Legislativas 2007: lecciones de un escrutinio dudoso

La baja participación urbana muestra que una población consciente de lo que se jugaba consideró útil no votar.

Driss Ksikes, periodista

Al plantear preguntas inconvenientes como, “¿para qué sirve el voto en una monarquía ejecutiva?”, “¿qué acceso a la toma de decisiones tienen los dirigentes de los partidos?; “¿por quién se vota, por los partidos o por las personalidades?; o “¿los partidos tienen una identidad?”, el programa Elections 2007 en questions (www.electionsmaroc.com), lanzado por la Fundación Friedrich Ebert, atrajo a un total de 9.815 internautas. Nadie creía que las urnas fueran a confirmar, en gran medida, las tendencias que se perfilaban a través de este “sondeo virtual”. Sin pretender encontrar en ello correspondencias perfectas, podemos extraer a posteriori las siguientes lecciones.

– La inutilidad del voto

A partir de los primeros intercambios entre internautas, se vio que la cuestión de la no participación era decisiva. Tres explicaciones: lo que está en juego está en otro sitio (en Palacio); la elite de los partidos es decepcionante; o los partidos se merecen más, pero mientras las instituciones paralelas les hagan sombra, mejor abstenerse. Sería poco exacto decir que el 63% de abstención y el 19% de votos nulos refleja estas posiciones. Estos internautas son parte de esa población formada, que está al día, que decide voluntariamente no entregar su voto o votar en blanco. La baja participación en las ciudades (Casablanca, 27%, Tánger, 22 %) donde los islamistas del PJD han sido los primeros, pone de manifiesto que una población muy consciente de lo que se juega, consideró que era “útil no votar” para castigar al gobierno saliente y al sistema político actual.

– Todo excepto el debate de ideas

En vísperas del escrutinio, a los observadores les sorprende la ausencia de debates de fondo y, sobre todo, la falta de interés de las televisiones públicas. Destacan el mandato que dio el rey Mohamed VI a los partidos en su último discurso del Trono, para que se ajustaran a SU proyecto de sociedad, y se dedicaran exclusivamente a ejecutarlo. Las elecciones legislativas en Marruecos no se disputan sobre diferencias ideológicas, sino sobre tácticas locales y relaciones personalizadas. Un invitado del programa precisó que “la mañana de las elecciones, un 20% de los votos está garantizado por la logística asegurada a los votantes engatusados”. Y, por tanto, el reparto de los votos no se hace con el teatro lleno, entre bastidores en el ministerio del Interior, sino sobre la base de la oferta y la demanda, algo que no está ni mucho menos controlado. Esto se traduce en una treintena de procesos judiciales contra cargos electos sospechosos de corrupción y otros abusos.

– Lo más importante, la proximidad con el rey

La única pregunta relativa a la utilidad del voto en una monarquía ejecutiva suscitó 1.404 comentarios. Resultaba de ello una conciencia clara del carácter esencial de Palacio en el dispositivo institucional y una valoración moderada de éste: algunos abogan por una democracia menos ejecutiva y más parlamentaria, mientras que otros prefieren, a falta de algo mejor, el statu quo. En lo más íntimo, todos son conscientes de que, por el momento, solo la proximidad al rey (o la sumisión a su buena voluntad) favorece el acceso a la toma de decisiones. El éxito, en la circunscripción de Rehamna, del ex ministro delegado del Interior y amigo del rey, Fuad Ali Himma (su lista independiente es la más votada de todo el país, con más de 42.000 votos) demuestra que los marroquíes no se hacen ilusiones: “El candidato del rey” lleva la voz cantante. ¿Con irregularidades? Se presentan denuncias, pero la apuesta está en otra parte. ¿A qué juega el segundo hombre –en adelante “informal”– del régimen? Su primera aparición televisiva, al día siguiente del escrutinio, permite suponer que tiene una nueva misión: influir en la preparación de una elite partidista “liberal, modernista y musulmana”, cercana al rey, que podría hacer de contrapeso de los islamistas. Si esta intención se concreta, en 2012, el juego electoral se controlará todavía mejor desde el principio.

– El predominio del conservadurismo

Una de las cuestiones que permitió mostrar las diferencias culturales subyacentes a la escena política, se refería a la posición de los partidos respecto a la libertad de opinión, de creación y de expresión. El MP está “contra las ideas importadas”; el Istiqlal, lógicamente nacionalista, contra “la creación indecente”; y el PJD es partidario del encarcelamiento de los intelectuales independientes: “no tienen más que comprometerse”, dijo uno de sus dirigentes. El Istiqlal, el PJD y el MP son, en este caso, los tres partidos destacados de este escrutinio, seguidos de cerca por otros dos, llamados de derechas, que invocan una dosis ambigua de liberalismo: la UC y el RNI. Los conservadores (utilizamos el término para esquematizar) tienen 256 de los 330 escaños, al sumar otros partidos minúsculos. ¿Quiere decir eso que el 24% de marroquíes que votó son conservadores de derechas?

La escena política no es lo bastante clara ideológicamente como para sacar tal conclusión. Sobre todo, si se considera que, incluso en los partidos de izquierda, el número de recién llegados, originariamente del MP o de la UC, es muy alto (20 de los 38 cargos electos de la USFP son tránsfugas). Hay que tener en cuenta que, de las siete grandes ciudades del país, en cinco el primero fue el PJD, y la USFP en ninguna. El país está dominado por personajes importantes, defensores encarnizados del statu quo y, en consecuencia, conservadores por naturaleza, y que las ciudades más bien son islamistas por convicción.

Obviamente, la mayoría silenciosa favorece, voluntaria o involuntariamente, otra forma de conservadurismo: el mantenimiento del Majzen como eje de la vida política. En lo sucesivo, esto se hará con la bendición del primer ministro del Istiqlal, Abbas El Fassi. El carácter esencial de la monarquía seguirá estando a la orden del día, con la bendición de la maquinaria democrática. En cuanto a la democracia, la mayoría de los marroquíes ha votado: todavía no la hemos alcanzado.