Las migraciones requieren una gestión conjunta, con una visión de codesarrollo social y de respeto a los derechos humanos

El responsable de Asuntos del Mediterráneo habla de la actualidad del Magreb, de Marruecos, Argelia y Túnez, y de los avances del Proceso del Barcelona.

CONVERSACIÓN entre Juan Prat, Senén Florensa y Darío Valcárcel

Juan Prat es un buen conocedor del Mediterráneo. Desde su puesto de embajador en Misión Especial para Asuntos del Mediterráneo, y antes Director General encargado del Mediterráneo en la Comisión Europea y Representante Permanente ante el Consejo del Atlántico Norte, ha seguido de cerca los progresos del Proceso de Barcelona. Senén Florensa, nuevo director general del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), cuenta con una amplia experiencia en el Magreb, desde puestos como la embajada en Túnez. Ambos embajadores, junto con Darío Valcárcel, director de AFKAR/IDEAS, han hablado sobre las cuestiones de actualidad en el Mediterráneo: del partenariado, reforzado en la cumbre de Barcelona en noviembre de 2005. De las tensiones Norte- Sur, a veces menores que otras tensiones horizontales, Argelia-Marruecos por ejemplo. Del espíritu de cooperación mostrado por la Unión Europea (UE) y por regímenes más ilustrados, más abiertos, desde Rabat a Ankara, pasando por el de Amán… Ha sido una larga conversación a tres de la que publicamos un amplio extracto.

DARÍO VALCÁRCEL: ¿Son los problemas del partenariado consecuencia de las dificultades de Europa, de la situación económica de los socios del Sur, de los conflictos en curso, Irak,Sáhara, Irán, Siria o sobre todo el conflicto palestino- israelí? ¿O estamos más bien ante una fractura entre islámicos y laicos? ¿Qué papel desempeñan los países del Magreb en la política europea de vecindad (PEV)? ¿Estamos ante un partenariado a varias velocidades? ¿Cómo gestionar el desbordante,omnívoro problema de las migraciones? ¿Por qué el conflicto de las caricaturas? ¿Cómo impulsar el diálogo cultural?

JUAN PRAT: La situación actual es una combinación de estos factores. Estamos ante una de las regiones más complejas del mundo, donde coinciden diversas verdades y donde el abismo económico, e incluso socio-cultural, es de orígenes muy diversos. Se habla del diálogo de las culturas, pero es fundamental conseguir la cultura del diálogo en esa región. El diálogo requiere estar dispuesto a aceptar que el otro pueda tener razón y ese espíritu, en algunos Estados, no lo encontramos. Durante 10 años, España se ha esforzado en buscar mecanismos para aproximarse a esas verdades, disminuir el abismo y provocar el diálogo. Creo que al margen de haber conseguido resultados concretos cuantificables se ha logrado poner en marcha un proceso. Se hablaba de la asociación euromediterránea y ahora se habla del Proceso de Barcelona. Nos hemos dado cuenta de que esto es un proceso, largo, pero ya está en marcha.

SENÉN FLORENSA:Habría que hablar de su evolución. Si se compara 1995 con la actualidad, se ve que en estos 10 años, el proceso efectivamente se ha puesto en marcha. Con la cumbre se ha criticado la ausencia de varios países del Sur al más alto nivel, pero que hayan asistido todos los jefes de Estado y de gobierno europeos era casi impensable en 1995. Haber convencido a Europa de la importancia del proceso, crucial para su desarrollo, es un gran paso. Si comparamos la representación del Sur en esta cumbre con la ministerial de 1995, es muy superior la de 2005. Entonces éramos muy optimistas y se colocó el acento en lo que era más directamente transitable: los asuntos económicos.

Al cabo de 10 años vemos que en algunos países se ha avanzado bastante en la asociación económica euromediterránea, véase Marruecos, Túnez. Por el contrario, la sorpresa es que se está peor que al principio en aquellos asuntos que entonces parecieron más fáciles: los culturales. No se sospechaba hasta qué punto podían convertirse en problema crucial. No hay duda de que se ha enrarecido mucho el diálogo cultural. Por desgracia se ha creado un clima de tensión en las opiniones públicas, a los dos lados del Mediterráneo. Esa necesidad de propiciar la cultura del diálogo está hoy en el centro de atención. Conservamos el interés en el conjunto de aspectos del partenariado, porque estamos muy al principio en todo lo que es el Proceso de Barcelona, pero contemplamos cómo, por la fuerza, esos factores culturales, aparecen casi en el centro del escenario: algo fundamental, sin lo cual será difícil avanzar en otros aspectos.

D.V.: Un punto importante señalado aquí es la presencia de todos los europeos en la cumbre de Barcelona. También habría que subrayar la presencia de Europa como tal. Me refiero a su presidencia institucional, con Tony Blair, su presidente semestral, a la cabeza. Personalmente me parecen muy poco funcionales las presidencias semestrales, por eso defendimos en su día el Tratado Constitucional. Pero hoy es lo que hay y es muy significativa la presencia de Blair en Barcelona. En cuanto al enrarecimiento del clima cultural y político, no se debe olvidar la invasión por una nación occidental de otra árabe, Irak.

J.P.: Coincido con Senén Florensa en la importancia del aspecto cultural, aún más después del conflicto de las caricaturas. En ciertos países mediterráneos ha sido tratado con menos vehemencia que otros mucho más alejados de Europa. Entre otras cosas porque existe un hábito de diálogo gestado en los últimos años y una comprensión mejor por parte de todos, de lo que somos unos y otros. Esta comprensión viene dada por la institucionalización de estos 10 años, pero también porque el Mediterráneo lo tenemos cada vez más en casa.

Otro problema a tratar, en Europa y en el Sur, es el de los suburbios. En Europa vive una gran población inmigrante, integrada, a su manera, pero integrada. Son quienes viven en las ciudades, de Argel, Casablanca, París, Marsella, Bruselas, Madrid, Amsterdam, a los que hay que tener en cuenta, pueden constituir un problema social grande, pero al mismo tiempo suponen un ámbito de convivencia que ayuda a entender los problemas.

Problemas del partenariado

D.V.: Perdón por repetir: ¿Son los problemas del partenariado consecuencia de las dificultades de Europa, de la situación económica de los socios del Sur, de los diferentes conflictos o de la fractura entre islámicos y laicos?

J.P.: Durante estos 10 años se observan tendencias claras de una serie de problemas, que pueden agruparse en cinco cuestiones políticas y cinco económicas. Las primeras:

– Cuestión palestina, aún sin resolver. Cuando se lanzó el proceso creíamos ver la luz al final del túnel y queríamos añadir un elemento complementario a lo que había sido la Conferencia de Madrid, en Barcelona.

– Aumento del terrorismo en la región y en el mundo, con importantes consecuencias económicas y políticas. En las económicas porque es una región dependiente del turismo para abrirse socialmente, como vía de entendimiento, además de los efectos económicos. Desde el punto de vista político porque si hay terrorismo hay una tentación inmediata de optar por la cerrazón política en lugar de la apertura, con el pretexto de defenderse.

– Hay un mayor llamamiento de las sociedades árabes y del sur del Mediterráneo pidiendo más libertades políticas. Durante 10 años se ha trabajado para una mejor educación de estas poblaciones, con medios más abiertos: eso provoca una mayor exigencia de cambio desde dentro.

– El crecimiento del islam político: es un hecho con el que hay que contar. Integrarlo en el análisis y en la acción.

– Progresiva erosión del dinamismo político europeo.

El Proceso de Barcelona no pretendía ser una imposición hacia el Sur, quería englobar a una gran zona mediterránea en el proceso de integración. Los países del Sur observan el Norte, y los fracasos europeos, producto del crecimiento acelerado de Europa, afectan al partenariado.

Los cinco puntos económicos:

– Efectos de la globalización: los acuerdos de librecambio se pusieron en marcha para ayudar a las sociedades, especialmente del sur del Mediterráneo, a integrarse en la globalización. Este proceso ha ido muy deprisa. Un proceso de liberalización como el que les pedimos no es un cambio puntual. Hay que adaptarse constantemente a las nuevas circunstancias. Es un proceso económico que avanza.

– Aumento en el tráfico de personas: es un negocio clandestino delictivo, increíble por las masas de dinero que mueve. Estábamos acostumbrados al tráfico de armas, de estupefacientes… Ahora tenemos un nuevo tráfico, el de personas.

– Ampliación de la UE: ha afectado al programa de Asociación. Las inversiones y los fondos derivan hacia los países del Este. Los recursos son limitados. La UE se ve forzada, con cada vez más compromisos y límites presupuestarios, a buscar nuevas fórmulas imaginativas.

– Falta de crecimiento económico en la UE: cuando la Unión crece hay enorme voluntad de ir adelante en la construcción europea; cuando las cosas van mal la gente se retrae. Hoy existe ese estancamiento: Irlanda, España, crecen, pero no los grandes motores como Alemania, Francia, Italia.

D.V.:Hay que tener en cuenta la dificultad de crecer cuando se ha llegado tan alto. Son ciclos. El crecimiento se recupera, como ocurre hoy en España, Reino Unido, Alemania…

J.P.:Quinto punto: la reticencia de los países del Sur de ir al fondo de la reforma económica y de su integración Sur-Sur. Han hecho cambios económicos pero no los fundamentales. Es necesario abrir el sector servicios.

S.F.: En relación con la falta de crecimiento y cómo les afecta hay que tener en cuenta que existe una asimetría entre Norte y Sur. En el comercio exterior la exportación a la UE de los países del Sur representa entre el 70% y el 80% de su comercio, según los países, mientras que para la UE es un porcentaje global muy inferior al 5%. La repercusión en el Sur de la coyuntura europea es enorme. Una falta de crecimiento en Francia, Alemania tiene unas consecuencias desastrosas en el Sur porque afecta al 80% de sus exportaciones. En cambio el que haya o no crecimiento en el Sur, al Norte no le importa, su dependencia es mínima.

Lo mismo puedo aplicarse a otros renglones, por ejemplo, las inversiones. La inversión productiva, que produce puestos de trabajo, salvo algunas excepciones, proviene casi exclusivamente de Europa. Si además no solo hay un cambio de ritmo, sino una desviación a otras zonas, como el Este, pues ser una catástrofe. Esta disimetría coloca en una situación de debilidad a los países del Sur. Debe añadirse a la disparidad que existe ya entre las dos orillas.

Marruecos

D.V.: Tenemos la sensación de que se han hecho progresos políticos en Marruecos -Instancia Equidad y Reconciliación, Mudawana- pero ha habido una cierta reacción de la sociedad, cierta indiferencia en los sectores más pobres.Tenían más expectativas económicas y sienten que estos logros no se han trasladado a su vida diaria.

S.F.: Los ritmos son distintos. Se puede, con un cierto voluntarismo, como es el caso de Marruecos, provocar un cambio político más o menos acelerado, a buen paso, pero la transformación económica y social tiene un tempus distinto. El impacto social de un ritmo de crecimiento económico, a partir de niveles bajos como es el caso de Marruecos, es lento.

J.P.: Según los índices Bertelsman de desarrollo en el mundo árabe, el país que más ha mejorado es Marruecos. Son índices complejos, donde se mezclan factores económicos, políticos, culturales… Los ritmos son distintos cuando se comparan con los europeos, pero si se comparan con su entorno, Marruecos y Jordania han avanzado mucho. En estos 10 años se ha producido, en cuanto a evolución político-social, una notable diferencia entre los países del Sur.

S.F.: Los países que más han avanzado son los que primero entraron en el proceso mediterráneo. Han trabajado en ese esquema y han dado pasos en la asociación euromediterránea, avanzando en su libre comercio con Europa, recibiendo fondos MEDA para modernizar sus políticas económicas, instituciones, la justicia, las aduanas, la educación, las políticas sanitarias… Los que primero empezaron son los que mejor van; eso demuestra que la receta de Barcelona es la correcta. Pero requiere un tiempo para que tenga efectos sobre la población.

Política europea de vecindad, partenariado a dos velocidades

J.P.: Esto enlaza con la política europea de vecindad y el partenariado a dos velocidades. Desde 1995 a hoy algunos países han firmado y ratificado acuerdos de asociación, políticos y comerciales. La parte política requiere ratificación de todos los Estados miembros, y la comercial solo de la Comisión. Algunos países como Israel, Jordania, Marruecos, Túnez, firmaron rápidamente los acuerdos e incluso ratificaron la parte política y pusieron en marcha la parte comercial, de librecambio.

S.F.: Por eso llevan 10 años de ventaja sobre el resto.

J.P.: En 1995 tuvimos una idea: desde el punto de vista económico ofrecer a estos países unos acuerdos de librecambio recíprocos pero asimétricos, para favorecer la posibilidad de integrarse con éxito en el proceso globalizador, que entonces comenzaba. La PEV es un paso más para involucrar a los países del Sur con Europa dentro del espacio euromediterráneo. Quienes ya han avanzado durante siete u ocho años en el proceso de liberalización económica dentro de la política de librecambio, pueden firmar un acuerdo dentro de la PEV que vaya más allá y les obligue, por voluntad propia, a trasponer directivas comunitarias a su legislación nacional. Se trata de integrarse en el mercado interior.

S.F.: A través de un proceso de industrialización favorecido por el acceso de sus productos industriales al mercado común europeo.

J.P.:Mediante la apertura de la UE a sus exportaciones. Estaba basado en una visión de librecambio sobre todo de los sectores ligados con la exportación. Esto tuvo éxito en los países que se lanzaron a ello: Túnez, Marruecos, Jordania, Israel. La PEV da un paso más allá: se trata de que se integren en el mercado interior y se beneficien de este mercado. Para ello hacía falta completar el librecambio en dos sectores fundamentales: el agrícola y servicios. En la cumbre de Barcelona esto se ha aprobado como programa de acción de la asociación euromediterránea, a aplicar dentro de la PEV. Esto tiene otro elemento fundamental: cuando se trasponen directivas, no se actúa solo sobre sectores económicos, sino también sobre la gobernanza del país.

S.F.: Y sobre la modernización de la economía y de la sociedad. Se modernizan la formación profesional, el funcionamiento de las aduanas, la justicia… Aunque se comienza por los aspectos comerciales.

J.P.: Y de las estructuras administrativas. Comparemos Marruecos con Argelia. No se trata de hacer una alabanza a uno y una crítica a otro. Es una comparación que intenta ser objetiva. Marruecos se lanzó hacia el acuerdo de librecambio, ha avanzado en la liberalización y ahora está dispuesto al plan de acción, cree en la PEV e incluso quiere un estatuto avanzado. Argelia vivió una situación complicada durante los años noventa y no pudo avanzar en el acuerdo de asociación. Además viene de una economía diferente, su transformación ha sido más importante y por eso acaba de ratificar el acuerdo de asociación. Argelia es el país más contrario a la PEV.

No le falta razón en algún aspecto: su acuerdo de asociación, al ser más reciente, es mucho más progresivo que el de Marruecos. Incluye políticas comunitarias que no existían entonces, como los asuntos de justicia e interior. Son situaciones distintas y adoptan posiciones distintas. Eso perjudica la integración Sur-Sur, necesaria para el éxito del partenariado. Los países del Sur han llevado a cabo reformas económicas sin pensar en el vecino, en un momento en que los europeos considerábamos que todos estábamos en el mismo barco. En el Sur desarrollan políticas nacionales, sin pensar en el nivel regional.

S.F.: Es negativo pero comprensible en las llamadas jóvenes naciones. Son nacionalismos jóvenes que están construyendo su Estado, han hecho grandes avances pero no tienen Estados modernos ya largamente consolidados como en la vieja Europa. Quisiera subrayar otro punto: lo que se ve y lo que no se ve desde aquí. En mis últimos años en Túnez, el comentario general de las visitas era que parecía que el Proceso de Barcelona estaba paralizado porque no se veían resultados en la población. Ocurre que solo se tienen en cuenta los grandes acontecimientos y no el día a día. Para los primeros países en firmar los acuerdos de asociación, como Marruecos, éstos se han convertido en el eje vertebrador de sus políticas económicas o sociales y de modernización.

Tienen un impacto positivo, repito, en el día a día, enorme pero con efectos visibles desde Europa a muy largo plazo. Un ejemplo: la reforma de su sistema de formación profesional tiene gran importancia a largo plazo, conforme surjan y se eduquen nuevas generaciones con mejor capacitación para acceder al mercado de trabajo. Pero eso no es portada en los medios de comunicación europeos. O la modernización de las administraciones municipales, las políticas sanitarias. Todo esto se produce a través de los programas de cooperación con la UE y los países europeos.

J.P.: Hablemos de la educación: la UE ha gastado mucho dinero en programas de educación pactados con los países del Sur para mejorar sus sistemas, con buenos resultados: una población mejor educada que exige más. Gracias a la ayuda de la Comisión, estos países pusieron en marcha los programas de ajuste estructural pactados con el FMI, sin que se produjeran conflictos sociales. Estos programas exigían la reducción del gasto social para reducir gasto público. Para evitarlo la UE, a todo país que firmaba con el FMI un programa de ajuste estructural, le ponía sobre la mesa fondos para gastos sociales. Esto mismo se va a hacer ahora con la gobernanza. Se ayudará a aquéllos que lleven a cabo reformas en materia de gobernanza.

S.F.: Insisto en que esto sucede en el día a día y no en momento dado de un gran impacto visual. No se publica en las primeras páginas de los periódicos europeos.

Migraciones

D.V.:Hablemos de las migraciones: las nuevas rutas de Mauritania a las Islas Canarias. La política española y europea para afrontar la situación.

J.P.: Las migraciones ocupan un lugar destacado en el nuevo plan de acción aprobado en Barcelona. En esta cuestión es donde más diferencia de enfoque hay entre 1995 y 2005. Entonces, en un momento de optimismo, de creer que se iban a conseguir cosas a corto- medio plazo, se veían las migraciones como un problema manejable. Se trataba de conseguir el desarrollo en el Sur, creando empleo, para que no tuvieran que emigrar. Sin embargo en 2005, no se considera un problema, sino un hecho: inevitable desde el momento en que el Sur tiene una población joven que no va a poder encontrar empleo en los próximos 20 años y Europa necesita 20 millones de trabajadores para hacer frente a sus gastos sociales, a sus demandas de trabajo.

Hay que gestionar estos próximos años, y hay que hacer un nuevo proyecto, sin dejar que las mafias trafiquen con los emigrantes. Hay que organizar las migraciones de manera conjunta, como se ha pretendido hacer siempre en la asociación euromediterránea. En 1995 los países del Sur eran emisores de inmigrantes y los del Norte receptores. Hoy, los del Sur son al mismo tiempo emisores (en menor medida), receptores y países de tránsito de emigrantes, sobre todo Marruecos, Mauritania y Libia. Tienen los tres problemas a la vez: evitar la fuga de cerebros, gestionar los inmigrantes en tránsito, y la llegada de subsaharianos a su territorio.

La inmigración ya no es un hecho trasversal hacia el Mediterráneo sino que se ha verticalizado desde África. Es necesario corresponsabilizar a todos los euromediterráneos para gestionar la situación con una visión de codesarrollo social, de respecto a los derechos humanos. Hay que darles las facilidades para que los recursos que ellos generan contribuyan al desarrollo de sus países. Las remesas de emigrantes marroquíes en el extranjero superan a todos los ingresos de Marruecos por fosfatos y turismo. Según el BEI, España es uno de los países que mejor gestiona las remesas, quizá porque al ser de los más nuevos ha podido seguir el ejemplo de los otros.

Hay que conseguir que estas remesas se inviertan en los países de origen para crear riqueza allí y reconducir su ahorro hacia inversiones productivas. Esto por lo que se refiere a las poblaciones que están en Europa. Desde el punto de la verticalización hacia África, es necesario responsabilizar a los países del Sur a través de acuerdos de readmisión pero también llevar a cabo nuevas políticas de desarrollo. Para ello hemos lanzado el Plan África; además, se va a celebrar la primera conferencia euro-africana en Rabat sobre migración para buscar fórmulas para trabajar con el Sur de manera ordenada.

S.F.: También debemos trabajar en el Norte. Europa va hacia una sociedad que se podría llamar multicultural. Los europeos deben sentirse cómodos en esta Europa nueva. Hay que impulsar esa labor de diálogo cultural, de acercamiento y conocimiento mutuo. El trabajo empieza aquí. La población europea debe conocer los valores de esas culturas, no solo los puntos negativos, valores que enriquecen el contexto cultural. Hay que dejar de ver a la inmigración desde la tragedia de las pateras. Debemos estudiar y difundir por ejemplo sus manifestaciones culturales de calidad, que las tienen…

J.P.: Éste es un problema fundamental. Valorar las culturas del Sur. El problema es el conocimiento. No nos hemos preocupado por conocer a esos países ni a sus culturas. El desconocimiento lleva a considerar que adoptamos una actitud muy generosa al ser tolerantes. Hay que pasar de la tolerancia al respeto. Se tolera lo que no se conoce y se respeta lo que se conoce.

S.F.: Y más allá, al aprecio.

J.P.:También se debe señalar que los europeos hacemos mucha autocrítica, pero a los países del Sur les falta capacidad para hacerla. Tienen que darse cuenta que deben vender su imagen y darse a conocer mejor: se trata de proyectar una imagen de tradición pero también de modernidad.

S.F.: El esquema de programas euromediterráneo existe para hacer eso.

J.P.: Y los países del Sur que no lo entiendan, perderán una gran ocasión de hacerlo.

D.V.: Acabamos de ver en La Haya un simbólico ejemplo, la expulsión, formalmente motivada, de una mujer excepcional, la holandesa de origen somalí, Ayaan Hirsi Ali: por cierto una buena escritora. Senén Florensa conocerá quizá su libro Yo acuso recién publicado en español por Galaxia Gutemberg. A pesar del mal título, obra excelente, ilustrativa, explicación de las migraciones, desde el lado de allá.

S.F.: Es, en efecto, un excelente libro. Es un trabajo de tal significado y es un caso tan terrible que merece una conversación aparte. Adelanto, eso sí, que todos los partidos neerlandeses han pedido que la orden de expulsión sea retirada. Los años de experiencia nos dicen que la señora Hirsi Ali bien pudiera quedarse en Holanda.