Magreb, en los comienzos de las finanzas ‘halal’

Túnez: aunque las autoridades han procurado, por razones políticas, que el ciudadano no acceda a los productos islamicos, éstos empiezan a entrar en el país.

Ridha Kéfi

En las capitales magrebíes, un evidente interés por las finanzas islámicas sustituye actualmente a los temores y dudas que inspira generalmente todo lo que esté emparentado, de cerca o de lejos, con el islamismo. Este interés se explica por el entusiasmo que este tipo de finanzas despierta en una población preocupada por adecuar sus prácticas económicas a los preceptos de la Sharia, que prohíbe cualquier transacción financiera que produzca interés, por no hablar de los empresarios que desean administrar sus empresas de forma compatible con sus convicciones religiosas. Al abrirse aun más a los fondos islámicos, los países magrebíes pretenden también financiar sus grandes proyectos de infraestructuras y de industrialización. Análisis… En un momento en que, ante la grave crisis financiera que sacude el mundo, se elevan voces para elogiar los méritos del sistema financiero islámico, según algunos el único capaz de “moralizar” las transacciones económicas y de prevenir los errores de los traders demasiado codiciosos, los responsables magrebíes comienzan a preguntarse seriamente sobre la necesidad de abrir aun más el panorama financiero de la región a los operadores que practican la financiación halal.

Por otra parte, se han organizado recientemente seminarios sobre este tema, como el primer Foro Africano de Finanzas Islámicas, que tuvo lugar el 2 y 3 de abril de 2008 en Casablanca, por iniciativa de la asesoría parisina Isla-Invest Consulting, dirigida por el experto tunecino Zoubeir Ben Terdeyet, con la participación de un centenar de especialistas financieros de Marruecos, Argelia y Túnez, y también de Francia, Luxemburgo, Suiza, Bélgica y Reino Unido. “Marruecos, Túnez, Libia y Argelia, que han saneado considerablemente su situación financiera a lo largo de estos últimos años, han empezado a hacer valer otra vez sus posibilidades de más endeudamiento de cara al mundo musulmán, emitiendo obligaciones (sukuk en las finanzas islámicas)”, explica Ben Terdeyet, y añade: “Con estos fondos recaudados entre los inversores del Golfo y del sureste de Asia, han reciclado esta parte de liquidez invirtiendo en infraestructuras”.

Y teniendo en cuenta que el exceso de liquidez se encuentra en la actualidad en los países de Golfo, “convertidos en los banqueros del mundo, y para muchos de los cuales actualmente sólo existen las finanzas islámicas”. En realidad, el sistema financiero islámico no es un fenómeno nuevo en una región en la que el primer establecimiento bancario de este tipo nació, a principios de los años ochenta, en Túnez. Lo que es nuevo, en cambio, es el interés creciente que estos países conceden ahora a la financiación halal, después de haber dudado durante mucho tiempo en desarrollarla, por razones políticas ligadas a la lucha contra los grupos islamistas.

Túnez: acelerarse lentamente

El primer banco islámico establecido en el Magreb se llama Beit Ettamouil Essaoudi Tounsi Bank (BEST Bank). Creado en 1983, en Túnez, por un empresario saudí, el jeque Salah Kamel, presidente del grupo Dallah Al Baraka, para acompañar sus inversiones en el Magreb, esta entidad sigue reservada para los miembros de las instituciones locales y los grandes inversores, en especial a los del Golfo. En efecto, las autoridades tunecinas han procurado hasta el momento no poner a disposición de los ciudadanos de a pie los productos islámicos, probablemente por las razones políticas ya mencionadas. En sus comienzos, y para garantizar la legitimidad islámica de sus operaciones financieras, el BEST Bank recurría a la intervención de un consejero religioso, en este caso el muftí (la más alta autoridad religiosa del país), que en una página de cada informe de actividad, analizaba la operación y emitía su dictamen respecto a la legalidad de las operaciones en relación con la Sharia. Sin embargo, estaba claro que este control de lo económico por lo religioso era más simbólico que real.

Desde el principio, el auténtico poder de decisión correspondía a los gestores del banco, formados en las grandes escuelas occidentales. Por tanto, la adecuación de las operaciones a los preceptos islámicos, aunque es eficaz, pasa a un segundo lugar respecto a unas estrategias que tienen en cuenta el entorno económico y político, y las dificultades de la ortodoxia financiera. El ex director de este banco, Moncef Cheikhrouhou, ferviente defensor de las finanzas islámicas, elogió durante mucho tiempo en sus intervenciones en la prensa tunecina los beneficios que el sistema financiero local podía obtener del desarrollo de este nicho de mercado. Ya en 1986, en una entrevista concedida al diario Le Temps declaraba: “En 1985, los países petrolíferos del Golfo invertían en el resto del mundo un excedente de 600.000 millones de dólares, de los que el 88% fue a parar a los países occidentales. El 12% restante fue a los países del Tercer Mundo. De esos 72.000 millones de dólares, Túnez ha captado cerca de 1.300 millones (…).

Así pues, tenemos frente a nosotros una oportunidad, porque se puede evitar que los excedentes de los petrodólares se dirijan hacia Occidente en una cantidad tan grande, y podemos captarlos en Túnez en una proporción mayor”. Sin embargo, las autoridades tunecinas, cuya prioridad hasta hace unos años era la lucha contra los movimientos islamistas y que sospecharon durante mucho tiempo de las redes de financiación islámica, no escucharon las recomendaciones del ex banquero, actualmente profesor de economía y de administración en París. Así pues, para franquear una etapa importante en el camino de la creación de nuevas entidades financieras islámicas en Túnez, hubo que esperar a que se aprobara, en febrero de 2007, una ley que autorizaba la creación de una institución islámica internacional en colaboración con el Banco Islámico de Desarrollo (BID), encargada de financiar y promover el comercio entre los países árabes del Magreb y del Mashreq.

Efectivamente, esta nueva ley permitió la creación en Túnez, el pasado junio, de una oficina representativa del Noor Islamic Bank (NIB). Dotado de un capital de cerca de 1.000 millones de dólares, el NIB es una filial de Dubai Investment Group (DIB) del jeque Rached al Maktoum, gobernador de Dubai. Es también el sexto banco islámico de Emiratos Árabes Unidos. Su oficina de Túnez se centrará principalmente en los servicios bancarios de empresa y de inversión. Dirigirá también las inversiones de los países del Golfo en África del Norte, que incluye Egipto, Libia, Argelia, Marruecos, Túnez y Mauritania. El NIB empezó sus actividades en enero 2008, en Dubai, a través de la creación de 10 agencias (seis sólo en el emirato). Los dirigentes del banco aspiran a hacer de él un actor mundial de primera categoría en esta actividad en enorme crecimiento, y uno de los 10 bancos más importantes a escala mundial de aquí a 2015.

Para ellos, el Magreb es una etapa importante en esta senda. Hay otra señal de que las finanzas islámicas son desde ahora competidores en Túnez: un inversor local, Fahd Sajr El Materi, presidente del grupo Princess El Materi (automóviles, medicamentos, sector agroalimentario y medios de comunicación) y yerno del presidente Zin El Abidin Ben Ali, ha presentado este año en el Banco Central de Túnez (BCT) una solicitud de autorización para crear el primer banco islámico con capital tunecino al 100%. En un momento en que el país se prepara para absorber miles de millones de dólares de inversiones de los países del Golfo, es más que probable que el Ezzitouna Bank (por el nombre de la gran mezquita de Túnez) sea pronto autorizada.

Argelia: a la mayor velocidad

El Banco Al Baraka, la primera entidad bancaria con capital mixto (público y privado) nacida en Argelia en 1991, es también el primer banco argelino autorizado a efectuar sus operaciones de conformidad con la Sharia. Fue en plena guerra contra los grupos armados islamistas. Los responsables argelinos prefirieron autorizar la oferta de productos islámicos a los particulares antes de que este sector pasara a la economía sumergida. Sin embargo, a los dos principales accionistas del banco (Banco de Agricultura y Desarrollo Rural de Argelia, y el grupo Dallah Al Baraka del empresario saudí, el jeque Salah Kamel) no se les concedió oficialmente la etiqueta islámica, para no despertar dudas acerca del “carácter islámico” de los bancos tradicionales.

Desde su creación, el Banco Al Baraka de Argelia siempre se ha distinguido por la calidad de su gestión y de sus resultados, lo que lo ha convertido, en poco tiempo, en el primer banco privado del país. En el primer trimestre de 2008, anunció un beneficio neto de 16,53 millones de dólares, conseguido especialmente gracias a los nuevos productos bancarios acordes con la religión musulmana. Sólo para el murabaha (préstamo islámico) y durante el primer semestre de 2008, materializó un volumen de negocio de 676 millones de dólares. Estos buenos resultados se consiguieron sobre todo gracias al mercado de créditos para coches. Desde 2001, se han comprado en Argelia 47.500 vehículos gracias a la financiación “islámica”, 17.500 de ellos sólo en 2006. Los expertos creen que la financiación islámica se habría podido desarrollar más rápidamente en Argelia, sobre todo en los bienes inmuebles, donde la especulación es grande, si el sistema bancario argelino, herencia de 30 años de socialismo, no hubiera estado poco desarrollado.

Pero en este país en el que el retorno de lo religioso es fuerte, la demanda potencial sigue siendo sin duda elevada. Al Salam Bank es el segundo establecimiento islámico que nace en Argelia. Aunque recibió la autorización de las autoridades el 17 de octubre de 2006, el banco no empezó oficialmente su actividad hasta principios de octubre de 2008. Es el cuarto banco del Golfo que se establece en el país, después de Al Baraka Bank, Golf Bank y ABC Bank, y su capital social asciende a 100 millones de dólares. Entre sus accionistas figuran el grupo inmobiliario E’maar, de Emiratos Árabes Unidos; un banco libano- canadiense; y una empresa de seguros, también de los Emiratos, Salam Islamic Arab Insurance Company, primer proveedor del mundo de garantías de seguros y reaseguros que se basa en los principios de la Sharia.

Seguramente se aproveche esta experiencia para el inminente lanzamiento de su filial argelina Salama Assurances Argelia. Esta entidad, autorizada por el Ministerio argelino de Hacienda en julio de 2006, se prepara para poner en el mercado tres productos de seguros de vida respetuosos con la Sharia: “Takaful ahorro y previsión”, “Takaful previsión” y “Takaful crédito”. Por otra parte, el Algeria Gulf Bank ha empezado a comercializar créditos al consumo acordes con la Sharia. La Kuwait Finance House (KFH) y National Bank of Kuwait (NBK) han presentado sus solicitudes ante las autoridades para establecerse en Argelia.

Marruecos: un paso hacia delante, dos hacia atrás

Los bancos islámicos deseosos de instalarse en Marruecos se encuentran a menudo con que la autoridad monetaria, Bank Al Maghrib (BCM), desestima su solicitud. Y con razón: Marruecos quiere evitar revivir la experiencia de Egipto, donde las transferencias masivas de los residentes en el extranjero a los bancos islámicos locales han sido un argumento (y una contribución decisiva) para los movimientos islamistas. Sin embargo, los productos bancarios islámicos –llamados oficialmente “alternativos”– entraron en el mercado financiero marroquí a principios de octubre de 2007, es decir, siete meses después de su autorización oficial. No obstante, no los comercializan bancos “islámicos” establecidos al efecto, sino entidades bancarias clásicas. Este cambio de rumbo parece que ha sido la respuesta a la multiplicación de canales bancarios ilegales que escapaban a cualquier control oficial.

En efecto, el gobierno había observado en estos últimos años un auge de los movimientos fundamentalistas que proponían préstamos libres de intereses y formas alternativas de financiación, especialmente inmobiliaria. Su atractivo reside en que se ajusta, supuestamente, a la Sharia. Pero estas prácticas, que existen fuera de cualquier control de las autoridades, están abiertas al riesgo del blanqueo de dinero o de la financiación de actividades criminales o terroristas. Además de la bancarización de muchos marroquíes que todavía arreglan sus transacciones en efectivo –solo el 20% de la población de la población utiliza una cuenta bancaria–, las autoridades esperan también, adoptando poco a poco los productos de las finanzas islámicas, atraer capitales de los inversores del Golfo. Es demasiado pronto para hacer balance de este momento crucial en Marruecos. Por ahora, sólo tres bancos clásicos (Attijariwafa Bank, BMCE y BCP) ofrecen productos islámicos. Los nuevos productos han despertado poco entusiasmo en los bancos, que los consideran competidores de los productos que proponen habitualmente.

En cualquier caso, son casi un 36% más caros que los productos convencionales. La explicación de un experto financiero es que el lobby bancario quiere estar seguro de que estos productos no serán competitivos, para que los clientes no renuncien a los préstamos habituales. Uno de los medios para conseguirlo es fijar plazos cortos de reembolso, lo que los pone fuera de alcance de mucha gente”. Los principios de las finanzas islámicas en Marruecos han sido duros. El crédito para automóviles es lo que mejor va. Este éxito se explica no tanto porque se trate de dinero halal, sino porque este préstamo es alrededor de un 10% más barato que los productos tradicionales, al contrario que los préstamos inmobiliarios. Así pues, Marruecos ya no se opone por principio a los productos bancarios islámicos (o “alternativos”).

Pero el desarrollo de estos productos requiere, según Abdellatif Juahri, gobernador del BCM, “una formación del personal de los bancos, una armonización fiscal, un ajuste de problemas contables y una evaluación de los riesgos”. Según Ribh, el Observatorio de las finanzas islámicas, una decena de bancos islámicos, entre ellos el Qatar International Islamic Bank (QIIB), ya han presentado solicitudes de autorización para establecerse en Marruecos. Pero ninguno ha recibido todavía una respuesta positiva. Han sido invitados a establecer alianzas con bancos convencionales marroquíes. Ahora bien, el sistema fiscal en vigor en el Reino no favorece mucho este tipo de asociaciones, lo cual hace pensar que Marruecos pretende darse todavía un tiempo, antes de liberalizar definitivamente su sector bancario y dejar que se desarrolle el sistema financiero islámico.