Las relaciones en el Mediterráneo están marcadas por divergencias, pero también, y es lo más importante, por convergencias

Desde la presidencia de una institución centrada en los problemas euromediterráneos, Jean-Louis Guigou quiere contribuir a la búsqueda de soluciones pragmáticas.

ENTREVISTA con Jean-Louis Guigou por Youssef Zerarka

Desde hace más de 10 años, el nombre de Jean-Louis Guigou está íntimamente ligado a la reflexión y al debate sobre el Mediterráneo. Sus cargos sucesivos le han predispuesto a incluir los asuntos euromediterráneos en su vida cotidiana. Consejero del primer ministro socialista, Michel Rocard, durante su estancia en Matignon, antiguo jefe de DATAR, la delegación francesa de acondicionamiento del territorio y de acción regional, forma parte de una elite en una posición inmejorable para hablar de las cuestiones euromediterráneas. Hace menos de un año, contribuía con un grupo de expertos y de empresarios de las dos orillas a poner en pie el Centro de análisis y de enlace de los actores del Mediterráneo (CALAME, siglas francesas). Convertido después en el Instituto de prospectiva económica del mundo mediterráneo (IPEMed, siglas francesas), es una especie de think tank que aspira a contribuir a la transformación en acciones las decisiones de los foros euromediterráneos.

AFKAR/IDEAS: Su institución va a soplar, en abril, sus primeras velas, un año de existencia.¿Qué ha motivado este nacimiento?

JEAN-LOUIS GUIGOU: En los momentos de desorden en el mundo, la primera víctima –después de la estabilidad y la seguridad– es el diálogo. Escuchar a los demás, la concertación y el intercambio entre actores de latitudes geográficas diferentes son los que pagan el precio. Con cada brote de fiebre del mundo, se tiende más hacia el retraimiento que hacia el contacto, con el riesgo que ello entraña de divorcio irremediable, peligroso. En el IPEMed nos negamos a agachar la cabeza frente a una tendencia como ésta. Al nacer, hicimos del diálogo y de la aproximación entre las dos riberas nuestra primera apuesta. Una preocupación constante. Estamos más comprometidos con ello que nunca y para ello trabajamos…

A/I: …en una región con fama de ser de las más complicadas.

J.L.G.: No es razón para permanecer inactivo. Desde un punto de vista geo-político, el Mediterráneo no es una excepción con respecto a la situación general del mundo. Es una zona sometida a múltiples tensiones, con problemas de seguridad, políticos, socioeconómicos y culturales. Sus relaciones están marcadas por divergencias pero también por convergencias. Contrarios a todo fatalismo, los miembros del IPEMed pretenden ocuparse precisamente de las convergencias, con todo su potencial, y cultivarlas, alimentarlas, ponerlas al servicio del acercamiento euromediterráneo. Empresarios y expertos de todo tipo, tanto del Sur como del Norte, han hecho esta apuesta. Dentro del IPEMed, están decididos a trabajar por un futuro común para las dos orillas del Mediterráneo. El IPEMed aspira a ser una especie de “casa común”, un marco idóneo en el que puedan reunirse los responsables de las decisiones para preparar juntos, mediante la convergencia de sus intereses, el acercamiento entre las dos orillas del Mediterráneo.

A/I: En el pasado, muchos observadores han expresado dudas sobre la capacidad de los actores del Mediterráneo para trabajar juntos.Usan como argumento lo que se ha hecho desde la cumbre de Barcelona.Cada bando tiene su propia forma de ver las cosas, su percepción singular de las cuestiones mediterráneas. El punto de vista del empresario no es el del experto, quien a su vez,igual no comparte las percepciones del político, por no contar, evidentemente, las diferencias de percepción entre el actor del Norte y el del Sur. Es toda la problemática de la labor euromediterránea.

J.L.G.: Lo que dicen estos observadores no se le ha escapado a los miembros del IPEMed. En nuestros textos fundadores decidimos trabajar juntos, e inteligentemente. Desde el primer momento, todos los actores que constituyen nuestra institución se vieron animados por una convicción: la necesidad de acercar a los actores del Mediterráneo por razones de comprensión, legibilidad y eficacia. Esto no puede hacerse sin la eliminación de las barreras entre el mundo de la empresa, el de los expertos y el político. Por eso hemos inscrito la función de encuentro y de puesta en común como nuestra primera prioridad. Los empresarios y los analistas se ven obligados a reunirse periódicamente para conocerse mejor y llevar a buen puerto los objetivos reivindicados por el IPEMed.

A/I: Objetivos entre los que se encuentra la acción ante los poderes públicos y los políticos. ¿Es el IPEMed un grupo de presión más que una institución investigadora?

J.L.G.: Nada más lejos de nuestra intención que pretender ser un grupo de presión en el sentido clásico del término. Somos un think tank que se ha asignado dos funciones. Una de propuesta y de influencia, en la que por medio de reflexiones concretas y de nuestros expertos, pretendemos contribuir a orientar las decisiones públicas y políticas, con el objetivo de acercar las dos riberas del Mediterráneo. La segunda es una función prospectiva sobre una serie de cuestiones…

A/I: Por ejemplo…

J.L.G.: Asuntos que nos parecen estratégicos y que componen el núcleo de los múltiples retos de Barcelona. Se trata de los fundamentos del desarrollo: formación, educación, inversiones, ahorro de las poblaciones inmigrantes de los países del Sur, urbanismo, agua, agricultura, seguridad de bienes y personas, acondicionamiento del territorio. O lo que es lo mismo, las cuestiones de fondo de la labor euromediterránea de las cuales dependen, para lo esencial, el desarrollo y la prosperidad de los que habla la carta fundadora de Barcelona.

A/I: ¿Con todo esto, no corren el riesgo de ser acusados de intervenir en un ámbito que no es el suyo, el de los poderes públicos?

J.L.G.: El IPEMed no se ve tentado por una vocación ejecutiva. Sus miembros saben bien lo que pasa y no se equivocan de papel. Somos una asamblea de empresarios, de expertos relacionados con sectores diversos, deseosos de aportar soluciones pragmáticas y factibles a las decisiones tomadas en el marco del proceso de Barcelona.

A/I: ¿Hay que entender con eso que los poderes públicos no son capaces de concebir los procedimientos que se ajustan a las decisiones?

J.L.G.: No quiero decir eso. Me limito a observar que, mientras que los diplomáticos están capacitados para generar ideas, los expertos están mejor capacitados para reflexionar sobre la manera más eficaz de llevarlas a la práctica, ya se trate de un plan de descontaminación del Mediterráneo, del reciclaje de aguas usadas, de la creación de polos de competitividad, de la creación de un banco mejor adaptado a las necesidades euromediterráneas o de otros aspectos. Nos sentimos capaces de contribuir, tenemos las ganas de hacerlo y, sobre todo, los recursos humanos para ello.

Relaciones económicas

A/I: En su plan de acción, lo más importante es el aspecto económico.

J.L.G.: Las limitaciones de la región, los peligros que en ella se dan con agudeza, se basan en problemas económicos. No voy a hablar aquí sobre la situación económica de los países del Sur, porque ya se conocen todos los detalles. La crisis también se manifiesta en la orilla norte, con un desempleo sin solución a niveles preocupantes. De hecho, una situación como esa, ya define por sí sola nuestro plan de acción. Nos lleva a reflexionar más en detalle sobre las cuestiones económicas, sin dejar de lado otros aspectos clave para la labor euromediterránea. En resumen, el IPEMed nutre una fuerte ambición para el Mediterráneo. Con el trabajo conjunto de sus expertos y de las empresas que trabajan a su lado, quiere contribuir al establecimiento de un conjunto geoeconómico en el Mediterráneo. Ahora más que nunca –como demuestra la situación socioeconómica–, Europa no puede prescindir de la ribera sur para darle un empujón a su economía y proporcionarle los beneficios del crecimiento. El Sur, con sus múltiples problemas, necesita a Europa –una Europa fuerte– para garantizar su desarrollo. Económicamente, las dos orillas no tienen otra opción, no tienen mejor opción, que darse la mano, cooperar mutuamente en un acercamiento del que se beneficien ambas partes.

A/I: En el proceso euromediterráneo, la alusión a cuestiones económicas nos devuelve constantemente a la zona de libre comercio y a sus repercusiones. Una zona erigida en hito principal de la labor euromediterránea por la Declaración de Barcelona.Sin embargo, si nos atenemos a sus textos fundadores, el libre comercio no deja de suscitar, en su opinión, ciertos recelos. La liberalización, cito una parte, “no es un seguro de desarrollo estable y no lleva ipso facto a la democracia”.

J.L.G.: El libre comercio por sí solo nunca ha generado prosperidad, no ha sido un garante del desarrollo. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Por muy necesario que sea, tiene que ir acompañado por políticas de concertación, de corrección. En este sentido, me parece que el proceso de Barcelona ha pecado, sobre todo al principio, de un déficit de pedagogía y de explicación. Europa no ha hecho nada por tranquilizar a una opinión del Sur preocupada por los efectos del libre comercio.

A/I: De ahí las aprensiones que por otra parte siguen existiendo.

J.L.G.: Enunciada sin análisis previo, la terapia librecambista deseada por Europa en 1995 suscitó más miedo que entusiasmo del otro lado del Mediterráneo. Prevalece una suma de sentimientos entre los cuales se repite el del rico que se enriquece y el del pobre que se empobrece. Se dice que en Egipto una parte de las empresas tendrán que cerrar debido a la competencia de las empresas de la ribera norte. Es injusto. De ahí la necesidad de medidas de acompañamiento de la transición, de una visión equilibrada y compartida de la política de libre comercio. Del mismo modo que Europa aspira a colocar sus productos industriales en el otro lado, el Sur, recíprocamente, tiene derecho a reivindicar la entrada de sus productos agrícolas en los mercados del Norte, y en las mejores condiciones.

A/I: En los debates sobre el libre comercio, no faltan, en el Sur pero tampoco en el Norte, los que advierten del peligro de desarrollar únicamente el sector terciario…

J.L.G.:De lo que tiene que ocuparse el Sur es de tener un sistema manufacturero, de crear empresas. De ello depende la creación de empleos y la absorción del paro. No hay nada menos adecuado en esta etapa del desarrollo que verse tentado por el sector terciario, los servicios. Aprecio mucho lo que se hace en Italia…

A/I: ¿Qué exactamente?

J.L.G.: El Ministerio de Industria está desarrollando un proceso audaz muy interesante. Un departamento ministerial se ocupa de localizar empresas italianas que se enfrentan a un dilema: el cierre o, para sobrevivir, la deslocalización a Asia. Entre la muerte segura y la deslocalización lejana, el Ministerio les propone, por medio de una ayuda, una deslocalización no lejos de las tierras transalpinas. El gobierno ayuda a las empresas con dificultades a reinstalarse en la vecina Túnez, con consecuencias claras para el empleo y la creación de riqueza. La idea me parece muy pertinente. Puede servir de ejemplo para otros países. Hay que actuar y dejar de hablar.

Barcelona +10

A/I: Poco antes de su primer aniversario tuvo lugar la celebración del décimo aniversario del proceso de Barcelona. Un encuentro que, según la prensa del Sur, no tiene de cumbre más que el nombre. Y con algo de razón, pues los soberanos y jefes de Estado y de gobierno de los países de la ribera sur brillaron por su ausencia.Tras ser anunciada con gran pompa,considera que Barcelona +10 fue un fracaso ?

J.L.G.:No soy partidario de esa lectura. Al contrario, considero Barcelona +10 un éxito. No es un éxito rotundo, pero sigue siendo un éxito…

A/I: …incluso si faltó la foto de familia tan esperada por los reporteros gráficos, la familia mediterránea al completo…

J.L.G.:Hay que evitar fijarse solo en la participación que no estuvo al completo (por parte del Sur, solo asistió el presidente de la Autoridad Nacional Palestina). A pesar de la ausencia de los soberanos y jefes de Estado y de gobierno del Sur, la cumbre terminó con resultados, cosa que tendemos a olvidar. La reunión del 27 y el 28 de noviembre de 2005 estuvo marcada por toda una serie de documentos redactados tanto por los países de la Unión Europea (UE) como por los de la ribera sur del Mediterráneo y Turquía. A falta de una declaración de tono lúgubre, hubo conclusiones muy importantes para avanzar en la idea euromediterránea. Hubo conclusiones tanto sobre el primer pilar, el político, como sobre el económico.

A/I: ¿Qué novedad aportan estas conclusiones, qué le hace decir que son un ladrillo más en la construcción mediterránea?

J.L.G.: Contrariamente a algunas reacciones que he oído y leído, se dijeron bastantes cosas en Barcelona +10. Mencionaré algunas, las importantes. En cuanto al primer pilar, ahora el terrorismo no se asocia con un país o una religión. Había que decirlo, y la cumbre de Barcelona lo hizo sin reparos. En cuanto a la inmigración, una preocupación que ocupa el primer plano una vez más tras los incidentes de Ceuta y Melilla, las decisiones nunca habían sido tan acertadas. A diferencia de las tomas de posición anteriores, el fenómeno de la inmigración es percibido como una plaga que requiere una reacción global. El problema ya no debe ser tratado país por país: Italia con Túnez, Marruecos con España. Es menos una cuestión bilateral que multilateral. Tampoco faltaron lo económico y lo social, que fueron objeto de proposiciones muy ambiciosas. Se llegó a una decisión sobre el reciclaje de aguas usadas, la descontaminación del Mediterráneo, gran reto donde los haya para los países que constituyen esta región…

A/I: …no sería la primera vez que una cumbre euromediterránea crea un proyecto que se queda en papel mojado…

J.L.G.: Es porque no se ha trabajado lo suficiente para llevar el proyecto a buen puerto, o dicho de otra manera, para transformar la idea en decisión. Sin ese trabajo de traducción de la idea en actos concretos, sigue siendo grande el riesgo de desencanto con el ideal mediterráneo. Si no se materializa, siempre se dirá que “no ha pasado nada”. Ya es hora de pasar a la acción. ¿Cómo? En eso consiste nuestra ambición en el IPEMed. Acompañar la idea, traducirla en proyecto operativo y centrado, definir las áreas que merecen desarrollarse más: ésa es la vocación de nuestro think tank.

A/I: Barcelona +10 es precisamente el momento que eligieron para emitir un “llamamiento a favor de una comunidad del Mediterráneo”.Un llamamiento firmado por personalidades de las dos riberas. ¿Se trata de una nueva opción,distinta de la recomendada por la carta fundadora de Barcelona?

J.L.G.: El llamamiento se hizo público en la víspera de la cumbre y parte de una de las ambiciones más importantes para el IPEMed, el afán por la refundación de una comunidad geopolítica del mundo mediterráneo. Establecida sobre la base de una carta, la puesta en marcha de esta comunidad no es una aspiración inmediata, sino una obra que se alargará en el tiempo. Puede llevarse a cabo a corto plazo a través de un refuerzo de la cooperación entre los miembros de la UE y los países del Sur que más dispuestos estén a implicarse.

Pero, por razones de credibilidad y de éxito, es necesario que la cooperación reforzada se base en la paridad. Se da por entendido que este proceso debe apoyarse sobre un dispositivo institucional, garante de la credibilidad y de la eficacia del proyecto. Corresponde a la UE poner en marcha esta dinámica. Es la que tiene la capacidad estratégica necesaria. En una época de grandes grupos regionales y de grandes maniobras geopolíticas, el futuro de la región mediterránea en su conjunto depende de ello. En el IPEMed todos pensamos que la realidad del presente exige un replanteamiento a conciencia de la visión y de la política de la UE en la zona geopolítica a la que pertenece, el Mediterráneo.