Islam: una fe rica y colorista, tan diversa como el mundo mismo

La historia demuestra que pluralismo y diversidad son parte integral del mensaje islámico.

Baker al-Hiyari

Como árabe musulmán que vive y disfruta de la riqueza de la diversidad religiosa, étnica y cultural del Este de Arabia, quiero compartir mi forma de entender esa diversidad religiosa y cultural desde la perspectiva islámica, una diversidad que se ha cultivado, protegido y desarrollado a largo de miles de años en el cruce de carreteras de la geografía, las religiones y la interacción humana. Nuestra región es la cuna de la civilización y está esencialmente relacionada con todos los fenómenos y desarrollos que han tenido lugar en todas las civilizaciones que han existido, o siguen existiendo, a través del planeta y a lo largo de la historia humana.

Puedo asegurar que hay un punto de vista islámico muy claro sobre la diversidad religiosa y que existe consenso de pensamiento y práctica entre los eruditos de varias escuelas islámicas. Desde la perspectiva islámica, Dios ha estado enviando, desde el principio y a lo largo de diferentes momentos de la historia, a sus profetas a distintos pueblos, para dar a la gente guía divina y ayudarles a vivir mejor. Entre esos profetas se incluyen Abraham, Moisés, David, Jesús y Mahoma considerado, según el Islam, el último de dichos profetas. Mediante el estudio minucioso de los profetas de Dios, de sus enseñanzas, de su trabajo y del contexto y el ambiente en el que vivieron, podemos darnos cuenta claramente del énfasis y la importancia de la diversidad.

El Corán dice: “Si tu Señor hubiera querido, habría hecho a todo el mundo en una sola comunidad, pero ellos siguen teniendo sus diferencias” Corán (11:118). La diversidad y el pluralismo son componentes esenciales del Islam, según el cual Dios creó el mundo compuesto de diferentes tribus, naciones, etnias y lenguas: El Corán también establece: “A cada uno de vosotros os he dado una ley, un camino y un modelo de vida. Si Dios hubiera querido, Él sin duda podría haberos hecho un único pueblo profesando una sola fe. Pero Él deseó probaros y examinaros con lo que os dio. Por eso, intentad brillar con buenos hechos.

Todos vosotros volveréis a Él al final, entonces Él os dirá en qué diferisteis”. Corán (5:48). Si consideramos el amplio panorama de la historia de la humanidad, inevitablemente llegamos a la conclusión de que la diversidad es el sello de la aventura humana sobre la Tierra. Sí, el Islam afirma que cada sencillo origen de vida y el inmenso universo, eso es Dios, el necesariamente existente, el misericordioso, sin principio ni fin, el creador de toda existencia, sin excepción. “Decid, Él es Dios el Único, Dios el eterno.

Él no engendró a ninguno ni fue engendrado. Nadie es comparable a Él”. Corán (112) Por tanto, según el Islam Dios es Uno, y por eso pertenece a la tradición monoteísta de Abraham, que por supuesto incluye al Judaísmo y al Cristianismo. Los musulmanes afirman que el Islam consuma y sustituye al Judaísmo y al Cristianismo sin anular el derecho de cristianos y judíos a mantener sus creencias y aplicar sus leyes y costumbres. Históricamente, el Islam, mientras se expandía y acogía bajo su influencia a grandes territorios de Asia, África y Europa, no trató de forzar a la gente para que convirtiera al Islam.

En realidad, los cristianos y los judíos que vivían bajo el Islam estaban considerados personas protegidas, dirigidas por sus propios líderes religiosos y guiadas por sus propias leyes, costumbres y religión. “Los creyentes, los judíos, los cristianos, y los sabeos –todos aquellos que creen en Dios y en el último Día y hacen el bien– tendrán su recompensa junto a su Señor. No habrán de temer por ellos, ni se afligirán.” Corán (2:62) En un mundo cada vez más interconectado y en el que una quinta parte de la población es musulmana, se presenta el mismo dilema para musulmanes y no musulmanes: ¿Cuál es el papel del Islam y de los musulmanes en el mundo moderno? ¿Sanciona el Islam la diversidad y la coexistencia con otras religiones y paradigmas?

Se podría afirmar que el pluralismo y la diversidad son parte integral del mensaje islámico: es más, existe una dialéctica incrustada en la sociedad que atestigua el hecho de que la diversidad, el pluralismo y la diferencia apuntala toda experiencia humana. La cuestión es: ¿cómo pueden la sociedad y la cultura aprovechar semejante diferencia para servir mejor sus intereses? Si consideramos la historia islámica, podemos referirnos a la experiencia andalusí que plasmó deslumbrantes logros culturales y una coexistencia religiosa que tiene muy pocos paralelismos en términos de tolerancia y respeto mutuo entre los adeptos de las tres fes monoteístas que habitaban España.

¿No escribió en lengua árabe sobre asuntos teológicos el gran filósofo judío Maimónides? ¿Hubiera sido esto posible en ausencia de una sociedad genuinamente plural que celebraba y fomentaba la diferencia para expandir las fronteras del conocimiento, pulir la cultura y hacer progresar la ciencia? Edward Said tenía razón al enfatizar la noción de territorios de cultura solapados. Ninguna cultura ha logrado permanecer ajena a la influencia de otras.

De ahí que los románticos ideólogos del nacionalismo hayan errado al proponer arquetipos culturales y raciales, sean reales o imaginarios. La historia está llena de indomables procesos de transfusión cultural donde se toman prestados estilos de vida y conocimiento científico, los dialectos son modificados y, sí, las creencias cambian bajo la influencia del otro. “¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Alá, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme. Alá es omnisciente, está bien informado. Corán (49:13).

Algunas fuentes apuntan que, en la actualidad, el Islam es la segunda religión en Europa y la que más rápido crece. Estos millones de musulmanes están tratando de resolver el dilema de cómo mantener en equilibrio su sentido de fe e identidad con el hecho de ser ciudadanos de naciones europeas. Un político austriaco argumentó en una ocasión que la hoja de ruta para los musulmanes europeos es rechazar el fanatismo, el fatalismo y el prejuicio; abrazar los derechos humanos como una ideología con validez universal; aceptar el pluralismo como un principio legitimado por Dios y el Islam.

En esta declaración hay una suposición inherente de que el fanatismo y el prejuicio forman una parte intrínseca del Islam, o que los musulmanes europeos desean imponer esas nociones a sus conciudadanos, algo que, como demostraré, no es el caso. Esto se enfatiza más aún en la declaración de los musulmanes europeos, adoptada en Bosnia el 24 de febrero de 2006 y que establece: “Los musulmanes europeos aman la libertad para los demás en el mismo modo que la aman para sí mismos y aprecian la ciudadanía y los derechos humanos en las sociedades multiculturales.”

Es importante tener en cuenta que la creencia en la legitimidad del pluralismo y la diversidad no connota un relativismo moral que supone equipar todas las acciones humanas, todas las ideas, todos los preceptos morales, todos los ideales teológicos o todos los postulados filosóficos; ya que el Islam considera al monoteísmo superior al paganismo, los lazos maritales superiores al adulterio, la tolerancia racial superior a la intolerancia, la probidad moral superior a la degeneración.

De hecho, creo que el Islam tiene mucho que contribuir en la construcción de la civilización contemporánea en términos de su concepción íntegra de Dios, en términos de los valores y normas que preservan la familia humana, de su moderación en medio de los excesos de materialismo y la exageración del retiro dentro del asceticismo, en su proceso de equilibrar el mundo actual y la vida eterna, donde está el hogar de todas las naciones de la tierra; entre una denigración poco razonable del poder y la participación política que logre un mejor gobierno y unos sistemas políticos más participativos y transparentes. Toledo, en la época de Al Andalus, era el centro neurálgico de la efervescente creatividad cultural que transmitió la riqueza cultural de la civilización árabe islámica a la Europa occidental, que vivía una era de decadencia.

A través de un proceso de traducción extensiva, eruditos, escritores y científicos de Europa occidental redescubrieron la herencia de la antigüedad clásica que fue absorbida dentro de la civilización islámica. Éste es un caso de absorción y asimilación cultural que contribuyó a dibujar los contornos de la modernidad ; un proceso cuya venganza, como ejemplo dentro del mismo contexto, fue la Inquisición española, reacia al pluralismo, la diversidad religiosa y el beneficio mutuo de la interacción cultural.

Sin duda, el liberalismo de la Europa del siglo XVIII dio forma al renacimiento de una tolerancia notable, que contribuyó al progreso en el ámbito cultural, económico y político. El yugo del absolutismo político fue eliminado gradualmente, la persecución religiosa se redujo sustancialmente y el individualismo fue ordenado para contribuir en el avance de la humanidad. Lo precedente supuso la aceptación de la diversidad bajo la rúbrica de la ley y la Constitución, algo que tuvo importantes antecedentes en otras sociedades, entre las que se encontraban el Califato Abasí, Al Andalus y la Medina del profeta Mahoma, donde la comunidad musulmana tenía una Constitución que legitimaba la coexistencia y la fructífera interacción entre todos.

El Islam no es sólo una fe o un sistema de creencia, o una doctrina con una recopilación de Escrituras, es un modo de vida que abarca todos esos elementos y más. La civilización islámica considera la religión la fuente que suministra el fundamento para su existencia y sus logros. Hoy en día, alrededor de una cuarta parte de la población mundial es musulmana, lo que en realidad testifica su diversidad y su capacidad para acomodarse a esa diversidad. En conclusión, mediante la lectura del Corán y el estudio del estado del mundo islámico y de la civilización –pasada y presente– se confirma la diversidad en todas las formas y maneras.

Más allá de la creencia de la unicidad de Dios, todo lo demás en la creación es diverso y es aceptado en todas sus diferentes formas y maneras. El Islam comenzó como una religión de los árabes y con el paso del tiempo se convirtió en tan rica y colorista como diverso se hizo su mundo. Puesto que diferentes pueblos han abrazado y continúan abrazando la fe, resulta evidente que la comunidad musulmana no puede ser considerada como un monolito. Durante mucho tiempo el Islam ha tenido que adaptarse a las condiciones locales, incorporando numerosas costumbres culturales y tradiciones de las sociedades autóctonas, incluso mediante la introducción de cambios radicales en las pautas sociales.

La religión se mantiene como el factor unificador e incluso dominante en la vida de los musulmanes, pero esto no viene acompañado de ningún deseo de eliminar o negar la cultura de los otros. La islamofobia y los sentimientos de exasperación de algunos individuos y comunidades no musulmanas hacia el Islam, a menudo están basados en experiencias de grupos e individuos musulmanes que no representan a la principal corriente del Islam o a la mayoría de musulmanes en todo el mundo.

En todo caso, esto viene a probar aún más la diversidad que es inherente a las sociedades islámicas, y mientras que la islamofobia ahora está de moda, por decirlo de algún modo, el temor a los otros en absoluto queda restringido a una religión o a un grupo étnico, sino que es un fenómeno que ha existido a través de la historia, y el cual evoluciona y cambia con un mejor entendimiento y más experiencias compartidas.