Política europea de nueva vecindad

La integración regional entre los países del Magreb sentaría las bases para construir una relación más significativa entre esta región y la Unión Europea.

ENTREVISTA A Pasqualina Napoletano por Gemma Aubarell

Política de nueva vecindad con los países del sur del Mediterráneo, ampliación de la Unión Europea (UE) a 10 nuevos miembros, necesidad de armonizar a largo plazo la libre circulación de mercancías con la de las personas, política exterior y de seguridad común… Hemos preguntado sobre todos estos asuntos a Pasqualina Napoletano, miembro del Parlamento Europeo (PE) y ponente del informe “Una Europa más amplia. Relaciones con los países vecinos: un nuevo marco para las relaciones con nuestros vecinos del Este y del Sur de Europa”.

AFKAR/IDEAS: En sus intervenciones en el PE,siempre ha querido definir y describir de manera explícita este concepto de nueva vecindad europea. ¿Cuáles son,para los países mediterráneos, las ventajas y los riesgos posibles de esta nueva política que usted denomina paneuropea y mediterránea?

PASQUALINA NAPOLETANO: Sinceramente, veo más ventajas que riesgos. Los riesgos estarán muy presentes si no iniciamos políticas comunes capaces de hacer frente no sólo al libre intercambio de bienes sino también a cuestiones que afectan a las perspectivas de vida de las personas, como los jóvenes y las posibilidades de desarrollar su educación, los intercambios y también la libertad, la democracia, la evolución del Estado de Derecho…

A/I: El PE se ha declarado a favor de que esta nueva política de vecindad sirva asimismo como plataforma de acercamiento a los países que deseen incorporarse a la UE. ¿Cuáles son las estrategias que apoya el Parlamento para garantizar la autonomía entre las políticas de nueva vecindad y las de la ampliación?

P.N.: La política de vecindad no es contraria a la aspiración de algunos países de ser miembros de pleno derecho de la UE. Es evidente que esta idea no es para hoy ni para un futuro cercano. La ampliación a 10 países en mayo de 2004 y a otros dos en 2007 así como la perspectiva de la integración de Turquía y de los Balcanes, requiere tiempo y traerá consigo una metabolización y una reflexión sobre la capacidad política de una Unión tan amplia. Dicho esto, la estrategia de vecindad también representa un fortalecimiento de las relaciones y, aunque tenga una autonomía evidente respecto a la ampliación, favorecerá de forma concreta las aspiraciones de algunos países empeñados en convertirse en miembros de pleno derecho.

A/I: A lo largo de los últimos meses, los países del Magreb han saltado al primer plano de la actualidad internacional: los atentados de Casablanca, el amazigh, los procesos electorales, las reformas del código de familia… ¿Cuáles son las cuestiones que la política exterior de la UE debe contemplar con más urgencia?

P.N.: La UE, como tal, debería construir una relación política más significativa con estos países. En relación con el Magreb, las relaciones bilaterales entre estos países, antiguas colonias, y cada país europeo sigue siendo muy fuerte. Pese al Proceso de Barcelona iniciado en 1995, las políticas concretas y los acuerdos sufren por este planteamiento. La política de vecindad, tal y como ha sido solicitada por el PE, debería favorecer una nueva relación entre la UE y la UMA para reemplazar la dimensión bilateral asfixiada. Pese a la existencia de signos de evolución hacia un pluralismo político, sobre todo en algunos países, el análisis sigue siendo muy crítico en lo que respecta a la democracia, los derechos, la división de poderes y el Estado de Derecho. La integración regional puede ser, para estos países como lo fue para Europa, una dimensión más favorable para las reformas políticas, económicas y sociales y sentar las bases para una relación más digna y equitativa con la UE. Esta colaboración debería abarcar todas las políticas. Por el momento, está desequilibrada hacia la liberalización de los mercados.

La Constitución europea

A/I: Usted ha insistido en la necesidad de afrontar las próximas elecciones europeas y la ampliación con un Tratado Constitucional. ¿Qué opina de las diferentes posiciones de la Europa mediterránea en dicho proceso? ¿Qué consecuencias tienen estas posiciones para el grupo de presión mediterráneo de la UE?

P.N.: La Constitución europea es fundamental para la eficacia de las relaciones exteriores de la UE. Su personalidad jurídica, un ministro de Asuntos Exteriores europeo (que asuma las funciones de Sr. PESC, Javier Solana, y del comisario Chris Patten) es uno de los instrumentos indispensables para dicho objetivo. El fracaso de la Conferencia Intergubernamental, tras él éxito de los trabajos de la Convención, demuestra que los gobiernos no tienen ni la visión ni la clarividencia suficiente para ofrecer un futuro a Europa. La presidencia italiana se encontró con la dificultad de tener que reunir unas posiciones alejadas hasta el límite de la incompatibilidad.

Sin embargo, la responsabilidad del primer ministro, Silvio Berlusconi, fue solidarizarse con las razones de los representantes de los países más intransigentes y no haber tenido la fuerza de conducir a una eventual mediación. Mientras que los célebres 85 puntos alcanzados han quedado inexistentes, la presidencia irlandesa ha reiniciado la negociación partiendo, felizmente, del resultado de los trabajos de la Convención. La dimensión mediterránea debe alcanzar el mismo peso político que ha tenido la relación entre la UE y los países del centro y este de Europa en el pasado. En este sentido, la estrategia de vecindad tiene el mérito de situar al mismo nivel de interés y dignidad las relaciones de la UE con los países europeos que no son miembros de la UE y aquéllas con los países del Mediterráneo y Oriente Próximo.

El Proceso de Barcelona

A/I: Usted ha afirmado que los escasos avances del Proceso de Barcelona se debían a la asimetría entre los objetivos y las políticas aplicadas. ¿Es necesario redefinir dicho proceso?

P.N.: El Proceso de Barcelona tenía tres ejes fundamentales de intervención: paz y seguridad, economía y mercado y cultura y desarrollo humano. En la práctica, el objetivo del libre intercambio ha prevalecido sobre los demás y el método multilateral (acuerdos regionales y/o con todos los socios) ha sido abandonado en favor de acuerdos de asociación bilaterales que no están en condiciones de introducir ninguna dinámica positiva en una situación que se puede calificar de estancamiento. El PE ha trabajado con los parlamentos y los parlamentos de los socios mediterráneos para constituir una verdadera asamblea parlamentaria euromediterránea que podría desempeñar un papel significativo, como tuvo el Consejo de Europa con las relaciones Este-Oeste. El PE ha apoyado la política de vecindad propuesta por la Comisión pero ha insistido en que sea una verdadera colaboración en todas las políticas y que pasemos de una dimensión bilateral a una multilateral. Por último, el PE insiste en que las cuestiones de la democracia y de los derechos humanos sean los fundamentos para una relación basada en unos valores compartidos.

A/I: ¿Cómo se puede contemplar la integración de los Balcanes y del diálogo con el mundo árabe en el marco de la nueva dinámica euromediterránea?

P.N.: Los Balcanes deben formar parte de la UE de pleno derecho. Esto debe estar claro y debe reiterarse. Pero no impide que estén implicados en el Proceso de Barcelona porque no está en contradicción con estas perspectivas. Al contrario, la presencia de los Balcanes en la política euromediterránea es enriquecedora. Chipre y Malta, que han participado de pleno derecho en esta política, van a convertirse en miembros de la UE. Demuestra que una perspectiva no excluye a la otra.