Perspectivas de la Primavera Árabe

“La relación entre gobernantes y gobernados árabes se ha invertido: los primeros conocen la fuerza de la disensión popular, los segundos invocan el Estado de derecho y un nuevo contrato social”.

ENTREVISTA con Saad Kiwan por Lorenzo Trombetta

Otro muro de Berlín se ha derrumbado. No se trata de un muro material como en 1989, sino de uno mucho más robusto y presente de forma penetrante en la conciencia de millones de árabes: el muro del miedo y del silencio. Las revoluciones árabes, que ya tienen más de un año, están solo al principio. Asistimos a un fenómeno sin precedentes en la historia moderna y contemporánea de estas regiones. Uno de sus primeros resultados ha sido la inversión de la relación entre gobernantes y gobernados: los primeros ahora conocen la fuerza de la disensión popular, mientras que los segundos invocan, cada uno a su manera, el Estado de derecho y un nuevo contrato social”. Es la lectura, en síntesis, propuesta por Saad Kiwan, periodista e intelectual libanés que, durante su entrevista con AFKAR/IDEAS, lanza también una señal de alarma: “el riesgo para las revoluciones árabes es que resulten incompletas si no logran una verdadera separación entre religión y Estado para que se pueda hacer realidad el principio de igualdad entre todos los ciudadanos”.

Kiwan, 57 años, es originario de la región costera de Batrun, pero pronto se trasladó a Beirut antes de dejar el país. Pertenece, al menos formalmente, a la comunidad cristiano-maronita libanesa. Después de estudiar en Bélgica, se trasladó a Italia, donde trabajó como periodista. Tras el final de la guerra civil libanesa (1975-1990), a mediados de los años noventa, regresó con su familia a Beirut. Aquí, desde hace más de 20 años, primero como periodista en el diario Al Safir y luego en SKeyes, el centro de la Fundación Samir Kassir para la Defensa de la libertad de prensa y de la cultura, libra su batalla a favor de un modelo alternativo al confesionalismo político, dominante en el país del Cedro, que se base en la afirmación del principio de ciudadanía (al muwatana).

AFKAR/IDEAS: En la expresión “primavera árabe” se subraya un carácter pasajero, estacional, de este fenómeno. ¿Es así?

SAAD KIWAN: Ciertamente no. Se trata de un fenómeno de amplísimo alcance, también en términos temporales. Un fenómeno que sorprendió a todos, incluso a los propios protagonistas de las distintas realidades árabes, un fenómeno sin precedentes en la historia moderna y contemporánea no solo del mundo árabe, sino de todo Oriente. Es como una enorme roca que se lanza a un lago, similar a un estanque que durante cientos de años ha estado dominado por el inmovilismo. Y la época de los regímenes poscoloniales, de los que está intentado con tanto esfuerzo liberarse, es solo el último acto de esta larga noche del mundo árabe.

A/I: ¿Cuál es, en su opinión, el desafío al que se enfrentan los revolucionarios árabes?

S.K.: El desafío más complejo será el de la revolución confesional, que separe la religión de la administración de la cosa pública. Sin esta reforma radical, los procesos de cambio en curso en los diversos países árabes peligran de quedar incompletos, y los objetivos fijados –el anclaje en el Estado de derecho y el Estado civil (dawla madaniya)– no se podrán lograr.

A/I: ¿Y si tuviera que esbozar un primer balance provisional?

S.K.: El resultado más importante hasta ahora es el derrumbamiento del muro del miedo y del silencio, que durante décadas pesó como una losa en la sociedad árabe. Otro muro de Berlín, no material, muy presente en la conciencia de muchísimos árabes, se ha disuelto. Ahora expresar la propia opinión de forma pública se considera un derecho inalienable. Igual que protestar abiertamente y dar voz al propio malestar se considera un derecho indiscutible. Por fin se puede gritar contra el orden constituido, el nizam. Unas conquistas que desde Europa se pueden dar por descontado, pero que en las sociedades árabes no lo son en absoluto tras décadas de dominación de regímenes despóticos.

A/I: ¿Cómo han reaccionado y están reaccionando los poderes constituidos?

S.K.: Algunos, como en Túnez, Egipto, Siria, Yemen, Bahréin y Libia, han escogido la vía de la represión en grados distintos. Otros enseguida se precipitaron en la búsqueda de remedios, intentando dar la impresión de que habían comprendido el malestar de los súbditos. Pero lo que ha cambiado es la relación entre gobernantes y gobernados. Los primeros saben que ya no pueden actuar impunemente contra su propio pueblo. Saben que deben rendir cuentas de sus acciones y ahora tienen miedo de las reacciones de las masas. A diferencia de antes, cuando el déspota se comportaba considerando la cosa pública algo de su exclusiva propiedad, seguro de no tener que responder de sus decisiones.

A/I: En concreto, ¿en qué países los gobernantes se han apresurado en buscar remedios y cómo han logrado gestionar las contestaciones populares?

S.K.: Marruecos, Jordania y Arabia Saudí entran en esta categoría. No es casual que se trate de tres monarquías y no de repúblicas hereditarias, aunque las analogías se quedan aquí, porque cada país ofrece unas especificidades que hacen que cualquier generalización resulte forzada.

A/I: En Marruecos, ¿cómo ha reaccionado el rey Mohamed VI?

Jordania es un Estado frágil, interna y regionalmente. El rey es una garantía ante esta debilidad

S.K.:Mohamed VI ha logrado sabiamente hacer confluir los esfuerzos realizados anteriormente para poner en marcha reformas moderadas en el país. Ha logrado encontrar un compromiso, que, de momento, funciona, entre las instancias de la monarquía, las de la sociedad y de las formaciones políticas de la oposición, incluidas las islámicas. Se trata de un equilibro delicado que, sin embargo, ha superado el primer examen de las elecciones legislativas de noviembre pasado. El rey, a pesar de la tradición que lo define como descendiente del Profeta Mahoma, sabe que ahora tiene una autoridad menos absoluta que antes, ya que ha cedido parte de sus poderes a otros órganos del Estado, más representativos de la sociedad. El recorrido es todavía largo y tortuoso, pero en Marruecos hemos visto cómo se echaban las semillas del cambio de forma no traumática.

A/I: : En Jordania las protestas asumieron en un primer momento una dimensión radical. Y en Amán aparecieron milicias irregulares leales similares a las que se vieron en acción en El Cairo. ¿Qué sucedió después?

S.K.: El reino hachemí busca con esfuerzo y de forma gradual responder a las demandas más urgentes de algunos sectores de la población que hasta ahora habían quedado al margen de los beneficios del poder. Como en otros escenarios árabes, las reivindicaciones de la plaza jordana en la primavera de 2011 se dirigían contra la corrupción, a favor de la justicia y la transparencia y de unas reformas políticas radicales. Pero nadie ha puesto en duda verdaderamente la autoridad del rey. Nadie ha cuestionado el orden constituido, la monarquía. El motivo es que aunque el movimiento de contestación en Jordania siga existiendo, se ve limitado por una serie de factores internos y externos.

A/I: ¿A qué se refiere?

S.K.: La sociedad jordana es esencialmente beduina. Por ello es muy fiel al jefe, en este caso el rey. Está compuesta también por importantes minorías étnicas –circasianos, turcomanos– que tradicionalmente son fieles al soberano. Otro factor de limitación y no de impulso es el factor palestino: los jordanos de origen palestino constituyen la mayoría numérica de la población. También ellos ven en la monarquía una garantía de su statu quo, privilegiado en muchos aspectos respecto a los palestinos de Cisjordania, Gaza o de los palestinos de los campos de refugiados en otros países árabes. No olvidemos que Jordania es un Estado frágil, interna y regionalmente. El rey supone una garantía frente a esta debilidad intrínseca en la naturaleza misma de una monarquía confeccionada en torno a la familia hachemí, originaria del Hiyaz, en la actual Arabia Saudí. El que pone en cuestión la monarquía pone en cuestión todo el Estado: los beduinos se aferran a esta seguridad temerosos de los palestinos y viceversa, en un clima de desconfianza que acaba reforzando al rey.

A/I: Arabia Saudí, por el contrario, es un Estado fuerte…

S.K.: Pero sobre todo rico. Es más, riquísimo. Es verdad que es un Estado surgido de la nada, de la unión de diversas tribus esparcidas por un territorio muy vasto y poco poblado. Aun hoy es un país caracterizado por el tribalismo, el analfabetismo, la pobreza endémica, con regiones que durante décadas han permanecido excluidas de los beneficios de los ingresos del petróleo. La alfabetización se inició tarde y ha sido un proceso muy complicado, también a causa de cierta resistencia social, sobre todo en las regiones periféricas. En algunos casos ha sido un proceso forzado y, por ello, traumático, que no ha permitido el desarrollo de una conciencia política extendida en la sociedad, reprimida por un aparato de control que lo abarca todo. Existe una élite restringida de intelectuales y activistas pro derechos humanos, pero la mayoría de la población sigue siendo políticamente ignorante. No hay que menoscabar la importancia del factor religioso: la familia real sigue el wahabismo, una escuela del islam radical con reglas muy rígidas que acaban por ser un instrumento eficaz de control de la sociedad. Por ello, en Arabia Saudí los espacios de contestación están verdaderamente limitados.

Arabia Saudí ha dado pequeños grandes pasos, lo que no excluye que se puedan producir revueltas

A/I: Aun así, en el reino se han producido diferentes protestas por parte de los chiíes de la región oriental, reprimidas con fuerza. ¿Qué ha pasado?

S.K.: La cuestión confesional ha desempeñado un papel crucial. No olvidemos que el rey saudí es también el Custodio de los Lugares Santos (jadim al haramayn), y que por ello tiene una legitimidad política y religiosa casi divina. Esta fuerza –que hace del reino saudí una especie de Vaticano de los musulmanes– es hipnotizante para muchos musulmanes y, en particular, para los suníes. Hasta ahora la contestación explícita del nizam saudí procedía de la minoría chií de Qatif, que no reconoce de hecho la autoridad religiosa de los suníes-wahabíes de los Saud. El descontento de la población de Qatif no se puede reducir a una mera cuestión confesional, sino que tiene sus raíces en el malestar social, agudizado por el hecho de que de esta zona procede gran parte del petróleo extraído en todo el reino. A este malestar se añade la tensión regional con trasfondo confesional suní- chií.

La revuelta, reprimida con sangre, de los chiíes de Bahrein en contra de la dinastía suní de Manama, que ha tenido lugar en el contexto más amplio de las revoluciones árabes, ha proporcionado un estímulo y un marco de referencia para los chiíes de Qatif. Estos se han sublevado poniendo en cuestión la autoridad del rey Saud, y no planteando reivindicaciones políticas como ciudadanos saudíes sino como miembros de una comunidad confesional. Un hecho que explica la debilidad de sus iniciativas y la falta de solidaridad a sus causas por parte de otros estratos de la sociedad del reino.

A/I: El rey Abdalá ha respondido también distribuyendo regalos. ¿Es convincente?

S.K.: Es verdad. El rey Abdalá se ha apresado a anunciar un programa extraordinario, de un coste de casi 90.000 millones de dólares, para subsidios, incentivos y apoyos de diversa naturaleza a las clases más desfavorecidas de la población, en particular los jóvenes. Ha habido y hay señales que indican que el actual soberano es consciente de la necesidad de hacer reformas aunque sean graduales. Ya antes del estallido de las revueltas, el soberano había creado la primera universidad mixta de Yedda; luego permitió a las mujeres conducir. Desde un punto de vista político, ha constituido un gobierno, el primero de la historia del reino, en el que los ministros tienen poder de decisión y no son solo ejecutores. Además, algunos ministerios clave han sido ocupados por personalidades que no son miembros de la familia real. Luego ha instituido un consejo para la sucesión del rey, encargado de nombrar al soberano con una mayoría de dos tercios. Pequeños grandes pasos para Arabia.