Jóvenes creadoras mediterráneas

En el Mediterráneo, tanto norte como sur, literatura, cine, música y artes visuales llevan también nombre de mujer.

Eman S. Morsi, Ghania Khelifi, Sara Ben Ammar, Perrine Delangle

Qué implica ser joven, mujer y vivir a orillas del Mediterráneo? Éste es el punto de partida de la encuesta Mujeres: tener 20 años en el Mediterráneo, cuyo primer capítulo sobre el amor publicamos en AFKAR/ IDEAS nº 18. De la mano de varias periodistas mediterráneas y con el apoyo de diversos medios de comunicación (Babelmed, Bianet, L’Orient le Jour, AFKAR/IDEAS…) se han realizado una serie de reportajes para trazar un perfil de las jóvenes que viven a ambas orillas del Mediterráneo, identificar sus preocupaciones y sus ilusiones, evidenciar sus coincidencias y divergencias y, en definitiva, tratar de romper los estereotipos de los que son víctimas.

Así, para trazar este retrato de las realidades en femenino se han escogido algunos temas como el amor, el velo, la creación o las situaciones de conflicto que, a su vez, aportan una valiosa información sobre los modos de vida, las disparidades, las relaciones intergeneracionales o las situaciones sociales de cada una de ellas y de toda una generación. En ocasiones a través de reportajes o artículos, y en esta entrega a través de retratos de mujeres que han decidido emprender una carrera artística. Estos retratos aportan una lectura de sus inicios, sus dificultades y sus expectativas y muestran que, a pesar de muchos obstáculos, tanto en el Norte como en el Sur, la literatura, el cine, la música, las artes visuales y la creación artística en el Mediterráneo llevan también nombre de mujer.

Las jóvenes creadoras egipcias

La efervescencia que vive Egipto no se limita a los campos político y económico. El escenario cultural también está en ebullición: cada vez surgen más jóvenes artistas con sus estilos propios, más lúdicos, más interactivos y más expresivos. Salma Salah y Malak Helmy son sólo dos ejemplos de esta generación que está entrando en la veintena.

La escritora de relatos cortos

Para Salma Salah, de 21 años, éste ha sido el mejor año de su vida. La joven, que estudia Literatura en la universidad de El Cairo, ha publicado su primera recopilación de relatos cortos, Khorouj (Salida), que le ha valido numerosos elogios por parte de críticos renombrados de las revistas literarias egipcias. Salma comenzó a escribir a los 11 años, simplemente para expresarse, sin intención de enseñar nunca sus escritos a nadie. Sin embargo, con el tiempo, le entraron deseos de compartir sus ideas con otros. Entonces publicó su trabajo en las páginas de Internet dedicadas a la producción cultural árabe.

Gracias a las reacciones que recibió, mejoró su estilo y se dedicó a leer cada vez más. Como sus relatos tuvieron repercusión entre los ciberlectores, recibió una propuesta de contrato de Malamih, la editorial de Mohamed Al Sharqawi, un militante de los derechos humanos que publica a jóvenes autores prometedores. En sus escritos, Salma defiende la idea de que lo humano debe primar sobre todo lo demás y de que eso sólo es posible en un contexto de libertad. “Mi principal objetivo consiste en encontrar la forma de cambiar un mundo impuesto por un mundo elegido por uno mismo. Para mí, la emancipación no consiste en escapar de algo que uno está obligado a hacer y que no quiere hacer, sino más bien en conseguir cambiar el statu quo, en cambiar a los que nos rodean, en proponer algo diferente”, explica.

Entre sus numerosas técnicas, Salma utiliza la corriente de la conciencia, crea una atmósfera onírica e incorpora a menudo descripciones penetrantes y ágiles. Su estilo es muy representativo de la nueva generación literaria y, al mismo tiempo, personal e intenso. Sus relatos, que en su mayoría no sobrepasan la página, tratan de temas tan universales como la libertad y la alienación a todos los niveles. Utiliza también con frecuencia el simbolismo, pero nunca de manera vaga, compleja o cargante. “Trato de hacerlo de modo que si los lectores no comprenden los símbolos contenidos en el texto, puedan siempre encontrar completa y divertida la historia en su conjunto”, cuenta.

Para ella la escritura no es un trabajo serio, sino más bien un juego y un entretenimiento, lo que explica por qué no se limita a un único estilo literario. “Cada visión, cada idea impone su propio estilo y, finalmente, la suma de todos estos estilos diferentes refleja lo que yo soy. No me gusta mucho el realismo, no porque esté anticuado, sino porque tengo la impresión de que la literatura debe ser como un sueño incluso cuando es una pesadilla. La escritura no debería ser una imitación exacta de la vida. Para mí la escritura es un juego y a veces el realismo destruye la diversión que contiene”, señala.

La artista

La fotografía a tamaño natural de un hombre mira por la ventana de la vivienda, un bajo del barrio de Zamalek, en El Cairo. Los transeúntes, que creen que la silueta es una persona de verdad, chillan bajo el efecto de la sorpresa, pero a renglón seguido, cuando se dan cuenta de que sólo es una foto, se ríen. “Da miedo”, gritó una joven que iba por la calle, mientras yo entrevistaba en su casa a la artista Malak Helmy, de 25 años. Este tipo de comentarios, que oye permanentemente, hace sonreír a Malak. La joven creadora cuenta cómo le ha dado vida al hombre-póster al que ha llamado Samir. “Formaba parte de un proyecto que estaba llevando a cabo.

Me intereso por cuestiones como el poder de la mirada y entonces fui a la calle y traté de captar ese momento de interacción singular en el que espectador y espectáculo pueden cambiar de papel… y de poder”. Malak, nacida en una familia que se interesa mucho por el arte, se sintió atraída por ese mundo desde pequeña. Tras obtener, en 2004, un título de la Universidad Americana de El Cairo, vivió en Bangladesh y Finlandia, y participó en varias exposiciones. La mayoría de sus trabajos refleja su inclinación por el arte lúdico e interactivo, como carteles, pintura de calle, y también performances. Para ella, el arte es la experiencia colectiva que se supone que era en su origen. “Me intereso de verdad por el paisaje urbano y por la participación del público en la obra.

No tengo ningún problema con las clásicas galerías cerradas, pero prefiero los espacios públicos donde hay más ocasiones de interacción y más posibilidades por explorar”, confiesa. En relación con este interés, participó en noviembre pasado en El Cairo en Tales Around The Pavement en el marco del festival internacional Meeting Points 5. Su proyecto era realmente interactivo y lúdico. Limpió un quiosco abandonado situado en un pasaje que conectaba dos calles muy frecuentadas del centro y lo transformó en una cabina de los deseos. “El proyecto juega con la forma en que las distintas personas se apropian de los lugares públicos. Los lugares cambian de función no simplemente porque cambien de propietario, sino a menudo también porque la gente a su alrededor les encuentra una nueva utilidad (de un quiosco de tabaco a un tablón de anuncios, pasando por un cuartito con alfombra de oraciones o una farola).

También se trata simplemente de construir un sitio grato y mágico en la ciudad”, explica. Después de haber limpiado el quiosco y haberlo cubierto con papel irisado, Malak y otros artistas colocaron encima de una ranura del escaparate un cartel que decía: “Introduzca aquí su deseo y vuelva mañana”. Recibieron toda tipo de deseos, desde los más serios hasta los más humorísticos. “Duró ocho días, durante los cuales hubo una gran acumulación de proyectos”, recuerda sonriendo. Malak cree que las obras nunca son tan bonitas como cuando son fruto de la colaboración entre varios artistas. “Cuando varios artistas se reúnen para trabajar en un proyecto, todas las experiencias se aúnan y el trabajo que sale de ello tiene más energía y suele ser más interesante”.

Al igual que Salma, que utiliza una miríada de estilos para sus relatos, Malak prefiere no encerrarse en una escuela artística. “Cuando trabajo en proyectos artísticos, antes que una escuela específica, lo más importante para mí es la forma en que las cosas se relacionan. Me intereso más por los distintos términos del compromiso, por las nuevas formas de explorar y de dar un sentido a las cosas y, por supuesto, de intercambiar ideas y de interactuar”.

Argelia

Samia Merzoug: ‘Me divierto con los colores’

Hace siete años, Samia Merzoug se transformó. En primer lugar, cambió su look por una cara sin maquillaje y prendas de vestir sencillas y cómodas. La joven que venía de una formación de estética y maquillaje en París daba paso a la ceramista. “Sabía que ser esteticista no era mi futuro. Me gusta dibujar desde que era pequeña y buscaba la forma, aunque no sabía muy bien cuál, de hacer de ello mi trabajo. Un día un amigo me propuso trabajar en un taller de cerámica. Me cogieron y decoré alfarería durante tres años.

Pero empecé a aburrirme. Tenía ideas y quería llevar a la práctica mis modelos. Decidí lanzarme y crear mis propios objetos”. Sus padres le prestaron el garaje de su casa y ayudada por su hermana, licenciada en Bellas Artes, Samia dio rienda suelta a su imaginación. “Tuve periodos chillones, con colores brillantes; luego pasé a los tonos naturales, los marrones y los ocres. Y a continuación comprendí que había que escuchar a la pieza, porque a menudo es ella la que decide su color o sus dibujos. Me divierto con los colores en el momento del esmaltado. ¡A veces te llevas grandes sorpresas! Y, según la inspiración, utilizo otros materiales además de la arcilla: madera, clavos, metal e incluso granos de arroz.

El aspecto del objeto nunca lo dicta su función”. El taller de Samia, al que ha llamado “Gota de Arte” porque éste “pese a todo, no es un taller de arte”, es conocido actualmente, y cuenta con una buena clientela de particulares y de empresas. En los grandes pedidos, los objetos nunca son realmente idénticos, ya que “es difícil reproducir la misma pieza, te dejas llevar por pequeñas mejoras o modificaciones”. Samia no habla de dinero o de rentabilidad, sino de sus futuras creaciones, ya que “estoy muy lejos de haber tratado a fondo la cerámica”. Sin embargo, lo sabe todo acerca de la dificultad de imponerse como artista en un ámbito en el que todavía se cree que hace falta la fuerza de un hombre para darle vueltas al torno.

En la actualidad, aquélla a quien su familia solía llamar de pequeña “el abogado del diablo” se ve obligada a hacerse la “ingenua” para alcanzar sus objetivos. “Con los importadores de arcilla y con los proveedores de otros materiales, me hago casi la tonta para conseguir lo que quiero. Les molesta que una mujer joven meta las manos en la arcilla y sepa de lo que habla”. Samia tiene a quién salir. Su hermana mayor estuvo en huelga de hambre durante varios días para conseguir que sus padres la dejaran matricularse en Bellas Artes. Tras un largo silencio, como si acabara justamente de darse cuenta, nos dice: “en definitiva, este oficio te da algunas decepciones, pero muchas alegrías”.

Suad Delmi Bouras: ‘Nuestras formas molestan’

Suad, a pesar de su aspecto de jovencita dulce, es una auténtica luchadora, una contestataria. No se sabe si por coquetería o por provocación, adjunta a su currículum una fotografía de cuando tenía seis años. Prefiere los estudios de diseño de mobiliario a los de medicina, que eran los que deseaba su madre. Entonces no conocía todas las dificultades para trabajar en el arte en Argelia. Afirma, categórica, que “el artista no puede expresarse libremente en nuestro país, porque el entorno no ayuda a la creación. A pesar del rico patrimonio cultural, no existe una auténtica política de la cultura. Los empresarios se muestran reacios y no invierten en diseño y creación. No hay relación entre los creadores y los fabricantes”.

En la entrada de sus oficinas, una pieza muy bella, un perchero en madera de wengué demuestra el talento de Suad. Esta pieza, llamada La Pequeña Dama, todavía espera a que un fabricante inspirado la produzca en serie. Su última creación, TAM, un taburete que se inspira en las formas de un instrumento de percusión magrebí, tuvo un gran éxito en las exposiciones locales y extranjeras. Pero no hay nada concreto respecto a su producción. Sin embargo, para ella ésta es la verdadera consagración, aunque ya ha sido laureada con el primer premio del concurso de Naciones Unidas para la creación del logotipo de la lucha contra el Sida. “No basta suponer que falta la mano de obra cualificada”, no deja de repetir la joven. “Expuse algunos de mis objetos en Expo Madera y oía decir a la gente que era futurista.

No me pude reprimir y contesté a algunos que no, que somos nosotros los que estamos atrasados. Realmente, creo que nuestras formas molestan”. La artista sigue con lágrimas en los ojos: “La gente confunde artesanía y arte. No se parecen en absoluto; el artesano reproduce y el artista innova, crea”. Suad es una artista comprometida, si se entienden como compromiso sus esfuerzos por liberar la creación y dar visibilidad a los artistas.

Miembro fundador de la asociación Acción y Cultura y de la Fundación Asselah Hocine –llamada así por el director de la Escuela de Bellas Artes de Argel, asesinado con su hijo en 1994 por islamistas armados–, no pierde ninguna oportunidad para rehabilitar la creación y la imaginación, trágicamente maltratadas en Argelia en los últimos 10 años. Forma parte de esos jóvenes argelinos que se niegan a ceder ante el afán de lucro por una producción mediocre y kitch, tan apreciada por los nuevos ricos.

La ropa interior chic de Amaria Sedrini

Amaria Sedrini, nacida en Tlemcen, Argelia, desembarcó con su familia en Tourcoing, en 1962. Después de una carrera como trabajadora social, a los 40 años, Amaria decide iluminar su vida y la monotonía del norte de Francia creando lencería fina. Una decisión que no tiene nada de alocada ya que Amaria cose desde los 15 años. “Me puse a coser muy joven, e hice mis primeros vestidos de fiesta para la boda de mi hermana”. Porque entre los Sedrini, los trapos no son una tontería sino una pasión familiar. “Mi madre me transmitió su fibra artística.

Ella me lo enseñó todo”, puntualiza Amaria. Crea una primera colección que atrae la atención del mundo de la moda por su audacia. Amaria es una pionera, especialmente en prendas interiores para ambos sexos. “Deseo aportar una armonía a las parejas. Para mí, la armonía de los colores simboliza la armonía de la pareja. Mis creaciones representan el amor”. De colección en colección, la creadora perfecciona su arte que presenta con ocasión de numerosos desfiles en Francia y Europa. El último, en el hotel Hermitage Gantois, en Lille, revelaba una cuarta colección inspirada en Las Mil y unas Noches. Es verdad que Amaria vincula admirablemente las dos culturas en las que se inspira para sus creaciones. “Me inspiro en Oriente y recreo al mismo tiempo la historia de Francia, en especial la época medieval”.

El resultado es que los serual [pantalones islámicos] se codean con los corsés y las chilabas casan armoniosamente con los pantys verde anís o fucsia. Además, como auténtica creadora esteta y exigente, Amaria Sedrini sólo trabaja materiales nobles como la seda salvaje, el satén, el terciopelo y el encaje. Actualmente, se enseña todo. Encuentro que el tanga devalúa a la mujer. Prefiero la sugerencia, el arte de mostrar sin enseñar…”. Y, sin embargo, la ropa interior chic de Amaria a menudo choca. Efectivamente, en sus comienzos, la estilista tuvo que enfrentarse a insultos y amenazas de personas que consideraban amoral que una mujer de origen argelino creara ropa atrevida.

A pesar de todo, afronta el pesado reto de continuar con su pasión: “No se lucha fácilmente contra los prejuicios. Qué más da, hacer lencería me ha liberado de las cadenas de la tradición”. Y como a Amaria le gusta poner patas arribas los conservadurismos, decidió organizar un desfile de lencería en el hotel Mercure de Argel. Pero transformar las tradiciones de un país en el que la moda sólo abarca los caftanes y los trajes de novia no es sencillo. Los periodistas la acusan de pornografía. Y lo que es peor, se entera de que se arriesga a dos meses de prisión. Pero Amaria hace frente a estos “bien” pensantes. Mantiene el desfile, celebrado de todos modos bajo la alta protección del consulado francés. A pesar de estas polémicas, la creadora se defiende de cualquier intento de provocación. “No mezclo lo religioso con el arte. Simplemente, creo lo que me gusta. Y además, ¿quién ha dicho que la religión prohíba diseñar sujetadores?”. Hace falta algo más para silenciar a esta hechicera del encaje.

Inmersión en la estética de Aurora Rumi

Aurora Rumi, artista plástica nacida en Andalucía, acaba de cumplir 30 años. Licenciada en Bellas Artes en Granada, siempre se sintió atraída por el diseño gráfico, que escogió como primera opción durante su formación artística. Practica también la fotografía, el diseño web, la animación y el vídeo. Abandona finalmente estas otras disciplinas, para recuperar el contacto con los materiales y dedicarse por entero a la pintura.

Obligada a recurrir a veces a pequeños trabajos suplementarios, intenta sin embargo consagrar el mayor tiempo posible a su arte. Su primera serie de cuadros titulada Playa se presentó en Granada en 2006 y le valió el primer premio del Certamen Joven de Artistas Plásticos, organizado por esta ciudad. Aquí, sus cuadros siguen estando muy inspirados por el diseño gráfico, al que se añaden las características del Pop-Art, que le gusta por su simplicidad y su facilidad de acceso, por la inmediatez del mensaje y el poder de atracción de la imagen. En esta serie, de más de 30 obras, que explora las actitudes de la gente en la playa, se descubre la excepcional capacidad de observación de Aurora, una mirada aguda, a veces divertida, siempre embellecedora.

Prepara los retratos de sus contemporáneos a través de sus poses más que a través de sus caras, en contextos simplificados casi diagramáticos. Se complace en explicarnos que en su planteamiento creativo la fotografía es esencial: “Es el punto de partida de mi investigación, que transformo a renglón seguido, primero por medio del diseño gráfico, y luego por medio de la pintura”. Hay un cambio radical de decorado en su segunda y última serie titulada Slumming on past. Aurora explora y recrea a través de la técnica del collage “los cuadros de la entrada de casa de sus abuelos”. ¿Quién no ha visto nunca esas obras de otra época, ahora mismo calificadas de kitch, que ilustran una escena de caza o representan una casa aislada en el campo, con criterios artísticos que, aunque un día tuvieran su razón de ser, en la actualidad han caído completamente en desuso?

El collage permite a Aurora reanimar estos cuadros, repoblar estos decorados del pasado, explorando asociaciones de ideas que nos dice que “le puede inspirar una simple escena vivida en el metro”. Construcciones completamente anacrónicas, los collages de Aurora se dirigen a nuestras imágenes colectivas y nos dan qué pensar. La elección del título es un guiño a una práctica turística de moda en la Inglaterra de los años ochenta, en la que los ricos ociosos, a falta de aventuras, se gastaban el dinero en visitas exóticas a los barrios trabajadores.

En la actualidad, después de haber recorrido, no sin humor, parte de sus inquietudes estéticas, Aurora desea empezar algo más serio y más íntimo. En plena transición de su trayectoria artística, querría también poder explotar por separado las posibilidades de cada una de las artes que han compuesto su itinerario multidisciplinar, en particular las de la fotografía y las de la pintura. ¿Qué nos reservará la próxima serie?