica, el futuro de las relaciones entre el Báltico y el Mediterráneo está condicionado principalmente por la creación de un espacio mediterráneo de investigación, elemento fundamental de una unión por el Mediterráneo. El fuerte consumo de información económica, pero también científica y tecnológica, combinado con Investigación y Desarrollo (I+D), y el cálculo de riesgos determinan las ventajas comparativas de la competitividad tecnológica de los países.

Esto designa a los triunfadores de la guerra económica, en una globalización tecnológica cada vez más exigente. Es decir, la capacidad de crear, de difundir productos nuevos, de poner a punto procesos eficaces es la mejor garantía del éxito en los mercados mundiales. Por ello, las políticas científicas y tecnológicas que tienen en cuenta el papel significativo de la cooperación internacional en este ámbito facilitan más la integración en la globalización y constituyen la mejor respuesta a sus desafíos. En este sentido, es el momento propicio para preguntarse acerca del desarrollo de las relaciones báltico- mediterráneas en cuanto a la investigación científica.

Es necesario distinguir dos niveles: las relaciones intra- europeas, es decir, entre los países bálticos y los otros países de la Unión Europea (UE); y las relaciones euromediterráneas, incluidas entre los países bálticos y el sur del Mediterráneo.

¿Qué futuro tienen las relaciones científicas y tecnológicas entre el Báltico y Europa?

En un mundo caracterizado por la internacionalización educativa y tecnológica, el futuro científico y tecnológico de la UE está condicionado, entre otras cosas, por el refuerzo de la cooperación entre los países bálticos y los demás países miembros de la UE. En efecto, la mejora de nivel científico y tecnológico de la UE exige el refuerzo de las relaciones intraeuropeas en general, y el estímulo de la cooperación entre los países ribereños del Báltico y el resto de los miembros de la UE en particular. Pero, ¿por qué las relaciones entre el Báltico y Europa pueden tener un impacto significativo en el progreso tecnológico de la UE?

En primer lugar, la inversión de la UE en I+D es escasa en relación con la de otras potencias tecnológicas como los países asiáticos y Estados Unidos. Además, gran parte de esta inversión se orienta hacia los sectores tradicionales (química, farmacia, automóvil, electrotecnia…), mientras que la inversión en las nuevas tecnologías y en las biotecnologías es muy limitada en relación con otros países competidores.

Para sacar a la investigación científica europea de este estado de debilidad que puede extenderse y afectar a otros sectores, la UE estudió doblar los gastos en I+D, uno de los principales objetivos de la estrategia de Lisboa. Sin embargo, esto no resulta tan fácil, visto el impacto de una decisión de este tipo en los demás sectores. Así pues, la cooperación intraeuropea, principalmente entre los países del Báltico y los demás miembros de la UE puede ser la solución conveniente, considerando su nivel científico y tecnológico y su experiencia histórica en el ámbito de la ciencia y de la tecnología. En este sentido, recordemos que un país como Finlandia dedica un 3,43% del PIB a la financiación de la investigación.

En un Espacio Europeo de Investigación, es imprescindible reforzar la cooperación descentralizada entre el Báltico y las demás regiones europeas, lo cual facilitaría la construcción de la “estrategia i2010” (Sociedad de la Información Europea 2010). Bajo esta perspectiva el futuro de las relaciones entre el Báltico y Europa se caracterizarán por:

– El refuerzo de la cooperación descentralizada entre los distintos agentes de la investigación pública europea (regiones, colectividades locales, universidades…).

– El refuerzo de las asociaciones entre lo público y lo privado.

– El refuerzo de las alianzas industriales, especialmente en los sectores de la biotecnología y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC).

– La promición de las asociaciones equilibradas entre las ONG europeas y las del Báltico en I+D tecnológico.

– La coordinación de la planificación estratégica de los programas de investigación nacionales entre los países ribereños del Báltico y los otros países europeos.

Todo ello exige la implantación de algunas reformas reglamentarias e institucionales, en particular:

– incentivos fiscales y reglamentarios para estimular la inversión en la investigación en biotecnología y en NTIC;

– medidas que faciliten la circulación de los investigadores y de los científicos entre el Báltico y el resto de países de la UE;

– la instauración de las estructuras institucionales que contemplen la coordinación entre los programas de investigación de estas dos partes y la evaluación de los proyectos comunes realizados en este marco;

– el establecimiento de un marco reglamentario, institucional y financiero para la cooperación descentralizada entre las dos partes.

En efecto, estas medidas pueden favorecer las relaciones entre el Báltico y Europa; y serán también beneficiosas para el Espacio Europeo de Investigación. Sin embargo, ¿bastará este Espacio Europeo de Investigación para mejorar el nivel de investigación científica de la UE? Hay que tener en cuenta los desafíos de la globalización tecnológica junto con la internacionalización educativa alentada por el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), que considera la educación y la enseñanza como servicios que se pueden comprar o vender sin estar obligado a desplazarse, gracias a las NTIC y al e-learning.

Si bien una unión por el Mediterráneo se impone a causa de la globalización y la interregionalización, la clave para llevar a cabo esta unión y hacer frente a todas las dificultades que la obstaculizan, está en el refuerzo de la cooperación científica y tecnológica entre el Báltico y el Mediterráneo en el marco de las relaciones euromediterráneas.

El futuro de las relaciones entre el Báltico y el Mediterráneo: un espacio mediterráneo de investigación

Los principales compromisos de la política de la UE con los países mediterráneos son la seguridad de los países del Sur y, por tanto, la de los europeos; el desafío cultural, a saber, la coexistencia entre el mundo judeocristiano y el mundo árabe-islámico; y los desafíos económicos. El sur del Mediterráneo, a diferencia de América Latina o del sureste asiático, no ha sabido convertirse en una nueva región económica emergente. Con excepción de Turquía y de Israel, esos países se caracterizan por una oferta industrial poco competitiva.

En este sentido, la cooperación científica y tecnológica entre el Norte y el Sur siempre ha contribuido al progreso de los países en desarrollo. Sin embargo, en el caso de las relaciones euromediterráneas, esta cooperación no ha tenido un impacto significativo en la resolución de los problemas de la región, mientras que puede ser la clave de una unión mediterránea. Si bien el drama de la inmigración clandestina pesa mucho en las relaciones euromediterráneas, la cooperación científica y tecnológica equilibrada entre el Norte y el Sur contribuirá sobradamente a la resolución de este problema. Dicho de otra forma, esta cooperación no debe concebirse como una colaboración entre el fuerte y el débil, puesto que eso no sería una cooperación sino una ayuda al desarrollo.

El control de fronteras y las políticas de visados no limitarán los flujos migratorios ilegales. Sólo la mejora de las condiciones de vida y el desarrollo económico y social del sur del Mediterráneo pueden solucionar este problema. No obstante, esto está ligado a la mejora de las condiciones de la investigación científica y tecnológica, que constituye la principal causa de fuga de cerebros del Sur hacia el Norte, teniendo en cuenta los programas de seducción de investigadores y científicos adoptados por algunos países europeos y la escasa financiación de la I+D por parte del Sur, que todavía está lejos del 1%, el mínimo necesario para alcanzar los Objetivos del Milenio.

En este sentido, la cooperación científica y tecnológica equilibrada, y orientada hacia ámbitos prioritarios y necesarios para el desarrollo científico y tecnológico del Sur, contribuirá en gran medida a la resolución del problema de la inmigración clandestina y de la fuga de cerebros, al igual que facilitará la aproximación de las culturas y las civilizaciones entre el mundo judeocristiano y el mundo árabe-islámico. Además garantizará el reparto igualitario de los efectos beneficiosos de los acuerdos de libre comercio euromediterráneo.

En la misma perspectiva, la evolución científica y tecnológica euromediterránea, incluidas las relaciones entre el Báltico y el sur del Mediterráneo, debe estar caracterizada no solamente por el refuerzo de la cooperación científica y tecnológica, sino también por el estímulo de la inversión en el sur de Mediterráneo, principalmente en las nuevas tecnologías de la información y en lo inmaterial. Así, la creación de empresas conjuntas puede ser eficaz y conveniente para las dos partes. A los países del Báltico, la inversión en tecnología y la creación de empresas conjuntas les permitirán sacar provecho del gran mercado del sur del Mediterráneo, especialmente del África septentrional, teniendo en cuenta la competencia cada vez mayor por parte de China y de EE UU en esta región. Además, contribuirá a la resolución del problema de la inmigración clandestina, ya que inversión significa creación de nuevas empresas, es decir, generación y creación de nuevos empleos.

Para el sur del Mediterráneo, las inversiones extranjeras directas, principalmente en tecnología y en lo inmaterial, contribuirán a hacer frente a la fuga de cerebros y a la mejora de la competitividad tecnológica internacional de sus economías nacionales. Sin embargo, esto exige a las dos partes la implantación de algunas medidas reglamentarias e institucionales:

– la creación de un entorno propicio para el estímulo de la inversión extranjera directa procedente de los países del Báltico hacia el sur del Mediterráneo, lo que requiere la instauración de incentivos fiscales y jurídicos y la simplificación de los procedimientos administrativos, incluso de una manera preferencial;

– la creación de programas comunes de Investigación y Desarrollo tecnológico;

– la libre, si no simplificada, circulación de investigadores y científicos del Sur hacia el Norte; – el estímulo de la cooperación científica y tecnológica descentralizada entre la región del Báltico y el sur del Mediterráneo;

– el establecimiento de un marco reglamentario e institucional relativo a la protección de la propiedad intelectual, principalmente, la protección electrónica de los derechos de autor;

– la institución del derecho a Internet.

En definitiva, el futuro tecnológico de las relaciones entre el Báltico y el Mediterráneo (Norte y Sur) será la creación de un espacio mediterráneo de investigación, puente hacia una unión mediterránea, que no es en sí misma una finalidad, sino la única opción y la única solución para hacer frente a los desafíos externos que imponen la regionalización y la globalización tecnológicas y los desafíos internos que se inscriben en el marco de la consecución de los Objetivos del Milenio. Es decir, el futuro tecnológico de las relaciones báltico-mediterráneas está condicionado por la creación de un espacio mediterráneo de investigación que requiere tener en cuenta tres aspectos.

En primer lugar, poner en marcha las políticas científicas y tecnológicas y la cooperación en este ámbito, lo cual es inconcebible sin voluntad política. En segundo lugar, exige la movilización total de todos los medios (recursos financieros y humanos). Finalmente, los métodos, la coordinación y la concertación para la construcción de un espacio mediterráneo de investigación son fundamentales en lo que respecta a la regionalización tecnológica. A este respecto, los métodos quieren decir también, y simplemente, que cada protagonista y cada sector que contribuya al desarrollo tecnológico del Mediterráneo tiene que estar situado en una lógica global e imperativamente colectiva y concertada.