Inversiones árabes en el Magreb: ¿cuál es el balance?

La crisis financiera internacional ha enfriado los ánimos de los inversores árabes, sobre todo en Argelia, cuyo atractivo está todavía por construir.

Nachida Bouzidi

Los primeros años de la década de los 2000 quedará marcado por el interés cada vez mayor de los países del Golfo por los países magrebíes: Marruecos, Túnez y Argelia. Tierras de acogida tradicionales de los inversores europeos, Marruecos y Túnez, que abrieron sus economías mucho antes que Argelia, son hoy en día lugares que atraen cada vez más a inversores de los países del Golfo. Estos últimos superaron incluso a los países europeos en 2007 y 2008. Argelia, por su parte, a pesar de una legislación dudosa en lo que respecta a las inversiones extranjeras directas (IED), se esfuerza cada vez más por atraer el capital árabe, aunque este último siga prefiriendo Marruecos y Túnez.

Grandes recursos financieros

Entre 2002 y 2008 los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que agrupa a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar y Bahrein han generado unos ingresos en hidrocarburos de unos 2,5 billones de dólares y acumulan cerca de 1,5 billones de dólares en reservas. Además, estos países disponen de fondos soberanos (por ejemplo EAU: 870.000 millones de dólares). Es una muestra del ahorro disponible en esos países que pretenden invertir en proyectos que generen beneficios a corto plazo. Se calcula que los activos públicos y privados de los países del CCG en el extranjero alcanzaban los 1,8 billones de dólares a finales de 2007. Los tres países del Magreb –Marruecos, Túnez y Argelia– compiten desde hace algunos años con los lugares de acogida del Mashrek que los inversores de los países del Golfo preferían hasta ahora. Por eso en el Magreb se registran muchos proyectos de envergadura.

Inversiones árabes en Argelia

Si creemos al ministro argelino de Industria y Promoción de las Inversiones, Hamid Temmar, las inversiones árabes directas destinadas a Argelia alcanzaron durante el periodo 2001-2007 un total de 524.000 millones de dinares, es decir, unos 7.200 millones de dólares. Este importe representa 264 proyectos, es decir, el 60% del total de las IED dirigidas a Argelia. Egipto es el principal inversor árabe con 27 proyectos por un total de 136.000 millones de dinares, es decir, 1.900 millones de dólares, seguido por EAU con cinco proyectos (1.100 millones de dólares) y Kuwait con dos proyectos (1.200 millones de dólares). Los proyectos se centran sobre todo en el sector inmobiliario, telecomunicaciones y turismo.

La egipcia Orascom obtuvo la licencia de telefonía Djezzy por 2.000 millones de euros y la kuwaití Watanya, la segunda licencia Nedjma por 1.300 millones de euros. Emaar, Emirates International Investment Company (EIIC) y Al Qudra así como Dubaï World y Mubadala Dubaï, de EAU, son, junto con la egipcia Orascom, los principales operadores en Argelia. En cuanto a los proyectos de acondicionamiento de la bahía de Argel (grupo Emaar) y el de la fábrica de aluminio (grupo Al Qudra), el ministro Temmar declaró ante la Asamblea Popular Nacional el 1 de abril de 2010 que “no hay ni retirada de los inversores ni bloqueo argelino, sino simplemente un retraso en el programa”. Por otra parte, se sabe que el grupo Emaar ha anulado cuatro grandes proyectos que tenía previsto llevar a cabo en Argelia, entre los que se encontraba la reforma de la bahía de Argel.

En cuanto a EIIC, es posible que se retire del proyecto del parque de ocio Dunya. Anuncios, retiradas, nuevos anuncios: es muy difícil evaluar con exactitud la inversión árabe directa en Argelia, aunque los responsables de los grupos del Emirato, los kuwaitíes e incluso los egipcios reafirman con regularidad su intención de “participar en el desarrollo de la economía argelina”. La crisis financiera internacional y las pérdidas que ha ocasionado a los fondos soberanos de los países árabes han enfriado los ánimos de estos inversores, especialmente en Argelia, cuyo atractivo está todavía por construir.

Inversiones árabes en Túnez

Los inversores árabes de los países del Golfo siempre han invertido en Túnez, pero en proyectos pequeños. Desde principios de la década de 2000 el compromiso de estos inversores en este país ha aumentado considerablemente. Hay que destacar seis grandes proyectos, aunque su concreción todavía no está muy avanzada. Junto a estos grandes proyectos, Dubaï Holding adquirió el 35% de las participaciones de Tunisie Télécom (1.800 millones de dólares) y MBI International de Arabia Saudí el hotel de lujo Africa, por 43 millones de euros.

Como se puede comprobar, la cartera de proyectos de inversión de EAU en Túnez es importante y la mayoría de ellos se encuentra en vías de realización aunque los plazos de ejecución acumulan retrasos. Algunos proyectos incluso corren peligro de ser retirados, como el de la ciudad de Lac Sud, o reducidos, como el de la marina de El Qsor. Las dificultades financieras de los grupos encargados de esos proyectos son reales y explican la retirada de los promotores. También se debe poner de manifiesto la acusada inclinación de los inversores árabes por los golpes de efecto, y no sólo en Túnez.

Inversiones árabes en Marruecos

A semejanza de lo que prevén llevar a cabo en Túnez y Argelia, en cuanto a inversiones se refiere, los inversores de los países del Golfo tienen numerosos proyectos en Marruecos, especialmente en los sectores inmobiliario, turismo e infraestructuras. Hasta da la impresión de que este país es actualmente el destino preferido del capital árabe: emiratí, kuwaití, saudí, qatarí y bahreiní. Todos estos inversores están interesados en Marruecos y participan en numerosos proyectos en diferentes ámbitos: promoción inmobiliaria, infraestructuras turísticas, suministro de agua potable, carreteras, grandes obras, sector hidráulico, bancos, ordenación urbana y balnearios.

Sin embargo, tanto aquí como en Túnez, y en un grado todavía más elevado en Argelia, es difícil seguir con precisión las verdaderas intenciones de estos inversores árabes y distinguir entre los golpes de efecto y la realidad. Para completar este cuadro de las inversiones árabes en el extranjero (y en nuestro caso en el Magreb), hay que recordar que los países petroleros del Golfo son cada vez más activos, desde el punto de vista económico, más allá de sus fronteras. EAU es indiscutiblemente el más dinámico, seguido por Arabia Saudí y Kuwait. El primero dispone de unas herramientas financieras de intervención eficaces en el sector servicios con Dubaï Ports World y Emirates Bank International, y en el sector inmobiliario con el Grupo Emaar y los fondos de inversión Mubadala Development Company, Dubai Holding y Emirates International Investment Company.

Las nuevas vías de crecimiento que buscan los inversores árabes más allá de sus fronteras se encuentran en el sector inmobiliario residencial, los servicios (bancos, telecomunicaciones), las infraestructuras logísticas y las industrias química y metalúrgica. Estos inversores aspiran a obtener un alto beneficio con bajos riesgos, y recuperar sus inversiones en un breve periodo de tiempo. “Tenemos dudas sobre la sostenibilidad de algunos proyectos”, escribe Bénédict de Saint-Laurent de RIBH, el observatorio de finanzas. Y en efecto, después de varios meses de rumores y de informaciones contradictorias, se han aplazado o incluso se han anulado muchos proyectos tanto en Marruecos como en Argelia.

Según el sitio de Internet “managercenter”, parece que “el proyecto de la Puerta al Mediterráneo (ciudad nueva), en Túnez, ya no está en el orden del día. En Marruecos, el proyecto Amwaj, en el valle de Buregreg, corre la misma suerte. En Argelia, el grupo emiratí EIIC no realizará el parque Dunya, Emaar se retira del proyecto de la bahía de Argel, el grupo Dubaï Mubadala deja su participación en el proyecto de la fábrica de aluminio de Beni Saf y el egipcio El Izz Steel se retira del proyecto del complejo siderúrgico de Jiyel”. Es cierto que la crisis financiera internacional ha golpeado con fuerza a las finanzas de los países del Golfo y ha deteriorado los balances de sus fondos soberanos.

Pero se confirma cada vez más que los inversores de los países del Golfo “comen más con los ojos” y que, al mismo tiempo, tienen una fuerte aversión al riesgo. Quieren sobre todo situaciones rentables e “inversiones” con beneficios muy altos. ¿Se corresponde realmente su proceder con las necesidades de las economías magrebíes? La duda se instala en los propios países magrebíes.