Las imágenes de Mahoma en el islam

Cuadros, murales, libros y películas sobre el Profeta creados en Irán desde 2006 demuestran la inexistencia de una prohibición universalmente aceptada de las artes figurativas en el islam.

Christiane Gruber

Tras la masacre en las oficinas de París de Charlie Hebdo, me han pedido que, como académica especialista en pinturas islámicas del Profeta, explique si las imágenes de Mahoma están prohibidas en el islam. Simple y llanamente no. El Corán no prohíbe las imágenes figurativas. En cambio, castiga la adoración de ídolos, que se consideran plasmaciones concretas de las creencias politeístas que el islam suplantó al surgir como fe puramente monoteísta en la península arábiga en el siglo VII. Es más, los hadices, o dichos del Profeta, son, en el mejor de los casos, ambiguos al respecto: a veces encontramos a artistas que osaron insuflar vida a sus figuras, y en otras almohadones decorados con imágenes figurativas.

Además, no hay ni una “prohibición” expresamente declarada y universalmente aceptada de las imágenes en los textos legales islámicos. Fue en 2006 cuando se emitió una fetua reaccionaria saudí suní-salafísta contra las caricaturas “blasfemas” en respuesta directa a las caricaturas danesas del profeta Mahoma. Puede que haya personas con inclinaciones suníes más estrictas que acepten y sigan este decreto, pero otros musulmanes de inclinaciones más moderadas y seculares suníes o chiíes no consideran que las representaciones figurativas del Profeta supongan necesariamente un problema, siempre que sean respetuosas.

El islam se ha descrito como una fe muy anicónica –es decir, que tiende a evitar las imágenes–, pero las imágenes figurativas han sido parte esencial de la expresión artística islámica sobre todo en contextos seculares y privados (y hoy en día los países de mayoría musulmana están llenos de imágenes, muñecas y otras muestras de arte representativo). De hecho, a partir del siglo XIII, varios mecenas musulmanes encargaron manuscritos ilustrados repletos de imágenes figurativas y animales. En los últimos siete siglos, varios textos históricos y poéticos, muchos de ellos creados en contextos turcos y persas –tanto suníes como chiíes– incluyen hermosas representaciones del profeta Mahoma. El objetivo de todas estas imágenes no era solo alabar y conmemorar al Profeta; también representaban ocasiones y elementos centrales para la práctica de la fe musulmana, muy similares a las celebraciones del cumpleaños del Profeta (mawlid) y las visitas a su tumba en Medina.

Por tanto, esta prueba visual socava claramente la premisa de que la ley y la práctica islámica prohíben las imágenes de Mahoma, lo que nos proporciona una discurso menos divisivo ideológicamente y más basado en los hechos sobre un tema que desde 2005 es cada vez más delicado. Con el tiempo, las representaciones del Profeta en las tradiciones islámicas han ido variando y han satisfecho distintas necesidades y deseos. En el siglo XIV, varios dibujos y pinturas persas representan a Mahoma como un líder entronado, coronado por ángeles y rodeado por sus compañeros. En estas imágenes se muestra al Profeta como a un mensajero humano a quien las figuras angélicas que lo protegen y acompañan han encomendado la revelación divina.

En otras épocas, los cuadros medievales representan a Mahoma junto a otros profetas de Abraham, quien aparece a menudo en ejemplares ilustrados de textos populares que explican las vidas y relatos de los profetas (qisas al anbiya). En algunos casos, Mahoma está acompañado de Jesucristo, venerado como el profeta Isa en las tradiciones islámicas. Se dice que Isaías vio a a los dos en una visión apocalíptica. En otros relatos, especialmente los dedicados a narrar e ilustrar la ascensión del Profeta (miraj) de la Meca a Jerusalén y hacia las esferas celestiales, es representado rodeado de los profetas de Abraham y sentado en la Cúpula de la Roca en Jerusalén. En estos cuadros medievales, algunos encargados por un gobernante suní en Irak, se alaba a Mahoma como el líder de su comunidad religiosa, el portador de la revelación divina y un mensajero perteneciente a una saga larga y respetada de profetas monoteístas.

A partir del año 1500 tiene lugar un cambio importante en las representaciones del Profeta, tanto en tierras persas-chiíes como en las otomanas-suníes. Los rasgos faciales de Mahoma se cubren con un velo blanco, y su cuerpo está envuelto en una gran aureola dorada, elementos visuales que destacan doblemente sus virtudes ocultas y espirituales. Estas descripciones más abstractas del Profeta muestran, sin duda, una tendencia emergente a abandonar la representación figurativa; también alaban al Profeta, según un lenguaje metafórico que constituye un sello distintivo de las tradiciones sufíes (místicas) que encontramos tanto en la esfera suní como chií. Aunque las imágenes del Profeta se han ido reduciendo desde 1800, hay varias representaciones modernas y contemporáneas que revelan un enfoque bastante inestable y, por ende, ni cohesivo ni uniforme, de la producción de imágenes centradas en Mahoma. Los “iconos bendecidos” del Profeta que se hicieron en Irán en los siglos XIX y XX lo muestran en toda su forma corpórea, y tocado por Dios mediante el símbolo del halo dorado.

En cambio, las representaciones en tierras suníes y especialmente árabes siguen siendo muy abstractas y muestran una clara preferencia por las representaciones textuales que describen sus características físicas. Estos iconos anicónicos, llamados hilyas, se han impreso recientemente en Turquía en el formato de documento de identidad estatal. El documento de identidad contemporáneo del Profeta pone de relieve varios temas que en la actualidad preocupan especialmente. En primer lugar, a finales de enero estos hilyas laminados se utilizaron como tarjetas de invitación para celebrar el nacimiento del Profeta en Turquía.

Exactamente al mismo tiempo, el grupo Estado Islámico de Irak y el Levante canceló todas las celebraciones del Mawlid en Irak, y hace poco un documento revelaba que en Arabia Saudí se ha hablado de exhumar los restos del Profeta de su tumba en Medina, en teoría para impedir su adoración. En conjunto, estas imágenes, lugares y celebraciones tienen algo en común: en concreto, una necesidad muy contemporánea de suprimir distintas formas de devoción al Profeta en los discursos de ámbitos extremistas y salafistas. Dichos discursos, que se autodenominan representantes del “verdadero islam”, se han extendido ampliamente en la esfera pública.

No obstante, durante la última década, en Irán se ha desplegado una respuesta muy diferente a las caricaturas danesas. De hecho, líderes y organizaciones del país han puesto en marcha varios proyectos artísticos, educativos y de relaciones públicas desde 2006, que el ayatolá Jamenei ha llamado “El año del Noble Profeta”. En consecuencia, han surgido con fuerza representaciones festivas del Profeta. La película de Majid Majidi Muhammad, the Messenger of God, cuyo estreno está previsto para la primavera de 2015, es la última de estas actividades oficialmente autorizadas. Entre otras, una de las respuestas iraníes más visibles a las caricaturas danesas es un mural colorido que representa el ascenso al cielo de Mahoma, pintado en 2008 en un edificio de cinco plantas ubicado en una importante vía pública del centro de Teherán. Patrocinado por el Ayuntamiento de la ciudad, el mural embellece el espacio urbano de la capital.

Los grandes ausentes son los retratos de los ayatolás Jomeini y Jamenei, así como los de mártires palestinos e iraníes. En su lugar, encontramos una loa pictórica del Profeta basada en una imagen de un manuscrito del siglo XV. La ilustración original muestra los rasgos faciales de Mahoma, mientras que en el mural contemporáneo su rostro está en blanco. Si se han borrado los rasgos faciales del Profeta es muy probable que sea porque la imagen es de dominio público y no se halla oculta en un manuscrito privado. También puede ser el resultado de las respuestas musulmanas más reaccionarias e intransigentes a las imágenes de Mahoma, en la estela de la controversia por la caricatura danesa. Además de este enorme mural, desde 2006 se han creado varios productos más en torno al Profeta para el mercado iraní.

Destinados en particular al público joven, una serie de libros sencillos, ilustrados y redactados en prosa y verso aspiran a enseñar a los niños la vida y milagros de Mahoma. Los libros incluyen imágenes del Profeta, a menudo representado con el rostro velado y una aureola solar. Al igual que estos libros infantiles iraníes, la película de Majidi aborda el tema de la infancia. Las escenas principales reiterarán, sin duda, varios de los episodios más famosos de la juventud del Profeta, incluido su tan auspicioso nacimiento y el hecho de que el monje cristiano Bahira lo reconociera como un profeta. La representación visual de estos momentos cruciales de los primeros años de Mahoma no es una novedad en tierras persas.

De hecho, a partir de 1300 d.C. varias imágenes de manuscritos representan el nacimiento de Mahoma como un acontecimiento luminoso y angélico. Los textos que acompañan estas imágenes nos dicen que, cuando nació, Mahoma iluminó el mundo entero con su radiación cósmica, que se elevó para encender los cielos y las estrellas. Los manuscritos ilustrados persas también representan la predicción de Mahoma como profeta a la tierna edad de 12 años, cuando visitó la ciudad siria de Busra. Es entonces cuando el monje cristiano Bahira reconoció las señales de la condición de profeta del niño, por medio de una serie de fenómenos naturales, como doblar las ramas de un árbol o una nube que le daba sombra, así como la marca del “sello de la profecía” impresa en el cuerpo de Mahoma.

Este último episodio pertenece a un corpus de narraciones islámicas según las cuales el Profeta fue anunciado y previsto como profeta por un hombre santo cristiano, que había leído acerca de su llegada en la Biblia. La historia del reconocimiento del “sello de la profecía” del joven Mahoma es conocida en tierras islámicas incluso hoy. Durante el siglo XX, en Irán se fabricaron grandes tiradas de imágenes del joven Mahoma, hechas en un amplio abanico de variantes creativas. Aparecían en pancartas, pósteres, postales, alfombras y adhesivos, hasta que en 2008 empezaron a eliminarse. La supresión reciente de estas imágenes responde, sin duda, a la controversia en torno a las caricaturas danesas.

También tiene que ver con el descubrimiento de su fuente pictórica original: una foto orientalista de principios del siglo XX de un joven árabe. Además de los temores generados por esta imagen prestada, las inquietudes “graves con respecto a la seguridad” inmediatamente después del ataque a Charlie Hebdo llevaron al Victoria and Albert Museum de Londres, a intentar disimular que tenían varias de estas modernas imágenes iraníes del joven Mahoma. Estos cuadros, murales, libros infantiles y películas sobre el Profeta creados en Irán desde 2006 son reveladores en varios sentidos. En primer lugar, muestran que las tradiciones de representar a Mahoma siguen gozando de buena salud en varias zonas del mundo musulmán. Estas imágenes, en movimiento o no, pretenden conmemorar al Profeta, presentar su estatus y legado de un modo positivo, y enseñar a distintos públicos su vida y milagros.

A diferencia de los ámbitos suníes-salafíes, donde las respuestas recientes a las caricaturas danesas y de Charlie Hebdo han incluido un aluvión de medidas obstinadas, la reacción en Irán ha sido claramente distinta. En vez de abandonar o prohibir las imágenes del Profeta, los líderes, artistas y cineastas iraníes han aprovechado las artes creativas para recuperar y restaurar la imagen de Mahoma en el dominio público. Estas imágenes son recordatorios eficaces de la inexistencia de una prohibición universalmente aceptada de las artes figurativas en el islam y de que hoy las tradiciones de la representación profética siguen prosperando en Irán. Por encima de todo, subrayan el hecho de que en tierras islámicas hay dos reacciones diametralmente opuestas a las caricaturas europeas difamatorias.

Hay actores que optan por la censura y la supresión, mientras que otros persiguen activamente la promulgación del profeta Mahoma reafirmando el poder positivo de la plasmación de imágenes.

En conclusión, al hablar de “prohibición” de imágenes del Profeta en el islam, las repercusiones negativas son muchas. Primero, todas las puertas al diálogo constructivo sobre el tema se cierran a priori, lo que excluye un debate matizado y apolítico libre de las retóricas polarizadoras actuales. Además, dichas imágenes se ven amenazadas como forma de patrimonio artístico, si el mero hecho de hablar de ellas e ilustrarlas se considera un acto subversivo, en lugar de productivo y reconstructivo. Ahora más que nunca, todos y cada uno de nosotros debemos responder al desafío, hablar en nombre de los datos objetivos y así preservar las tradiciones pictóricas ricas y rebosantes de texturas del islam que constituyen una contribución fundamental al patrimonio artístico global común.