La energía electronuclear le hace sombra a la solar en la transición energética argelina

Argelia quiere producir el 5% de su energía eléctrica a partir de fuentes renovables en 2017. Las centrales térmicas híbridas de energía solar y gas se llevan la mayor parte.

Ihsane el Kadi

La cuota de las energías no fósiles, hoy inferior al 1%, se incrementará en el balance energético de los países del Magreb en los próximos 20 años. Se prevé que una mezcla dominada por la energía solar alcance esta nueva cuota cifrada en torno al 15%. Todas las hojas de ruta así la integran. Salvo que, quizás, habrá que hacerle un hueco a la energía electronuclear, que está lejos de abdicar. El debate argelino resume lo que está en juego con la salida tormentosa de la energía de carbono.

El ministro federal alemán, Gabriel Sigmar, lo adelantaba: “No tiene mucho sentido, en mi opinión, lanzarse a la industria nuclear cuando se tiene uno de los potenciales solares más grandes del mundo”, susurraba con ocasión de un encuentro informal en febrero de 2009 con unos especialistas argelinos en el instituto Friedrich Ebert de Argel. Oficialmente, Argelia quiere producir el 5% de su energía eléctrica a partir de fuentes renovables en 2017. La mejor parte se reserva para las centrales térmicas híbridas de energía solar y gas. Los parques eólicos servirán de complemento para generar entre 350 y 400 megavatios de electricidad verde.

Pero a partir de 2018, entrará en liza otro actor en la primera licitación programada para la construcción de una central electronuclear, la primera de su género en el país. Así está previsto en la agenda de Chakib Khelil, ministro de Energía y Minas. Los expertos están lejos de alcanzar la unanimidad en cuanto al recurso a la energía nuclear para completar la combinación para la generación de electricidad. También dos importantes socios europeos, Francia y Alemania, están dividos en este asunto. El primero, con Areva y EDF, se considera el líder mundial del sector. En 2009 sufrió un serio revés en Emiratos Árabes Unidos en la venta de una nueva generación de centrales llamadas “sobregeneradores” (EPR), lo que convierte a Argelia, pero también a Marruecos, en objetivos como futuros mercados en la zona.

Según París, Argelia se halla cerca del umbral tecnológico que le puede permitir generar electricidad a partir de la fisión del átomo y se equivocaría si no recurre a ella, junto con las demás energías alternativas. Alemania, en cambio, es el verdadero líder mundial de las tecnologías de la energía solar. Sus empresas quieren crear un mercado regional de centrales solares térmicas. Según Berlín, la aventura de la energía nuclear es un camino estratégico equivocado y el futuro energético de Argelia se encuentra definitivamente en las tecnologías de la energía solar y, adicionalmente, en la eólica.

El sector electronuclear sigue su ‘hoja de ruta’

Un camino equivocado? El ministerio de Energía argelino considera que el país ha recorrido la mitad del camino: dos reactores nucleares de prueba, uno de ellos de 40 megavatios de tecnología china, un instituto de investigación dedicado al sector, cinco protocolos de cooperación tecnológica con los grandes países que dominan el átomo y para terminar, un yacimiento de uranio aún sin explotar.

En París, el pasado otoño, un debate público organizado por Reage (la red de argelinos licenciados por las grandes escuelas de Francia) sobre “cuál es la combinación para la producción de electricidad en Argelia en 2020”, permitió apoyar el recurso a la energía electronuclear de Abdenur Keramane, ex ministro muy crítico con respecto a la política energética de Khelil : “A partir de 2020, el consumo de electricidad argelino habrá hecho que la red nacional alcance el tamaño necesario para albergar una central electronuclear de 1.200 megavatios. Habrá que añadir este sector a la combinación para producir electricidad de fuentes alternativas”.

La norma prudencial que constituye una traba en numerosos países del mundo, y que está a punto de ser introducida en Argelia, es la de que una central electronuclear no debe representar por sí sola más del 20% de la producción total de un país. La idea es, por tanto, que Argelia no debe quedarse al margen de la evolución de las tecnologías de la energía nuclear civil, especialmente porque una parte de los condicionantes actuales –agotamiento del mineral, reciclaje del combustible, seguridad de la explotación y tratamiento de los residuos– podrían eliminarse parcialmente en los próximos 50 años. Es el mensaje que transmitieron, con ocasión del foro Reage en París, dos grandes especialistas franceses en materia de transiciones energéticas para la “salida del carbono”.

Henry Boyer dirigió la zona Mediterráneo- Oriente Próximo de EDF y Carole Lewiner desarrolla para Cap Gemini los servicios internacionales de su empresa en el sector de la energía. Según ellos “hay que poner un poco de todo en la mezcla argelina con vistas a 2020”. De todo y, por tanto, también la energía nuclear, ya que los resultados, entre ellos la disminución del coste del kilovatio-hora de origen nuclear, serían de lo más prometedor. “Existen países que están lejos de adquirir la exigente cultura de la industria nuclear y países intermediarios que lo consiguen porque manejan reactores nucleares desde hace décadas. Argelia forma parte de ellos y, por tanto, debería, llegado el momento, eligiendo los socios adecuados, sacar provecho mediante la incorporación de la energía nuclear a sus nuevas fuentes de generación de electricidad”, estima Henry Boyer.

¿Puede cambiar la situación la irrupción del sector privado en la energía solar?

En Argel, un hombre ha elegido su rumbo. Issad Rebrab se encuentra de pie delante de una maqueta de una chimenea solar: “Es la tecnología del futuro”. Rebrab, presidente de Cevital, el primer grupo privado argelino, se ha unido al proyecto gigante Desertec. Junto con otras 20 empresas como Siemens o ABB (Suiza), participa en la financiación de estudios para generar y transportar el 15% de la demanda de electricidad de Europa desde el Sáhara, desde el Atlántico hasta el golfo Pérsico, con vistas a 2050.

Este proyecto, encabezado en sus inicios por unos empresarios alemanes, se está haciendo rápidamente un hueco junto al Plan Solar Mediterráneo de Bruselas. Las pérdidas de electricidad en las distancias largas de transporte son un gran inconveniente técnico. Otra crítica, que sorprendentemente ha expresado Jean-Louis Guigou, director del IPEMED, es la del carácter de este proyecto, orientado hacia la exportación y que no tiene en cuenta las necesidades de la población local. Por su parte, el jefe de Cevital, convencido de que la electricidad solar va a competir económicamente con la de fuente fósil “más rápido de lo previsto”, rechaza las reservas respecto a las pérdidas en el transporte: “ABB y Siemens ya han logrado en Asia un transporte a lo largo de más de 2.000 kilómetros a modo de corriente continua con apenas un 5% de pérdida de potencia”.

Pero, según él, se espera que los progresos más espectaculares en la generación de la electricidad solar se produzcan sobre todo en el inicio de la cadena. “Hoy en día el condicionante más importante es el agua. Las centrales térmicas solares utilizan el agua en un circuito expuesto a la radiación a fin de generar vapor de agua y hacer girar la turbina que proporciona la corriente eléctrica. En el Sáhara, este agua tiene un coste importante. La chimenea solar es un sistema seco. Las turbinas están colocadas en lo alto sobre un conducto de varios centenares de metros de altura.

El aire caliente aspirado mediante unos inmensos invernaderos situados al sol es el que produce el movimiento y genera la electricidad”. Otra ventaja es que el calor del invernadero hace que la chimenea funcione 24 horas al día. Por el contrario, para producir más de 100 megavatios, la chimenea solar tiene que alcanzar un kilómetro de altura. Una proeza tecnológica que da que pensar a muchos expertos. Rebrab, por su parte, sostiene que es el sector que mejor se corresponde con los conocimientos argelinos: “En Cevital dominamos los encofrados corredizos que permiten construir silos gigantes. En Argelia disponemos de todos los materiales necesarios para las centrales con chimeneas solares. Vamos a exportar esta electricidad solar a Europa del mismo modo que hemos exportado gas natural hasta ahora”.

Unas estrictas exigencias de integración para la cooperación en la energía solar

En el Ministerio de Energía, la militancia solar del jefe supremo del país se observa con prudencia. El programa de inversiones en las energías renovables sigue su curso. Sin prisas. La primera central híbrida de energía solar y gas (CSP) de 180 megavatios en Hassi R’- mel (un campo gasístico a 450 kilómetros al sur de Argel) se entregará antes de finales de 2010. El socio privado extranjero no es ni alemán ni francés. Se trata del español Abener. “Durante el primer semestre de 2010 se convocarán los concursos para los estudios de dos nuevas CSP”, asegura Badis Derradji, el joven presidente de Neal, filial de Sonatrach para las energías alternativas: “2010 debería ser también el año del lanzamiento del instituto nacional de energías renovables. Vamos a formar recursos humanos en el sector para dominar su desarrollo”.

De hecho, la doctrina argelina en materia de energías renovables es especialmente exigente en cuanto al índice de integración. Rachid Hammouda, director general de Energías Renovables del Ministerio de Energía y Minas, lo explica de esta manera: “Tenemos una hoja de ruta. Todos los inversores son bienvenidos. Nuestras condiciones son las siguientes: una participación argelina del 51%, licitación pública y la transferencia de tecnología y de formación”. La producción de los insumos y de los componentes sueltos para estas centrales térmicas se tendrá que hacer localmente, un requisito que los observadores no encuentran al mismo nivel cuando se trata del sector nuclear.

Según un antiguo responsable del Ministerio de Energía, “el argumento relacionado con la necesidad de integrar tecnológicamente el sector de la energía solar en Argelia se puede aceptar en teoría, pero debe adaptarse tanto a la agenda de los socios de Argelia como a los condicionantes que se perfilan después de Copenhague para la disminución de los gases de efecto invernadero. Argelia le ha dado prácticamente la espalda a la asistencia técnica que propone el Plan Solar Mediterráneo, mientras que Túnez y Marruecos se abren para acoger los futuros emplazamientos de producción”.

No se prevé la salida del modelo energético basado en el carbono

El plan argelino para las energías alternativas se lleva a cabo con demasiada lentitud, según numerosos socios. Además, se pueden entrever unos “vuelcos” sorprendentes como pone de manifiesto la concesión, a principios de 2010, de la construcción de un parque eólico de 10 megavatios en la zona de Adrar (Sáhara occidental, pasillo ventoso del Atlántico) a la empresa francesa Vergnet; un mercado obtenido en detrimento especialmente de la alemana Man Ferrostaal.

Algunos consideran que el recurso previsto a la energía nuclear civil para completar una combinación de generación eléctrica, en la que la proporción de gas y de petróleo va a disminuir progresivamente, es una distracción cuya principal consecuencia es la de no permitir realmente que Argelia adelante su salida del modelo energético actual basado en el carbono. Según Tewfik Hasni, antiguo vicepresidente de Sonatrach y fundador de Neal, “con el barril a 100 dólares, la electricidad solar tal y como se produce al coste actual ya competiría con la energía fósil. En estas circunstancias, ¿por qué invertir más dinero en el desarrollo de yacimientos de gas pequeños y aislados, mientras que esos mismos capitales permitirían que la producción de electricidad solar diera un salto hacia delante?”.

La pregunta se plantea todavía más cuando se tiene en cuenta el margen de progresión de las tecnologías de la energía solar: “Va a reducir rápidamente el coste del kilovatio-hora de electricidad solar. Desde todos los puntos de vista, financiero, industrial o ético, es la energía del futuro para un país como Argelia”. ¿Y la energía termonuclear? Todo juega en su contra según Hasni: “Los costes, la limitación del uranio que la convierte en una energía no renovable, los problemas de los lugares de implantación, de seguridad industrial, de tratamiento de los residuos; y además, es un sector que provoca una dependencia total en materia tecnológica”. Hasni tuvo que dejar su cargo en el seno del grupo Sonatrach. Las divergencias sobre el contenido de la transición energética argelina no son únicamente un debate de ideas.