Las minorías en el conflicto sirio

Cualquiera que sea el escenario futuro, Siria sufrirá una limpieza étnica. La división ‘de facto’ del país según líneas étnico-comunitarias ya es una realidad.

Fabrice Balanche

El mapa del control territorial sirio de las principales facciones y el del reparto de las comunidades se superponen en gran parte. La zona bajo control gubernamental se extiende por el país alauí, la costa, el Yebel Druso y todos los territorios en los que las minorías confesionales prestan al régimen un apoyo activo o mantienen una neutralidad benevolente. Damasco y todas las grandes ciudades también están bajo el control de las fuerzas del régimen en su totalidad o en parte. En Alepo, los barrios cristianos son los más fieles a Bashar al Assad, pero sucede lo mismo en el caso de los barrios árabes suníes en los que viven las clases altas y, en general, entre la población de origen urbano, en contraposición con la neourbana de los barrios informales que habría “inrifyer (ruralizado) la ciudad”, como dicen los urbanitas. El barrio kurdo de sheij Maqsud, en Alepo, al igual que el resto del territorio kurdo de Siria, expulsó rápidamente a las autoridades oficiales, pero luego entró en conflicto con el Ejército Sirio Libre, y después inició una guerra abierta contra los rebeldes islamistas que controlan el este de Alepo. En Damasco, la capital del país, se concentran todas las divisiones que existen en Siria. Pero, allí también, la revuelta se ha detenido en las fronteras comunitarias que delimitan la periferia de la capital; las localidades druso-cristianas se enfrentan a las localidades suníes conservadoras de Duma, Harasta, Babyla, Daraya y Maadamyeh.

La guerra civil en Siria ofrece una visión clara del sistema de lealtades que sostiene al régimen de Al Assad. Se basa principalmente en una asociación dentro del sistema de seguridad entre los alauíes y algunos suníes (Souhail Belhadj, La Syrie de Bashar Al-Asad, París, Belin, 2013). Los oficiales alauíes son el núcleo de este régimen que se basa en la lealtad a la familia Al Assad. No toda la comunidad alauí ocupa el poder, solo algunos. Pero el gran número de dirigentes del régimen que proceden de la comunidad alauí hace que toda la familia alauí tenga vínculos con el régimen que se pueden explotar. Así, la finalidad de toda la estrategia de Hafez al Assad era convertir a la comunidad alauí en una base para sostener su poder mientras se esforzaba por dividir a los suníes. Por su parte, Bashar al Assad se ha preocupado menos por la comunidad alauí al casarse con una suní y al no visitar Qardaha, el feudo de los Al Assad. Sin embargo, el conflicto ha puesto de manifiesto su interés por contar con una comunidad fiel, a la que también le recuerda que, al ser alauí, solo puede ser aceptada por la mayoría suní por la fuerza. Por tanto, resulta útil hacer una lectura comunitaria de la crisis siria que, si bien es cierto que no es una lectura única, sí que es indispensable para entender la complejidad de la situación y, sobre todo, la resistencia del régimen.

La comunidad alauí hace frente común con Al Assad

Hafez al Assad animaba a los alauíes a no ser “la comunidad del porcentaje”, según su propia expresión, es decir, a no vivir de forma parasitaria a costa del Estado. Sin embargo, él mismo favoreció su integración masiva en el sector público civil y militar porque necesitaba fieles en todos los niveles para afianzar su poder. Desde la década de los setenta, cuando el peso del Estado en la economía disminuyó, los alauíes dependen cada vez más de los ingresos estatales. No obstante, con Bashar al Assad, la contratación masiva de los alauíes en la administración pública ya no formaba parte de una verdadera estrategia del presidente; era más bien el resultado de un proceso de endogamia comunitaria. Según unos estudios recientes, el 80% de los alauíes trabajarían actualmente para el Estado. Por tanto, ya no son una población rural y analfabeta, sino una masa de pequeños funcionarios, obreros del sector público industrial, agentes del servicio secreto y militares. Las élites ya no son los jeques y los jefes de las tribus, sino los oficiales, que se ajustan perfectamente al lema “anta ma assad anta ma nafsak” (estás con Al Assad, estás contigo mismo).

La mayoría de los alauíes están convencidos de que lo perderán todo si se produce un cambio de régimen en Siria, desde los máximos responsables que temen lo que les sucedió a los dirigentes del régimen de Saddam Hussein tras la invasión estadounidense, hasta los pequeños funcionarios. Pero la defensa de los intereses económicos se ha vuelto secundaria en la guerra existencial que libra la comunidad frente a una rebelión que se analiza solo desde el ángulo islamista y anti-alauí. El miedo de los alauíes no es imaginario, ni tampoco se debe a una manipulación del régimen. Las persecuciones han marcado la historia de la comunidad. Los alauíes, que estaban recluidos en sus montañas o que eran explotados en las grandes propiedades de las llanuras circundantes, se tomaron la revancha con la llegada al poder del régimen baazista. Pudieron acceder a los cargos militares y civiles más altos, y el conjunto de la comunidad se benefició de la política de desarrollo impulsada por el Baaz, con una preferencia por las regiones alauíes en el marco de un intercambio clientelar clásico en Oriente Medio. La comunidad siempre ha vivido con el temor de que se produzca un levantamiento suní (Fabrice Balanche, La région alaouite et le pouvoir syrien, Karthala, París, 2006) y siempre está preparada para defender su territorio. Cuando tuvo lugar la revuelta de los Hermanos Musulmanes entre 1979 y 1982, miles de alauíes se vieron obligados a marcharse de Alepo y del campo de Idlib para refugiarse en Latakia.

Actualmente se vive la misma situación en toda Siria. Desde el otoño de 2011, los barrios alauíes de Homs son el blanco de los insurgentes, que los bombardean a diario porque su objetivo es expulsarlos de una ciudad en la que los suníes los consideran intrusos. ¿Ha dejado voluntariamente el régimen de Al Assad que la situación empeore para que el comunitarismo pueda acabar con el movimiento revolucionario en Homs? Está claro que los pacifistas se han visto rápidamente superados por la militarización del conflicto y el comunitarismo. ¿Pero cómo podría haber sido diferente en un país en el que el comunitarismo es latente y está instrumentalizado por el régimen y la oposición? Se podría hablar largo y tendido de las responsabilidades de unos y de otros, de sus manipulaciones demostradas o supuestas… pero el caso es que Siria ya ha caído en la espiral de violencia comunitaria. No hay más que ver el comportamiento de las otras minorías.

Las minorías frente a una revuelta árabe suní

Así, cinco años después del inicio de la revuelta siria, estamos sumidos en una guerra civil en la que el comunitarismo es un elemento importante. Es verdad que no se reduce a un simple enfrentamiento entre suníes y alauíes, o entre árabes y kurdos, sino que a medida que el conflicto se alarga, el comunitarismo se impone.

– Los drusos han pasado de una política de espera a la autodefensa

Los drusos (3% de la población) mantuvieron una estricta neutralidad hasta el verano de 2012. Mientras la revuelta se extendía por la provincia de Deraa, los drusos de la provincia limítrofe de Sueida y los pueblos del Hermón adoptaban una actitud pasiva. Sin embargo, eran testigos de primera mano de la revuelta y de la represión. Ya en 2011 surgieron tensiones entre los drusos y algunos rebeldes de Haurán. Las consignas anti-drusas, calificadas de heréticas, se propagaron entre una parte de los manifestantes y de los rebeldes de Deraa. Una de las consignas durante el verano de 2011 llamaba a Bashar al Assad “hijo de druso”. Una parte de los religiosos islamistas incitaba a la población a enfrentarse a los drusos, y unos aldeanos drusos fueron secuestrados y liberados tras pagar un rescate, pero otros fueron asesinados, como uno de los mayores dignatarios drusos, Jamal Ezzedine (que mantenía buenas relaciones con los dignatarios y los opositores de Deraa) y 16 de sus compañeros. Fueron secuestrados por el Frente Al Nusra el 19 de diciembre de 2012 y degollados unos meses más tarde.

Los diferentes programas políticos de la oposición siria (el Consejo Nacional Sirio-CNS, y luego la Coalición Nacional Siria) no responden a las expectativas de la comunidad. El concepto de laicidad, que constituye la única garantía para los drusos, nunca se ha mencionado. Para evitar el concepto de “Estado laico”, el CNS adopta el de “Estado civil”. Ahora bien, el Estado civil, en la terminología islámica, es el Estado Islámico, regido por la sharia, al que se considera “civil”. Sigue existiendo una importante desconfianza hacia una oposición que la propaganda del régimen considera que se inspira en las famosas fetua de Ibn Taymiya, que hacen un llamamiento al genocidio de los drusos.

En la periferia de Damasco, Jaramana sufre violentos ataques desde la primavera de 2012. En otoño, los rebeldes dirigidos por el Frente Al Nusra llevaron a cabo una ofensiva en el Yebel gracias a las armas distribuidas por el Centro de Operaciones Militares de Ammán. Los drusos abandonaron su neutralidad y crearon milicias locales con la ayuda del régimen para protegerse. Desde entonces, el Yebel Druso sufre ataques regularmente. Del 17 al 20 de agosto de 2014, los drusos libraron una importante batalla contra los rebeldes en Damasco, en el noroeste del Yebel. La milicia del jeque Balus destacó especialmente durante los combates. En junio de 2015, paralelamente a la ofensiva del Ejército de la Conquista en el noroeste de Siria, los rebeldes del Frente Sur intentaron apoderarse de la base militar de Thaaleh, que era fundamental para la defensa de Sueida. El ejército sirio y las milicias drusas que luchaban ferozmente para proteger la capital de la provincia los repelieron a duras penas.

No obstante, algunos drusos decidieron unirse aun así al levantamiento. En agosto de 2011, un oficial druso desertor, el mayor Jaldune Zeineddine, creó un grupo contrario a Al Assad: la Brigada Sultan Atrash, que se unió a los rebeldes en Deraa. Este grupo participó en varias ofensivas contra el Yebel Druso, pero no hubo muchos drusos que siguiesen su ejemplo. En 2013, sus miembros fueron capturados por el Frente Al Nusra, que los condenó a muerte. Al final fueron liberados tras la intervención de otros grupos rebeldes, pero tuvieron que huir a Jordania. Este episodio ha dejado huella en el seno de la comunidad drusa, porque demuestra que no es bienvenida en la rebelión. Se considera que su compromiso con los rebeldes no es sincero y que solo podrán salvar su vida si se convierten al sunismo, como hicieron los drusos del Yebel Sumak, que fueron obligados a destruir sus mausoleos y a convertirse.

– La desilusión revolucionaria de los ismaelíes

Los ismaelíes, que son poco numerosos en Siria (el 1% de la población), viven en las montañas alauíes, su territorio de origen (Khawabi, Qadmus y Masyaf ), del que fueron expulsados por las alauíes a lo largo del siglo XIX. Salamyeh, al Este de Hama, donde los otomanos establecieron poblaciones ismaelíes para defender las tierras cultivadas de Homs y Hama frente a los beduinos, se ha convertido en el centro de la comunidad. Atraída por las ideologías marxistas, es una población pobre, pero instruida gracias a las misiones financiadas por el Aga Khan. Durante las décadas de los setenta y ochenta, Salamyeh fue, además, uno de los feudos de la oposición de izquierdas al régimen de Hafez al Assad, lo que hizo que fuese especialmente vigilada. En 2011, se produjeron unas manifestaciones en contra de Al Assad en Salamyeh, pero cuando el Frente Al Nusra, y luego el EI, empezaron a amenazar a Salamyeh, a los ismaelíes les resultó difícil continuar con su oposición “constructiva” al régimen. Los numerosos militantes a favor de los derechos humanos con los que cuenta la comunidad ismaelí han perdido la ilusión revolucionaria y se dedican a la solidaridad comunitaria, como ocurre con el conjunto de las minorías.

– Los chiíes duodecimanos, las primeras víctimas de los yihadistas

Los chiíes duodecimanos representan menos del 1% de la población siria. La frontera sirio-libanesa separa a los clanes chiíes del Norte de la Bekaa y la brecha de Homs, donde se instalaron a partir del siglo XIX para trabajar como aparceros en los latifundios, al igual que los alauíes. También existen dos ciudades chiíes al norte de Alepo, Zara y Nubol, testigos del lejano pasado chií de la Siria del Norte, y una comunidad chií urbana en Damasco. Los chiíes duodecimanos son una comunidad discreta que siempre se ha mantenido alejada del poder y que apenas tiene intereses comunes con los alauíes, salvo desde la revuelta y la llegada de los grupos yihadistas suníes, que han tomado como objetivo las pequeñas comunidades chiíes del norte de Siria, nacidas del proselitismo de las misiones chiíes iraníes. Desde el otoño de 2011, los pueblos chiíes que hay alrededor de Al Quseir y de Homs han sufrido incursiones de los rebeldes sirios. Es una de las razones que llevó a Hezbolá a intervenir en Siria, incluso antes de recibir la orden de Teherán, porque los vínculos entre los clanes que unen a los chiíes a un lado y a otro de la frontera implican un deber de solidaridad automático. Ahora bien, Hezbolá no podía dejar que su propia base social lo superase en el Norte de la Bekaa. Hoy en día, hay decenas de miles de voluntarios chiíes iraquíes en Siria para apoyar al régimen de Al Assad y para proteger los territorios chiíes sirios, en particular el mausoleo de Saidat Zeinab, en las afueras de Damasco, que los rebeldes amenazan con destruir.

– Los cristianos temen correr la misma suerte que los iraquíes

Los cristianos de Siria representan menos del 5% de la población, y están diseminados por todo el territorio, con una importante concentración en Alepo, Homs, Damasco Latakia y Hassakeh. Son más bien comunidades urbanas, que es la única manera que existe de mantener la comunidad en un entorno rural dominado por el islam. Esto también se explica porque, con anterioridad, las misiones cristianas les permitieron acceder a una enseñanza moderna y, por tanto, a unos empleos mejor remunerados, pero urbanos. La comunidad ha perdido dos terceras partes de su importancia desde la independencia (1945), debido a que su tasa de natalidad es dos veces más baja que la de los musulmanes y a que su tasa de emigración es dos veces más elevada. En 2011, por tanto, la comunidad ya estaba muy debilitada, envejecida y dividida en múltiples ramas. Los griegos ortodoxos son los más numerosos (36%), seguidos de los armenios ortodoxos (22%), de los griegos católicos (12%) y de los armenios católicos (11%). Los siriacos ortodoxos y católicos, los maronitas, los protestantes, los asirio-caldeos y el resto de comunidades cristianas constituyen el 20% restante.

Los temores manifestados por el arzobispo católico de Alepo, Monseñor Jeanbart desde el inicio de la guerra civil sobre el auge del islamismo y el restablecimiento de la condición de dhimi, es decir, de ciudadano de segunda, son compartidos por el conjunto de los cristianos de Siria que, además, tienen miedo de tener que marcharse definitivamente del país. El ejemplo de los cristianos iraquíes, que cruzaron Siria en gran número antes de marcharse hacia Europa y Norteamérica, ha sentado un precedente. Los cristianos se han unido masivamente a la Defensa Nacional (Difaa al Watani), la milicia de autodefensa creada por el régimen sirio, para proteger sus barrios y sus pueblos. Pero la comunidad sigue desangrándose porque la mitad de los cristianos ha abandonado Siria desde 2011. Algunos han tenido que huir de las zonas ocupadas por los islamistas y otros de sus barrios bajo el fuego de los rebeldes, como los armenios de Alepo. Y, por último, el temor a que Siria caiga en manos de los islamistas y el empeoramiento de las condiciones económicas hacen que los cristianos de la zona gubernamental se marchen también al exilio.

Los kurdos y el objetivo autonomista

Desde el principio de la crisis siria, los kurdos han jugado sus propias cartas. Después de su revuelta, que fue sofocada en 2004, los movimientos kurdos ya no confían nada en la población árabe, a la que acusan de haber sido cómplice de la represión del régimen. Hay que señalar que las manifestaciones contra el régimen de Al Qamishli, Amuda y Afrin, en la primavera de 2011, no fueron reprimidas como las de Homs o Hama. El régimen sabía cómo aprovechar las reivindicaciones kurdas porque había mantenido contacto con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y había autorizado oficiosamente el regreso de su rama siria, el Partido de Unión Democrática (PYD), en la primavera de 2011.

Los analistas subestiman a menudo el número de kurdos y consideran que, como máximo, representan el 10% de la población siria. En realidad representarían más bien el 15%. Los territorios “puramente” kurdos son bastante reducidos, pero las zonas mixtas son mucho más extensas. El éxodo rural y la miseria que asola sus territorios de origen han provocado la urbanización de la comunidad. Un millón de kurdos vivían en Alepo y en Damasco en 2011. ¿Todavía son kurdas estas poblaciones? Después de una o dos generaciones en un entorno árabe, las familias kurdas tienen tendencia a arabizarse en las ciudades. El fenómeno es más importante en Damasco que en Alepo, donde mantienen estrechos vínculos con sus pueblos y conservan así su identidad.

Desde la victoria de Kobane en el Norte de Siria frente a Daesh en enero de 2015, los combatientes kurdos de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) no han dejado de ampliar su territorio, principalmente a costa del EI, pero también de otros rebeldes en el corredor de Azaz. A partir de los territorios homogéneos kurdos de Afrin, de Kobane y de Al Qamishli, el PYD se lanzó a la conquista de los territorios mixtos para garantizar la continuidad territorial entre los feudos kurdos –Tel Abyad en la primavera de 2015 y Manbij actualmente– e incluso de territorios no kurdos, como Shadadeh, para cortar las carreteras del EI entre Siria e Irak, pero también para controlar los pozos de petróleo de la región.

A partir de ahora, cuanto más amplíe su territorio el PYD, más deberá integrar a la población no kurda, como ocurre concretamente en la región de Manbij, donde los kurdos representan menos de una cuarta parte de la población. Sin embargo, los dirigentes kurdos piensan que una parte de la población local podrá ser “rekurdizada”. Es verdad que una parte significativa de los habitantes de esta región es de origen kurdo. Los kurdos arabohablantes pueden decidir oportunamente volver a sus raíces kurdas si el actor político dominante es el PYD. Por otra parte, la demografía puede modificarse sensiblemente si los refugiados árabes no vuelven a la región, a diferencia de los kurdos. Y es lo que ocurre especialmente en el distrito de Tel Abyad, donde los árabes que apoyaban al EI son persona non grata.

¿Hacia un escenario como el iraquí?

Los aspectos comunitarios de la revuelta siria han quedado relegados demasiado rápidamente a un segundo plano dentro de una protesta política clásica de un pueblo que se ha rebelado contra un régimen dictatorial. Siria también sufre el proceso de fragmentación étnico-confesional que ya se ha producido en Líbano, en Irak y más recientemente en Bahréin. Es verdad que las minorías, como todos los sirios, quieren reformas democráticas, pero no a costa de su marginación, e incluso eliminación, porque la aplicación del principio democrático en el contexto sirio puede convertirse en la dictadura de la mayoría suní, como ocurre en Irak en beneficio de los chiíes. Para evitar esta posibilidad, las minorías que dispongan de un territorio viable optarán por la partición, como hicieron los kurdos de Irak en este caso. A las minorías dispersas por el territorio no les quedará otro remedio que trasladarse a esas zonas en las que la solidaridad entre las minorías puede funcionar, o simplemente emigrar.

Cualquiera que sea el futuro escenario, una victoria o una derrota del régimen, Siria sufrirá una limpieza étnica. Casi todas las minorías han abandonado los territorios árabes suníes controlados por los rebeldes y se concentran en la zona gubernamental, donde representan cerca del 40% de la población (de los 10 millones de habitantes que hay en esta zona), mientras que representaban el 20% en todo el país en 2011, pero Siria ya solo tiene 16 millones de habitantes porque más de seis millones de personas están refugiadas en el extranjero. Por tanto, la división de facto de Siria según unas líneas étnico-comunitarias es una realidad. Aunque el país siga unido, Damasco solo podrá mantener su poder directo en las zonas donde estén presentes las minorías confesionales, y no podrá impedir la autonomía kurda. Falta, eso sí, encontrar un modus vivendi con los territorios árabes suníes que escapan a su control.