La no integración magrebí también drena el crecimiento de España

El cierre de fronteras Marruecos-Argelia podría costarle a España su futuro como centro económico intramediterráneo.

Íñigo Moré, director de la consultora Mercados Emergentes

La falta de integración del Magreb podría estar costándole a España al menos tres décimas de PIB al año, y quizá su futuro como uno de los centros económicos intramediterráneos. Se trata de un drenaje silencioso, apenas presente en los grandes titulares, pero cuyo efecto se podría medir en decenas de miles de puestos de trabajo anuales. Esta elevada cifra se deriva del inmenso coste que están afrontando los principales personajes de este desencuentro, Argelia y Marruecos, cuyo crecimiento está lastrado de forma brutal por el cierre de su frontera.

El cierre de fronteras Argelia-Marruecos

Cuando la integración magrebí se paralizó en 1994, más de uno respiró aliviado en España. El cierre de la frontera entre Argelia y Marruecos se entendió como un muro de contención contra la crisis argelina, que ponía a salvo la seguridad, aunque podría dañar algunos intereses económicos menores. Pasó inadvertido el coste indirecto de esta medida, que luego cruzaría el Mediterráneo tras afectar a Marruecos y Argelia.

El cierre de su frontera implicaba la caducidad de toda su estructura económica binacional, cuya importancia era relevante, además de paralizar el proyecto de integración magrebí por medio de la Unión del Magreb Árabe (UMA). Miles de argelinos con viviendas en Marruecos se encontraron con dificultades para continuar con un pie en cada país; cientos de empresas que comerciaban con Argelia desde Marruecos se vieron abocadas al cierre. Pero no solo afectó a la vida cotidiana de los dos vecinos, también a los extranjeros que apostaban por la vibrante promesa de la integración. De forma inmediata, empresas españolas establecidas en Marruecos, como Fagor, vieron esfumarse la promesa de un mercado magrebí para el que habían edificado plantas en Marruecos que, tras 1994, estaban sobredimensionadas.

Argelia y Marruecos ya no eran un mercado conjunto de 50 millones de consumidores, sino dos países con 25 millones cada uno, e inabordables desde el otro. La fragmentación del mercado tendría a la postre un efecto notable sobre las perspectivas de los inversores, reduciendo operaciones e incluso anulándolas por falta de una masa crítica de consumidores. Menos inversión implica menos crecimiento, o menos empleo. Pero no solo algunas inversiones españolas quedaron sobredimensionadas, también le ocurrió esto a ciudades completas en Marruecos y Argelia, cuya dimensión de pronto era excesiva.

El ejemplo más evidente era Uchda, en el lado marroquí de la frontera, donde al perder el comercio con Argelia, una parte de la población se quedó con la emigración o el contrabando como únicas alternativas económicas. Igual que las ciudades, la economía de las regiones fronterizas regionales perdió dimensión. El daño económico para ambos países era evidente, pero también muy complejo plasmarlo en un documento objetivo. Por un lado, resulta posible medir el daño directo, aunque no hay que olvidar que Marruecos y Argelia carecen de los recursos de los que dispone el ingente aparato estadístico, por ejemplo, de Alemania para calcular el PIB regional. Pero tampoco sus cifras de comercio exterior parecen estar recogiendo toda la magnitud de sus relaciones externas. Por ejemplo, ni España, ni Marruecos recogen el intenso comercio de frontera que generan Ceuta y Melilla, como tampoco Argelia computa su no menos intenso contrabando con Marruecos.

En realidad, antes de analizar el efecto de la falta de integración internacional, habría que analizar el grado de integración interna de las regiones fronterizas dentro de sus propios países, donde existe un grado de dislocación relevante por distintas razones. Por ejemplo, en los años noventa el Rif aún era una región aparte dentro del propio Marruecos, mientras que en la Argelia de la crisis islamista, el oranés disponía de mejores comunicaciones hacia el levante español que hacia el resto de Argelia igual que, por cuestiones geográficas, Ceuta y Melilla tienen mejores comunicaciones con Marruecos que con la Península ibérica.

A pesar de esto, resulta posible calcular el daño directo para Argelia y Marruecos de la no integración. ¿Cuánto dejó de exportar Marruecos a Argelia por el cierre de la frontera? En 1994 Marruecos exportó a Argelia 886 millones de dirhams, lo que supuso el 2,5% de sus exportaciones totales. Las ventas a Argelia se colapsaron en los años siguientes llegando a suponer solo el 0,1% de la exportación marroquí en 1998. Si en 2003 Argelia hubiera supuesto el 2,5% de la exportación marroquí, le habría comprado mercancías por valor de 2.097 millones de dirhams convirtiéndose en el noveno mercado de Marruecos. Pero solo adquirió 228 millones de dirhams y fue el 33º mercado de Marruecos.

La diferencia solo en 2003 es de 1.869 millones de dirhams. Y esto solo en lo que se refiere a la exportación de Marruecos a Argelia. Para valorar el daño total del cierre fronterizo, habría que componer una balanza de pagos bilateral Argelia-Marruecos y calcular el impacto en cada uno de los flujos desde 1994 para tener una idea del coste interno del cierre de la frontera. Pero éste no es el coste total. Habría que añadir el lucro cesante, lo que tiene mucho de especulativo. Por un lado, una parte sustancial de estas relaciones económicas simplemente se están realizando con otros países, se han trasladado, quizá en condiciones menos económicas, aunque hay otra parte que se ha extinguido. Por otro lado, habría que analizar cómo esta balanza bilateral se hubiera reflejado en las relaciones de ambos países con terceros.

Por ejemplo, dado que la inversión extranjera es sensible, entre otras variables, a la dimensión del mercado, ¿cuánta inversión extranjera más hubieran recibido de haber una mayor integración? Este punto resulta difícil de calcular puesto que carecemos de una referencia como punto de partida sobre el que establecer una hipótesis y tampoco sabemos realmente hasta dónde hubiera llegado la integración por medio de la UMA.

Pero para tener una idea, un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) calculó que la integración magrebí hubiera provocado un aumento del stock de inversión extranjera para 1999 del 62% en Argelia, del 85% en Marruecos y del 165% en Túnez (Florence Jaumotte, Foreign Direct Investment and Regional Trade Agreements: The Market Size Effect Revisited, IMF Working Paper, noviembre 2004). Es decir, que en conjunto se hubiera doblado. Quizás este dato pueda parecer excesivo, pero está en línea con otro de los análisis de referencia sobre la cuestión, realizado por el gobierno marroquí.

Este documento cifra la integración de los países del Magreb en un incremento de los intercambios intramagrebíes de 800 millones de dólares anuales, o bien de 1.600 millones incluyendo hidrocarburos. Además, calcula un incremento de las inversiones de terceros países en la zona de 3.000 millones de dólares anuales (Les enjeux de l’intégration maghrébine. Documento de Trabajo N° 90, julio 2003. Ministerio de Finanzas de Marruecos). Es decir, 4.600 millones de dólares anuales, lo que equivale al 4,4% del PIB conjunto de los países afectados, Argelia, Marruecos y Túnez en el año en que se realizó el informe, 2003. Este informe no calcula el impacto de otros flujos como pudieran ser los ingresos turísticos o las mejores condiciones en que se pudieran obtener préstamos internacionales, por lo que ha de considerarse como una estimación de mínimos.

Asimismo, su metodología es discutible por lo que algunos analistas opinan que el comercio se incrementaría aún más, pero no tanto las inversiones (Iván Martín, “¿De verdad la UMA vale $4.600 millones al año?” Magreb Negocios, octubre de 2003). No obstante, tiene un inmenso valor al marcar el punto de vista oficial de uno de los países directamente afectados, y millón arriba o abajo, viene a coincidir con el diagnóstico de observadores externos: la falta de integración tiene un coste considerable para los países del Magreb. Como es natural, estas cantidades hubieran sentado las condiciones para acelerar el crecimiento del Magreb, creando empleo o impulsando las importaciones de la zona, no solo entre sus miembros, pero también de países terceros. Éste es el ángulo bajo el que habría que analizar las implicaciones para países vecinos, tanto bajo la forma de lucro cesante como de la de daño directo.

Repercusiones para España

En cuanto a los daños sería necesario calcular cuántos inversores se encontraron, como Fagor en Marruecos, con plantas demasiado grandes para un mercado fragmentado. También habría que calcular cuántas mercancías dejó de vender España, que por medio de Marruecos aprovisionaba al mercado argelino. Por último, sería necesario calcular hasta qué punto las condiciones de vida se degradaron en el Magreb por este problema, sobre todo en las zonas fronterizas de Argelia y Marruecos, potenciando diversos tráficos como la emigración irregular o el contrabando con su coste correspondiente.

Pero es el lucro cesante el que apunta la mayor parte del coste. Y en este caso, España parece ser el principal afectado. Si los países euromediterráneos duplicasen su crecimiento hasta el 8% anual, incrementarían con ello sus importaciones de todo el mundo. Pero el país más beneficiado sería España donde esto provocaría un incremento del PIB de un 0,3%, el doble que Italia, tres veces más que Francia y cinco veces más que Estados Unidos (Trade links with the SEEC’s: trade specialization and industrial structure, Giuseppe De Arcangelis, Giovanni Ferri, Marzio Galeotti, Giorgia Giovannetti. Informe presentado en la conferencia Whither SEEC’s Development? A SME Perspective for Integration with the EU, Italia, febrero 2001). El Magreb podría lograr una tasa de crecimiento semejante por medios, muy hipotéticos, como hallazgos masivos de hidrocarburos.

Pero la posibilidad más realista de obtenerlo es una exitosa integración. Como es natural, el impacto en España de esta posibilidad podría incrementarse según el grado de integración que se contemple. No solo entre los países del Magreb, también a ambas orillas del Mediterráneo. Es decir, ¿qué ocurriría si además de integrarse el Magreb, interna y externamente, se potenciara su integración con España, obviamente por medio de la Unión Europea? Esta pregunta, en términos económicos, deja pequeñas a todas las anteriores convirtiéndolas casi en cuestiones menores, aunque, obviamente, implica también cuestiones políticas de gran profundidad.

Pero por ofrecer una referencia real baste decir que el vecino occidental de España, un país de tamaño mediano como Portugal, importó de España mercancías en 2005 por valor de 14.656 millones de dólares, lo mismo que toda América completa (14.858 millones), que incluye cuatro de las 13 principales economías del mundo (EE UU, Canadá, México y Brasil). El motivo es bien simple. Cualquier país vende más a su vecinos inmediatos que a países distantes decenas de miles de kilómetros, donde el coste del transporte podría superar al de la mercancía. En el caso de España, este efecto es muy acusado y por ello exporta a Portugal el equivalente del 10% del PIB del país vecino, que según el FMI ascendió ese año a 183.436 millones de dólares. Desde luego, sería temerario trasladar de forma automática estas cifras de Portugal a Marruecos por el hecho de ser ambos países vecinos.

Aunque en el mapa los kilómetros entre España y ambos países sean cero, con fronteras terrestres, el comercio no muestra universalmente la misma elasticidad frente a la distancia, que, a su vez, no es la única determinante de las exportaciones. Tampoco en ambos países existe una demanda idéntica. Pero sí que ofreceremos al lector curioso el dato de que un porcentaje semejante de la economía marroquí supondría importaciones por valor de 5.100 millones de dólares, mientras que España solo exportó al reino jerifiano en 2005 aproximadamente la mitad, 2.230 millones de dólares. La diferencia, 2.500 millones de dólares supone el 0,25% del PIB de España.

Es cierto que esta cantidad no incluye el comercio de frontera con Marruecos, pero este fenómeno también afecta a la estadística de Portugal, aunque quizá en menor medida. Y esto solo en lo que se refiere a un solo flujo, exportaciones, y a un solo país, Marruecos. Por ello, estamos ante un escenario de mínimos que bien pudiera modificarse al alza con un análisis más centrado en la realidad hispano-magrebí. Desgraciadamente, ninguno de los informes de referencia sobre este asunto ha sido realizado por españoles o por encargo de instituciones españolas, informes, por otro lado, inexistentes a este nivel de detalle.

En realidad, la notable importancia de la cuestión contrasta con la escasez de análisis sobre este asunto cuya superficie apenas ha sido arañada por diversos think tanks (Ventajas para España de una reapertura fronteriza entre Marruecos y Argelia. De corredor migratorio a posible espacio de desarrollo. Rafael Bustos, memorando Opex nº 15/2006, y José A. Herce y Simón Sosvilla-Rivero, El no-Magreb: Implicaciones económicas para (y más allá de) la región, Real Instituto Elcano). Mucho más calado tienen las observaciones que al respecto viene haciendo el diario Expansión, que le ha dedicado su editorial en varias ocasiones y, por encima de todo, el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) y el Centro para la Paz de Toledo, que organizaron en mayo de 2006, el primer seminario en España sobre el Coste del No-Magreb.

Resultan de enorme interés las ponencias que se presentaron. Allí pueden encontrarse argumentos adicionales que me ha parecido redundante reproducir aquí, y que constituyen poderosos motivos para esperar con interés la segunda edición de este encuentro, sin duda el más interesante organizado nunca sobre la economía magrebí y su relación con España. No obstante, hay que subrayar que todavía no se ha realizado ningún análisis que valore de forma detallada el coste que afronta España por el desencuentro magrebí, y, mucho menos, que estime los eventuales beneficios de su integración en una cifra concreta.

Entre otros motivos, porque este análisis requiere antes calcular en cuánto se podría beneficiar el Magreb de su propia integración. Una cuestión que, de momento, solo ha recibido respuestas orientativas y para algunos sectores y países concretos. Por ello este artículo tiene que cerrarse con la misma valoración imprecisa y especulativa con la que se abría: calculando que el desencuentro magrebí le cuesta a España, como poco, tres décimas de PIB al año. Dejaremos que sea el lector quien le ponga techo a esta estimación con arreglo a su propio criterio y experiencia.